martes, 21 de octubre de 2014

LOS DIVISIONISTAS, AL PARECER DESCANSAN, PERO NO CESAN


ELIGIO DAMAS

            Debo advertir desde el inicio, que los divisionistas pueden estar en todos lados; no sólo donde le parece o uno cree. Tanto es así, que las divisiones generalmente se producen porque en ninguno de los lados que mueven la opinión o  los grupos, hay ánimo de unidad y disposición a entender; todo lo contrario a como aquellos dos burros – perdóneseme la figura, no tiene animo peyorativo alguno, pero es muy ilustrativa– que después de tirar en contrario, intentando arrastrar la misma carga, entendieron que cada uno, haciendo su sacrificio, rebajando sus demandas, disminuyendo de tono sectario e infantil orgullo o ajustando sus brújulas, era posible encontrar la senda adecuada para marchar con firmeza. De esa manera, pudieron sumar sus fuerzas y hacer que la carga avanzase.
            -“¡Hermano!”, me gritó casi de lejos, Moisés Moleiro, al verme entrar a un salón grande del recién construido Parque Central. El MIR se había acogido a la pacificación e intentábamos reconstruirle, desde hacía algo más de una año y ¡miren que habíamos sido exitosos hasta ese momento!
            Mi amistad con “el ronco”, venía desde 1957, cuando le conocí por accidente, mientras visitaba uno de mis tíos; un encargo que me había dejado mi padre antes de morir, siendo yo apenas un niño.
            -“Tienes que conocer a tu tío Diego que ahora es embajador en Panamá, pero su casa está en Caracas. Cuando a esa ciudad vayas, ve a visitarle”.
            Un domingo salí de “Ciudad Tablitas”, allá en Catia, donde vivía en el rancho de unos primos y me llegué hasta San Antonio de La Florida, donde estaba la casa del tío, quien ya había dejado de ser embajador. Después de recibirme con mucho afecto, presentarme su esposa quien también se mostró alegre y atenta y me dio muestras de recordar con afecto a mi padre, el tío me dijo:
            -“Acompáñame a la plaza, aquí cerca, para conozcas a tus primos”.
            Hasta allá llegamos y junto a mis primos estaban otros muchachos de la edad mía. Allí, además de mis primos Damas Estaba, conocí otro primo o pariente como solíamos decir en Cumaná, por su segundo apellido de mis primos. Este jovencito es Américo Martín Estaba. Pero también en el grupo había uno de hablar ronco, hijo del conocido músico venezolano Moisés Moleiro, a quien al serme presentado me dijo llamarse Moisés Moleiro Camero.   
            -“¡Hermano!”, repitió Moisés mientras se acercaba a mí con muestras de querer abrazarme. Habían transcurrido 16 años de nuestro primer encuentro y a lo largo de ese tiempo, casi desde la primera vez que nos vimos, mantuvimos una relación muy estrecha, como para que me llamase emocionado, hermano, sin que en ello hubiera ninguna formalidad.
           Nos acercamos, abrazamos y reímos por las tantas cosas que rápidamente recordamos de sólo vernos, pese que apenas llevábamos unos dos meses de no encontrarnos. Pero tratándose que ese día se llevaría a cabo un acto como refundacional del MIR, ahora en la legalidad, el encontrarnos allí, después de tantas vicisitudes, fue como muy apropiado que ambos estuviésemos emocionados.
           A Moisés, le acompañaba un joven, en ese momento de figura aparentemente agradable, sin que en él se anunciase el prominente abdomen del futuro, de sonrisa que recuerdo como tímida o fingidamente humilde, sin dejo del cinismo de ahora, con una anunciada calvicie.
           -“Hermano”, volvió a repetir la palabra Moisés en su ronca voz y agregó:
           -“Te presento a Alberto Franceschi. Es un cuadro valioso que viene de los grupos….”, usó un calificativo que no quiero mencionar para no descalificar a nadie y por supuesto menos lo que quiero decir.
          -“El”, continuó Moleiro, “ha estado coordinando parte de esos grupos en América Latina; su experiencia y de quienes con él se vinieron a nuestro partido, conocimiento aportarán mucho para nosotros en este momento que intentamos reconstruir el movimiento”.
         El MIR que intentamos reconstruir después de la amarga experiencia clandestina y de la lucha armada, etapa que vio nacer de entre nosotros tantos grupos que uno se pierde contándolos, como Bandera Roja, Liga Socialista, no tardó en dividirse de nuevo en  rolos, como aquella “Nueva Alternativa”, minúsculo partido que fundó Américo y dejó a Moisés un pequeño conuco que le llevó a la tragedia de fundirse en el MAS para fundar aquella comparsa llamada MAS-MIR,  que se transformó en un saco de gatos y “Federación de Inconformes” hasta con ellos mismos. El MAS también,  antes que allí llegara Moisés con los suyos, era a lo interno, un campo de batalla por quedarse con los mendrugos. Al final, eran menos gente junta que cuando comenzaron aquel intento de retornar a la sindéresis.
          En aquel proceso que prontamente dividió al MIR de nuevo, en mediados de la década de 70, pese la aparente coincidencia que parecía haber entre los viejos fundadores que se reencontraban, tuvo mucho que ver el personaje que ahora, no solo está en la oposición, sino que forma parte de los grupos más ultra reaccionarios que allá en Valencia se regodean.
          Chávez supo de la incapacidad de la izquierda, desde tiempos ancestrales, para llegar acuerdos y definir políticas unitarias. Predominaba entre aquella gente el legado de los viejos caudillos y el deseo de cada uno de tener una pequeña parcela, su propio contingente. No Había la suficiente grandeza para construir sobre la base de un programa común sin mayores esfuerzos ni renunciar a lo fundamental, la unidad necesaria para desalojar del poder al imperialismo, la burguesía rapaz y los parásitos. Los eventos electorales exhibían a una izquierda con tres y cuatro candidaturas, espejo de aquella mediocridad.
            Queremos insistir que  de lado y lado, se incurre en aquellas prácticas. Porque de asumirlas se encargan muchos, sin importar donde se encuentren. ¿Queremos volver a la orfandad y dividir al pueblo para que vuelvan las oscuras golondrinas?

           Uno se preocupa y hasta asusta, porque al parecer, los divisionistas, sectarios y grupales, parecieran mostrar que descansan pero no cesan.

lunes, 20 de octubre de 2014

¡NO DESTRUYAN LO QUE CHÁVEZ CONSTRUYÓ!


