lunes, 27 de julio de 2015

ENTRE FRAUDE Y GUERRA ECONÓMICA. CITANDO A SAMUEL MONCADA




ELIGIO DAMAS


            Se suele decir que “los opuestos se atraen”. En nuestro caso, gobierno y oposición pudieran estar en lados extremos. El primero está aquí y el otro de aquel lado; es decir se trata sólo de una manera de ocupar espacios. Pero pudieran atraerse, tanto como que uno se declara plantado en la idea de la guerra económica y el otro en lo del fraude, que ambos les lleva a embelesarse en lo suyo y quedarse plantados, como si el mundo se hubiese detenido o uno y otro estuvieran en lo mismo.
            Esta mañana de domingo escuché, en el programa de Croes, al Chúo Torrealba, a quien le dicen algo así como Coordinador de la MUD, aunque por su discurso político, en exceso barato, quincallero, uno no entiende el nombre del cargo ni el por qué al tipo en eso le tienen.
            Sus comentarios, en exceso grisáceos, abundan para afirmar que aquí habrá fraude. Se hace más oscuro e incomprensible porque si algo pudiera lograr con eso es desestimular a sus potenciales electores. O ¿no será eso justamente lo que busca? ¿No intentará, creyéndose derrotado, fortalecer en su gente el odio, el fervor por la aventura o las salidas ilegales?
           Si eso busca el Chúo, como vocero de la MUD, no es un signo de inteligencia. Pues sería un volver sobre lo mismo o continuar transitando la senda que le ha sido esquiva a la tendencia que se supone coordina. Cuando mucho, estaría preparando el terreno para justificar ante los suyos una vergonzosa derrota que avizora. Claro, es bueno insistir que, eso no es cosa del Chúo. No tiene autoridad para, siendo vocero de la MUD, fijar una posición tan comprometedora. Además, por lo que se sabe, por lo menos en este momento, las cosas no están de lo mejor para ese mundo con los gringos. Aunque parezca mentira, el asunto Cuba, donde la diplomacia gringa pareciera entrar triunfante, pudiera exigir, por un tiempo, aunque breve, aflojar sólo un poco, mientras se desliza y acomoda la carga.
           Cuesta entender como la oposición, ante un gobierno que pareciera estar confundido e indeciso para afrontar la situación económica, caracterizada por una inflación desmedida, por las razones que fueren, no es capaz de hilvanar si no un programa, por lo menos una pequeña sarta de ideas, para ofertarlas para encarar ese cuadro, sino que recurre a un huir hacia adelante diciendo que le harán fraude. ¿Acaso el elector, agobiado por la escasez, inflación y dentelladas del bachaqueo, ese que no ha atendido los anteriores llamados de la MUD, votaría ahora en su favor atraído por una denuncia de fraude, de paso sin fundamento alguno?
            Dijo Chúo, como si en este país todo estuviese bajo el control del gobierno y viviésemos en un oasis, que el fraude lo harían en las pequeñas localidades donde ellos no tienen representación. Lo de oasis lo decimos, porque lo convalida el mismo Chúo, al no hacerse portavoz de las inconformidades. Se dice que todo ladrón juzga por su condición; el representante de la oposición apela a sus recuerdos y habla de la Venezuela pasada, aquella del acta mata voto, proceso manual y el repartimiento de los votos ajenos entre los dos viejos partidos del puntofijismo. La mediocre y hasta ridícula historia, según la cual, el gobierno les derrotaría en las perdidas aldeas mediante el fraude, sirve para engañar yo no sé a quién, porque los gringos no son tan pendejos para comerse ese cuento. Tampoco creo que esa ridícula historia les sume votantes.
           Lo cierto es que el Chúo, como casi todos ellos, que juegan con varias cartas y marcadas, insiste en su torpeza de no hacer política de la grande, como presentar un programa para resolver las calamidades que bastante son y con él unir voluntades, sino en la de sólo hablar de fraude. Actitud que deja a la mayoría de los venezolanos abrazados a la esperanza que sea el gobierno, por los mecanismos y  recursos de los cuales dispone que, aunque parezca, como dicen en Cumaná, “cosa de chanza”, son muchos, quien nos aclare el panorama y tome las medidas pertinentes. Por eso se dice que lo mejor del gobierno es la oposición que se gasta y ¡vaya que en verdad lo parece!
