viernes, 24 de octubre de 2014

A CUARENTA Y SEIS AÑOS DE LA HAZAÑA DE MOROCHITO. PRIMERA MEDALLA OLÍMPICA



ELIGIO DAMAS


          Muchos de los que estábamos en la fiesta matrimonial, con discreción, puestos de acuerdo en susurro y señas convencionales, abandonamos el local, incluyendo los contrayentes, y fuimos a la calle donde estaban estacionados los automóviles, para escuchar por radio los pormenores de la pelea final por la medalla de oro del peso de los 48 kilos, la recientemente creada división minimosca, en los juegos olímpicos. El evento se desarrolló el 26 de octubre de 1968, en la ciudad de Méjico.
         El venezolano Francisco “Morochito” Rodríguez, después de una brillante campaña anterior y luego en aquellos juegos, a fuerza de coraje, disciplina y calidad, se había ganado el derecho a combatir por la medalla de oro contra el coreano Joun-Ju Lee.
          Para alcanzar aquella oportunidad, el cumanés tuvo que combatir con los mejores de la división en el mundo, sin haber podido lograr un triunfo sin pelear, lo que le hubiese permitido descansar en medio de combates tan difíciles, como si pudo su contrincante final.
          Empezó su ascenso al puesto principal del podio con la pelea contra el cubano Rafael Carbonel. Es bien conocida la calidad de los púgiles cubanos y éste particularmente siempre estuvo entre los mejores. No podìa ser más difícil el inicio. Aquello pareció indicar que la suerte no le acompañaría. No obstante, el venezolano pudo obtener el triunfo por decisión unánime, no sin haber tenido que combatir intensamente.
          Ganó su segunda pelea por la vía del nocaut técnico en el segundo asalto, al enfrentarse al zelandés Khata Karunarathe. Rodríguez, valiéndose de su rapidez y fuerte pegada, envió dos veces a la lona a su contrincante, lo que obligó al árbitro  a detener el combate y declararle vencedor.
            En Venezuela crecían las esperanzas en él depositadas. Pues a quien fuese uno de los aventajados alumnos del brillante entrenador Heli Montes, a quien llamaron la máquina de hacer campeones, le veíamos como uno los atletas que nos podìa dar la satisfacción de conquistar una medalla de oro, tomando en cuenta su brillante carrera.
             Llegó la tercera pelea. Esa vez, el 23 de octubre, subió al ensogado para enfrentarse al norteamericano Harlan Marbley, a quien pese haber vencido en los Panamericanos de Winnipeg de 1967, donde obtuvo la medalla de oro,  era considerado uno de los difíciles escollos. Aquella noche el pequeño gladiador del barrio Plaza Bolívar de Cumanà y sobrino de la folclorista María Rodríguez, dio lo que en el lugar común se le llama un “recital de boxeo”, venciendo por la amplia ventaja de 4 a 1.
            Con este triunfo había asegurado la medalla de plata y alcanzaba el derecho a medirse por la de oro. Para esto tendría que combatir a quien, en paralelo, con menos dificultades, había llegado al mismo nivel.
            Aquella noche habíamos asistido al matrimonio porque era un compromiso ineludible. Los contrayentes mismos no pudieron adivinar que en esa misma fecha el insigne combatiente venezolano estaría disputando la medalla olímpica de su peso,  menos que la ganaría y que cuarenta años después,  ninguno de nuestros atletas hubiese podido repetir la hazaña.   Sólo, recientemente, el esgrimista guayanés Rubén Limardo, subió al puesto principal del podio olímpico para reunirse con el cumanés.
            El local donde se celebraba la fiesta matrimonial había quedado casi en solitario. Sigilosamente fuimos saliendo hacia la calle. Los radios de los automóviles, en una calle de Barcelona, estaban encendidos y a todo volumen, para escuchar la narración de la pelea que se desarrollaría en el famoso Arena de Méjico,  mediante  la narración de Carlitos González, entonces un conocido y muy popular del oficio. La televisión todavía no había alcanzado a esta ciudad oriental.
            Sabíamos por las informaciones que llegaban a través de las agencias noticiosas internacionales y periodistas venezolanos que seguían allá los acontecimientos, que aquella noche del 26 de octubre, las condiciones físicas del nuestro habían mermado por el duro recorrido que tuvo que hacer, al enfrentarse casualmente a los mejores de la división.
            Aquella fue la primera pelea de la noche y, si mal no recuerdo, la escuchamos como a las ocho, hora de Venezuela. En el primer asalto, el coreano salió triunfante. El nuestro había dado muestras de agotamiento, mientras que su opositor, quien no tuvo que combatir con la misma intensidad, parecía fresco y en excelentes condiciones.
           En el segundo asalto, Morochito repuntó a base de coraje y calidad; pudo ganar ese round pero aún se mantenía por debajo de su oponente.
           En el tercer asalto, los asistentes al matrimonio, nos habíamos olvidado del mismo; hasta de los tragos; los recién casados habían roto las formalidades y obligaciones y estaban dedicados por completo a lo que sucedía allá en Méjico.
           El pequeño gladiador oriental, según palabras del narrador y las versiones periodísticas que leímos al siguiente día, saltó al centro del cuadrilátero vuelto un gigante y moralmente superior. Sencillamente, con valentía y pundonor, estaba absolutamente decidido a ganar aquel combate, pese las dificultades.
           Morochito atacó con insistencia a su adversario, quien ante aquella avalancha se sintió acorralado. El púgil venezolano sacó fuerzas que no parecía tener y golpeó al final casi a mansalva a su adversario.
           Esa noche, en Arena de Méjico, el puesto principal del podio, en la premiación de los pesos minimoscas, lo ocupó el venezolano y Venezuela ganó medalla de Oro olímpica, la única que hasta hace poco había ostentado.
            Aquella fue la fiesta matrimonial más extraña, atípica y al mismo tiempo celebrada y alegre a la que he asistido en mi vida. Este 26 de octubre, día sábado, se cumplen cuarenta y seis años de aquel inolvidable acontecimiento. Honremos al atleta.
            Desgraciadamente, pocos días atrás, la tía de Morochito, la insigne folclorista, fina y consecuente artista y creadora, María Rodríguez, fue al descanso definitivo.


     

jueves, 23 de octubre de 2014

¡MI POBRE GALLO BATARAZ!

