miércoles, 23 de abril de 2014

DE UN VIEJO DOCENTE A ESTUDIANTES UNIVERSITARIOS



ELIGIO DAMAS


            En efecto, soy un viejo docente ya jubilado. Pasé en las aulas cerca de 65 años, unos pocos como estudiante. Por estas simples cosas, creo saber algo acerca de lo de ser estudiante, educador y sobre ese asunto que llaman educación y sistema educativo. También viví la dramática experiencia de un padre, profesor de educación media, como todos los pobres, de ver a sus hijos ser víctimas de aquella aberración que llamaron falta de cupo universitario.
            La matrícula universitaria pública nuestra es de las más grandes en este universo y, para más, al lado de ella subsiste una relativamente pequeña correspondiente al sector privado.
            Esto es motivo para que un nacional, padre, docente y estudiante se sienta orgulloso y lo es más, si tomamos en cuenta que esa educación pública es gratuita; una meta por la cual, tanto en Europa como en gran parte de América Latina combaten diariamente. La gratuidad va más allá de lo que en lo inmediato se piensa, olvidando las becas por miles, las residencias, etc. Nadie es excluido del sistema por razones sociales, económicas, etc.
            Por supuesto, bien sé, que dentro de ese amplísimo universo estudiantil universitario, sólo una pequeña parte, compuesta por estudiantes inscritos en pocas “universidades autónomas” y en privadas, quienes conforman en gran medida un bloque clasista elitesco, están quienes luchan, por propósitos ajenos a la educación.
          ¿Cómo entender que un universitario auténtico, no ideologizado –porque en sus universidades no se ideologiza, según creen ingenuamente – luche por deshacerse de los logros y metas alcanzados en nuestro sistema educativo?
         Por supuesto, compartimos con ellos las preocupaciones por deficiencias, en muchos espacios; en veces ineptitud o modorra para abordar problemas, descuido o desidia a la hora de supervisar, etc. y hasta la existencias de algunos que hacen de las suyas como en los viejos tiempos.
           ¿Pero cómo imaginar, quienes hemos vivido la vida largamente y por supuesto la cruenta historia nacional, que un estudiante universitario anteponga los intereses nacionales, como la soberanía, las grandes conquistas sociales y estudiantiles, con todo lo que ello significa, por la carencia transitoria, programada por los grupos económicos, de algunas mercancías?
           ¿Qué significa esa consigna, esgrimida por el movimiento estudiantil, según la cual quiere “una educación libre”? ¿Es que acaso, estos muchachos de ahora, con acceso a grandes universidades autónomas que el pueblo paga y sólo pocos disfrutan, están defendiendo el viejo, anacrónico principio que aspira que el Estado renuncie a su condición docente? ¿Qué dueños de escuelas y universidades, que en fin de cuentas no son sino unos comerciantes, definan los objetivos, metas y procedimientos de la escuela?
           ¿Aspiras dejar asunto tan serio y de tanto valor para la sociedad  toda en manos de grupos que se sientan privilegiados y de simples comerciantes? ¿Ellos representan para ti la libertad? ¿Cómo replantear una vieja idea de la ultra derecha que en Venezuela ya fue derrotada en 1936? ¿Tan atrasados así estamos por los lados del sector estudiantil opositor?
          Pasado el tiempo, el oscurantismo, ese que promueve la quema de libros y universidades públicas, algo así como la competencia, sin pena, contando con el olvido, han vuelto a retomar la añeja consigna y meta. Formar al hombre no de acuerdo a los fines de la colectividad, unidad nacional, independencia, la defensa de los intereses de la sociedad toda, sino de un pequeño y “selecto” grupo. ¿Es esa la libertad que reclamas? ¿Qué en lugar de la sociedad, el todo, defina sus intereses a través de la programación educativa que iguale y democratice, cada quien le asigne a la educación los fines que le parezca? Eso parece más un desorden que otra cosa, para no llamarlo un estado de destrucción, disolución, promotor de desigualdades y odio; es decir, un revolver el río para que ganen los propietarios.
          ¿Cuándo el ministro de educación llama a todos a un debate, para ajustar el proceso educativo a las aspiraciones colectivas por qué ver en ello un intento de coartar la libertad? ¿Por qué una llamada tan noble y democrática, te produce a ti tanto estupor y miedo?  ¿Eso es verdad o estás siendo víctima de una campaña ideologizante?
           Escuché a una joven, tanto que parece ser estudiante de secundaria, plantear algo que este viejo docente ha reclamado por años. ¿Cómo es posible que al estudiar historia, pongamos énfasis en el proceso eurocéntrico que habla de edad primitiva, antigua, moderna y contemporánea, mientras los indígenas nuestros, cuando Colón famélico y perdido, arribo a Macuro, vivían conforme a otras formas y realidades a las cuáles le damos un tratamiento “folclórico”? ¿Cómo ocultar que el capitalismo europeo al llegar a América produjo lo que Darcy Ribeiro llamó un desfase y saqueó para producir allá un crecimiento artificial a costilla de lo de nuestros pueblos originarios? Ese proceder si fue y ha sido ideologizante y todavía hay quienes quieren que esa visión de la historia siga difundiéndose. ¿Cómo desconocer u ocultar las contradicciones entre el planteamiento bolivariano de la Gran Patria y la política norteamericana de aquel tiempo?
          Quienes nada quieren cambiar, no preguntan a nadie y menos a las multitudes, simplemente hacen lo que antes del chavismo hicieron nuestros gobiernos; imponían carreras, pensum, objetivos, contenidos y hasta estrategias pedagógicas. Como dijo alguien, en la IV República, “el poder no se consulta, se ejerce”. Se pregunta y se pide y acata órdenes a quienes “quieren que nada cambie ni mejore”.
         Para que usted joven estudiante lo sepa, desde que me inicié en el primer nivel de la escuela, hasta que fui jubilado como docente, el sistema que una vez comenzaron a llamar de enseñanza-aprendizaje, pese eso, no dejó nunca de ser ideologizante o mejor dicho transmisor de una cultura oficial y clasista.     
         Tanta que en la escuela de economía, todavía enseñan que existen unas “LEYES”, pensemos en lo que la palabra significa, “DEL MERCADO”. Según ellas, dentro de su fatalidad, como toda ley, la relación oferta y demanda, determina los precios y que tal relación, como las leyes todas, es ajena a cualquier manipulación. Y eso es una vulgar, ordinaria y rapaz mentira ideologizante, con la que te ocultan delitos como acaparamiento y otros destinados a la especulación.
          Sin darle mucha importancia al hecho que jóvenes amigos y nietos, estudiantes de universidades autónomas, deben soportar estoicamente a sus profesores, hablar largamente, todos los días, a cada hora de clase, acerca de “las barbaridades del gobierno de Maduro y lo bueno de la vieja democracia representativa”. En los días electorales y guarimbas, si acaso los muchachos van a las aulas y los profesores cumplen con asistir, muchos de estos, hacen las veces de propagandistas de la política, agitadores, hasta de muy baja calidad.
        Deberías, estudiante pensar por qué y para qué luchas. También por quiénes. Porque sigue siendo bello el ideal de dedicar mi esfuerzo juvenil por la justicia. ¿Qué más hermoso que combatir por la verdad, el bienestar de todos y que todos, estudiantes, trabajadores, campesinos, ancianos, niños, podamos encontrarnos en la misma trinchera siendo iguales, en la medida de lo posible y luchando para que esa igualdad, esencial para que la libertad se consolide, prevalezca?


viernes, 18 de abril de 2014

¡ALERTA! JEFE DEL COMANDO SUR, ¿COORDINA ACCIONES PARA INVADIRNOS?