          Después del “Chúo”, en el programa de José Vicente, estuvo Samuel Moncada. Dijo cosas tal como si las dijese cualquier inconforme militante del proceso. Estuvo, sin excederse, ni tremendismos, tan sugerentemente crítico que me asombró, hasta que, por un cintillo puesto por los productores del programa, supe que era exministro y también exembajador.
            Moncada, en su discurso, crítico de la conducta de la MUD, de esa misma actitud que antes hemos comentado, la asumida por Torrealba, que como hemos dicho sólo se limita a hablar de fraude en un país complicado y afectado por serios problemas sobre todo en el área económica, también señaló, como solemos hacerlo nosotros, las deficiencias del gobierno.
           Lo que ahora diremos no es exclusivamente lo que opinamos sino, como lo hemos advertido y lo volveremos hacer, lo que piensa y expresó en el programa “José Vicente hoy”, Samuel Moncada.
           Admite, no sé exactamente hasta dónde, que el gobierno es víctima de una guerra económica, pero advierte que ella se debe enfrentar aumentando la producción. Al respecto dice, palabras más o menos, estamos en Mercosur, pero nuestro rol no puede ser solamente el de consumidor en esa relación. Tenemos que vender lo nuestro  en ese mercado. Es decir, reconoce que hemos por lo menos descuidado bastante, por no decir abandonado, el área productiva y reclama un cambio de actitud. Para abundar sobre este asunto, que no lo hacemos nosotros, leamos a través del link http://www.aporrea.org/actualidad/a211311.html, como lo aborda Eleazar Díaz Rangel, siempre comedido, en la nota en la cual se pregunta ¿Tienen idea cuánto cuesta el kilo de caraotas negras?
            También es procedente agregar aquí lo denunciado por José Vicente en ese mismo programa de este domingo; dijo el destacado periodista poco dado a hacer críticas al gobierno, que el asunto de la harina de trigo se tornaba grave, pero no habló de “guerra económica”, sino señaló que a los importadores no les han aprobado las solicitudes de divisas para importar el insumo.
            Pero también reclamó Moncada, como lo viene haciendo medio mundo, una revisión de la política cambiara que, en su opinión, permite que estemos subsidiando el consumo de productos básicos en los países fronterizos, de los cuales mencionó Colombia y hasta a la inefable Guyana. No recuerdo bien, si lo hizo, pero pudo mencionar el bachaqueo que sustrae aquellos del alcance de la mayoría de los venezolanos y los usa para una  especulación desmedida y hasta grotesca. Moncada, lo sabemos, como nosotros, no cree necesario desmontar el control cambiario.
            Para Moncada, la oposición, eso lo dijo él sin duda alguna, pareciera no tener otro asunto del cual preocuparse que el presunto fraude que monta el gobierno. Lo que, según él, no la favorece en nada porque el interés de la mayoría de los venezolanos está centrado en otra cosa y tampoco es, sólo lo económico, lo que determinaría la preferencia del votante. De allí que no crea que, pese al grave cuadro económico, necesariamente el votante mayoritariamente se incline por la MUD.
            Pero dejó entrever – para buen entendedor – que el gobierno, al no asumir la gravedad de la crisis, la impactante y agobiante inflación, desenfrenada especulación, abona poco en su favor. Por eso reclama, como lo hacemos nosotros, del gobierno que abandone ese discurso triunfalista, que parece ignorar las calamidades y hable al venezolano con claridad; exponga como abordará el asunto, qué medidas habrá de tomar y sobre todo que las tome. Como nosotros, pareciera, decimos así por comedidos, exigir al gobierno no seguir dándole vueltas al asunto y menos haciéndose el desentendido, lo que no beneficia al proceso, ante las serias dificultades que confrontamos.
         Es muy malo para la oposición que sólo se le ocurra hablar de fraude. También lo es para el gobierno que se limita a señalar las posibles causas de la actual situación, mientras ignora los efectos y lo que es peor, pareciera estar como indeciso y proyecta la imagen de ineficiente o incapaz para dar respuestas adecuadas. Producir es la clave y el gobierno está obligado, contra viento y marea, a determinar el cómo sin distracciones.  

domingo, 26 de julio de 2015

EN BARCELONA REVUELCAN AL REY DE ESPAÑA ¿INSÓLITO?