ELIGIO DAMAS


              Cuando  lo  llevó  a la  gallera,  todos los allí presentes  gritaron  entusiasmados. Advirtieron en  él, por  su porte,   majestuosidad,  armónico  y viril  canto, dotes   para imponerse a los demás y reinar por largo tiempo en el redondel de combate.
              De  manera  entusiasta,  atendiendo a  su largo e intenso  historial  y  por  su  programa  de entrenamiento, los apostadores   inclinaron  sus simpatías  hacia   aquel esquivo combatiente  que retornaba con bríos del invernadero. La  primera campaña la cumplió con brillantez; en cada combate salió ileso  y triunfante.   Tanto  éxito  obtuvo  que  a  la  mitad  de ella desaparecieron las apuestas y casi al final, la vida se le volvía aburrida  y  público y apostadores comenzaron  a  dispersarse.  Y entre  sus asesores, alguno que otro que a  la  rigurosidad  unía talento poco común, con anticipación  percibió sutiles deseos por cambiar a un estilo ramplón y rutinario y se fue a sentar en  las galerías  o  a  esperar  con  conmiseración  la hora  inexorable del sancocho.
              Por  falta de rivales en su entorno, apostadores  y simples  aficionados,  moralistas  de vieja  estirpe,   gritones incondicionales  de  galería y alguno que otro diletante  con  la piedra  filosofal en la pretina del pantalón, lo  incentivaron  a establecer vínculos con otras cuerdas. En las suya, las  apuestas se entablaban en cantidades irrisorias, en simples bolívares, por una  media docena de refrescos o cuantimás, por una  botella  de aguardiente barato. Hasta había apostadores y apuestas de pedazos de plazo de loza.
               En  su  ámbito,   las  cuerdas  se repetían como partículas  de un espejo trizado. Lo importante era combatir  y demostrar  ante el público la destreza del gallo y la técnica y metodología alcanzada por los entrenadores.   Renovar   la estrategia,  hacer  la gallera más entusiasta y  al  público  más exigente y satisfecho era el ideal que guiaba a aquella comunidad sencilla  y abnegada. Había en todo ello una actitud generosa  e inteligente frente a la vida y la milenaria cultura de la riña de gallos.
              Al  final de cada combate, , salvo la  decisión  de los jueces a favor de uno u otro gallo o el final trágico con  la  pérdida de la vida de unos de los " combatientes" , cosa poco frecuente  por  la  sutileza de las  reglas,  nadie  perdía.  Los apostadores beneficiados, por su propia iniciativa y acordes  con el viejo ritual, corrían con los gastos de la fiesta de la tarde de  gallos. Fiesta de amigos, de hermanos, donde todos  cumplían las letras del libro nunca escrito.
              Cuando llegó la hora de la verdad, el momento de la grandeza  y dignificación de las galleras; más allá de  su  mundo primigenio, el gallito rutilante, elegante y veloz, se plegó a un sector de sus  asesores, poco ágiles y despiertos para el  combate pero  fieros y rísperos en las apuestas. Perdió  la  elegancia  y altivez  del pasado  y se volvió lento  y  frontal.  Sus nuevos estrategas  engordaron  con  él y en las galleras de  sus  nuevos combates sólo se contaba el efectivo.
              En su última pelea le cayeron en cayapa - el  parte policial  dijo  que fue por un ajuste de cuentas - y  lo  dejaron inmóvil.
              La última vez que de él me hablaron,  me dijeron que hacía  esfuerzos  por  volver  a  su  viejo estilo;  aquel   que entusiasmaba a sus galleras.
             ¡Qué difícil es ser coherente!
                "El Norte".
                Barcelona, 04 - 10 - 94


EL DIPUTADO "SAL PA´FUERA". "SI PERO COMO TONEL EN EL FONDO DEL BARCO"



ELIGIO DAMAS

"Si, como tonel, en el fondo del barco"
Juan Vicente González

Juan Vicente González
            Recuerdo una anécdota atribuida a Juan Vicente González, quien al escuchar a un diputado opuesto a él, en respuesta a un discurso suyo,  decirle “sepa usted diputado González, que he viajado alrededor del mundo”, con lo cual quiso decir que sabía de lo que hablaba, el autor de “Las Mesenianas” le respondió desde su curul, con elegante ironía: “Si, pero como un tonel en el fondo del barco”. Andábamos a mediados del siglo XIX y pese todo, las disputas parlamentarias se ventilaban con altura y elegancia.
              -“Toda fracción de parlamentarios que se respete, debe tener especialistas en todo. Por eso, a alguien se le asigna, según sus cualidades, que pueden estar ocultas, la función de formarle peos  a cualquiera, sobre todo cuando no hay argumentos para rebatirle”.
             Esta interesante perorata – la califico así porque surgió de una conversación de palos – con mucha intención irónica, se la escuché a un gran amigo que en aquel momento era diputado en el viejo Congreso Nacional.
            En cuanto al asunto del diputado forma peos, su respuesta se debió a una pregunta que le hice y me venía haciendo desde hacía algún tiempo:
             -“¿Por qué el diputado adeco por Anzoátegui, fulano de tal, médico traumatólogo, persona que tengo como equilibrada, bien informada y hasta con respetable nivel cultural, más allá de la medicina, cordial, todo eso pese ser un hombre de derecha, asume en el congreso esa actitud de provocador, busca pleitos y hasta potencial “tira coñazos”, contra todo aquel que se le ocurra y sin motivos?”
            Para abundar en su respuesta alegó:
            -“Le conozco bien. Hasta tengo una buena amistad con él. Los adecos, no sé cómo, descubrieron en él esas cualidades ocultas y le asignaron el papel de diputado insultador, forma peos y hasta fingidamente dispuesto a caerse a coñazos con quien sea”.
            Por cierto, ese rol en AD, lo jugó también en una oportunidad Jaime Lusinchi, hasta que pensó en la candidatura presidencial. No fue casual aquella respuesta del expresidente, compañero sentimental de la dama de los gastos “cubridos”, su secretaria, al periodista Luis Guillermo García, de “Tú a mí no me jodes”, mientras con el índice de la mano derecha le apuntaba de manera amenazadora.
            En AD ha habido diputados de esos “tira coñazos” e insultadores por montones; uno de ellos, todavía le queda mucho de aquello, es William Dávila.
           -“Si no tenemos como responderle a ese diputado que habló, provócalo, amenázalo, si no para que se retracte, por lo menos para que quede devaluado si logramos asustarlo”. De esa manera le ordenaban e instruían.
             Así, aquello se volvió una habitual práctica. Tanto que al escoger las planchas algunos partidos se cuidaban de incluir entre los salidores a un tira coñazos hasta genuino para no tener que inventar ninguno.
             La Causa R,  la de R al revés, aquella de Andrés Velásquez tuvo un diputado que si por algo se distinguió fue por eso. No por dirimir sus diferencias con mejores argumentos si no “abalanzándose” sobre el adversario, insinuándole “sal pá fuera”, eso sí, con la debida prudencia no sucediera que el tipo se lo tomara a pecho, que se apellidaba, si mi memoria no me falla, Melo. No recuerdo haya dicho nada interesante, pero si sus arranques de fingida o verdadera, en verdad no sé, furia. En todo caso ese era su papel y su rol de “dirigente”.
             En la Asamblea Nacional de unos pocos años atrás hubo uno de esos diputados insultadores, insidiosos y hasta tira patadas llamado César Pérez Vivas, quien posteriormente sería Gobernador del Táchira, sólo que éste se especializó en comportarse de esa manera con la diputada chavista, por el mismo Estado, Iris Varela a quien Chávez llamó “la fosforito”. ¡Siempre fue extrañó, que nunca se metiese con alguien de su mismo sexo!
              En la Asamblea Nacional del período vigente, pareciera que ese tipo de diputado (a), en un lado y otro, se ha multiplicado. Recuerdo cuando Marquina, en un gesto brutal y guapetón por decir lo menos, intentó golpear al diputado Fernando Soto Rojas y, la señora Machado, votó la clase e insultó al propio presidente Chávez, quien con elegancia y caballerosidad la puso en su sitio, en el mismito que le corresponde por esencia.
             Pero en verdad, sin importar el sexo, abundan en la Asamblea Nacional de ahora, diputados, olvidando el bando donde se encuentren y el nivel que ocupen en el órgano legislativo, que tienen el mismo discurso montado, como si fuesen DVD, para responder con violencia e improperios a todo contrario que diga algo, sin importar lo que haya dicho. No abundan quizás quienes gesticulan como buscando volver aquello un ring de boxeo, como el diputado Berrizbeitia, quien hasta hace amenazas escalofriantes como aquella de “ustedes tienen las horas contadas", pero sí los insultadores que poco les importa salirse del debate; porque hay algo curioso, casi todos ellos se salen del debate y nadie se percata.
             Esa manera de abordar las diferencias, la mayoría de las veces sin justificación, contribuye a indisponer más de lo que ya estamos, por la conflictividad clasista, a los venezolanos de la calle. Tómese en cuenta, que dentro de los mismos partidos, discrepantes suelen utilizar el mismo estilo. Para comprobar esto último lean los artículos que aparecen en los medios.
             Por supuesto, nobleza obliga, hay muchas excepciones, parlamentarios que teniendo un exquisito lenguaje, gracia para hablar y por lo menos discreción, no recrean esos espectáculos.