ELIGIO DAMAS


            En verdad, no son nada extrañas estas manifestaciones de amor y ternura por nuestras circunstancias y destino.
            Ya la gente del Departamento de Estado y Estado Mayor gringo, incluyendo sus presidentes, nos tienen habituados a declaraciones como esas donde desbordan su interés por lo que nos ocurra y manifiesten su disposición desinteresada a socorrernos directa o indirectamente. Desde lejos les viene ese “generoso” afán
            Esta vez, el general John Kelly, jefe del comando sur, haciendo gala de esa sutileza que es habitual en personajes de su misma estirpe y rango, expresó que “se mantienen en contacto con países vecinos de Venezuela para coordinar ayuda humanitaria en caso de cualquier eventualidad”.
            Pero antes de manifestar esa preparación y disposición dijo, con inocultable ternura  que “mi preocupación es por la situación económica de Venezuela”.
            Eso es maravilloso y hay que agradecerlo al general. ¿Cuándo en nuestra historia, la de toda la patria grande, se había visto y oído a un general del Pentágono, demasiado ocupados ellos en lanzar bombas sin importar dónde caigan, sea en escuelas, hospitales o refugios de ancianos o niños, manifestar dolor o, en este caso, preocupación por la situación económica de nuestros países? 
            ¡Vea usted lo hermoso del gesto por nosotros! Habiendo tantas dificultades, hambre, miseria y falta de servicios vitales como educación y salud, problemas de los cuales no padecemos según la FAO – que es un organismo de la ONU, no comunista – en el mundo y muy cerca de nosotros, en sur, centro América y el Caribe, particularmente en Haití, su interés y preocupación están puestos en nosotros. ¿No es cómo para agradecérselo y hasta darle nuestra máxima condecoración?
            Como el gesto es hermoso, Venezuela debería averiguar cuáles son esos países vecinos nuestros con quiénes el general Kelly, “coordina ayuda humanitaria en caso de cualquier contingencia”. No creo abunden, apenas están en la imaginación y buena fe del generoso general o en el menor de los casos, éste anda en busca de ellos por ahora. Pero, aun siendo sólo eso una idea, un proyecto, es bueno saberlo, para ponerlos en la lista de los candidatos a premiar junto al promotor de la hermosa y desinteresada cruzada.
           Claro, uno bien sabe, que el general en su empeño por mostrar su disposición a servir a las buenas causas, lo que ha hecho es tirar una piedra al agua para revolverla y se nutra, curta de toda su generosidad. Si todos, tomamos de esa agua, piensa él, quizás nos embriaguemos de su buena fe y disposición hacia nuestros hermanos. Entonces su loable causa tomará fuerzas.
          El general Kelly, al mostrar su preocupación por nosotros y nuestra economía, sobre todo que cada venezolano coma tres veces al día, la baja cifra de desempleados sea la envidia de EEUU y Europa,  la escolaridad y la matrícula universitaria, estén entre las más altas del mundo, cada niño, adolescente posea una computadora personal, el servicio de salud llegue gratuito, como todo los servicios antes citados, a toda la población, millones de ancianos reciban y con un mes de adelanto su pensión equivalente al salario mínimo, que en la mayoría de los casos se agrega a lo que ya reciben por jubilación y otros beneficios. Pero hay más cosas para mortificarle, como que más del 90 % de la población recibe servicios de agua potable y electricidad y la GMVV avanza velozmente hacia la meta de asignarle en propiedad a cada familia, antes excluida, una vivienda cómoda y digna. La vaina es tanta que la FAO, optó por llamar su programa mundial contra el hambre con el nombre de Hugo Chávez. Y el Coeficiente de Gini, coloca a Venezuela como uno de los países de menor desigualdad en el mundo.
         Hay otra cosa que le preocupa al general Kelly, que también tiene que ver con lo económico, que el petróleo no baja de la tasa de 100 dólares el barril, podamos a través de Petro Caribe, ayudar a los hermanos del área y hayamos roto el yugo y la explotación que las negociantes gringos del hidrocarburo tenían antes en el área.  Como también que hayamos roto con la dependencia del mercado de Estados Unidos para vender nuestro hidrocarburo.
         Pero por encima de todo, saliéndonos del área económica a la cual no se refirió por modestia, le “preocupa”, las derrotas, una tras otra, que han recibido en la OEA, dónde sólo han contado con el voto de Canadá y el vecino Panamá; la existencia de UNASUR y CELAC, donde Venezuela goza de altísima estimación.
        Por cierto, ¿será Panamá uno de los vecinos con quién Kelly “coordina acciones humanitarias en caso de cualquier contingencia? Sería bueno saberlo.
        Pero su preocupación llega más lejos, pues según aquí “ha habido 2 meses de protestas que han dejado 41 muertos, 600 heridos y denuncias de violaciones a derechos humanos”.
       Por supuesto, quizás por la delicadeza que le es habitual, no dice que esas “protestas han sido pacíficas”; menos la verdad verdadera, que se trata de una guarimba, alimentada por furia y violencia extrema y en favor de lo que ellos promueven e impropiamente llaman “golpe suave”; que los muertos, casi todos por las guarimbas, pertenecen al bando que no protesta, porque no tiene motivos ni deseos de unirse a guarimberos y que ante “las denuncias a violaciones a derechos humanos”, que no son tantas, el presidente ordenó, como los atropellos, villanías, actos de terrorismo cometidos por los agentes del “golpe suave”, que quizás tiene que ver con la “contingencia” que espera para “coordinar sus acciones humanitarias”, sean atendidas y de hallar culpables llevarlos a las instancias correspondientes, como en efecto se ha hecho.

           Lo que a mí en particular asombra, es la manifiesta poca inteligencia gringa y subestimación que de nosotros hacen, que estando como están las cosas en este continente, a esta altura, haya todavía generales entre ellos que creen engañarnos con ese simplista lenguaje de “su preocupación” por nosotros y sobre todo en lo económico y pretender ocultar una amenaza de invasión con esa cursilería de “coordinar acciones humanitarias con algunos de nuestros vecinos”. 

jueves, 17 de abril de 2014

PARA AD,COPEI Y SUS DERIVADOS, LA CONSTITUCIÓN "ES PARA VIOLARLA". ¡AL CARAJO ELLA Y SUS CREYENTES!