ELIGIO DAMAS

            La segunda república española, la nacida el año 1931, el 14 de abril, que destituyó a Alfonso XXIII, de los mismos borbones que ahora reinan en España, nació pues tumbando al monarca, lo que puede representarse en una caída nada azarosa o accidental, pero sí en un “revolcón por los suelos”, para decirlo acorde con el tremendismo que procura generar la idea que algo trascendente habrá de ocurrir. Pero la primera república también nació de un revolcón y quizás por eso, de allí en adelante, como por un atavismo, la monarquía siempre está al borde de algo parecido y como vieja achacosa, decrépita, suela andarse por los suelos. De modo que esas caídas frecuentes de Juan Carlos, que le llevan de un quirófano a otro, por las que sus amigos reconocen muchas por culpa de Baco, tienen en parte un origen “histórico-genético”.
            Porque no fue esa la primera vez, ya en 1873, el 11 de febrero, el rey Amadeo I, de la casa Saboya y con buenos vínculos con la dinastía Bonaparte, a causa de la inestabilidad de su gobierno, se vio obligado a abdicar al trono, dando origen a una fugaz república que sucumbió frente a un golpe de Estado. Aquella se cayó y a esta la tumbaron. En todo caso, en ambos casos, se trató de caídas.
             De manera que antes que los republicanos de comienzos del siglo veinte accediesen al poder, ya la corona española había mordido el polvo y dado paso a una república ahogada posteriormente por un golpe militar. República y monarquía se habían disputado el poder y hasta alternándose en el mismo, unos caían y a los otros les tumbaban.
            Francisco Franco y Bahamonde, desató la guerra contra la república, justo cuando en Europa, la ultraderecha, el fascismo italiano y el nazismo alemán tomaban cuerpo y, terminó asumiendo el gobierno por un muy largo período. No hubo monarquía, pero tampoco república, sino un gobierno pretoriano, dictatorial, fascista, donde la ley fue el simple capricho del usurpador.  A lo largo de su gobierno puso cuidado en proteger a Juan Carlos de Borbón, pese que ejerció el poder omnímodo en España, en el lapso en el cual, según la creencia de los propios monárquicos, debió gobernar el padre de aquel, quien hasta reclamó ante el gobierno nazi su “derecho” de hacerlo, viendo que Franco a quien en principio apoyó no le entregaba el coroto; reclamo al que Hitler no le prestó atención por su identificación política con Franco y porque éste le era más útil. Fueron franquistas y monárquicos, pero éstos más cercanos a lo primero, por el primitivo instinto de conservación, quienes cumplieron lo dispuesto por el mal llamado “soldado de Dios”, de pese al largo gobierno no monárquico, que España volviese a la monarquía en la persona del Borbón domesticado de turno. Franco tumbó la república, que a su vez había tumbado a la monarquía pero, se quedó en el gobierno como “enviado divino", disposición que significó un volver a tumbar la monarquía o no dejar que esta se levantase; sólo aceptó que ésta volviese, una vez que él estuviese momificado y domesticada ella, en 1975 en la figura del pusilánime Juan Carlos de Borbón. Por eso éste  accede al trono de España genuflexo, atado a los designios del franquismo, pegado al suelo y con vocación marcada a caerse con demasiada frecuencia.