ELIGIO DAMAS

              Para Lenin, el izquierdismo fue y es una enfermedad. Eso lo dijo el dirigente bolchevique ruso. Es más, le llamó “infantil”. Pero no porque le pegue a los muchachos, sino a quienes no alcanzan a madurar lo necesario.  Pero no hace falta siquiera haberle leído para llegar a la misma conclusión. Es hasta más peligrosa que la Chikinguya, pues no necesita un transmisor para que una persona contagie a otra. De manera que sería inútil fumigar, lo que de paso es también en buena medida nocivo, impedir los depósitos de agua y hasta salir como locos a votar los viejos cauchos del automóvil que se amontonan en el patio que pueden servir para otra cosa. En este caso, basta que uno o unos cuantos contaminados de izquierdismos se difundan entre los revolucionarios, peguen sus habituales gritos y hasta escriban estoraques llenos de ciencia ficción e interpretaciones personales, muchas veces delirantes, de los clásicos o quienes creen que son tales, para atrapar a cualquier desprevenido. De paso, éste no sentirá dolor alguno, pues no habrá picada y menos los dolores que suelen acompañar a la extraña enfermedad, que lo es por ella misma y el nombre.
            Es más peligrosa también porque quien la adquiere no lo sabe. No es como la Chikinguya cuyos síntomas, según he leído y oído, son en exceso incómodos y dolorosos. El enfermo de izquierdismo no siente dolor alguno; es más, va por allí en muchos casos feliz de tener una vaina que no sabe que tiene. Quizás el síntoma más visible de la enfermedad, que desde fuera se percibe fácilmente, aparte de sus delirantes percepciones, es que suele ponerse de muy mal humor y estallar de rabia cuando alguien le contradice.
            Pero además del izquierdismo hay otra enfermedad que suele acompañar a la primera. Este es el grupalismo. Porque los enfermos de izquierdismo sienten necesidad de encontrar apoyo incondicional, es para ellos un asunto vital. Por supuesto, que esto del grupalismo también le pega a muchos que son de la derecha y hasta moderados. Pero los enfermos de izquierdismo son  como más apegados a esa práctica enfermiza del grupalismo.
           Cuando se entra en debate, se discute por diferentes medios, los enfermos de un lado u otro, necesitan como el oxígeno, no escuchar opiniones, menos si son diferentes a las que ellos están amarrados, su objetivo no es llegar a la verdad ni al punto donde el movimiento inercial debe iniciar su marcha, o lo que es lo mismo, llegar a un consenso para sumar fuerzas, sino oír opiniones que apoyen lo que ellos dijeron y sumar para derrotar a quienes piensan otra cosa.
           El izquierdismo o derechismo, como enfermedades que pueden brotar en el movimiento revolucionario, cuando se vinculan al grupalismo, circunstancia que buscan a como dé lugar, tienden a dividir innecesariamente, hasta por nimiedades, porque sin que ellos lo sepan, no lo hayan internalizado, lo que buscan es el poder. Tanto que cuando un grupo se sobrepone a otro, dentro de un partido, una comunidad, una sociedad científica o de cuidadores de mascotas, se dedica a ignorar a los otros por muy valiosos que sean. Por eso uno ve en esas agrupaciones y asociaciones, siempre las mismas caras, tomando las decisiones y dictando las reglas del juego o normas para el hacer. Habrá cambios solo cuando el grupo que maneja la mayoría deje de hacerlo y entonces, el nuevo triunfador, vendrá con sus guantes, bates, pelotas, reglas y hasta árbitros.
            Pero lo peor del grupalismo es que, como enfermedad, se extiende más que el Chikinguya y hasta los infantilismos mismos. Cómo un tumor que hace metástasis, pues al grupo que se organiza o se metió de una vez ya organizado para tomar el control, estimula que los demás como por acto de supervivencia tienden a formar sus propios y numerosos grupos.
            En la vieja izquierda, en el MIR por ejemplo, había grupos que se formaban sólo por tener una particular interpretación de un asunto específico. Eso los hacía como sentirse obligados a llevarle la contraria a los otros compañeros en todo. Bastaba que alguien de un grupo diferente dijese algo, para que del otro lado o lados, esgrimieran argumentos, como sacados de un saco de mago o loco, para refutarle.
           Pero si todo fuera eso, no importaría. Uno hasta gozaría escuchando a aquellas cuerdas de locos y les vería templándose las greñas. Lo malo, uno lo sabe por experiencia que un buen día, sobre todo en el momento menos propicio, cada grupo decide coger su camino y donde antes había una gran organización, salen montones de átomos, con sus ideas pero sin gente.
           Haber curado a la izquierda de aquella peligrosa y derrotista enfermedad, fue una de las más grandes labores de Chávez. Ojalá, como el chikunguya y el ébola, no tome fuerza el grupalismo. Tanto como para hacernos explotar. Por eso, los enfermos de izquierdismo o derechismo, si les gusta estarlo porque ellas no pican, que no se rasquen, estén tranquilos, manténganse en el frente donde estamos todos juntos, pero no destruyan lo que Chávez construyó.
             Para terminar  y evitar malas interpretaciones, las individualidades que se reúnen en grupos para diseñar propuestas, elaborar ideas, no necesariamente son grupalistas. Pues lo grupal va más allá de eso. Suele tener sus propios comandos, reglas y disciplina, táctica y estrategia. Dicho esto, cada quien debe tener claro a quienes me refiero. 

           

sábado, 18 de octubre de 2014

LAS CALIFICACIONES CONTRA APORREA, SU GENTE Y ARTICULISTAS


ELIGIO DAMAS


            Para alguna gente pareciera que la página web Aporrea, es la “pagapeos”.
            Hay una vieja anécdota caraqueña, tanto que viene desde la época colonial, que Francisco Herrera Luque recoge en una de sus obras - creo que esta es “Los Amos del Valle”- en la cual se describe el sentido de aquella expresión.
            Las mantuanas, esposas de “Los Amos del Valle”, de “los grandes cacaos” de Caracas, cuando iban a misa, se hacían acompañar de algunas jóvenes de su servicio personal; está como por demás decirlo; estas eran sus esclavas.  En la misa, las jóvenes esclavas, se colocaban detrás y a una prudente distancia de sus amas. Cuando a alguna de aquellas señoras, entre el levantarse y sentarse, arrodillarse y pararse, como acontece en los ajetreos de la misa, se les salía un gas, sobre todo sonoro, gestualizaba dando a entender que aquello era obra de alguna de las muchachas que detrás de ella estaba. Por eso se les llamaba así a aquellas jóvenes, “las pagapeos”.
           Poco tiempo atrás, cuando el gobierno llamó al diálogo, salió el rumor que llegaba a algunos acuerdos con sectores de la economía privada, algunos camaradas que escribían en aporrea, intuyeron que vendrían calamidades sobre todo en materia de precios, que de todos modos ya se estaban expresando y no se veía manera alguna de evitarlas, y otras cosas más según dijeron o sugirieron, optaron por despedirse de la página y tomaron espacio al anunciar aquello. Reaccionaron como si Aporrea y quienes la página manejan, tuvieran la culpa de aquellos malestares que ellos percibían. Por eso, en esa oportunidad escribimos un artículo ¿Por qué irse de Aporrea? http://www.aporrea.org/medios/a189052.html, ya que no veía congruencia en lo que estaban percibiendo y pensando sobre la conducta del gobierno, el futuro inmediato y el despedirse de la página. Era como una forma de echarle a Aporrea, Gonzalo Gómez y su equipo la culpa de lo que ellos intuían. Es decir, en ese caso, usaron a Aporrea como la “pagapeos”. Por cierto, he visto que algunos que aquella actitud asumieron han vuelto a la página y eso es bueno. Aunque también es bueno decir que las decisiones apresuradas, a la carrera, o por “arrechera”, no producen nada bueno. Si no lo creen, pregúntenle a Capriles.
            Llevo algunos años escribiendo en Aporrea y pienso que mi actitud procura ser equilibrada y sensata. Soy de los tantos que apoya el proceso que inició Chávez, con todo lo que eso encierra, como estar en firme actitud de “oposición a la oposición”, o sea a la derecha, sin darle un palmo de terreno al imperialismo y los intereses mercantiles. Si hace falta decirlo, para satisfacer alguna exigencia, estoy firme con el proceso revolucionario y de cambio que demanda el pueblo de Venezuela y la patria grande. Pero no soy ingenuo como para creer que todo marcha bien y que mi obligación es callar y no advertir el ruido que escucho viene de allá arriba, desde las cabeceras del río. No me siento obligado a ocultar los males o errores que perciba, porque si lo hago estaría siendo inconsecuente con la dialéctica, mi percepción de la historia, política, vida y pensamiento de Chávez. ¡Qué hasta las piedras hablen!, decía el comandante. Quienes están obligados a hacerlo que lo sigan haciendo, se les entiende. Como se entiende a quienes asumen la misma actitud porque están cerca de los mandos, son escuchadoss y se sienten corresponsables hasta en lo específico.
           No conozco personalmente a Gonzalo Gómez, ni ningún otro integrante del grupo editor de Aporrea. Como tampoco a alguien que milite en ese grupo político de izquierda que llaman “Marea Socialista”. No comparto en su totalidad sus percepciones sobre la coyuntura venezolana; lo que no niega que algunas cosas entran en el campo de mi percepción. Pero soy contrario a los grupos; esto lo he dicho varias veces. Si optase por romper con el Psuv lo haría para seguir con mi soledad, pero no entraría en ningún grupo, porque mi experiencia – estoy en esto desde 1955 ó 1956 – me ha enseñado que la “grupalización” de la izquierda ha sido uno de los mayores males que nos ha afectado. Pero aun así, creo que salir a denigrar de Aporrea porque en la página se hacen críticas al gobierno, no sólo son prácticas de inmaduros y de gente en exceso “celosa” o pretendiendo ser más papistas que el Papa. Cuando hablo de inmaduros no estoy usando un adjetivo con doble sentido, no. Lo uso en el sentido que quienes eso hacen, porque lo creen su deber, nada comprenden.
           Es todo un disparate decir que hacer críticas, en mejor sentido de la palabra, señalar errores, proponer cambios, observar públicamente las fallas, sobre todo no teniendo otras maneras de proceder, es “darle alas o argumentos a los enemigos”. Ese es un viejo truco que por cierto Betancourt y sus seguidores usaron con frecuencia para acallar la crítica. Como es demasiado infantil – el “infantilismo de izquierda” no es una entelequia- decir que Gonzalo Gómez se pasó para la derecha o hace de agente de la MUD, por haber participado en un Foro en Margarita donde también estuvo María Corina Machado. ¿Qué era lo recomendable abandonar aquel espacio porque estaría esa señora? Eso no me parece sensato y sí, como una exhibición excesiva de solidaridad.
            Pero es todavía más insensato y “celoso” en demasía, decir que todos quienes escribimos en aporrea pertenecemos a la ultraderecha o saltamos la talanquera. Como es insensato, lo que pareciera haber percibido, que algunos articulistas como demasiado conformes con los hechos y no dispuestos a hallar gazapos, han optado por irse de Aporrea, para que no “les caiga la chupa”. ¿La historia se repite? Advierto que este fenómeno es a la inversa.
            Lo que no cabe duda a nadie equilibrado es que Aporrea es una página en gran medida a favor de la idea del cambio, antimperialista, antioligárquica, donde todos tienen cabida y puede, quien no goza de privilegios, expresarse libremente.