ELIGIO DAMAS

            En la primera reunión de “Diálogo”, COPEI, con Aveledo –además de coach de la MUD- y su oficial representante, sin rostro ni nombre, y Ramos Allup, por AD, se “enjuagaron” la boca con la Constitución vigente, que primero rechazaron de distintas formas, pese a que nunca han creído en ninguna. Para demostrar lo que el título y el texto anterior afirman revisemos, aunque sea ligeramente, sin ataduras, ni conceptos preestablecidos, la historia nacional.
            Comencemos con Medina, cuya legitimidad era “chucuta”- dije que “sin ataduras ni conceptos preestablecidos”-, pues su mandato derivó de un congreso –elección indirecta – maniatado por los remanentes del gomecismo. Pese a todo, y a que el presidente había venido introduciendo cambios significativos en todos los órdenes y hasta había ofrecido llegar “más tarde” a la elección universal, directa y secreta, con la participación de todos, sin exclusiones, AD se unió a los golpistas del 18 de octubre para tumbar al gobierno y poner una Junta, con mayoría de adecos, encabezada por Rómulo Betancourt y aquel cuartelazo le llamaron pomposamente “Revolución de Octubre”.
           Con lo anterior, esa sola cosa, matamos dos pájaros lanzados a volar por Ramos Allup, cuando la noche del diálogo, habló de respeto constitucional  e inconstitucional que los chavistas hablen de revolución.
           Aveledo, quien fue de COPEI, y uno sabe que sigue siéndolo porque eso no se oculta ni se olvida, es imposible, también se desparramó hablando de constitucionalidad; pero no hablemos de béisbol, eso podría venir luego, por ahora comprobemos como aquél, su partido, apoyó el golpe de Betancourt contra Medina, esto vale por supuesto también para quien habló en nombre de ese partido y de la Carta Magna como el credo, siendo socialcristiano:
        Dijo COPEI en su momento, octubre de 1945, casi acabando de nacer: “Estamos con la Revolución de Octubre: es decir con sus ideales y promesas. Creemos que la Revolución abrió la puerta para una definitiva transformación nacional”.
       Es decir, COPEI, el partido de Aveledo y del otro, cuyo nombre no recuerdo y no creo haga falta, ya en 1945, recién nacido, mostró su vocación golpista y nada constitucionalista. Sin dudas apoyó aquel golpe que llamaron “Revolución.
       Pronto llegó el 24 de noviembre de 1948 y la llamada por Betancourt, “gloriosa juventud militar”, se levantó en armas contra la constitucionalidad y depuso al presidente electo por primera vez en elecciones universales, directas, secretas y sin exclusiones, Rómulo Gallegos; y COPEI, el partido de Aveledo, ante aquello, dijo lo siguiente:
       “---el régimen –el de Gallegos – se caracterizó por una siembra constante de odios para dividir a la familia venezolana. El origen comunista de los principales dirigentes del partido, se reflejó en la continua propaganda de la división y del odio social”.
       Este lenguaje, siendo viejo, usado en 1948, tiene el olor del mismo que usan ahora los enemigos del chavismo y contra toda propuesta de cambio a favor del pueblo, aunque esté blindada de constitucionalidad. Las palabras odio y comunismo ya estaban presentes como ahora; les faltó por razones de tiempo, meter en el medio a los cubanos.
        Pero el Partido Social Cristiano, el de Aveledo, no se quedó allí, dijo más:
        “La Junta militar – la de Pérez Jiménez de 1948 – ha dejado constancia de que este movimiento no se orienta  de ninguna manera hacia la restauración de una dictadura militar, ni abierta ni simulada, así como el compromiso de mantener y perfeccionar las conquistas logradas por los trabajadores”.
           Apoyó, otra vez, un golpe y se llevó por delante una constitución que nació de un acto constituyente con cierto arraigo y origen popular.
            Esas conquistas, a las que alude el comunicado de COPEI, apoyando el golpe, son las relativas a los dos gobiernos que contribuyó a tumbar en su extraño “celo constitucionalista”. No obstante, el partido verde no dudó en dar esa voltereta “constitucional” para apoyar el golpe contra los gobernantes a quienes antes habían apoyado en otro golpe. COPEI, como AD, iban de golpe en golpe, sin que se les arrugase la cara.
            Pero AD y COPEI, primero amigos y luego rivales, aparecen en 1959, firmando el “Pacto de Punto Fijo”, que nada tenía que ver con la Constitución vigente y la que aprobarían “entre cantos de gallo de medianoche” en 1961*, la que Chávez llamó “moribunda”, pero lo hicieron para entre otras cosas, excluir al PCV, pilar fundamental de las luchas que llevaron a tumbar a Pérez Jiménez y con una muy buena representación parlamentaria, de las instituciones del Estado. Fue ese un “golpe suave”, fuera de lo constitucional, sólo que esta vez, se volvían unir AD y COPEI, como cuando tumbaron a Medina.
           Pero abreviemos para no alargar esto, que ya ha servido para mostrar que AD y COPEI sólo creen en Constitución si les conviene y sirve. Estando Betancourt en el gobierno, con COPEI a su diestra, apenas se aprobó la constitución de 1961, suspendieron las garantías constitucionales de manera permanente y así, violaron la Carta Magna a su gusto y a la carta. Por disposición expresa del Ejecutivo, sin importarles nada lo que aquella disponía, no sólo suspendieron la inmunidad parlamentaria de los diputados del MIR y PCV, sino que de una sola vez les mandaron a la cárcel y a aquellos partidos ilegalizaron. ¿Y los principios Constitucionales? ¡Al carajo! Para eso tenían mando y aún pudieron seguir hablando de democracia. ¿Y los demás Poderes independientes? Pues sólo eran instancias al servicio de esos dos partidos. Maniatados y con cabuya corta.
        Sin importarles principio alguno, Betancourt y COPEI llenaron las cárceles de inocentes sólo por estar en contra del gobierno; aún no había guerrillas. En los inicios de un mes de diciembre, las estadísticas hablaron de seis mil presos políticos, sin juicio alguno, sino por la simple disposición de la policía política Digepol. ¿Y la Constitución? ¡Al carajo!
       Luego siguieron apresando gente por capricho, torturando, exiliando, matando y luego con Leoni, crearon la figura del desaparecido. ¡Y la constitución al carajo!
      Pero para no alargar esto, en el 2002, AD, COPEI y “sus derivados” como UNT, UBP, Voluntad Popular y Primero Justicia, volvieron por sus fueros y dieron un golpe para poner a Carmona Estanga en la presidencia. Por cierto, éste, como si fuese la encarnación de Dios y el pueblo al mismo tiempo, en nombre de todos ellos, derogó la Constitución y disolvió todos los poderes. Todo eso hizo auto juramentándose ante un papel en blanco. Lo que no dudo en calificar la mayor burla infligida a los venezolanos en su trágica y heroica historia.
      ¿En ese nuevo momento cuál fue la actitud de AD, COPEI y “sus derivados”, viendo la constitución pisoteada y burlada la soberanía popular?
       Lo que sabemos, apoyar a Carmona y gritar eufóricos “te queremos Pedro”, mientras éste les repartía algunos cambures que se quedaron verdes, curiosamente el color de COPEI.
        Pues…¡Al carajo todo eso! ¿Acaso no hemos visto a lo largo de este trabajo que eso de Carta Magna para ellos no es más que una pantalla para engañar incautos?
        Por eso, tras los decretos de Carmona, sin fórmula ni juicio alguno, sus sicarios se dedicaron a perseguir, detener y hasta humillar chavistas, en apenas pocas horas en el gobierno, menos mal. ¿Y lo constitucional? ¡Pues al carajo!