            Llega al trono en una monarquía parlamentaria, donde todo estaba organizado para que se mantuviese bajo el control de los remanentes del franquismo hasta la llegada de Felipe González, quien pese proceder del PSOE, partido que lo fue de la clase obrera y definido como marxista por sus fundadores, también domesticado estaba, pero por el FMI y el gran capital gringo y europeo, en un momento que España atravesaba una de sus acostumbradas crisis cíclicas, pero menos grave que la de ahora.
            Con Juan Carlos de Borbón, la monarquía no aprendió a  estar de pie; cuando mucho camina zigzagueante o como decimos por acá, dando traspiés y sin poder hacer el cuatro. Para empezar, la idea y sentimiento republicano siempre han estado germinando en el suelo español. Ese es un pueblo igualitario, irreverente, tanto que se “caga en la hostia, en el Papa y en las seis mil vírgenes” y cuanta cosa sagrada existe, como el rey, la reina, la infanta y, hasta con más razón, en el esposo de ésta, un ladronzuelo, nada inocente como aquellos de la literatura francesa, sino capaz de “morfarse”, como dicen los argentinos, buenas cantidades de dinero de entidades respetables.
            Justamente por esa mala conducta, quien fuese competidor olímpico, el esposo de la infanta, en uno de esos saltos o asaltos a dinero ajeno, cayó en desgracia; una caída que en buena medida se llevó parte, lo poco que le quedaba, del prestigio del monarca, no sólo por padre y apadrinador o, mejor no digo la palabra porque no es nada majestuosa, sino por estar supuestamente también metido en la mordida. Esta cuestión, no la única, es parte del derrumbe o caída de este monarca, que lo es no por mono o uno, sino por simio.
           El rey Juan Carlos se hundió, para no repetir lo de caída, más en la desgracia, cuando en medio de una farra se exhibió en una matanza de elefantes; menos mal para él, que “Tarzán de los monos” allí no estaba porque, la sensibilidad de éste, hubiese obligado al “Monarca” a arrodillarse ante Chita; pero aun así, no pudo impedir continuar “cuesta abajo y en la rodada”. Por eso se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Felipe tratando de salvar lo que queda, la botella vacía.
           Pero las elecciones españolas recientes mostraron que la monarquía no sólo está en declive, sino que no tiene respaldo en la opinión como para que se mantenga a flote. Invito a leer nuestro trabajo de tiempo atrás sobre ese asunto mediante el siguiente link: http://www.aporrea.org/internacionales/a208479.html. Según esos resultados la monarquía está de capa caída también por las copas que se rompen en exceso y hechas añicos se deslizan por el suelo.
           El respaldo a la monarquía es minoría en España pese los gestos hipócritas de quienes no se atreven. No obstante, quienes ahora gobiernan en Barcelona, una de las más importantes ciudades españolas y asiento de un sólido movimiento independentista, republicano y por supuesto antimonárquico, decidieron retirar del salón donde sesiona el ayuntamiento el busto de Juan Carlos; uno de ellos hasta agradeció a la alcaldesa, el haber “limpiado el salón”. Lo que equivale decir que Juan Carlos y lo que él representa no sólo perdieron en España sino que están caídos. Sólo falta no un tsunami, lo que sería una exageración o tremendismo, sino un pequeño ventarrón para que se lleve a una monarquía, que no solamente es un adefesio institucional,   sino que se expresa a través de personajes de poca templanza y equilibrio,  tanto que desde tiempo atrás vienen rodando por el suelo. El delirium tremens es una vaina que pone hasta a un monarca a bailar como San Vito.