jueves, 16 de octubre de 2014

VENEZUELA EN LA ONU. USA, ESPAÑA, LA SOLEDAD


ELIGIO DAMAS

            La  Asamblea General de la ONU está integrada por 193 países, pero el Consejo de Seguridad, con capacidad de tomar decisiones como invadir a un país y desplazar su gobierno, alzándose por encima de la soberanía, sólo lo forman 15 países, de los cuales cinco tienen carácter permanente y 10 se eligen cada dos años. No obstante, aunque los miembros permanentes se reservan, lo que es un exceso, el derecho de vetar cualquier resolución del organismo para que no se ejecute una de sus “resoluciones”, como la de no intervenir en los asuntos de Libia, en el pasado reciente o Siria, ahora mismo, EEUU ha ignorado toda aquella parafernalia y violado los derechos del pueblo invadido y la ONU. El derecho a veto los gringos lo usan indiscriminadamente en favor de sus políticas, pero hasta ahora, sólo ellos han incurrido en el abuso de no respetar el veto que otros ejercen o manifiestan. Los casos antes mencionados, Libia y Siria, son muestras inobjetables de ese abuso. 
           La Asamblea General acaba de escoger dos nuevos miembros con carácter temporal, ellos son Venezuela, por el bloque latinoamericano y España por Europa.
            Venezuela, en julio pasado, fue nominada para esa responsabilidad por el grupo GRULAC, formado por países latinoamericanos. Como era de esperarse, inmediatamente, 14 miembros de la Cámara de Representantes de EEUU, tanto del partido Republicano como el Demócrata, gobierno y oposición, enviaron una carta mancomunada a Jhon Kerry, Secretario de Estado, en la cual dijeron: “una banca venezolana en el Consejo de Seguridad envalentonará al régimen de Venezuela y servirá de plataforma a los regímenes perversos con los que Venezuela colabora”. ¿Habrá en algún rincón del mundo algún gobierno más perverso que el de los EEUU?
             Más adelante, en el mismo texto exigieron: “EEUU debe adoptar una postura decisiva en este tema…”. La típica posición del gendarme mundial, creen que a ellos compete decidir quién debe estar en el Consejo de Seguridad u otra parte. En este caso, el gesto de los representantes del Congreso es un irrespeto a la soberanía de los pueblos de América Latina y todos los demás miembros de la ONU. 
             No cabe duda que Kerry, con el apoyo de Obama, debió haber movido cielo y tierra para que la escogencia de Venezuela no se diese. Pero los resultados conocidos hablan de una elección abrumadora y sin precedentes; de 182 votos depositados, 181 fueron a favor de Venezuela; alcanzando un enorme apoyo del 99.4 %, sin precedente en la historia del organismo.
           Lo que hemos dicho sobre Kerry queda confirmado cuando después de la votación, la embajadora de Estados Unidos, en su soledad, protestó aquella manifiestamente democrática decisión. Como si eso le competiese.
           El segundo país escogido lo fue por el bloque europeo. Las candidaturas en este caso fueron Turquía y España, ambos de la OTAN y socios de EEUU. Para arribar a una decisión definitiva, fueron a una tercera ronda de votaciones, en la cual ganó España con 128 votos por 60 de su ocasional opositor. Este resultado, comparado con el primero, es todo un discurso acerca de la unidad, del acompañamiento y la soledad.
            Con Hugo Chávez, por primera vez en la historia de este país, Venezuela pasó a jugar un rol importante en la política latinoamericana, caribeña y mundial, no obstante, los agentes de la derecha, habladores de pendejadas por oficio, tanto de esto último que reciben buenos estipendios y ocupan espacios de mucha sintonía, no se cansan de repetir sandeces como diagnosticar al país aislado del mundo.

            Por todo lo anterior, después de escuchar tanto “internacionalista” hablar de ese “aislamiento” de Venezuela, cabe preguntarse “¿no está EEUU entrando con premura en 100 años de soledad?”.

miércoles, 15 de octubre de 2014

¿QUÉ RELACIÓN PODRÍA HABER ENTRE URIBE, GÓMEZ SALEH Y JOSÉ MIGUEL ODREMÁN?