*En esos tiempos se decía que todas esas vainas se aprobaban en una habitual partida dominguera de dominó entre Caldera y Gonzalo Barrios, figura de las principales de AD.

martes, 15 de abril de 2014

LOS VIEJOS DEMÓCRATAS SE CANSARON DE ESO. SÓLO EL PUEBLO CREE EN DEMOCRACIA



ELIGIO DAMAS

            Viene del fondo de la historia; los grupos dominantes de la economía, riqueza, nunca han creído en democracia. ¿Cómo pensar que un propietario pueda compartir su “derecho a mandar en lo suyo”  con otros? Eso de tomar en cuenta la opinión popular, quien siempre conforma la mayoría, no se aviene con los intereses y creencias de aquellos. Siempre, quienes detentaron el poder y aún lo detentan en la mayoría de los casos, son los mismos que controlan la riqueza. Para eso se valen de todos los medios, de los ordinarios y bruscos hasta los más sutiles. Y para eso, sobran “Mujiquitas”.
           La llamada democracia griega, no era más que una expresión carente de sustento, si tomamos en cuenta, que era ella una sociedad esclavista; los esclavos, que lo eran por diferentes circunstancias, como resultado de las conquistas y guerras, los convertidos en ese status por deudas, como también las mujeres, todos ellos, carecían de derecho a opinar sobre los asuntos de la “polis”.
          A partir de mediados del siglo dieciséis, cuando los enciclopedistas comienzan hablar de democracia popular, con elecciones libres, poderes independientes, los poderosos les persiguieron o vieron con muy malos ojos. Hasta esa época había predominado la idea que el rey y sus cortesanos, lo que equivale decir los propietarios, encarnaban el poder por disposición divina. Echándole aquel horrible pecado a Dios mismo. Por supuesto, casi todos los curas participaban de la jugada.
          Con el crecimiento del movimiento popular, conformado por empleados, campesinos, el urbanismo, el nacimiento de la industria, proliferación de los talleres artesanales y artesanos mismos y sobre todo la clase obrera abigarrada en ciudades, el principio democrático de los enciclopedistas, sobre todo encarnado en las ideas de Juan Jacobo Rousseau, tomó cuerpo y comenzó a ser “aceptado” por la derecha propietaria, porque ésta intuyó y más que eso, comprendió que podía manejar a su antojo las reglas del juego. Aunque para llegar allí, debió producirse la Revolución Francesa. Descubrió la clase dominante que, dentro del pueblo, podía hallar aliados o más que eso, atar a su cintura, gente para mover las piezas a su favor y crear condiciones de diferente índole para que el pueblo todo no accediese al derecho a votar o lo hiciese, sin claridad acerca de sus intereses y la pertinencia de sus representantes. Algo como lo dicho por el Conde de Lampedusa, cambiar para que nada cambie.
           Así, saltando los tiempos nacieron los partidos socialdemócratas, como AD, COPEI, URD, en Venezuela, APRA del Perú y una larga lista de partidos llamados socialistas, pero de esto sólo el nombre, que se encargaban que el pueblo votase por programas e ideas de la derecha a cambio de algunas migajas.
            Así, todo caminó sobre ruedas; hasta conspicuos representantes y genuinos de la derecha hicieron loas de la democracia, voto directo y soberanía popular. Por supuesto, no todo era perfecto y América Latina, por ejemplo no era sino un “patio trasero”, donde si algún gobernante, “electo” de alguna manera, aunque fuese chucuta, como Medina, intentaba salirse del carril establecido por el Departamento de Estado se le derrocaba. Como a candidatos electos con mayor participación o de manera directa, universal y secreta, tal fue el caso de Gallegos, pero sin ajustarse estrictamente al estrecho guion o normas emanadas de aquél.
            En ese tejemaneje, en toda América Latina, los golpistas, solían obtener el respaldo de quienes se autocalificaban de demócratas, quienes por no estar en el poder y esperando llegar lo más pronto posible saltándose sus propios principios, optaban por correr ese riesgo a la espera que aquellos “restableciesen la democracia” dando un golpe a una “democracia” para convocar a elecciones. Lo que les resultaba un remedio peor que la enfermedad, porque los golpistas imponían sus dictaduras y terminaban persiguiendo a sus iniciales aliados.
         Pero esos demócratas, tarde o temprano encontraban la forma de volver al poder por el desgaste, desprestigio de la dictadura y convencimiento de los gringos que la vaina no estaba como para seguir manteniendo en el poder a los “gorilas”.
         La llegada de Allende al poder, usando los mecanismos que la derecha y los propietarios habían como divinizado, mientras podían usar todos los trucos o trampas posibles, hasta aquella que se hizo famosa en Venezuela como “acta mata voto”, “disparó las alarmas”. Otra vez, “demócratas y constitucionalistas”, se pusieron de acuerdo con gorilas repotenciados como Pinochet para tumbar al presidente electo. Y de nuevo, el golpista, montó su dictadura por largos años, persiguió primero a los revolucionarios y luego a sus aliados, tanto como que a Eduardo Frei Montalva, jefe del Partido Social Cristiano Chileno, quien hizo todo cuanto pudo para tumbar a Allende, terminó siendo “envenenado” por agentes de la dictadura.
            Pero la historia es una rueda de molino. Cuando el pueblo comenzó a descubrir los secretos del juego, sobre todo a partir de esa experiencia chilena que llevó al poder al compañero Allende, y esta forma de votar por ideas “subversivas” se convirtió como en una epidemia, que sigue expandiéndose ahora mismo, y llevó al poder a hombres como Hugo Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, etc., y se propuso sostenerles allí, la derecha rancia, la de la jefatura, volvió a su antigua tradición, ¡al carajo el voto y la democracia!
            En estas circunstancias, los viejos demócratas, los políticos de medio pelo, advenedizos al servicio de los verdaderos poderosos, aquellos que le hacían el trabajo a estos, a los grandes propietarios, hasta donde podían, entre golpe y golpe, viéndose desplazados, desfasados, obsoletos o como fuera de uso, han optado también por mandar al infierno sus viejos principios y ya no se conforman con apoyar golpes para luego pedir restituir la democracia, sino que optaron por reconocer que es mejor apoyar el golpe y defender la idea de quedarse en dictadura. Una que reprima a fondo para que las fuerzas del cambio y exigencias de los derechos populares sean diezmadas. ¿Para qué llamar a elecciones? ¿Para volver a perder con este pueblo que ahora sabe demasiado? ¿Además para correr el riesgo que la macoya golpista, recorrida una etapa, se vuelva contra ellos? ¡Ni de vaina!
             Eso explica el golpe de abril del 2002 y el exceso de derogar una constitución, nada y nada menos que producto de una constituyente y sancionada por el voto popular. Por eso, algunos hablan, no sin fundamento, del resurgir del nazi-fascismo, aunque académicamente parezca un improperio.
            Por eso, pese a que nuestra constitución establece el referendo revocatorio, después de un plazo razonable para juzgar la eficiencia y conveniencia del gobierno electo, todas las fuerzas que se habían llamado democráticas y hasta constitucionalistas, no sienten vergüenza de prestarse al plan gringo para trastocar el orden llevándose la legalidad en los cachos.
           Más que principios democráticos y constitucionales, lo que prevalece en ellos es que la renta petrolera o en general los beneficios del trabajo, deben repartirse como en los viejos tiempos. El pueblo que coma perrarina de la mala, trabaje y se comporte para que los dueños acumulen completo y sus aliados o servidores reciban una buena recompensa.
           Por eso, la derecha toda, con muy pocas excepciones, mandó al carajo sus principios democráticos, constitucionales y pudor.