miércoles, 22 de julio de 2015

"¡CUBA SÍ! ¡YANQUIS TAMBIÉN!", SILVIO RODRÍGUEZ. ¡FIN DE MUNDO!




ELIGIO DAMAS


            El tipo es una verdadera ametralladora. Es ruso y habla como cinco idiomas, según aseguró Walter Martínez, quien le entrevistó en su “Dossier”. Hablando en nuestra lengua, lo hizo no sólo con soltura y elegancia sino que las palabras le salían a borbotones, tanto que uno tenía que ir juntándolas, mientras corría tras de ellas, para un poco poder entender lo que decía.
             Hablando sobre el restablecimiento de las relaciones diplomáticas Cuba-USA, dijo más o menos, recordemos la velocidad con la cual disparaba cada palabra, que sobre la isla sobrevendría “la revolución de las hamburguesas”, para referirse a las cosas “soñadas” que enviarían a la isla para encantar a los cubanos y “que tanto gustan a la gente”. Citó, como en la misma China y hasta en Moscú, el día que inauguraron los sitios de venta de esa comida chatarra, se hicieron colas, esto lo agregamos nosotros, frente a las cuales las de los bachaqueros se quedan pendejas. Fue una manera irónica de abordar el asunto y dejar constancia que, en definitiva, Cuba revolucionaria nada bueno debería esperar de aquello.
              Los cubanos y el Departamento de Estado han asumido el asunto como si fuese una fiesta, un hito en la historia latinoamericana y sobre todo la de Cuba. El canciller Bruno Rodríguez, ha hablado como si fuese Fidel Castro llegando a la Habana después de bajar de la “Sierra Maestra”, pese que, el ahora  alto funcionario, en aquel momento posiblemente estaba mamando o, para mejor decirlo, en brazos de su madre. Es más, este en su discurso, en acto de anuncio del nuevo status entre ambos países, se atrevió a hablar de lo nuevo y deseado por venir, como el intercambio “cultural”, las comillas ya saben por qué, y económico. Estuvo tan emocionado que pareciera creer que en verdad Cuba había alcanzado una victoria, tanto como haber convertido el ansia imperialista en domesticada mascota o por lo menos en un buen aliado. Yo sólo atiné a recordar aquello del Che, que convalido, “al imperialismo no hay que creerle ni un tantito así”. El intercambio cultural provechoso que espera Rodríguez, téngase por seguro que nada tiene que ver con los planes del Pentágono, la Casa Blanca, el capital gringo y toda la parafernalia que se suele utilizar para invadirnos a la nueva usanza.
            Pero Silvio Rodríguez, el muy famoso cantautor cubano, fue mucho más allá que Bruno Rodríguez:
            “¡Cuba sí! ¡Yanquis también!”, dijo con inocultable satisfacción el autor e intérprete del “Unicornio azul”. Pero no se quedó en eso, más soñador todavía expresó, mientras uno percibía como un respirar profundo o rebosante pecho:
            “Nunca pensé vivir este día. Ahora las cosas deberán ser mejor que antes”. ¡Increíble!
            Al leer esto, a mí, de la misma edad del cantor, me produjo la sensación de un alelado, como un niño escuchando una canción de cuna o maravillado ante un helado de fresa con crema. ¿Acaso esos yanquis de ahora son distintos a los de antes? ¡Qué maravilla! ¡Cómo cambia el mundo!
            Uno que otro importante funcionario de gobierno latinoamericano ha saludado el acuerdo con una inusitada alegría y, como sin “querer queriendo”, celebrado el “bello gesto unitario” de la administración de Obama. Sólo que para ser, digamos con discreción, como más solemnes, hablan de esplendoroso triunfo cubano.
            Precisamente, ¡cosa extraña!, los más comedidos parecieran ser los gobernantes más conservadores del área, por no decir los más cercanos a USA.