            

miércoles, 22 de octubre de 2014

CAPRILES Y LEGISLADORES DE MIRANDA COMO QUE JUEGAN "ESCONDÍO"


ELIGIO DAMAS
Aurora Morales, presidente del Consejo Legislativo de Miranda

            En mi niñez, uno no se la pasaba manipulando un teléfono, tabla o un Ipod (¿es así cómo se escribe?), sino en aquellos juegos que la creatividad popular nos iba dejando como herencia. En mi barrio, más bien una endeble aldea de pescadores, jugábamos a las peleas de gallos que no eran tales, sino conchas de pepitonas que se golpeaban unas con otras como si fuesen cocos. Cada quien tenía su “cuerda de gallos”, donde las conchas estaban amarradas por un cordel cuyo otro extremo se amarraba a un palo hundido en la tierra. La “cuerda de gallos”, solía rodearse por un pequeño corral de ramas de cují seca para dejar claro la propiedad de cada quien. Pese la generosidad del mar, que era de todos, ya habíamos internalizado “lo mío”.
            Por supuesto, también practicábamos otros juegos muy conocidos en Venezuela, como el ya mencionado de pegar cocos, picha o metra como dicen los caraqueños, el Pancho Joló en el río, pelota, trompo, béisbol; juegos  donde se apostaba, utilizando como medio de pago o monedas, pedazos de platos de loza, que ahora no sabría decir por qué tanto abundaban en el basurero, donde los camiones del aseo urbano dejaban su carga traída del centro de la ciudad y era parte del escenario para que los zamuros bailasen su danza funeraria. Había otros tantos juegos que sería largo enumerar. Pero también entre ellos se jugaba el “escondío”.
            Era un juego apropiado para los tramposos. Pues mientras nos escondíamos, quien debía encontrarnos marcaba al más pendejo y le miraba, como decíamos, “por el rabo del ojo”. De manera que ya sabía dónde hallar a alguien; sólo que por fingir la trampa, el juego sucio, daba algunas vueltas demás hasta llegar donde estaba el escogido.
            Este juego del “escondío”, sabiendo dónde está a quién buscar, que practican ya con demasiada frecuencia los legisladores de Miranda y el gobernador de ese Estado, se caracteriza porque los buscadores nunca encuentran a quien buscan y hasta deben buscar, sabiendo dónde está sin hacerle trampa alguna y éste aparece cuando le da la gana, muy orondo, riéndose de aquellos, eso sí muy quedo, ni los nombra, quienes al verle aparecer olvidan que le buscaban hasta el próximo juego o show. De donde uno concluye que, al parecer todos ellos, los buscadores y el buscado, terminan también como éste, discretos, burlándose de todo el mundo, o sea de nosotros.
            Los compañeros del gobierno de Allende, intentando encontrar una forma de profundizar el proceso, hallar como cambiar aquello, buscaron incesantemente en la legislación chilena  y encontraron un decreto con fuerza de Ley, dejado por allí y en vigencia, de lo que se llamó la “República Socialista” chilena del año 1932. Es el antecedente más lejano a lo que ahora se llaman “Ley habilitante”. Con aquel decreto pudieron legalizar acciones que el congreso, dominado por la derecha, no aprobaría.
           Lo anterior lo digo, porque por más que pienso en el asunto Capriles, concluyo que debe haber alguna disposición aplicable a un Gobernador que tenga su conducta. Rara vez está, no digamos en su despacho, sino en su jurisdicción; cuando no anda en campaña por sitios lejanos como los andes, está por acá, por oriente o, como es mucho más frecuente, se va por tiempo indefinido al exterior. Me niego a creer que eso sea así de fácil y no tenga sanción o limitación en la legislación venezolana.
           Las leyes de indias, en la etapa colonial, no permitían a un gobernador abandonar su jurisdicción sin la autorización del funcionario correspondiente. Es más, una vez que era sustituido, debía permanecer dentro del territorio de la Gobernación a esperar el juicio o investigación acerca de sus gestión. Sólo después de la decisión del organismo competente podía irse a donde se placiese.
          En Venezuela, el presidente, el funcionario más alto de la República, debe pedir permiso a la Asamblea Nacional para ausentarse y por un tiempo determinado, generalmente muy corto.
           La Ley del Trabajo, desde tiempos ancestrales, establece que pasado un tiempo determinado de ausencia injustificada de un trabajador a sus labores, este pierde la estabilidad y otorga al empleador el derecho a despedirlo.
           Algo debe haber en la Ley que sirva para poner coto a esa conducta irresponsable e irresoluta del gobernador de Miranda. Algo hay que hacer, buscar, encontrar o crear para situaciones tan absurdas como esas.
           Nada hace el Consejo Legislativo de Miranda, por intermedio de Aurora Morales, con esa amenaza, ya repetitiva, de “Gobernador Capriles le damos 72 horas para que se presente y explique lo que hace”. Ya sabemos la respuesta. El funcionario llegará cuando, como decimos en lenguaje coloquial, “le salga del forro” y los legisladores de nuevo se hundirán en donde se acumula el silencio; hasta la próxima, cuando Capriles, con su proceder caprichoso e indiferente frente a los problemas de las comunidades, les vuelva a dar la oportunidad de coger palco o reunir a la prensa.