                                          ELIGIO DAMAS

            Yo encuentro una, cuya validez depende de la veracidad de las informaciones que uno halla en los medios.
             Para los familiares de José Miguel Odremán, quien según fue sargento jubilado de la Policía Metropolitana, lejos estuvo de ser delincuente, sino integrante de un colectivo u organismo político partidario del gobierno revolucionario. Eso he leído en algunos medios, expresado por su madre y una de sus hermanas, quien le califica “como un hombre intachable, al servicio de la revolución” y además agregó la segunda mencionada, “formó parte del segundo anillo de seguridad del presidente Chávez”.
             Sectores vinculados a las bases del chavismo también así lo han calificado, tanto que su entierro se convirtió en un acto de dolor de parte de aquel sector y en una protesta ante un hecho que calificaron de injusto. Hasta el mismo presidente Maduro, que algo debe conocer del personaje, si son ciertas las informaciones que antes he aportado, optó por ordenar se investigase a fondo tan extraño asunto y como desmedida acción policial, en un país donde los guarimberos han tomado nuestras vegas para potreros suyos, mientras los cuerpos policiales observan con paciencia franciscana y desmedida buena educación.
            Contra esas opiniones están las vertidas por un vocero policial, según las cuales, Odremán no era integrante y líder de un colectivo sino “jefe de una banda delictiva”.
             Como opinó alguien, la derecha ha conseguido que sus cuerpos vandálicos actúen con impunidad mientras demonizan frente al oficialismo mismo a los suyos que se organizan para defenderle. Casi la única presa política que aquí ha habido durante este proceso fue Lina Ron y por lo que pasó con ella, que la demonizaron y le elaboraron una falsa virtual imagen de delincuente, uno se pone en guardia y en actitud dudosa
            Opinar acerca de la veracidad de una versión u otra, por parte de quien sólo tiene a mano lo que ya dijo y nunca antes en su vida había oído mencionar al personaje fallecido, si uno se respeta a sí mismo y al honor de las personas involucradas, es altamente irresponsable. Pero si es posible, a partir de lo que se conoce, intentar establecer relaciones que pudieran servir para adelantarnos a lo que el adversario o enemigo, según sea el caso, tiene en mientes.
           Confieso, que los videos en los cuales Odremán, con mucha energía y rabia, reclama a las autoridades por sus actuaciones, pocos momentos antes de su muerte, me han impactado y junto con todo lo señalado previamente me han puesto a meditar detenidamente sobre lo que  podrían ser los efectos de la estrategia de los interesados en desatar en Venezuela “una pelea de perros”.
            ¿Pero cuál es la relación que con esto pudiera tener Uribe Vélez y Gómez Saleh, y, para mejor decirlo, quienes en última instancia están detrás de todo esto?
            La expresión vulgar y hasta nefasta “pelea de perros”, proviene de los centros o escuelas de la conspiración y terrorismo de EEUU dispersos por el mundo. Pelea de perros desataron en Libia, en Afganistán, Irak, hasta en la propia Siria y últimamente en Ucrania, hasta poner en marcha un monstruo que al parecer se les salió de las manos llamado Estado Islámico, que no es más que una versión mutada de la pelea de perros de los gringos.
            Esa pelea de perros, en este caso entre venezolanos, que no es más que nos matemos entre nosotros mismos, era el fin inmediato de las guarimbas. Recuerdo que uno de los alcaldes del Este caraqueño, el de Chacao, Ramón Muchacho citado por el suscrito en su último libro, que ni título le he puesto porque ya sé que no hallaré quien le publique, le dice a su gente, palabras más o menos, “todo esto puede llevarnos a que los enfrentamientos se den a las puertas de nuestras casas”. Dijo aquello como advirtiéndole a quienes le incitaban a tener más presencia en las guarimbas y darle más respaldo, que debían pensar en lo que aquello podría producirles.
            La pelea de perros entre enemigos del gobierno y chavistas, buscada con ansiedad por la derecha, para eso fueron aquellas cosas horribles como los degollamientos, no pudo lograrse porque los partidarios del gobierno no cayeron en la provocación y las fuerzas del orden se excedieron en la prudencia.
            Pero Gómez Saleh, quien como él mismo lo ha admitido tiene vínculos estrechos con el expresidente colombiano, dijo algo puntual que hemos escuchado una y otra vez en los videos que sobre aquél se han exhibido. Según lo por él dicho, había que “bajar unos cuantos muñecos”, pero también de quienes llamó jefes de los colectivos. Sentenció el joven ahora detenido, que si eso hacemos”, “saldrían a matarse entre ellos mismos”. Es decir, matar chavistas escogidos y crear la duda necesaria para que los revolucionarios se entre devoren.
            ¿Así como se dice “el hampa”, que al parecer no es otra cosa que los sicarios contratados para “bajar al muñeco” Robert Serra, pudo llegarle comprando a su jefe de escolta, como podría ser extraño se empiece a usar el mismo mecanismo para que los chavistas, sobre todo los más activos y combativos, sensibles y desasistidos de control,  comiencen a despedazarse entre sí? La cosa se agrava más con la información aportado por el presidente Maduro hace pocos minutos, según la cual, después de asesinar a Serra, atentaron contra la vida de Diosdado Cabello.
            Hay una evidente incongruencia entre el actuar de la policía frente al “Colectivo” Escudo de la Revolución, sobre todo habiendo versiones tan dispares acerca de su accionar, y el habitual comportamiento conciliador y hasta tolerante con quienes han intentado tumbar al gobierno, destruido vidas, bienes materiales, incomodado la vida ciudadana pretendido cundir el terror..
            Esa es la relación que le encuentro a Uribe, en todo esto; por lo dicho por Gómez Saleh, que no es de su autoría, sino la repetición de una orden y plan provenientes de mucho más arriba, donde podría estar Uribe como intermediario, con lo acontecido con Miguel José Odremán, si lo que he leído tiene fundamento; como parece tenerlo por lo que de él dijo su hermana, expresan sus amigos y hasta amplios círculos del bolivarianismo.

           Siendo así las cosas, con toda seriedad y hasta gravedad, repetiré aquella advertencia tan del gusto de Chávez, ¡ojo pelao! O como también solemos decir los venezolanos ¡cuidado con una vaina!

martes, 14 de octubre de 2014

¿EN QUÉ ANDAMOS EN REVOLUCIÓN O EN CANGREJERA? ¿NO ESCUCHÁIS EL RUIDO DE LAS PIEDRAS RÍO ARRIBA?