             En la calle, en esta ciudad nuestra, uno observa que la gente de la derecha aplaude y ha renacido en ella una simpatía por Cuba que uno ni siquiera sospechaba oculta, aunque prefieren decir “ahora falta que caiga el gobierno”. El pueblo venezolano de derecha o izquierda, bien sabe que eso es el objetivo de los gringos y que, al meter la embajada, han instalado una portentosa punta de lanza o nada fingido “Caballo de Troya”. Sin suspender el bloqueo, metieron en Cuba valioso contrabando.
            Evo Morales parece mostrarse discreto, pues antes ha dicho, fundamentado en su experiencia, “sin embajada gringa nos sentimos mejor”.
Bruno Rodríguez
            Mientras Cuba y su gobierno celebran, en Ecuador y Venezuela, el gobierno gringo, sus agentes y vasallos profundizan sus acciones para desestabilizar y desconocer la legalidad. A Venezuela le aplica un movimiento envolvente por occidente y oriente. Utilizando a la Exxon-Mobil o dejándose utilizar por esta, el gobierno gringo intenta confrontar a Venezuela por el asunto Esequibo, con la finalidad nada oculta de romper la unidad caribeña y hasta desbaratar PetroCaribe. Es hasta una movida que intenta romper los cimientos de la política unitaria y americanista trazada por Hugo Chávez. ¿Lo de Cuba no entra en la misma artimaña? Lo que siempre hemos reclamado y reclama el mundo votando abrumadoramente a favor de Cuba en la ONU es por la suspensión del bloqueo.
             “Al imperialismo no se le puede creer un tantito así”, dijo Guevara. Si te tiende la mano cuida bien no vaya a arrancar la tuya.
             “¡Cuba sí! ¡Yanquis no!”, fue una consigna de la izquierda y los pueblos de América Latina, para restearse con Cuba en el momento que los yanquis arreciaban la agresión contra ella. “Yanquis”, por supuesto, no dejemos confundirnos, es en ese contexto la palabra para identificar las políticas agresivas, irrespetuosas, guerrerismo, saboteo y el intento de sometimiento del capital de EEUU. No identifica al pueblo norteamericano y eso bien lo sabe Silvio Rodríguez.
              ¿Qué ha dado EEUU a Cuba ahora y qué promete?
             Por ahora, el establecimiento de relaciones que, para Evo, de nada sirven, por el contrario eran molestas. ¿Serán distintas con Cuba? ¿Eso creen Bruno y Silvio Rodríguez? ¿Necesitan los cubanos vivir en carne propia la nueva experiencia de la política desestabilizadora gringa, de las revoluciones de colores, las manitas blancas, de las hamburguesas, Hot Dogs y la violencia de las guarimbas para entender su significado?
            Lo que importa sobremanera a Cuba es la suspensión del bloqueo, por lo menos en lo relacionado con países del mundo a quienes por él se les prohíbe comerciar con la isla, aunque también sería bueno permitir el intercambio con la economía de EEUU, lo que no obliga necesariamente a tener relaciones a nivel de embajadas. Lo logrado, lo que uno sospecha, es pírrica cosa y hasta nada dignificante.
            Pero de aquellos dos asuntos, los gringos nada dicen y por ahora no están muy ganados a hacer concesiones sustanciales. John Kerry, jefe de la diplomacia gringa, ayer mismo, en la propia cara del muy feliz y satisfecho Bruno Rodríguez, sentencio que: “Guantánamo no está en las conversaciones”.
            Por lo que uno ha vivido, está viviendo, bien sabe que toda nación que aspire gozar de independencia, construir una economía y organización social justas, sólo encontrará en la “Embajada Gringa” una trinchera para disparar ocultamente, a mansalva y permear la sociedad para lograr sus oscuros fines. Si no quieres que te agreda o intente destruirte, entonces sólo sométete a sus dictados.
            Lo demás, lo que significa una embajada gringa, esas muy ansiadas, por parte del canciller cubano, relaciones culturales, bien lo sabe cualquier venezolano a menos que sea cogido a lazo.
            Para terminar debo decir a los jóvenes que es riesgoso adoptar ídolos inmaculados y dioses vivientes.