           Un viaje a Miami vale más no sólo que la patria, sino que una constitución como la bolivariana y sociedad democrática.

domingo, 13 de abril de 2014

MARYCLEN STELLING, AVELEDO Y JULÍAN MARÍAS. EL CARACAZO DISPARÓ LAS ALARMAS


ELIGIO DAMAS

                  Creo que es Rubén Blades, el mismo cantautor y actor cinematográfico panameño, quien en estos días hizo bulla en Venezuela, por opinar sin el debido conocimiento y quizás, piensa uno, dejándose llevar por la versión deformada que los medios gringos ofrecen de nuestra realidad por esos lados, quien compuso una canción en la cual dice ¡Sorpresas te da la vida! ¡La vida te da sorpresas!
                   Es sorprendente, como Maryclen Stelling, en un artículo publicado por el diario “Ultimas Noticias”, el día viernes 11 de abril, el cual debió ser escrito como mínimo con 48 horas de anticipación, es decir, el miércoles 9, por las normas de los editores a sus articulistas, coincidió con lo citado por Ramón Guillermo Aveledo, la noche del jueves 10 en la reunión con el presidente Maduro. Creo que jamás se imaginaron que, en aquel perseguido por el franquismo, se encontrarían el “jefe” de la MUD y la conocida articulista.
                  Ambos personajes, la Stelling, socióloga, académica, cuyo enfoque sobre el acontecer venezolano suele estar cerca del proceso bolivariano y, Aveledo, un abogado, intransigente, tanto que hasta usó el béisbol para combatir a Chávez y vocero de la MUD, acudieron a Julián Marías, el escritor y filósofo republicano español, para justificar la necesidad del diálogo que pareciera iniciarse en Venezuela.
            Julián Marías, por republicano, fue víctima del franquismo y pudo observar y sentir lo que describe y citan Stelling y Aveledo, desde perspectivas distintas. No obstante, el pensamiento de Marías, como el de nadie agota ese asunto que conmueve a Venezuela.
          A la pregunta ¿Cómo fue posible llegar a la guerra?, Marías responde que la causa principal “no fue la discrepancia, ni el enfrentamiento, ni siquiera la lucha, sino la voluntad de no convivir; la consideración del otro como inaceptable, intolerable, insoportable”.
         Más adelante la Stelling, como Aveledo, citando a Marías anotan que “todos los demás aspectos quedaron oscurecidos; lo único que importaba saber de un hombre, una mujer, un libro, una empresa, una propuesta era si es de derechas o de izquierdas”.
         Con lo mencionado, citado por ambos, en circunstancias diferentes y fortuitamente, por esas ¡sorpresas que da la vida!, es suficiente para fundamentar lo que de seguidas vamos a opinar.
         Esas respuestas de Marías al fenómeno profundo que fue la guerra civil española y y quienes a ellas acuden, encuentran como rasgos de la vida venezolana de ahora y cual anuncio fatídico de un posible enfrentamiento armado, que hay que parar con el diálogo, no son más que la descripción de un estado de ánimo creado por factores, estructurales y culturales, estrechamente imbricados, que Marías no menciona. Pues esas frases dolorosas, dramáticas, no son más que un diagnóstico de lo superficial o mejor externo que uno puede usar para lo que le convenga. No es casual que un hombre como Aveledo, de la derecha, con lo cual no lo estigmatizo, pero avezado y sagaz, haya usado las opiniones de Marías en el mismo contenido y  circunstancias que las usó la Stelling. A los dos, desde posiciones distintas, les parecieron adecuadas aquellas frases, porque estas no tocan la esencia del asunto. Sólo se refirieron a rasgos externos  a lo que brota y fue creado por otros factores y operadores. Pero no dejan de impactar y hasta estremecer. En ese espacio emocional, ajeno a la esencia del problema, que no hace mella sobre la piel de los factores esenciales, son posibles esas coincidencias. Pero son buenas para sensibilizar y también para ahogar un reclamo justo.
           Como que todos estamos de acuerdo que es mejor dialogar que hacer la guerra y buscar acuerdos mínimos para seguir conviviendo.
            ¿De dónde surge esa “voluntad de no convivir; considerar al otro como inaceptable, insoportable”?
            Este ánimo, actitud de los venezolanos divididos en bandos no es nuevo; como tampoco lo es el rechazo al otro, la destrucción del “semejante”, la condena al silencio y la invisibilidad. Cuando la izquierda soñó con asaltar al cielo, en la década del sesenta en adelante, fue víctima de la persecución y atrocidades y hasta de la negación de todo tipo de derecho, con la complicidad de una  mayoría que guardó silencio, ganada por una matriz de opinión impuesta por los distintos medios. Contra ella y sus hombres se desató todo el odio acumulado. ¿Acaso no fue el odio lo que llevó a asesinar combatientes civiles por solo pintar una consigna en la pared, apresar a ciudadanos, torturarlos hasta verles morir y luego desaparecerlos?
          ¿Quién, sino la izquierda misma y sola se estremeció, lloró e hizo patente su reclamo cuando aparecieron flotando en las playas de Lecherías los restos de Alberto Lovera?
          Llegó un instante de aparente paz y convivencia, mientras el pueblo parecía no tener quien reclamase en su nombre, con la voz que le es pertinente. Todos los beneficiados se sentían repantigados, felices y libres de toda amenaza a sus derechos a abusar, robar y hacer fáciles negocios a cambio de la deuda social que se acumulaba o arrumaba. En ellos no había un sentimiento de odio; al contrario, felices iban y venían mientras el pueblo sólo presenciaba desde lejos la fiesta.
            ¿Acaso el caracazo no fue un estallido provocado por la injusticia, contra un odio denso de aquellos que todo lo querían para ellos y el de decididos a no dejarse seguir avasallando?
            Pero bastó que un caballero andante, salido de un libro de cuentos de hadas, abandonado en algún lugar olvidado, montase su caballo llanero, apretase una lanza con manos enérgicas, generosas, sin que le temblase el pulso, y apenas dijese y trabajase porque el pueblo participase de los beneficios de lo que le pertenece, para que se desatase la jauría y se pintase ese cuadro que describe Julián Marías. Porque la rabia es una respuesta del egoísmo a la generosidad de repartir con equilibrio; una rabia construida, elaborada e instalada en la cabeza de muchos que también son víctimas. Claro, es obvio, quien ataca con todo su armamento pesado no puede esperar le respondan a sombrerazos.
           Sí, hay que dialogar para reconocernos como hermanos y el derecho de todos a ser alcanzados por la riqueza petrolera, beneficios del trabajo y no volver a la idea que sólo es para unos pocos, sobre todo para las grandes transnacionales, que promueven el odio y ponen todo su empeño porque los venezolanos nos veamos como enemigos por perder ellas sus privilegios.
          Porque ese odio, esa “voluntad de no convivir”, ese considerar “al otro como inaceptable” que pareciera invadir a la mayoría, ha sido inoculado, incluso a quienes mucho tienen por ganar y reclamar, por aquellos que sobreponen su egoísmo e ilimitado deseo  de acumular.         