           Creo debe haber algo qué hacer. La simple lógica del derecho así me lo indica. Es cuestión de acudir a los expertos en derecho constitucional, administrativo, quienes podrían hallar una respuesta. En todo caso, la creatividad humana es infinita y no puede agotarse en convocar a unos periodistas para dar unas declaraciones que llamen la atención, tanto como intenta llamárnosla el señor Capriles con sus caprichos y mediocridades, para luego hundir todo aquello en el olvido hasta la próxima.

martes, 21 de octubre de 2014

LOS DIVISIONISTAS, AL PARECER DESCANSAN, PERO NO CESAN


ELIGIO DAMAS

            Debo advertir desde el inicio, que los divisionistas pueden estar en todos lados; no sólo donde le parece o uno cree. Tanto es así, que las divisiones generalmente se producen porque en ninguno de los lados que mueven la opinión o  los grupos, hay ánimo de unidad y disposición a entender; todo lo contrario a como aquellos dos burros – perdóneseme la figura, no tiene animo peyorativo alguno, pero es muy ilustrativa– que después de tirar en contrario, intentando arrastrar la misma carga, entendieron que cada uno, haciendo su sacrificio, rebajando sus demandas, disminuyendo de tono sectario e infantil orgullo o ajustando sus brújulas, era posible encontrar la senda adecuada para marchar con firmeza. De esa manera, pudieron sumar sus fuerzas y hacer que la carga avanzase.
            -“¡Hermano!”, me gritó casi de lejos, Moisés Moleiro, al verme entrar a un salón grande del recién construido Parque Central. El MIR se había acogido a la pacificación e intentábamos reconstruirle, desde hacía algo más de una año y ¡miren que habíamos sido exitosos hasta ese momento!
            Mi amistad con “el ronco”, venía desde 1957, cuando le conocí por accidente, mientras visitaba uno de mis tíos; un encargo que me había dejado mi padre antes de morir, siendo yo apenas un niño.
            -“Tienes que conocer a tu tío Diego que ahora es embajador en Panamá, pero su casa está en Caracas. Cuando a esa ciudad vayas, ve a visitarle”.
            Un domingo salí de “Ciudad Tablitas”, allá en Catia, donde vivía en el rancho de unos primos y me llegué hasta San Antonio de La Florida, donde estaba la casa del tío, quien ya había dejado de ser embajador. Después de recibirme con mucho afecto, presentarme su esposa quien también se mostró alegre y atenta y me dio muestras de recordar con afecto a mi padre, el tío me dijo:
            -“Acompáñame a la plaza, aquí cerca, para conozcas a tus primos”.
            Hasta allá llegamos y junto a mis primos estaban otros muchachos de la edad mía. Allí, además de mis primos Damas Estaba, conocí otro primo o pariente como solíamos decir en Cumaná, por su segundo apellido de mis primos. Este jovencito es Américo Martín Estaba. Pero también en el grupo había uno de hablar ronco, hijo del conocido músico venezolano Moisés Moleiro, a quien al serme presentado me dijo llamarse Moisés Moleiro Camero.   
            -“¡Hermano!”, repitió Moisés mientras se acercaba a mí con muestras de querer abrazarme. Habían transcurrido 16 años de nuestro primer encuentro y a lo largo de ese tiempo, casi desde la primera vez que nos vimos, mantuvimos una relación muy estrecha, como para que me llamase emocionado, hermano, sin que en ello hubiera ninguna formalidad.
           Nos acercamos, abrazamos y reímos por las tantas cosas que rápidamente recordamos de sólo vernos, pese que apenas llevábamos unos dos meses de no encontrarnos. Pero tratándose que ese día se llevaría a cabo un acto como refundacional del MIR, ahora en la legalidad, el encontrarnos allí, después de tantas vicisitudes, fue como muy apropiado que ambos estuviésemos emocionados.
           A Moisés, le acompañaba un joven, en ese momento de figura aparentemente agradable, sin que en él se anunciase el prominente abdomen del futuro, de sonrisa que recuerdo como tímida o fingidamente humilde, sin dejo del cinismo de ahora, con una anunciada calvicie.
           -“Hermano”, volvió a repetir la palabra Moisés en su ronca voz y agregó:
           -“Te presento a Alberto Franceschi. Es un cuadro valioso que viene de los grupos….”, usó un calificativo que no quiero mencionar para no descalificar a nadie y por supuesto menos lo que quiero decir.
          -“El”, continuó Moleiro, “ha estado coordinando parte de esos grupos en América Latina; su experiencia y de quienes con él se vinieron a nuestro partido, conocimiento aportarán mucho para nosotros en este momento que intentamos reconstruir el movimiento”.
         El MIR que intentamos reconstruir después de la amarga experiencia clandestina y de la lucha armada, etapa que vio nacer de entre nosotros tantos grupos que uno se pierde contándolos, como Bandera Roja, Liga Socialista, no tardó en dividirse de nuevo en  rolos, como aquella “Nueva Alternativa”, minúsculo partido que fundó Américo y dejó a Moisés un pequeño conuco que le llevó a la tragedia de fundirse en el MAS para fundar aquella comparsa llamada MAS-MIR,  que se transformó en un saco de gatos y “Federación de Inconformes” hasta con ellos mismos. El MAS también,  antes que allí llegara Moisés con los suyos, era a lo interno, un campo de batalla por quedarse con los mendrugos. Al final, eran menos gente junta que cuando comenzaron aquel intento de retornar a la sindéresis.
          En aquel proceso que prontamente dividió al MIR de nuevo, en mediados de la década de 70, pese la aparente coincidencia que parecía haber entre los viejos fundadores que se reencontraban, tuvo mucho que ver el personaje que ahora, no solo está en la oposición, sino que forma parte de los grupos más ultra reaccionarios que allá en Valencia se regodean.
          Chávez supo de la incapacidad de la izquierda, desde tiempos ancestrales, para llegar acuerdos y definir políticas unitarias. Predominaba entre aquella gente el legado de los viejos caudillos y el deseo de cada uno de tener una pequeña parcela, su propio contingente. No Había la suficiente grandeza para construir sobre la base de un programa común sin mayores esfuerzos ni renunciar a lo fundamental, la unidad necesaria para desalojar del poder al imperialismo, la burguesía rapaz y los parásitos. Los eventos electorales exhibían a una izquierda con tres y cuatro candidaturas, espejo de aquella mediocridad.
            Queremos insistir que  de lado y lado, se incurre en aquellas prácticas. Porque de asumirlas se encargan muchos, sin importar donde se encuentren. ¿Queremos volver a la orfandad y dividir al pueblo para que vuelvan las oscuras golondrinas?