ELIGIO DAMAS

            Nosotros desde casi carajitos, andamos con la palabra revolución en la boca. Hemos soñado con una revolución que como esos ríos desbordados, entrase en los potreros, se llevase el estiércol y la basura toda y, de repente, al acabarse la torrentera, emergiera de aquello una sociedad nueva, distinta, entonada y limpia, como cuando se hace un motor completo. Creímos que por allí andaba la vaina, pero claro, apenas éramos unos chamos y soñadores.
            Cuando todavía andaba por los diecisiete años, empecé de animador de un mitin en Cumaná, en el cual hablaría Betancourt, recién caído Pérez Jiménez, en un momento que “El Napoleón de Guatire”  con mucho disimulo buscaba la candidatura presidencial. Por supuesto, aquello no lo sabía yo y es más, juraba y perjuraba que aquel pequeño hombre era un revolucionario, siendo él un gran bellaco.
            Mientras hablaba a la gente que comenzaba a arremolinarse alrededor de la tarima, con demasiada insistencia, pronunciaba la susodicha palabra, como quien quería abrir la cueva de Alí Babá. En esto llegó aquel a quien mi viejo amigo y compañero Caupolicán Ovalles, le escribiese su irreverente poema ¿Duerme usted señor presidente? Apenas me escuchó a mí, al jovencito animador, pronunciar por una sola vez la palabra “Revolución”, aquel viejo cizañero, amo de toda la marramuncia junta, inventada por otros y las inventadas por él mismo en su insidioso quehacer, ordenó a quienes le rodeaban que quitasen de allí a aquel carajito cabeza caliente y pusiesen a alguien ponderado; es más ordenó me bajasen de la tribuna. El buscaba el apoyo hasta del estiércol y éste y aquella palabra o quienes la usábamos como amuleto, eran como el aceite y el vinagre. ¡No había forma de juntarlos!
            Pero a esta altura, después de haber, más como polizonte que de viajero con pasaje y papeleo en regla, transitado por la historia, desde la comunidades primitivas eurocéntricas, africanas, por el modo de producción asiático y de esta parte del mundo que los colonizadores mal llamaron América, he comprendido que una revolución, que implique el cambio de las relaciones de producción de privadas a socialistas, la naturaleza del Estado, la conducta de las personas, aunque estas sean obreras y excluidas y lograr a corto plazo una sociedad altamente productiva, aunque no sea para aquel sueño marxista de “a cada quien de acuerdo a sus necesidades y de cada quien de acuerdo a su capacidad”, no es un asunto tan fácil como para que lo haga realidad una generación. Hasta ahora, en la historia humana, en ninguna parte se ha logrado ese portento. Quien sostenga lo contrario miente, de lo contrario que lo pruebe.
            En el caso venezolano, es cierto que como dijo Chávez, el petróleo puede ser una pequeña palanca para impulsar el socialismo. Pero hasta ahora, lo que hemos logrado, a través de generosos programas como Barrio Adentro, GMVV y otras cosas que sería largo enumerar, lo que hemos hecho o ha hecho nuestro gobierno, es repartir generosamente, en veces hasta en exceso, la renta petrolera, como también hemos podido mantener una política internacional que apunta a la unidad e integridad de América Latina y el Caribe y sirve de ejemplo a muchos pueblos del mundo. Pero en materia económica, no hemos podido siquiera sentar bases confiables de la independencia alimentaria y la vieja tarea de romper con el rentismo petrolero, después de 15 años de gobierno, todavía es una esperanza poética de nuestros gobernantes y muy parecida a nuestros viejos sueños juveniles.
            En lo que también hemos sido prolíficos es creando, engendrando o produciendo cangrejos. Todo asunto se nos encangreja. Son muchos los cangrejos sonados y súper conocidos; quizás sean miles los crustáceos que no suenan o pasan por debajo de la mesa. Se van con su “caminar hacia atrás”, como solemos decir los cumaneses, sin que nadie les recuerde.
            Las destituciones de Samán, la de los tiempos de Chávez y la segunda de Maduro, quien le sustituyó por una jovencita, se nos volvió un cangrejo hasta clonado.
           Los asesinatos de Danilo Anderson y Otaiza, también se encangrejaron; tanto que quien meta un palo en la cueva corre el riesgo que le quiten un “deo”.
           Se nos volvió un pequeño  cangrejo el asunto de aquella maleta llena de dólares que un carajo intentó meter desde Maiquetía a Buenos Aires. Sólo sabemos que los gringos se tomaron el asunto para ellos, lo encangrejaron y le metieron en una lata.
           Una cangrejera enorme, como esas que uno hallaba en la laguna de Castillito, allá en Cumaná, se nos volvió lo de los 20 mil millones de dólares de los que nadie sabe nada. Y en cangrejera se convirtió la denuncia que al respecto intentó hacer Giordani. Como es una cangrejera lo de aquellas “empresas básicas” que no son nada de eso porque sólo nos reportan pérdidas. ¿Qué cosa es sino una cangrejera la vaina del contrabando? Agarran gandolas y gandolas, que por el tamaño más que cangrejos parecen langostas y con ellas detienen a los conductores, pero los dueños no aparecen ni en pintura.
           ¿En qué sino en cangrejeras se nos están convirtiendo el asesinato de Robert Sierra y lo sucedido con el llamado colectivo “Escudo de la Revolución” en el cual salió muerto, entre otros, un señor apellidado Odremán, de quien sus familiares dicen era un militante del proceso?
            Para no cansar y no generar molestia, con este canto que no es sino uno de angustia de un soñador que sigue soñando en el cambio, en una sociedad nueva y justa, terminaré preguntando, solo preguntando, como decir buscando respuestas: ¿No son acaso unas cangrejeras, esos asuntos preocupantes de la economía, política cambiaria, inflación galopante, depauperación del salario? ¡Parece que los son! Pues pese que uno pela el ojo y para el oído, no escucha que el gobierno haya escuchado el ruido de las piedras río arriba.

             Mejor dejo esto hasta aquí, no suceda que reaparezca Betancourt y me baje de la tarima.

lunes, 13 de octubre de 2014

MI VECINO Y LA DOBLE NACIONALIDAD


ELIGIO DAMAS

            Hay un cuadro de Don Francisco Goya, llamado palabras más o menos, “Pelea a garrote”, donde dos personajes, aparentemente campesinos, gente del pueblo, de esos que la pintura renovadora del artista comenzó a tomar en cuenta y como decimos ahora visibilizar, se traban en combate; cada uno de ellos, armado de su respectivo garrote, con la particularidad que ambos combatientes tienen las extremidades inferiores hundidas en la tierra, casi a la altura de las rodillas. Con aquella imagen, el pintor zaragozano, influido por la etapa del romanticismo, expresa de los tantos valores, hasta poco ignorados en su tiempo, de la gente común, la entrega, entereza, limpidez, valentía y consecuencia con los principios. La expresión hoy muy usual de “rodilla en tierra”, pudo también haber tenido sus antecedentes en aquella imagen del gran artista español.
            Pero nosotros, en nuestro lenguaje coloquial, no ajeno a la poesía, cuando hablamos de los pies hundidos en la tierra, nos referimos a la naturaleza, profundidad, afinidad y amor del vínculo que tenemos con nuestro espacio y la gente, sus valores y cultura, dentro de los cuales nacimos, crecimos y hemos luchado toda la vida. Por supuesto, cuando termine de cuadrar mi idea, alguien pudiera decir “este es un viejo pendejo que vive del pasado”; otro más generoso y comprensivo, “se trata de alguien aún atrapado en el viejo romanticismo, ese mismo de Goya, que no vive la realidad”.
           ¿Y cuál es la realidad?
           Para mucha gente inteligente y práctica – no diré pragmática para no ofender – eso de la doble nacionalidad “es una ventajota”.
           Soy de aquí o de allá, o mejor, para decirlo a lo Facundo Cabral, “no soy de aquí ni soy de allá”. Pero para el excelente cantante y poeta argentino - era él un hombre del mundo - aquella condición no era para aprovecharse del pasaporte ni de ventajas, sino por amor a la humanidad y la creencia que ésta es una sola, mientras viajaba de aquí para allá en su diaria tarea de expandir la poesía y lo bello, con su pasaporte argentino y dejando regado por donde pasaba su amor a la pampa y el pampero, que en fin de cuentas tienen profundas raíces universales.
           Pero dije lo de “ventajota” y lo asocié a lo “practico”, por el ejercicio de la doble nacionalidad como quien tiene dos coches por si se le daña uno, y dos de cada cosa que deba necesitar habitualmente.
            Todo lo anterior – debo apresurarme para no cansar al lector – viene al caso por una ya habitual conversación con mi vecino que se produce automáticamente cada vez que al vernos, desde la puerta de la casa de cada uno de nosotros, nos saludamos como corresponde a gente normal. Sólo que en este nuestro caso, mi vecino siempre intenta conducirla hacia la política; esta vez derivó hacia el asunto de la doble nacionalidad.
            -“Buen día vecino. ¿Cómo está?”. Le expresé en voz alta debido a la distancia.
            -“¿Cómo voy a estar, vecino, con las cosas que estamos viviendo? Respondió como lo hace habitualmente, envolviendo su percepción política en una relación común que pretende y debería ser afectuosa.
            Pese todo, me hice el loco, como siempre e ignoré su intención y le pregunté por la familia y, al final:
            -¿Cómo están los muchachos? Mi vecino es nacido y criado en el exterior pero nacionalizado venezolano y sus dos hijos pues tienen doble nacionalidad.
            -“Bueno”, habló a su estilo, que quizás cree afectuoso y nada irónico, y dijo:  “esos si están bien”.
           Intenté seguir siendo cordial, como siempre y le dije:
            -“¡Claro! Es lo natural. Son dos muchachos todavía, ya profesionales y tienen buenos trabajos”.
          -“No, no es por eso. Es porque ya tienen sus pasaportes listos por si acaso.
         Entonces la ley del 99 creo una figura privilegiada, el tipo que por nacer aquí y ser hijo de quienes lo hicieron allá y aquí vinieron a vivir, sólo si les iba bien, tiene dos pasaportes.
         Hay quienes aquí vienen o van y vienen, usan su pasaporte venezolano, pero al llegar a Europa, por ejemplo, lo esconden porque ese documento les hace balurdamente “sudacas” y hacen uso del de la UEE.
         ¿Uno, nacido en Cumaná, hijo de cumaneses, nieto de manicuareros y cumaneses, biznieto de arayeros  o riocariberos, de dónde saca, sin salir nunca de aquí, esa figura para aprovecharla de la doble nacionalidad?
         El constitucionalista usó las figuras de la sangre y la territorialidad, expresadas por ellos de manera por cierto muy ridícula o mejor cursi en latín, para establecer por primera vez en Venezuela esa figura jurídica.
          Es un derecho humano tener una nacionalidad y lógico también el de escoger la que desee o le convenga. En la historia nacional, hasta 1999, los extranjeros que se nacionalizaban lo hacían como una manera de agradecer o expresar su amor a una tierra y gente que le habían permitido vivir con dignidad. Se era nacional por amor no por conveniencia. De esa manera, el mismo venezolano que adoptaba la nacionalidad de otro país por las mismas razones mencionadas, perdía aquella condición. De esa manera el juego se hacía limpio y cristalino.
        Porque la nacionalidad – esto lo dice un viejo pendejo y romántico que aun siendo joven, habiéndosele presentado la oportunidad de salir del país porque la represión y el hambre casi obligaban, optó por quedarse- es un constructo lleno de amor, vivencias hermosas, compromiso y disposición a luchar por el país en toda circunstancia. No es asunto de tener dos pasaportes para irse y regresarse según le vaya en sus naciones. ¿Qué hubiese sido o pasado, si Bolívar hubiese asumido el problema de la doble nacionalidad como una prebenda para disfrutarla, según las circunstancias?
        ¿Cómo puede ser venezolano, al estilo del cuadro goyesco, alguien quien por aquella resolución del 1 x 1 en radio, en materia de música, dijese que eso era un disparate porque aquí no había música?
        Quien lo dijo, eso cree. Por ignorante y porque pese haber nacido aquí y tener dos nacionalidades, nunca sus pies han tocado las entrañas de esta tierra.
        Entonces termino por repreguntarme, porque ya me lo pregunté cuando ese asunto se discutía en la Asamblea Nacional Constituyente, ¿eso de la doble nacionalidad no creó  un privilegio y hasta un arma de doble filo?