  

viernes, 11 de abril de 2014

LA NOCHE QUE NO TEMBLÓ MIRAFLORES, CAPRILES INVITÓ A RAMÍREZ A PASEAR A LA LUZ DE LA LUNA


ELIGIO DAMAS

             Capriles, cuando anunció su participación en la reunión de diálogo en Miraflores, prevista para anoche jueves, prometió que su discurso haría temblar a Miraflores.
             Manuel Alfredo Rodríguez, aquel gigante, con casi o más de dos metros de estatura, nacido en Ciudad Bolívar, egresado de abogado de la UCV, a quien llamaban “Escalera”, justamente por su elevada estatura, no sólo era un brillante orador, de esos que a uno extasiaba, mientras sin importarnos lo que decía, oyendo y viendo – sí viendo- aquel largo rosario de palabras hermosas como joyas que brotaban de su boca. Sino que hablaba con una estentórea voz que parecía salir de un tambor grande y fecundo. Eso, escuchar aquel profundo pero cristalino hablar, era motivo de satisfacción para nosotros.
          Cuando le conocí y escuché por primera vez hablar, estábamos en AD y formábamos parte de lo que era la izquierda del partido, de aquellos muchachos que en su mayoría luego formamos el MIR, “Escalera”, si mal no recuerdo, era de aquel grupo que lideraba Raúl Ramos Jiménez y llamaban “ARS”. En todo caso, si puedo asegurar que no formaba parte de los “nuestros”.
           Pero pese a lo anterior, en jornadas del partido o fuera de ellas, donde sabíamos él hablaría, no perdíamos oportunidad de estar presentes para escucharle, aunque no compartiésemos lo que decía, pero sí por el placer de oírle discurrir con elegancia y belleza. “Escalera”, era de esos oradores que además de extasiar, hacía que las paredes temblasen y las lámparas oscilasen por la potencia de su voz. Distinto era el caso de Raúl Leoni, con voz grave y fuerte como la de “Escalera”, pero llena de lugares comunes y falta de elegancia.
           Se dice, que Enrico Caruso, el gran tenor napolitano, podía romper los cristales cuando ejecutaba un “Do de pecho”; mientras las lámparas de los teatros pendulaban.
            La potencia, la fuerza, el sonar de la voz de “Escalera”, no afectaba a los oídos, encantados con la ristra de palabras hermosas que de su pecho brotaban. No nos importaba aquello que dijese, tanto que en esa temprana época, nunca estábamos de acuerdo con él.
             A mi compañero de juventud, cual hermano, Moisés Moleiro, le llamaban el “Ronco”, por la gravedad de su voz. No tenía aquella fortaleza de “Escalera” para hablar, quien no ponía esfuerzo alguno en hacerlo. Moleiro debía esforzarse, tanto que el cuello casi se le volvía un nudo, para que la palabra le saliese; pero aun así, ella brotaba ronca, grave y fuerte. Pero también el hablar de Moisés, aún en su etapa de joven, era un encanto, lleno de sabiduría y gracia. Con una enorme capacidad para ironizar que no sólo le servía para dejar sentada su opinión sobre asuntos complejos, sino también para provocar la risa fácil hasta de las personas a quien su palabra iba dirigida. Hería profundo, pero con tanta elegancia y gracia, que el herido, no le quedaba otra cosa que reír.
            Moleiro, como “Escalera” se hacían escuchar por todos, no sólo por la fuerza de sus voces, sino por la profundidad de sus juicios, la gracia y la sutileza del lenguaje.
            Demás está decir, que cuando ellos hablaban, todo el mundo se ponía en tensión, para escucharles, por el temblor de las pareces y el oscilar de las lámparas o simples bombillos guindando sobre algún triste cable.
            Capriles ofreció a los suyos -  digo así porque otra cosa no pienso – que esa noche haría temblar los gruesos muros de la vieja casona que sirvió de asiento al gobierno central a partir de Cipriano Castro.
            Como Capriles tiene apenas “un chorrito de voz”, como dice una vieja canción mexicana, quiso hacer pensar a los suyos que diría cosas transcendentes que cambiarían la historia. Claro, uno sabía que era sólo un ingenuo recurso para llamar la atención y cómo satisfacer a sus seguidores por su “obligada” presencia esa noche en Miraflores.
           Habló Capriles de penúltimo. El número 11 en hacerlo por la MUD, ya que no pudieron ponerse de acuerdo para que hablasen sólo unos pocos por todos. Al terminar de hablar el jefe de PJ, quien esto escribe, un cumanés cuya infancia en su ciudad natal transcurrió entre un temblor y otro, y un mirar al techo, donde pendía el bombillo, para estar seguro que lo que habíamos sentido se confirmaba en el pendular del mismo, miró a las lámparas hermosas del salón Ayacucho y las percibió inmóviles.
          Jorge Rodríguez, al hablar después de Capriles, pensando tal como lo hizo el suscrito, comentó que no se había detectado ningún signo que allí hubiese temblado.
        ¿Pero que dijo Capriles? Simplezas, imaginaciones o paranoias de quien se cree pieza fundamental de la vida venezolana, Por eso mismo creyó, no sólo que lo dijo, que haría temblar a Miraflores. Que en Venezuela hay una profunda crisis política desde el 14 de abril. Sigue creyendo que ese día, el CNE le hizo trampa y le escamoteó el cargo de presidente. Aquello su derrota, que internalizó como una trampa, partió la historia en dos
          Los resultados posteriores los de diciembre del 2013, cuando el chavismo ganó con más del 54% de los votos y derrotó su prédica del plebiscito, para él nada significan; como si eso no hubiese sucedido.
         La crisis venezolana, que incluye el guarimbeo con toda la crueldad que ello envuelve, se debe a la trampa que le montaron aquella noche de abril, la misma que mandó a cacerolear y guarimbear con “arrechera” y produjo 12 muertes inocentes con dolientes y sin que aún nadie pague por ellas.

        Quizás, al no sentir que sus palabras movían el piso del palacio y mirando hacia arriba observó a las lámparas quietas, inmóviles, optó por invitar al Rafael Ramírez, tan alto como “Escalera”, a salir a pasear por “esas calles solitarias de Caracas” en horas de la madrugada. 