           Uno se preocupa y hasta asusta, porque al parecer, los divisionistas, sectarios y grupales, parecieran mostrar que descansan pero no cesan.
             Estamos como el ánima sola, pero vamos.

lunes, 20 de octubre de 2014

¡NO DESTRUYAN LO QUE CHÁVEZ CONSTRUYÓ!


ELIGIO DAMAS

              Para Lenin, el izquierdismo fue y es una enfermedad. Eso lo dijo el dirigente bolchevique ruso. Es más, le llamó “infantil”. Pero no porque le pegue a los muchachos, sino a quienes no alcanzan a madurar lo necesario.  Pero no hace falta siquiera haberle leído para llegar a la misma conclusión. Es hasta más peligrosa que la Chikinguya, pues no necesita un transmisor para que una persona contagie a otra. De manera que sería inútil fumigar, lo que de paso es también en buena medida nocivo, impedir los depósitos de agua y hasta salir como locos a votar los viejos cauchos del automóvil que se amontonan en el patio que pueden servir para otra cosa. En este caso, basta que uno o unos cuantos contaminados de izquierdismos se difundan entre los revolucionarios, peguen sus habituales gritos y hasta escriban estoraques llenos de ciencia ficción e interpretaciones personales, muchas veces delirantes, de los clásicos o quienes creen que son tales, para atrapar a cualquier desprevenido. De paso, éste no sentirá dolor alguno, pues no habrá picada y menos los dolores que suelen acompañar a la extraña enfermedad, que lo es por ella misma y el nombre.
            Es más peligrosa también porque quien la adquiere no lo sabe. No es como la Chikinguya cuyos síntomas, según he leído y oído, son en exceso incómodos y dolorosos. El enfermo de izquierdismo no siente dolor alguno; es más, va por allí en muchos casos feliz de tener una vaina que no sabe que tiene. Quizás el síntoma más visible de la enfermedad, que desde fuera se percibe fácilmente, aparte de sus delirantes percepciones, es que suele ponerse de muy mal humor y estallar de rabia cuando alguien le contradice.
            Pero además del izquierdismo hay otra enfermedad que suele acompañar a la primera. Este es el grupalismo. Porque los enfermos de izquierdismo sienten necesidad de encontrar apoyo incondicional, es para ellos un asunto vital. Por supuesto, que esto del grupalismo también le pega a muchos que son de la derecha y hasta moderados. Pero los enfermos de izquierdismo son  como más apegados a esa práctica enfermiza del grupalismo.
           Cuando se entra en debate, se discute por diferentes medios, los enfermos de un lado u otro, necesitan como el oxígeno, no escuchar opiniones, menos si son diferentes a las que ellos están amarrados, su objetivo no es llegar a la verdad ni al punto donde el movimiento inercial debe iniciar su marcha, o lo que es lo mismo, llegar a un consenso para sumar fuerzas, sino oír opiniones que apoyen lo que ellos dijeron y sumar para derrotar a quienes piensan otra cosa.
           El izquierdismo o derechismo, como enfermedades que pueden brotar en el movimiento revolucionario, cuando se vinculan al grupalismo, circunstancia que buscan a como dé lugar, tienden a dividir innecesariamente, hasta por nimiedades, porque sin que ellos lo sepan, no lo hayan internalizado, lo que buscan es el poder. Tanto que cuando un grupo se sobrepone a otro, dentro de un partido, una comunidad, una sociedad científica o de cuidadores de mascotas, se dedica a ignorar a los otros por muy valiosos que sean. Por eso uno ve en esas agrupaciones y asociaciones, siempre las mismas caras, tomando las decisiones y dictando las reglas del juego o normas para el hacer. Habrá cambios solo cuando el grupo que maneja la mayoría deje de hacerlo y entonces, el nuevo triunfador, vendrá con sus guantes, bates, pelotas, reglas y hasta árbitros.
            Pero lo peor del grupalismo es que, como enfermedad, se extiende más que el Chikinguya y hasta los infantilismos mismos. Cómo un tumor que hace metástasis, pues al grupo que se organiza o se metió de una vez ya organizado para tomar el control, estimula que los demás como por acto de supervivencia tienden a formar sus propios y numerosos grupos.
            En la vieja izquierda, en el MIR por ejemplo, había grupos que se formaban sólo por tener una particular interpretación de un asunto específico. Eso los hacía como sentirse obligados a llevarle la contraria a los otros compañeros en todo. Bastaba que alguien de un grupo diferente dijese algo, para que del otro lado o lados, esgrimieran argumentos, como sacados de un saco de mago o loco, para refutarle.
           Pero si todo fuera eso, no importaría. Uno hasta gozaría escuchando a aquellas cuerdas de locos y les vería templándose las greñas. Lo malo, uno lo sabe por experiencia que un buen día, sobre todo en el momento menos propicio, cada grupo decide coger su camino y donde antes había una gran organización, salen montones de átomos, con sus ideas pero sin gente.
           Haber curado a la izquierda de aquella peligrosa y derrotista enfermedad, fue una de las más grandes labores de Chávez. Ojalá, como el chikunguya y el ébola, no tome fuerza el grupalismo. Tanto como para hacernos explotar. Por eso, los enfermos de izquierdismo o derechismo, si les gusta estarlo porque ellas no pican, que no se rasquen, estén tranquilos, manténganse en el frente donde estamos todos juntos, pero no destruyan lo que Chávez construyó.
             Para terminar  y evitar malas interpretaciones, las individualidades que se reúnen en grupos para diseñar propuestas, elaborar ideas, no necesariamente son grupalistas. Pues lo grupal va más allá de eso. Suele tener sus propios comandos, reglas y disciplina, táctica y estrategia. Dicho esto, cada quien debe tener claro a quienes me refiero. 

           