         No hay en esto ni un dejo de xenofobia, porque al fin, uno alumno de los revolucionarios y amigo del internacionalismo, que también canta con Cabral “no soy de aquí, ni soy de allá”, pero cree en la independencia y soberanía de cada pueblo, no puede concebir un pasaporte como un ticket para entrar a ver un buen partido de fútbol.

viernes, 10 de octubre de 2014

¿FIDEL Y SAMPER SE ALÍAN PARA IMPONER TOTALITARISMO EN AMÉRICA LATINA?



ELIGIO DAMAS


          Es asombroso como personas de muy buen nivel político, por el sólo afán de decir algo contra el gobierno y dejar muestras oposicionistas, se atreven a afirmar cosas como esa que el país se ha salvado de una guerra porque, ante las amenazas “de Maduro y Cabello”, la oposición está como palo de gallinero. Cuando en verdad, el miedo que ellas perciben, percibimos todos, es de buena parte de la oposición donde se encuentran quienes aquello dicen, quizás inteligentes, hasta cultas y llenas de buena fe, pese sus visiones estratégicas equivocadas, que no se atreven a enfrentar a quienes aquí han “colombianizado” la política venezolana y usan paramilitares para aterrorizar y eliminar contrarios. El término “colombianizar” lo usó William Dávila de AD, no provino del chavismo.
           Lo denunciado públicamente relacionado con las gestiones de Gómez Saleh, la difusión de sus palabras, amenazas y planes, en las cuales envuelve a Uribe, nada indican a esa gente asustada. Como tampoco nada dicen los asesinatos de Danilo Anderson, Eliécer Otaiza y Robert Sierra; menos lo del contingente paramilitar de la quinta Daktari,  salvo lo que ellos, los opositores aterrorizados por la ultraderecha, quieren que digan; “son delitos del hampa común”.
          Es verdad, las investigaciones apenas comienzan. Pero también es cierto que lo dicho por Gómez Saleh, otros antecedentes delictuales, aparte de indicios hallados en la escena del crimen, le dan fuerza a la hipótesis del crimen por encargo y con fundamentos políticos. Lo que menos tiene fundamento por ahora, es la tesis que la oposición quiere posicionar, según la cual se trata de un crimen del hampa común sin vínculos con la política.
         Pero lo más asombroso no es lo comentado. Sino aquello inimaginable en la mente de alguien a quien uno siempre había creído lúcido, que Fidel Castro y Ernesto Samper, como decir el aceite y el agua, la izquierda cubana y la derecha colombiana,  aunque sea de la más discreta, se hayan combinado para apuntar, en el asesinato de Serra, hacia el paramilitarismo colombiano y porque ambos ven en la oposición venezolana “un estorbo para los planes de un sistema totalitario en América Latina”. De acuerdo a lo anterior, uno podría afirmar, desarrollando tan audaz como temerosa tesis oposicionista, que hasta el mismo Juan Manuel Santos, quien propuso a Ernesto Samper, un hombre moderado, sin vínculos con la parapolítica ni el uribismo, para presidir UNASUR, como en contubernio con los dos primeros nombrados para plagar a América de oprobio y totalitarismo.
         ¿Qué más muestra del miedo que infunde la ultra derecha venezolana, aliada al paramilitarismo, eso que William Dávila llamó la “colombianización de la política venezolana”, que alguien a quien uno sabe ajeno a la violencia, tremendismos y disparates, llegue a sugerir que Ernesto Samper se ha unido a Fidel Castro para imponer el totalitarismo en América Latina, para eludir el asunto de fondo, la conducta fascista y anti constitucional de la opositores al gobierno venezolano ?

        

jueves, 9 de octubre de 2014

¿AL DIPUTADO BERRIZBETIA SE LE CHISPORRETEÓ LA AMENAZA? ¿DE GOLPE O ASESINATO?