miércoles, 9 de abril de 2014

A LOS TRES "MOSQUITEROS" DE LA MUD, NO LES PARAN LAS GUARIMBAS


ELIGIO DAMAS


             Los Tres Mosquiteros, esta vez fueron tres, como al principio, antes que Alexandre Dumas, metiese en el medio a D´artagnan, para que fuesen cuatro y no quedasen nones, entraron ayer a la Casa Amarilla. Dejaron sus corceles amarrados a la pata de la ceiba de San Francisco, al cuidado de la multitud que les recibió victoriosos. Desenvainaron sus espadas para saludar a quienes les ovacionaban y llegaron con las mismas empuñadas a la puerta del recinto donde les esperaban expectantes. Al entrar, envainaron sus afiladas armas, como quien pone cese al guarimbeo. Al frente, cojeando de una pata, lo que parece ser muy coherente con eso de nunca pegar una desde que está al frente de la MUD, llegó Aveledo Athos, el más viejo en edad y más antiguo mosquitero. Se le vía radiante y mirando alrededor suyo de manera altiva como quien se siente mirado y admirado.
            Cuando el periodista que pudo atravesársele, no sin ponerle en riesgo cayese por su poco disimulado cojear, le hizo una pregunta como quien interroga a alguien que tiene algo qué decir, pero no sabe el periodista qué, estiró más el cuello, tomó pecho, aspirando profundo y habló como un general vencedor entrando en la cueva de la jefatura de los vencidos o la plaza dada por vencida. Dijo a qué había llegado. En efecto, uno quedó convencido que iba en busca de los trofeos del vencedor. Aveledo Athos, el primer mosquitero de aquellos que se hicieron presentes, podía asegurar que su entrada era triunfante y no podía menos que pedir cuánto quisiese. Las guarimbas –eso quiso él que los demás pensasen – lo habían llevado allí, con su esmirriada escolta, otros dos mosquiteros, a cobrar completo, un algo así como “¡Maduro vete ya! o no te queda otra cosa que “la salida ya”, dame lo mío.
         Un poco más atrás, del lado izquierdo, quizás porque estuvo en las filas del chavismo, Porthos Falcón, con el paltó abierto, como quien va presto a desenfundar la pistola al primer movimiento, aunque la espada la llevaba envainada, se  volvió aparecer, como otras tantas veces a tomarse la foto y siempre con su cara de “yo no fui”, muy bien administrada. Esperamos no vuelva a desaparecer; para que uno no crea que porque por los lados de la selva, más arriba de donde él ahora pernocta, hay mucho tigre que ronca y en las noches, ¡eso da miedo!
        Porthos Falcón llegó callado. Con esas pocas ganas de hablar que uno le nota en la cara, que sugiere el estar siempre aburrido de sí mismo. Cuando Athos Aveledo terminó de hablarle al periodista en su tono triunfal y entró al salón de la Casa Amarilla donde Maduro, según su parecer, ante los cancilleres de UNASUR, debía entregarle los galones de jefe, Porthos Falcón, le siguió, más que como un mosquitero, como la mosca a la leche.
       Mientras tanto, a la derecha, como siempre ha estado desde que estuvo en AD y ahora en representación de las fuerzas de Rosales, Aramís Barboza, se mantuvo callado, pero con ganas de hablar y pedir, “lo mío me lo dejan en la olla”.
      Hasta ahora, uno no sabe a ciencia cierta qué hablaron, pero supone que mientras se desarrollaba la reunión en la Casa Amarilla, de acuerdo a la entrada de Los Tres Mosquiteros, Maduro proponía “la comisión de enlace” para entregarle el poder al cuarto mosquitero, D´artagnan quien no se sintió dignado a aparecerse por allí. Mientras eso sucedía, las guarimbas, en una manifestación de buena fe, de amor por la paz y sujeción a los tres mosquiteros, quemaron en Valencia una cisterna llena de gasolina.
           D´artagnan no estaba, no llegó nunca. Uno sabe, porque Alexandre Dumas nunca dejó eso en dudas, que es aquél quien por hábil, inteligente y gracioso, manda en ese grupo de cuatro, que por algo mal intencionado, suelen llamar de tres.
          ¿Quién es D´artagnan? De repente alguien pudiera pensar que eso es asunto complicado. ¿Es María Corina? Lo cree usted lector amigo o ella, junto a Leopoldo López, no son más, hablo de los dos, simples máscaras que usa el verdadero D´artagnan, para engañar a más de uno. Engaño que al mismo Athos Aveledo hace creer el general triunfador, un Sucre en la parte alta de Ayacucho, mirando a sus pies un inmenso ejército enemigo rendido a sus pies, después de rápidos y hábiles movimientos de sus tropas inferiores en número.
        D´artagnan, el verdadero, el auténtico, el de las tantas máscaras, el suministrador de la inmensa cantidad de dólares que mueve a paramilitares y guarimberos que trabajan en doble turno y tiempo completo, se mueven de aquí a allá, según el plan escrito o suministrado al instante por diferentes vías, en fin, quien manda, no entró a la Casa Amarilla; sólo fueron tres tristes mosquiteros, que no garantizan cese la violencia o pare el guarimbeo. Ellos fueron allí, quizás hasta en contra de su voluntad, porque les mandaron y algo había que hacer para salvar el barco. Razón tiene Ramos Allup y por saberlo de antemano, procura no tomar un timón que ya está “amaestrado” y menos exponerse a firmar un compromiso que no sabe cómo y cuándo cumplirlo.
       Las guarimbas declinan, por ahora, porque la derrota así lo impone. Volverán más tarde como “las oscuras golondrinas”; pero cuando cesen, hasta la próxima, no será por lo que firmen o digan los tres mosquiteros, sobre todo porque entre ellos no está D´artagnan. Los mosquiteros son cuatro y los tres, como los guarimberos, hacen lo que diga D´artagnan. Por ahora pedirán hasta “las águilas blancas”.

            