sábado, 18 de octubre de 2014

LAS CALIFICACIONES CONTRA APORREA, SU GENTE Y ARTICULISTAS


ELIGIO DAMAS


            Para alguna gente pareciera que la página web Aporrea, es la “pagapeos”.
            Hay una vieja anécdota caraqueña, tanto que viene desde la época colonial, que Francisco Herrera Luque recoge en una de sus obras - creo que esta es “Los Amos del Valle”- en la cual se describe el sentido de aquella expresión.
            Las mantuanas, esposas de “Los Amos del Valle”, de “los grandes cacaos” de Caracas, cuando iban a misa, se hacían acompañar de algunas jóvenes de su servicio personal; está como por demás decirlo; estas eran sus esclavas.  En la misa, las jóvenes esclavas, se colocaban detrás y a una prudente distancia de sus amas. Cuando a alguna de aquellas señoras, entre el levantarse y sentarse, arrodillarse y pararse, como acontece en los ajetreos de la misa, se les salía un gas, sobre todo sonoro, gestualizaba dando a entender que aquello era obra de alguna de las muchachas que detrás de ella estaba. Por eso se les llamaba así a aquellas jóvenes, “las pagapeos”.
           Poco tiempo atrás, cuando el gobierno llamó al diálogo, salió el rumor que llegaba a algunos acuerdos con sectores de la economía privada, algunos camaradas que escribían en aporrea, intuyeron que vendrían calamidades sobre todo en materia de precios, que de todos modos ya se estaban expresando y no se veía manera alguna de evitarlas, y otras cosas más según dijeron o sugirieron, optaron por despedirse de la página y tomaron espacio al anunciar aquello. Reaccionaron como si Aporrea y quienes la página manejan, tuvieran la culpa de aquellos malestares que ellos percibían. Por eso, en esa oportunidad escribimos un artículo ¿Por qué irse de Aporrea? http://www.aporrea.org/medios/a189052.html, ya que no veía congruencia en lo que estaban percibiendo y pensando sobre la conducta del gobierno, el futuro inmediato y el despedirse de la página. Era como una forma de echarle a Aporrea, Gonzalo Gómez y su equipo la culpa de lo que ellos intuían. Es decir, en ese caso, usaron a Aporrea como la “pagapeos”. Por cierto, he visto que algunos que aquella actitud asumieron han vuelto a la página y eso es bueno. Aunque también es bueno decir que las decisiones apresuradas, a la carrera, o por “arrechera”, no producen nada bueno. Si no lo creen, pregúntenle a Capriles.
            Llevo algunos años escribiendo en Aporrea y pienso que mi actitud procura ser equilibrada y sensata. Soy de los tantos que apoya el proceso que inició Chávez, con todo lo que eso encierra, como estar en firme actitud de “oposición a la oposición”, o sea a la derecha, sin darle un palmo de terreno al imperialismo y los intereses mercantiles. Si hace falta decirlo, para satisfacer alguna exigencia, estoy firme con el proceso revolucionario y de cambio que demanda el pueblo de Venezuela y la patria grande. Pero no soy ingenuo como para creer que todo marcha bien y que mi obligación es callar y no advertir el ruido que escucho viene de allá arriba, desde las cabeceras del río. No me siento obligado a ocultar los males o errores que perciba, porque si lo hago estaría siendo inconsecuente con la dialéctica, mi percepción de la historia, política, vida y pensamiento de Chávez. ¡Qué hasta las piedras hablen!, decía el comandante. Quienes están obligados a hacerlo que lo sigan haciendo, se les entiende. Como se entiende a quienes asumen la misma actitud porque están cerca de los mandos, son escuchadoss y se sienten corresponsables hasta en lo específico.
           No conozco personalmente a Gonzalo Gómez, ni ningún otro integrante del grupo editor de Aporrea. Como tampoco a alguien que milite en ese grupo político de izquierda que llaman “Marea Socialista”. No comparto en su totalidad sus percepciones sobre la coyuntura venezolana; lo que no niega que algunas cosas entran en el campo de mi percepción. Pero soy contrario a los grupos; esto lo he dicho varias veces. Si optase por romper con el Psuv lo haría para seguir con mi soledad, pero no entraría en ningún grupo, porque mi experiencia – estoy en esto desde 1955 ó 1956 – me ha enseñado que la “grupalización” de la izquierda ha sido uno de los mayores males que nos ha afectado. Pero aun así, creo que salir a denigrar de Aporrea porque en la página se hacen críticas al gobierno, no sólo son prácticas de inmaduros y de gente en exceso “celosa” o pretendiendo ser más papistas que el Papa. Cuando hablo de inmaduros no estoy usando un adjetivo con doble sentido, no. Lo uso en el sentido que quienes eso hacen, porque lo creen su deber, nada comprenden.
           Es todo un disparate decir que hacer críticas, en mejor sentido de la palabra, señalar errores, proponer cambios, observar públicamente las fallas, sobre todo no teniendo otras maneras de proceder, es “darle alas o argumentos a los enemigos”. Ese es un viejo truco que por cierto Betancourt y sus seguidores usaron con frecuencia para acallar la crítica. Como es demasiado infantil – el “infantilismo de izquierda” no es una entelequia- decir que Gonzalo Gómez se pasó para la derecha o hace de agente de la MUD, por haber participado en un Foro en Margarita donde también estuvo María Corina Machado. ¿Qué era lo recomendable abandonar aquel espacio porque estaría esa señora? Eso no me parece sensato y sí, como una exhibición excesiva de solidaridad.
            Pero es todavía más insensato y “celoso” en demasía, decir que todos quienes escribimos en aporrea pertenecemos a la ultraderecha o saltamos la talanquera. Como es insensato, lo que pareciera haber percibido, que algunos articulistas como demasiado conformes con los hechos y no dispuestos a hallar gazapos, han optado por irse de Aporrea, para que no “les caiga la chupa”. ¿La historia se repite? Advierto que este fenómeno es a la inversa.
            Lo que no cabe duda a nadie equilibrado es que Aporrea es una página en gran medida a favor de la idea del cambio, antimperialista, antioligárquica, donde todos tienen cabida y puede, quien no goza de privilegios, expresarse libremente.