ELIGIO DAMAS

            Chisporrotear o chisporretear, es un verbo que significa en esencia echar chispas. ¡Vaya que lo que botó por esa boca el diputado Berrizbeitia, no fueron simples sapos y culebras sino chispas como aquellas que emanan de los altos hornos! Resultó un Júpiter tronante.
            “El Chavo del 0cho”, o Roberto Gómez Bolaños, solía decir cuando se le salía alguna frase imprudente, como para escudarse:
            -“¡Fue que se me chisporreteó!”
            Es decir, como decimos en nuestro lenguaje coloquial, aquello se me salió sin pensarlo. Entonces, no vale.
            Pero la gente que defiende al diputado chisporreteador o chisporroteador, no lo justifica diciendo que fue una vaina que dijo “así de golpe sin pensarlo”, mala fe o hasta como “sin querer queriendo”, como también decía el Chavo. Porque, ellos son tan ilusos, que creen engañar cuando hablan dando la cara,  que por su cabeza no pasa idea asociada al deseo de la muerte de todo chavista, pese hicieron aquelarres cuando la enfermedad de Chávez, celebraron su muerte por ella misma y pensando que ya todo estaba listo; además la de “salir de Maduro ya, como sea”. Por eso, hubiese sido hasta bonito y con dejo de gracia, que el diputado de la rancia derecha o sus obligados defensores, se hubiesen excusado diciendo la anterior frase del Chavo; es decir lo dije sin querer por lo que implica políticamente, pero queriendo por lo que deseo. Si así hubiesen hablado él o sus portavoces, posiblemente habrían quedado mejor porque “deseos no empreñan”.
            Pero una de las fallas es que el diputado Berrizbeitia, después de haber dicho aquello tan feo y grave, muy sugerente, fue faltar a la primera cita de la Asamblea con posterioridad a su chisporreteo y el vil asesinato de Serra. Lo que ocurrió uno tras otro. Se puso en evidencia, quizás también un gesto “chisporreteado”. La otra es que aquellas chispas surgieron de su boca de dragón u horno de alta temperatura, acompañadas en lo gestual de más procacidad y violencia; la siguiente es haberle ratificado a Cabello quien le preguntó al respecto, con la misma denigrante y agresiva actitud, lo que acababa de decir.
           ¿Qué se le chisporreteó al diputado derechista? Pues unas palabras que todos ya conocen: “sus días están contados”. Claro como dije antes, con una coreografía de guapetón o persona acostumbrada en su espacio y relaciones a tratar a la gente con muy poco respeto. El típico gesto de los capataces, capos, pranes o señores feudales; de los incultos e insensibles. Si usted le observa el manoteo y movimiento, poco le faltó al diputado Berrizbeitia decir:
        -“¡Quién aquí se crea macho, salga pa´ fuera!”.
          Ante aquel chisporroteo, sapeo involuntario, haber permitido por ofuscación se le saliese aquella terrible frase, sus compañeros de contubernio, por acción u omisión, le defienden alegando se refería a las próximas elecciones.
           Si se analiza ese argumento, no es difícil desmontarlo y comprobar que no tiene fundamento. Empecemos por tomar en cuenta, según ha dicho la prensa, que su perorata o amenaza, no voy a llamarlo discurso por respeto al arte de hablar, se produjo después haber hablado Serra. Es decir, pese a hablar en plural, bien pudo haberse dirigido a éste de manera concreta.
           ¿Las próximas elecciones estaban previstas para cuestión de horas o días como sí ocurrió el cruel asesinato de Serra?
           No tiene sentido pensar que las próximas elecciones o sus resultados, para las que faltan meses, que sólo lo son de diputados, no para escoger presidente, signifiquen vayan a acabar con los chavistas, para decirlo de la misma indelicada manera del diputado Berrizbeitia, ligado a gente de mucha clase o plata. No será así por dos cosas, si la oposición gana las elecciones parlamentarias, Maduro seguirá siendo el presidente y los chavistas, entre estos los señalados por el dedo de Berrizbeitia, estarían en el poder ejecutivo y mayoría de gobernaciones y alcaldías, sin mencionar las estructuras del poder popular. Sin olvidar que el chavismo, en el peor de los casos, seguiría siendo una fuerza respetable en ese mismo parlamento, si no es que aquí imponen una dictadura y todavía así habría que ver.
          ¿Quién le garantiza a Berrizbeitia que ganarían esas elecciones? ¿Cómo referirse a eso de manera tan audaz?
          Pero hay más. ¿Quién le garantiza a Berrizbeitia que él volverá al parlamento? ¿Cómo pensar, para justificar lo que dicen los defensores de Berrizbeitia, como que fueron asuntos del lenguaje, que perdiendo el chavismo las elecciones parlamentarias dejarían de tener allí representación y hasta el mismo Serra no hubiese repetido?
          ¿Cómo sería entonces eso de todos ustedes tienen los días contados? Si sabemos aquello de podemos “bajarnos unos cuantos muñecos”, dicho por un amigo cercano de Berrizbeitia.

          De donde uno concluye, que por la cabeza de Berrizbeitia, cuando se le chisporreteó aquello, si no estaba pensando en la eliminación física de los diputados, entre ellos Serra, si en un golpe de Estado. Lo complejo del asunto es que, los golpistas suelen eliminar físicamente a quienes creen sus adversarios más peligrosos y la derecha ha mostrado tener ganas, con qué y quienes. Lo último, si uno se la da de inocente, sería creer que Berrizbeitia, además de boca floja, es un político sacado de un pote de avena o un saco de detergente.

martes, 7 de octubre de 2014

LA PROCESIÓN DEL SANTO SEPULCRO EN RÍO CARIBE


Nota: La procesión del Santo Sepulcro, del jueves santo, en Río    
          Caribe, Estado Sucre, siempre fue para mí un espectáculo               
          maravilloso, lleno de fe,  pero al mismo tiempo de una singularidad 
          y belleza que sólo es posible cuando la creatividad humana se    
          desata libremente. Este relato forma parte de una novela del  
             suscrito, quizás, si tengo suerte,  aún extraviada en los archivos de  
             Fundarte, desde hace más de cuatro años esperando  por ser
             editada. Dicen que “quien no llora no mama”, pero la                
             vida no me dio lágrimas para gastarlas en eso. ¡Al mosquito, ni
             agua!  

                                           Eligio Damas

            Pero llevaba un recuerdo grato, imborrable que a cada paso de la vida se le viene de repente, asociado a algo presente, otro recuerdo o simplemente aparece así, porque le da la gana, estando despierto y también con insistencia en sueños de madrugadas: el jueves santo y la procesión del Santo Sepulcro que, sobre la humanidad de los pescadores,  le da la vuelta al pueblo y se detiene en la playa a celebrar y escuchar el cante popular para regresar al anochecer al viejo templo.
            Los pescadores por años y como si fuese un compromiso hereditario, habían asumido la tarea de pasear al Santo Sepulcro alrededor del pueblo el jueves santo. Era ese no sólo el acto central de la festividad religiosa sino también el acontecimiento que más despertaba entusiasmo en los pobladores y los pocos visitantes. El sacerdote, personaje respetado y hasta venerado en aquel sencillo pueblo costeño donde la vida transcurría mansamente, ese día perdía su autoridad espiritual y control de los actos religiosos, por la actitud desafiante de los trabajadores de la playa. Desde algún tiempo atrás así venía sucediendo. Y esa disputa que cada año se daba en la puerta misma del templo y a lo largo del recorrido  del hijo de Dios por el pueblo, como si fuese un acto teatral previamente ensayado, era ya por si mismo un motivo para despertar entusiasmo, interés y gestos de solidaridad con aquellos humildes hombres que se consideraban los únicos llamados   a transportar el santo sepulcro.
            En los últimos años, las autoridades de la iglesia, atendiendo el reclamo de vecinos influyentes, instruían al sacerdote de turno, que al transportar la sagrada y muy pesada imagen, permitiese a feligreses previamente mencionados o espontáneos destacados, aparte de la gente del gremio de pescadores, participar en la exigente tarea. También que la ruta a seguir incluyese determinadas calles, de manera que las viviendas de aquellos gozasen del divino don de ver pasar al hijo del señor en su lecho de muerte.
            Desde el inicio de la procesión, los pescadores, colocándose rollos de tela, a manera de almohadilla sobre la cabeza, se posesionaban del Santo Sepulcro. El enorme peso de éste tampoco entusiasmaba a muchos a cargarle, aparte de la disposición de aquellos a no compartir la tarea con nadie. Los cargadores marchaban ocultos tras una cortina o falda que colgaba desde la parte inferior de los bordes laterales del  enorme y pesado recinto de la imagen de Jesús hasta llegar el suelo, estando aquellos en posición erguida.
            Así se iniciaba la procesión. Los cargadores, ocultos debajo del sepulcro, caminaban despacio mientras la botella pasaba de mano en mano; y cuando esta se vaciaba aparecía otra y otra. Y el Santo Sepulcro, como el año anterior, bamboleando discreta y lentamente, acompañado por las notas que como lánguidas salían  de los instrumentos de la banda del pueblo, contraviniendo el itinerario oficial, tomaba la avenida principal del pueblo rumbo hacia la playa, pese las protesta airadas del sacerdote y algunos de los feligreses. Y parsimoniosamente,  sin dejar de detenerse con frecuencia para satisfacer la curiosidad y  hasta la fervorosa fe de quienes se ubicaban a los lados de la vía, con  decisión, los cargadores transitaban la senda que ellos, por su decidida voluntad habían impuesto al sepulcro del hijo del Señor.
            Y el marchar, sólo era afectado por las irregularidades del camino, los efectos tempranos del alcohol o las desviaciones necesarias para pasar de una calle a otra o para girar sobre el eje a manera de saludo a una casa, familia venerable, un templo católico o la estatua de algún prócer, que en el camino esperaba a Jesús mártir. Y aquel giro era ordenado por el cargador primero, ubicada en el frontal izquierdo del sepulcro, avisado desde fuera por un pescador designado para orientar el rumbo, a la voz enérgica de ¡izquierda¡ o ¡derecha¡ De cuando en cuando se detenía la procesión para sustituir a los cargadores cansados, quienes una vez repuestas sus fuerzas, volvían con el mismo entusiasmo, fe y amor a servir su sacrificio a la venerada imagen. Y a todas estas, el cura  en apariencia al frente de la procesión, rodeado por algunos de los “importantes del pueblo”, a cada instante detenía su rutina para protestar airadamente las iniciativas de los cargadores. En alguna oportunidad, el cura tomaba el rumbo que él y sus más cercanos le habían señalado a la procesión, atendiendo a las instrucciones de allá arriba y los cargadores tomaban otro, lo que obligaba  a aquel volver con premura al frente de la santa marcha no sin protestar en forma airada La mayoría de los acompañantes de la santa caminata, por el respeto debido a las circunstancias, reían disimuladamente y se sentían felices que aquello aconteciese. Y la botella continuaba pasando de mano en mano bajo del sepulcro.
                     