martes, 8 de abril de 2014

SI VALE EL ARGUMENTO OPOSITOR PARA GUARIMBEAR, CAPRILES Y URIBE, SON ILEGÍTIMOS


ELIGIO DAMAS


Nota : El presente artículo forma parte del último capítulo de un libro de historia de Venezuela que estoy por terminar. Dicho capítulo, lo publicaré en este blog, por partes, cuando esté terminado y tiene como fin mostrar como todos los golpes de la derecha en Venezuela, desde Gómez hasta hoy, como sucedió en Chile, terminan en férreas dictaduras. Y una circunstancia muy particular, esas dictaduras mutan y en un momento dado, también se llevan por delante incluso a quienes en un principio, por un mal cálculo, odio o en fin, una pésima percepción de la coyuntura, se dejan arrastrar por los promotores del golpe, quienes desde un principio tienen claro sus objetivos
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            “¡Maduro vete ya! y por supuesto “la salida”, que como piezas musicales, han tenido un montaje trágico e infernal con las guarimbas ya en una etapa de criminalidad o de guerra de exterminio, que han intentado acabar con la vida hasta de bebés en conocidas guarderías, se justificaron políticamente en la estrecha ventaja alcanzada por el actual presidente.
            En efecto, los números que he recogido hoy, en la primera página que tuve a mano, hablan de la manera siguiente:
            Maduro alcanzó la cifra de 7.587.579, lo que representa un porcentaje del 50.61 % del total de votos depositados. Su opositor más cercano, 7.363.980 lo que significa el 49.12%. Una simple operación de resta indica que el ganador obtuvo una ventaja de 223.599 votos; es decir, el 1.49 %. La ventaja es estrecha, sobre todo, si tomamos en cuenta que el año anterior, en unas elecciones signadas por la enfermedad el ganador, Hugo Chávez Frías, quien hizo campaña a medias e invirtió la mayor parte de su tiempo luchando contra la cruel enfermedad que le acosaba, obtuvo el 54.12 % de los votos, una ventaja holgada de 11 puntos porcentuales.
            Pero es de sobras conocido en el ámbito mundial que el sistema electoral venezolano es el más moderno, eficiente, confiable del mundo, al mismo tiempo que el menos vulnerable y proclive a cambiar los datos que las máquinas arrojan desde el mismo momento que el elector oprime la pantalla para decidir su voto. Por eso, argumentaciones que corren aún por tuitters, según las cuales, al final del proceso, “cuando los representantes y testigos electorales opositores abandonaran las mesas se cambiaron los resultados”, dados para estimular las protestas incluyendo las violentas, no san más que cuentos infantiles. Tanto como ellos podrían servir para afirmar que Capriles Radonski, es un gobernador ilegítimo, porque no cumple con sus funciones, asunto que persistentemente afirma el Consejo Legislativo del Estado Miranda, al cual debe rendir cuenta, sino también el pueblo de la capital Los Teques, el cual vota contra él y sus candidatos, sino porque ganó con una diferencia microscópica.
           No obstante, por el asunto de la supuesta ilegitimidad del gobierno venezolano, pese a los resultados electorales de Dic. 2013, cuando derrotó ampliamente por un margen de 12 % y más a sus opositores, a quienes les sacó más de 1 millón 300 mil votos, es valedero señalar varios casos del ámbito latinoamericano, acerca de los cuales nadie discute, censura, desconoce o guarimbea.
           En Chile, en las elecciones que eligieron presidenta a Michel Bachelet por segunda vez, la abstención fue superior al 60 %. Menos del 30% de los votos de los ciudadanos con derecho a sufragar, se los repartieron la presidente electa y su contendiente, la candidata oficialista o mejor dicho la de Sebastián Piñera, quien ejercía la presidencia del país austral.
            Ahora mismo, en este mes de marzo del 2014. Las elecciones parlamentarias de Colombia, arrojaron los siguientes resultados:
            De un total de 32 millones de ciudadanos con derecho a votar, solo votaron 14 millones. Es decir el 43.75 %, lo que cual equivale a una abstención de 56.25%.
            Pero hay más. Entre votos nulos y en blanco no marcados, es decir que no expresaban opinión alguna, sino el simple deseo de no querer votar a favor de nadie, hubo un total 2.301.182. Lo que equivale a un 7 % aproximado del universo con derecho a voto. Lo que restado al porcentaje de  ciudadanos que votaron, reduce el número de votos válidos al 36.75 %.
            A lo anterior habría que agregar la cantidad de votos blancos marcados; es decir, aquellos ciudadanos que manifestaron de esa manera su protesta contra el modelo colombiano, que alcanzó un total de 745.659, lo que produce la suma de 3.046.841 votos nulos y en blanco. La cifra anterior, la de votos blancos marcados, representa un 2.33 %. Lo que reduce el número de votos válidos a 11 millones 953 mil 159. Entonces el porcentaje de votos válidos, partiendo del universo con derecho a votar se reduce a 34.42%. Este reducido guarismo, o número de votantes es el que “legitima” al Congreso de Colombia.
            A favor de los candidatos de Santos, votaron 2 millones 230 mil 208 ciudadanos. Es decir el 15.5 del total de votos depositados.
            Por los de Uribe lo hicieron 2 millones 45 mil 564, lo que equivale  al 14.29 del mismo pequeño universo.
            Pero todavía falta por agregar algo más, entre los votantes a favor de la tendencia del Presidente Santos, o la oficialista y la del señor Uribe Vélez, sumados, apenas se llega al pírrico, esquelético porcentaje de 29.79 %.
             Estos números derrotan la prédica de Uribe, en el espacio mundial donde se mueve, de la supuesta ilegitimidad del gobierno venezolano y si aplicamos su lógica contra Venezuela, se le “vuelve la tortilla”, como decía la letra de una vieja canción de los republicanos de la guerra civil española. Pues podríamos afirmar que el “senador” Uribe Velez, es ilegítimo y en verdad que hay fundamentos para decirlo.
           Las últimas elecciones venezolanas, siendo apenas municipales, atrajo más del 70% de votantes, un hecho sin precedente en el mundo y el gobierno logró el 54.2 % de esos sufragios. A estas elecciones, la oposición, quien en todo tiempo juega a lo ilegal, le dio un carácter plebiscitario. Según ellos, si las ganaban, era una demostración irrefutable que Maduro era ilegal y debía irse, pero los números le estallaron en la cara y siguieron campantes. No fueron nada consecuentes con su prédica.
           Pero veamos otros ejemplos recientes; en las elecciones de El Salvador, donde gobierna el FMLN, por intermedio del periodista Mauricio Funes, el candidato, llamémosle oficialista, aunque uno no sabe con certeza cómo andan por allá las cosas, pero con toda seguridad si lo fue del Frente Farabundo Martí, Salvador Sánchez Cerán, obtuvo la mayoría con 50.11 % de los votos; mientras que el de ARENA, partido de la ultraderecha y de la última dictadura de ese país, Norman Quijano, alcanzó el 49.89 %. Eso significa una brevísima diferencia de apenas 0.22 %. En votos, el ganador alcanzó un total de 1.495.815 contra 1.489.451 de su contrincante, siendo la diferencia de sólo SEIS MIL TRESCIENTOS SESENTA Y CUATRO (6.364.oo).
            Tomemos ojo ejemplo más reciente, el de Costa Rica:
             En la primera vuelta, Luis Guillermo Solís, ganó con el 30.95 % de los votos, contra el candidato oficialista Jhony Araya, quien obtuvo el 29.56%.
En la segunda vuelta, de este domingo de ayer, Solís, candidato opositor ganó con el 77.8 % de los votos. Pero hubo una abstención del 44 %, tanta para ese país, que “Univisión Noticias”, uno no sabe con qué finalidad, calificó que el ganador alcanzó su triunfo “en medio de una enorme abstención”.
          Pero en todos los ejemplos electorales tomados del exterior, donde el sistema electoral no goza de la imparcialidad, limpidez e invulnerabilidad del venezolano, todos los perdedores optaron por reconocer sus derrotas.
          Hasta Uribe, arriba a su senaduría, pese a la pírrica cantidad de votos obtenidos, si tomamos en cuenta el universo total de votantes en Colombia, sin a nadie se le haya ocurrido de llamarle ilegítimo.
          Quienes aspiran que quien ejerce la presidencia deje de hacerlo, tienen la opción del revocatorio, previsto en la constitución. Pero para ello habría que esperar hasta la mitad del período de gobierno y para eso hay una buena distancia. No hay otra opción. Volverse a parapetar detrás del artículo 350 constitucional, como en el pasado, es volver a transitar una vía que se sabe cerrada legalmente. El TSJ, en su oportunidad, sentenció que lo previsto en ese artículo remite al artículo 72 de la misma Carta Magna, es decir al revocatorio.
             El legislador o constituyentista de 1999, que elaboró la constitución vigente, consideró necesario que transcurriese un período de tres años para juzgar o evaluar el desempeño de un presidente. Lo que parece por demás razonable y sabia determinación. Además, es notable que, precisamente la legalidad venezolana, surgida de la gestión del movimiento bolivariano, haya previsto esa salida, desconocida en el mundo entero y que precisamente es como una espita para bajar las tensiones y garantizar la paz.
            Sería contra toda lógica aceptar, en cualquier instancia, que en cualquier momento, un grupo, por muy importante que sea, se considere con derecho a anular los resultados electorales y pedir la salida de las autoridades cuando le venga en gana y según su conveniencia o estado de ánimo. Eso sería un atentado a la soberanía popular expresamente determinada en la Carta Magna.
             Siendo así, las consignas “Maduro vete ya” o “la salida es ahora”, fuera de tiempo, legalidad y procedimientos, acompañadas de acciones por demás violentas y sin antecedentes en Venezuela, parecieran insertas en lo que ahora se llama inapropiadamente “golpe suave”. Se intenta desatar un enfrentamiento de los sectores que protestan violentamente contra los cuerpos policiales, militares y hasta los partidarios del gobierno, para conseguir un pronunciamiento militar interno o justificar una intermediación internacional más violenta todavía. Se procura, sin que muchos de aquellos que participan en las acciones lo hayan entendido y en consecuencia aceptado racionalmente, enfrentar a los venezolanos, hermanos, unos contra otros; en eso que, en ciertos niveles del aparato militar y de “inteligencia” gringos, en su lenguaje escatológico, llaman “pelea de perros”.
            Estas afirmaciones parecen confirmarse con los hechos citados con respecto a las elecciones en diferentes ámbitos de América Latina.