jueves, 16 de octubre de 2014

VENEZUELA EN LA ONU. USA, ESPAÑA, LA SOLEDAD


ELIGIO DAMAS

            La  Asamblea General de la ONU está integrada por 193 países, pero el Consejo de Seguridad, con capacidad de tomar decisiones como invadir a un país y desplazar su gobierno, alzándose por encima de la soberanía, sólo lo forman 15 países, de los cuales cinco tienen carácter permanente y 10 se eligen cada dos años. No obstante, aunque los miembros permanentes se reservan, lo que es un exceso, el derecho de vetar cualquier resolución del organismo para que no se ejecute una de sus “resoluciones”, como la de no intervenir en los asuntos de Libia, en el pasado reciente o Siria, ahora mismo, EEUU ha ignorado toda aquella parafernalia y violado los derechos del pueblo invadido y la ONU. El derecho a veto los gringos lo usan indiscriminadamente en favor de sus políticas, pero hasta ahora, sólo ellos han incurrido en el abuso de no respetar el veto que otros ejercen o manifiestan. Los casos antes mencionados, Libia y Siria, son muestras inobjetables de ese abuso. 
           La Asamblea General acaba de escoger dos nuevos miembros con carácter temporal, ellos son Venezuela, por el bloque latinoamericano y España por Europa.
            Venezuela, en julio pasado, fue nominada para esa responsabilidad por el grupo GRULAC, formado por países latinoamericanos. Como era de esperarse, inmediatamente, 14 miembros de la Cámara de Representantes de EEUU, tanto del partido Republicano como el Demócrata, gobierno y oposición, enviaron una carta mancomunada a Jhon Kerry, Secretario de Estado, en la cual dijeron: “una banca venezolana en el Consejo de Seguridad envalentonará al régimen de Venezuela y servirá de plataforma a los regímenes perversos con los que Venezuela colabora”. ¿Habrá en algún rincón del mundo algún gobierno más perverso que el de los EEUU?
             Más adelante, en el mismo texto exigieron: “EEUU debe adoptar una postura decisiva en este tema…”. La típica posición del gendarme mundial, creen que a ellos compete decidir quién debe estar en el Consejo de Seguridad u otra parte. En este caso, el gesto de los representantes del Congreso es un irrespeto a la soberanía de los pueblos de América Latina y todos los demás miembros de la ONU. 
             No cabe duda que Kerry, con el apoyo de Obama, debió haber movido cielo y tierra para que la escogencia de Venezuela no se diese. Pero los resultados conocidos hablan de una elección abrumadora y sin precedentes; de 182 votos depositados, 181 fueron a favor de Venezuela; alcanzando un enorme apoyo del 99.4 %, sin precedente en la historia del organismo.
           Lo que hemos dicho sobre Kerry queda confirmado cuando después de la votación, la embajadora de Estados Unidos, en su soledad, protestó aquella manifiestamente democrática decisión. Como si eso le competiese.
           El segundo país escogido lo fue por el bloque europeo. Las candidaturas en este caso fueron Turquía y España, ambos de la OTAN y socios de EEUU. Para arribar a una decisión definitiva, fueron a una tercera ronda de votaciones, en la cual ganó España con 128 votos por 60 de su ocasional opositor. Este resultado, comparado con el primero, es todo un discurso acerca de la unidad, del acompañamiento y la soledad.
            Con Hugo Chávez, por primera vez en la historia de este país, Venezuela pasó a jugar un rol importante en la política latinoamericana, caribeña y mundial, no obstante, los agentes de la derecha, habladores de pendejadas por oficio, tanto de esto último que reciben buenos estipendios y ocupan espacios de mucha sintonía, no se cansan de repetir sandeces como diagnosticar al país aislado del mundo.

            Por todo lo anterior, después de escuchar tanto “internacionalista” hablar de ese “aislamiento” de Venezuela, cabe preguntarse “¿no está EEUU entrando con premura en 100 años de soledad?”.

miércoles, 15 de octubre de 2014

¿QUÉ RELACIÓN PODRÍA HABER ENTRE URIBE, GÓMEZ SALEH Y JOSÉ MIGUEL ODREMÁN?


                                          ELIGIO DAMAS

            Yo encuentro una, cuya validez depende de la veracidad de las informaciones que uno halla en los medios.
             Para los familiares de José Miguel Odremán, quien según fue sargento jubilado de la Policía Metropolitana, lejos estuvo de ser delincuente, sino integrante de un colectivo u organismo político partidario del gobierno revolucionario. Eso he leído en algunos medios, expresado por su madre y una de sus hermanas, quien le califica “como un hombre intachable, al servicio de la revolución” y además agregó la segunda mencionada, “formó parte del segundo anillo de seguridad del presidente Chávez”.
             Sectores vinculados a las bases del chavismo también así lo han calificado, tanto que su entierro se convirtió en un acto de dolor de parte de aquel sector y en una protesta ante un hecho que calificaron de injusto. Hasta el mismo presidente Maduro, que algo debe conocer del personaje, si son ciertas las informaciones que antes he aportado, optó por ordenar se investigase a fondo tan extraño asunto y como desmedida acción policial, en un país donde los guarimberos han tomado nuestras vegas para potreros suyos, mientras los cuerpos policiales observan con paciencia franciscana y desmedida buena educación.
            Contra esas opiniones están las vertidas por un vocero policial, según las cuales, Odremán no era integrante y líder de un colectivo sino “jefe de una banda delictiva”.
             Como opinó alguien, la derecha ha conseguido que sus cuerpos vandálicos actúen con impunidad mientras demonizan frente al oficialismo mismo a los suyos que se organizan para defenderle. Casi la única presa política que aquí ha habido durante este proceso fue Lina Ron y por lo que pasó con ella, que la demonizaron y le elaboraron una falsa virtual imagen de delincuente, uno se pone en guardia y en actitud dudosa
            Opinar acerca de la veracidad de una versión u otra, por parte de quien sólo tiene a mano lo que ya dijo y nunca antes en su vida había oído mencionar al personaje fallecido, si uno se respeta a sí mismo y al honor de las personas involucradas, es altamente irresponsable. Pero si es posible, a partir de lo que se conoce, intentar establecer relaciones que pudieran servir para adelantarnos a lo que el adversario o enemigo, según sea el caso, tiene en mientes.
           Confieso, que los videos en los cuales Odremán, con mucha energía y rabia, reclama a las autoridades por sus actuaciones, pocos momentos antes de su muerte, me han impactado y junto con todo lo señalado previamente me han puesto a meditar detenidamente sobre lo que  podrían ser los efectos de la estrategia de los interesados en desatar en Venezuela “una pelea de perros”.
            ¿Pero cuál es la relación que con esto pudiera tener Uribe Vélez y Gómez Saleh, y, para mejor decirlo, quienes en última instancia están detrás de todo esto?
            La expresión vulgar y hasta nefasta “pelea de perros”, proviene de los centros o escuelas de la conspiración y terrorismo de EEUU dispersos por el mundo. Pelea de perros desataron en Libia, en Afganistán, Irak, hasta en la propia Siria y últimamente en Ucrania, hasta poner en marcha un monstruo que al parecer se les salió de las manos llamado Estado Islámico, que no es más que una versión mutada de la pelea de perros de los gringos.
            Esa pelea de perros, en este caso entre venezolanos, que no es más que nos matemos entre nosotros mismos, era el fin inmediato de las guarimbas. Recuerdo que uno de los alcaldes del Este caraqueño, el de Chacao, Ramón Muchacho citado por el suscrito en su último libro, que ni título le he puesto porque ya sé que no hallaré quien le publique, le dice a su gente, palabras más o menos, “todo esto puede llevarnos a que los enfrentamientos se den a las puertas de nuestras casas”. Dijo aquello como advirtiéndole a quienes le incitaban a tener más presencia en las guarimbas y darle más respaldo, que debían pensar en lo que aquello podría producirles.
            La pelea de perros entre enemigos del gobierno y chavistas, buscada con ansiedad por la derecha, para eso fueron aquellas cosas horribles como los degollamientos, no pudo lograrse porque los partidarios del gobierno no cayeron en la provocación y las fuerzas del orden se excedieron en la prudencia.
            Pero Gómez Saleh, quien como él mismo lo ha admitido tiene vínculos estrechos con el expresidente colombiano, dijo algo puntual que hemos escuchado una y otra vez en los videos que sobre aquél se han exhibido. Según lo por él dicho, había que “bajar unos cuantos muñecos”, pero también de quienes llamó jefes de los colectivos. Sentenció el joven ahora detenido, que si eso hacemos”, “saldrían a matarse entre ellos mismos”. Es decir, matar chavistas escogidos y crear la duda necesaria para que los revolucionarios se entre devoren.
            ¿Así como se dice “el hampa”, que al parecer no es otra cosa que los sicarios contratados para “bajar al muñeco” Robert Serra, pudo llegarle comprando a su jefe de escolta, como podría ser extraño se empiece a usar el mismo mecanismo para que los chavistas, sobre todo los más activos y combativos, sensibles y desasistidos de control,  comiencen a despedazarse entre sí? La cosa se agrava más con la información aportado por el presidente Maduro hace pocos minutos, según la cual, después de asesinar a Serra, atentaron contra la vida de Diosdado Cabello.
            Hay una evidente incongruencia entre el actuar de la policía frente al “Colectivo” Escudo de la Revolución, sobre todo habiendo versiones tan dispares acerca de su accionar, y el habitual comportamiento conciliador y hasta tolerante con quienes han intentado tumbar al gobierno, destruido vidas, bienes materiales, incomodado la vida ciudadana pretendido cundir el terror..
            Esa es la relación que le encuentro a Uribe, en todo esto; por lo dicho por Gómez Saleh, que no es de su autoría, sino la repetición de una orden y plan provenientes de mucho más arriba, donde podría estar Uribe como intermediario, con lo acontecido con Miguel José Odremán, si lo que he leído tiene fundamento; como parece tenerlo por lo que de él dijo su hermana, expresan sus amigos y hasta amplios círculos del bolivarianismo.