             Los pescadores, con extremada devoción y amor, pero sin atender los reclamos y alaridos del cura, llegados a la playa, colocaron el  pesado mausoleo en el centro de la enorme plazoleta que, en veces, servìa de mercado público y hasta campo de béisbol. Y allí, rodeados por los creyentes y por quienes no tenían otra cosa que hacer, que era como decir casi todo el mundo en aquel pueblo, iniciaron una fiesta pagana, acompañada por quienes tenían algo que cantar con voces mayormente aguardentosas, pero no  exentas de fe y manifestaciones  de amor por toda la humanidad.
             Y permanecieron horas en aquel espacio  donde, después de las labores de pesca, transcurría mayormente sus vidas. Y le cantaron y hablaron  a Jesús como si fuese uno de ellos. Y los brindis se repitieron a nombre del señor que era como una forma nada ortodoxa pero si muy fervorosa de rendir culto al santo.
              Y mientras Jesús descansaba en su lecho de muerte, los cantantes y grupos musicales lo ofrendaron,  continuaron la celebración que ya habían iniciado al principio de la marcha y el público disfrutaba y veneraba, el cura y sus allegados no cesaban la protesta y el reclamo a continuar el paseo por el pueblo, sin cometer actos pecaminosos y por la ruta señalada, acorde con las instrucciones de las autoridades de la iglesia. 
            Atendiendo al tiempo transcurrido, al cumplimiento de las actividades por ellos señaladas que obedecían más a  la espontaneidad y desafueros de la fe, los pescadores optaron por continuar la marcha. Fue una decisión espontánea tomada por iniciativa de cualquiera de ellos, menos por el cura u otro personaje.
            -- ¡ Vamo a continuà compañeros que es tarde y ya Chucho debería estar llegando a su casa!
             --¡Sí, sí, sí!, respondieron afirmativamente tres veces unos cuantos a coro y la procesión se puso de nuevo en movimiento
            A esta altura, los pescadores que cargaban a Jesús en su pesado mausoleo, se habían excedido en el consumo de alcohol y no les era fácil mantener el equilibrio. Y este regreso, por una vía distinta a la que le llevó a la playa, pero no la escogida previamente por el cura, constituía un espectáculo que siempre disfrutó mientras estuvo en el pueblo y recordaría toda su vida
             Y a él le agradaba disfrutarlo desde la altura de la escalera más alta de las que rodean la iglesia. Al entrar a la calle para llegar al templo, viniendo desde la Rivero, cerca de la casa de la abuela materna, el mausoleo se bamboleaba con elegancia, iba de derecha a izquierda y de pronto caminando de frente, se inclinaba en la esquina izquierda y luego en la derecha. Y se agachaban los cargadores de adelante y volvían a tomar el equilibrio. Y luego los de atrás y la estructura del mausoleo a cada movimiento crujía, tan fuerte que se escuchaba en cualquier punto  donde lo estuviesen observando. Y al acercarse a la iglesia, le imprimían un nuevo movimiento; avanzaban tres o cuatro pasos y  unos tantos retrocedían  para ejecutar las maniobras anteriores. Como si fuese un bote, bamboleado mansamente por las olas del mar,  iba el sepulcro. 
            Al llegar a la boca del callejón donde vivía la abuela, cuidadora de la imagen venerada de Santa Rita, giraban  lentamente a la izquierda de manera que el frente del sepulcro apuntase hacia allá.
            La abuela era una autoridad en cuestiones de religión en el pueblo. Los pescadores y la mayoría de los pobladores del sector campesino de los alrededores, algún milagro debían a la santa que en un altar estaba en la sala de la abuela. Y lo que es más, ésta era la intermediaria indispensable en sanaciones demasiado frecuentes. Y el reconocimiento era tal, que los curas que por el pueblo desfilaban, después de mostrarse renuentes, incrédulos e inapropiadamente competidos, terminaban algún domingo tocando la puerta de la humilde vivienda de la abuela a saber de su salud, compartir con ella un café y finalmente solicitar su opinión en asuntos de la iglesia pueblerina.
            La mano de la abuela, colocada con delicadeza justo sobre el punto de la dolencia y las invocaciones a la santa hechas con convicción y devoción profundas, en tono audible al enfermo, producían milagros, curas increíbles, alegrías donde antes hubo dolor.
            Campesinos y pescadores, que en las madrugadas y los domingos, cuando mayormente se enferman los pobres, no encontraban disponible al médico, acudían a la santa y a la abuela, que a veces era como lo mismo;  y allí, en la casita del aquel discreto callejón encontraban la cura o por lo menos el consuelo. Y cuando el médico, lo que era en exceso frecuente, no encontraba el remedio a un mal de naturaleza tropical, sin dudarlo iban en busca de la abuela quien disponía de un abundante arsenal de recursos naturales, de la vieja medicina desconocida  y negada en las academias que sanaban con prontitud y a bajo costo.
             Por eso el cura visitaba a la abuela generalmente los domingos, después de la misa,  pero ella nunca devolvió la visita, salvo cuando a su muerte, como a cristo, en su sarcófago, la llevaron antes de conducirla al cementerio.
             También por lo mismo, los cargadores del Santo Sepulcro los jueves santo, hacían aquella parada y reverencia.
             Plantados allí, a la entrada del estrecho callejón, con gran esfuerzo bajaban el sepulcro casi a ras del suelo y lo bamboleaban de derecha a izquierda y atendiendo a la voz, la misma que desde que salieron de la iglesia ordenaba los movimientos y los cambios de rumbo, lo bamboleaban de izquierda a derecha. Y luego, rítmicamente se movían hacia delante y hacia atrás con su pesada carga.  Al fondo, pese a la oscuridad de la temprana noche que ya había caído sobre el pueblo, San Miguel desde la altura del cerro que se levantaba por detrás de la calle donde terminaba el callejón donde estaba la casa de la abuela, observaba con respeto y paciencia. Y la música no dejaba de sonar.