martes, 21 de julio de 2015

ESEQUIBO: MÁS FÁCIL ENGULLE EL TIBURÓN A LA SARDINA SI ÉSTA SE DISTRÁE





ELIGIO DAMAS


            Si alguna ventaja tiene quien escribe es que deja por allí regadas,  aunque sea broza en prosa, para si no para la posteridad, si pruebas para poder respaldar que aquello dijo o sostuvo. No lo deja en manos de la gente, memoria individual o colectiva que suele olvidar y escudarse “en verdad no recuerdo”, si no es que se niega contundentemente lo que en realidad se dijo o sucedió. Lo que no necesariamente mal habla de quienes esta actitud asumen, pues eso está asociado a la “fragilidad” de la memoria.
           Digo lo anterior para repetir ahora que siempre estuve en oposición del gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez y lo que ahora pueda decir no significa un respaldo a ese “Mandatario”, en este caso la palabra está como muy bien utilizada, sino un reconocimiento a lo verdadero. Aquel gobierno tuvo una mejor escuela, quizás muy buena, y justamente por eso, en buena medida le tumbaron los estudiantes.
           He observado, y esto lo dice un docente de larga vida, que en los últimos cuarenta años, el Esequibo, cuando más, no ha sido sino una especie de “moco de pavo”, algo mórbido, anexado a lo que bien se define como presunto y “verdadero territorio” nacional, pegado a nuestro mapa. Es decir, el mejor de los mapas, pone al Esequibo hasta como una entelequia o algo que fue y pudo haber sido, pero que no es; tan es la poca fuerza que el mapa transmite, esa forma de concebir el asunto. Parece ese pegamento difuso, como un “bacalao”, sobre el hombro de un hombre cansado que se escora cual barco a la deriva. No hay en él, nada convincente ni que entusiasme al venezolano, sobre todo a los jóvenes.
            Nombré a Pérez Jiménez, porque bajo su férrea dictadura, a nosotros, los jóvenes estudiantes de la época, nuestros maestros nos enseñaron los motivos del conflicto fronterizo en detalle, la falsificada línea  “Schomburk” y el principio determinante que siendo nuestro territorio el mismo de la Capitanía General de Venezuela para 1810, el Esequibo era entonces de manera indiscutible Venezolano y que la apropiación indebida de ese territorio por Inglaterra, bajo ninguna circunstancia negaba nuestro derecho y soberanía sobre él. Contrario a la idea que pregona Granger, presidente de Guyana, según la cual nuestro derecho aparece algo más difuso por el tiempo y la débil insistencia. Y periódicamente, en aquella extraña ciudad mansa en que se convirtió Cumaná después de la guerra de independencia, quizás por tanto guerrear y sufrir los azotes de los enemigos de la independencia, hacíamos por nuestra cuenta y en veces guiados por docentes como Fermina Álvarez, jornadas de propaganda para dejar constancia que el Esequibo es nuestro. Todavía recuerdo aquel excelente ejercicio que consistía en comparar los límites según la línea trazada por el agente británico y los correspondientes a la Capitanía General de Venezuela, para dejar clara la idea acerca del territorio que se intentaba e intenta despojarnos.
            Esa concepción bolivariana de la unidad latinoamericana que es ahora, como debió serlo antes también, nuestra adorada y ansiada barrera contra el avance del capitalismo arropante, arruinador de las economías pequeñas y arrogante, lleno de racismo, fue manejada por nuestros gobiernos, los de antes, de todo el siglo 19, 20 y hasta el 21, de manera ingenua. Un amigo entrañable, izquierdista de la vieja escuela, solía decir cuando escuchaba la expresión “nuestros hermanos colombianos”, sin dejar de sonreír: “Si pero en esa relación los hermanos somos nosotros”. Esta anécdota, si se quiere, refleja la vieja política “latinoamericanista” nuestra. Tanto que, gran parte del pasivo social de América Latina y sobre todo de los vecinos y más cercanos a nuestras fronteras, por años lo hemos recogido nosotros. Volveré a recordar como la guerrilla colombiana de nuestro tiempo, hoy FARC, nos llamaban a nosotros con una expresión contraída, creo era “Venoco”, con la que quería decir “venezolanos coños de madre”, y ella era parte de la izquierda de aquel país.
            Sólo Chávez, por adherir los principios bolivarianos, que se enlazaron con las luchas antimperialistas, quiso darle un contenido más profundo, menos populista, sensiblero o ajeno “al papel de pendejos”, que según muchos hemos jugado, a esa relación y tradicional conducta solidaria y de buena fe del venezolano que es, con orgullo, una herencia de los libertadores. No dejo de pensar, en el Mariscal Sucre, aquel carajito, muchachito, casi un  infante, que deja la bucólica Cumaná de su tiempo, para irse a combatir allá lejos, donde se devuelve el viento y alto, tanto como para tocar el cielo. ¡Y miren qué lo tocó! Aunque con los suyos, en los días de diciembre, no dejó de cantar:
                       “¡Ay Cumaná! ¡Quién te viera!”
            No quiso la dichosa fortuna, para decirlo a lo clásico, que “Toñito” pudiese volver a su tierra a recorrer la vieja ciudad con sus amigos, como tanto ansió.
            Eso, la unidad continental, soñó y adelantó Chávez, allí están el ALBA, CELAC, PETROCARIBE y tantas cosas en esa materia que conocemos. Pero aun así, por esa misma solidaridad, buena fe, cariño por los hombres de nuestro continente,  el propio presidente Chávez, no puso sobre el Esequibo la atención a que nos obligaba la rapacidad capitalista. Claro, le excuso, cuando le pienso, como Bolívar, intentando construir la Gran Colombia, la unidad latinoamericana de ahora para contener al imperialismo, sobre todo en la era Bush, nada distinto por supuesto a la Obama, tratando de encontrar puntos de unión y “archivando”, “por ahora”, aquello que podía engendrar divisionismo. Por eso, le excuso, como no lo hago con los anteriores gobernantes de mi país desde que iniciamos la reclamación.
            Pero hagámonos una pregunta. ¿La parte del pueblo venezolano que conforman los grupos etarios dentro de lo que podríamos llamar la juventud, está suficientemente informada, como lo estábamos los estudiantes del liceo Antonio José de Sucre de mi tiempo? ¿Han aprendido lo suficiente, cuanto de valor hay en ese territorio, ligado a la soberanía, sobre todo en lo relativo al intento de despojo del imperio Británico? Creo que no. Si algo dejamos, para que ellos pudieran preguntarse el significado, fue apenas ese “moco de pavo” frío y como bamboleante, pegado a nuestro mapa.
            Por años, hemos venido dándole largas al asunto, tanto que el presidente Caldera, en su momento, para quitarse aquel fastidio o incordio de encima, firmó un tratado que pospuso por largo tiempo la discusión de la materia y después de vencido éste, los gobiernos siguientes optaron por ver el “moco de pavo” como una reliquia o quizás pústula que era mejor no jorungar. Repito, el único que tuvo motivos, “en cierto modo” para hacer lo que hizo fue el presidente Chávez.
           Pero resulta que cuidando la tranquilidad para la obra grande, aquella que debía contener al enemigo gigantesco, este que no cesa,  se nos “metió por los palos”, como dicen los hípicos. El despojo británico, y no es cosa azarosa ni de pura coincidencia, sino muy natural, tiene ahora su intento de remate con la intromisión del capital gringo, como debieron prever nuestros gobernantes, a través de la Exxon-Mobil.
           La posibilidad que el Esequibo tiene de energía, aparte de otras riquezas, era nada difícil preverlo o saberlo. He dicho muchas veces que los muchachos cumaneses de mi tiempo, desde hace algo más de cincuenta años, sabíamos que en las costas sucrenses había una enorme riqueza oculta; esa de la reserva de gas de las más grandes del mundo. En aquellos tiempos, llegaron a mi noble pueblo, unos cuantos jóvenes ingenieros, militares y pilotos gringos a estudiar el área. Cumaná era el centro del cual operaban. Nuestras muchachas que, hicieron amistad con los extraños, les sustrajeron el secreto. Entonces no sabíamos, exactamente si era petróleo o gas; aunque allí hay de las dos cosas.
           La Exxon-mobil, más pragmática, menos soñadora y a quien le importa un bledo la unidad nuestra o para mejor decirlo, la aborrece, se aprovechó del “descuido” venezolano, actitud de buena fe, de esa hermandad que tanto nos embarga por nuestros libertadores, para meterse en el Esequibo, sin duda con una muy buena oferta a quien hubiese que hacerla para que la República Corporativa de Guyana optase por violar no sólo el “Acuerdo de Ginebra”, sino la amistad que le hemos brindado por años. No se trata pienso yo, de pedirle a ese vecino país y su gobierno, que acepte nuestro reclamo y reconozca la soberanía venezolana sobre todo ese territorio, sino que actuase conforme a la tradición, las buenas y generosas relaciones y hasta la hermandad, en lo cual, aun tratándose de los gobiernos anteriores, como hasta el de Pérez Jiménez, los venezolanos nos hemos desbordado; por supuesto, sin dejar a un lado los compromisos que se derivan de los acuerdos diplomáticos, en beneficio de la amistad que estamos obligados a profesarnos por razones políticas, geográficas, históricas y el beneficio común.
             Es el momento, no habrá otro, de retomar ese reclamo con la fuerza debida sin obviar la necesidad de avanzar en la unidad latinoamericana y mantener la paz entre nosotros, pues al capital imperial le encanta, es obvio, miremos al medio oriente, “pescar en río revuelto”. Esa fuerza siniestra revuelve las aguas, es su natural comportamiento.