           Siendo así las cosas, con toda seriedad y hasta gravedad, repetiré aquella advertencia tan del gusto de Chávez, ¡ojo pelao! O como también solemos decir los venezolanos ¡cuidado con una vaina!

martes, 14 de octubre de 2014

¿EN QUÉ ANDAMOS EN REVOLUCIÓN O EN CANGREJERA? ¿NO ESCUCHÁIS EL RUIDO DE LAS PIEDRAS RÍO ARRIBA?



ELIGIO DAMAS

            Nosotros desde casi carajitos, andamos con la palabra revolución en la boca. Hemos soñado con una revolución que como esos ríos desbordados, entrase en los potreros, se llevase el estiércol y la basura toda y, de repente, al acabarse la torrentera, emergiera de aquello una sociedad nueva, distinta, entonada y limpia, como cuando se hace un motor completo. Creímos que por allí andaba la vaina, pero claro, apenas éramos unos chamos y soñadores.
            Cuando todavía andaba por los diecisiete años, empecé de animador de un mitin en Cumaná, en el cual hablaría Betancourt, recién caído Pérez Jiménez, en un momento que “El Napoleón de Guatire”  con mucho disimulo buscaba la candidatura presidencial. Por supuesto, aquello no lo sabía yo y es más, juraba y perjuraba que aquel pequeño hombre era un revolucionario, siendo él un gran bellaco.
            Mientras hablaba a la gente que comenzaba a arremolinarse alrededor de la tarima, con demasiada insistencia, pronunciaba la susodicha palabra, como quien quería abrir la cueva de Alí Babá. En esto llegó aquel a quien mi viejo amigo y compañero Caupolicán Ovalles, le escribiese su irreverente poema ¿Duerme usted señor presidente? Apenas me escuchó a mí, al jovencito animador, pronunciar por una sola vez la palabra “Revolución”, aquel viejo cizañero, amo de toda la marramuncia junta, inventada por otros y las inventadas por él mismo en su insidioso quehacer, ordenó a quienes le rodeaban que quitasen de allí a aquel carajito cabeza caliente y pusiesen a alguien ponderado; es más ordenó me bajasen de la tribuna. El buscaba el apoyo hasta del estiércol y éste y aquella palabra o quienes la usábamos como amuleto, eran como el aceite y el vinagre. ¡No había forma de juntarlos!
            Pero a esta altura, después de haber, más como polizonte que de viajero con pasaje y papeleo en regla, transitado por la historia, desde la comunidades primitivas eurocéntricas, africanas, por el modo de producción asiático y de esta parte del mundo que los colonizadores mal llamaron América, he comprendido que una revolución, que implique el cambio de las relaciones de producción de privadas a socialistas, la naturaleza del Estado, la conducta de las personas, aunque estas sean obreras y excluidas y lograr a corto plazo una sociedad altamente productiva, aunque no sea para aquel sueño marxista de “a cada quien de acuerdo a sus necesidades y de cada quien de acuerdo a su capacidad”, no es un asunto tan fácil como para que lo haga realidad una generación. Hasta ahora, en la historia humana, en ninguna parte se ha logrado ese portento. Quien sostenga lo contrario miente, de lo contrario que lo pruebe.
            En el caso venezolano, es cierto que como dijo Chávez, el petróleo puede ser una pequeña palanca para impulsar el socialismo. Pero hasta ahora, lo que hemos logrado, a través de generosos programas como Barrio Adentro, GMVV y otras cosas que sería largo enumerar, lo que hemos hecho o ha hecho nuestro gobierno, es repartir generosamente, en veces hasta en exceso, la renta petrolera, como también hemos podido mantener una política internacional que apunta a la unidad e integridad de América Latina y el Caribe y sirve de ejemplo a muchos pueblos del mundo. Pero en materia económica, no hemos podido siquiera sentar bases confiables de la independencia alimentaria y la vieja tarea de romper con el rentismo petrolero, después de 15 años de gobierno, todavía es una esperanza poética de nuestros gobernantes y muy parecida a nuestros viejos sueños juveniles.
            En lo que también hemos sido prolíficos es creando, engendrando o produciendo cangrejos. Todo asunto se nos encangreja. Son muchos los cangrejos sonados y súper conocidos; quizás sean miles los crustáceos que no suenan o pasan por debajo de la mesa. Se van con su “caminar hacia atrás”, como solemos decir los cumaneses, sin que nadie les recuerde.
            Las destituciones de Samán, la de los tiempos de Chávez y la segunda de Maduro, quien le sustituyó por una jovencita, se nos volvió un cangrejo hasta clonado.
           Los asesinatos de Danilo Anderson y Otaiza, también se encangrejaron; tanto que quien meta un palo en la cueva corre el riesgo que le quiten un “deo”.
           Se nos volvió un pequeño  cangrejo el asunto de aquella maleta llena de dólares que un carajo intentó meter desde Maiquetía a Buenos Aires. Sólo sabemos que los gringos se tomaron el asunto para ellos, lo encangrejaron y le metieron en una lata.
           Una cangrejera enorme, como esas que uno hallaba en la laguna de Castillito, allá en Cumaná, se nos volvió lo de los 20 mil millones de dólares de los que nadie sabe nada. Y en cangrejera se convirtió la denuncia que al respecto intentó hacer Giordani. Como es una cangrejera lo de aquellas “empresas básicas” que no son nada de eso porque sólo nos reportan pérdidas. ¿Qué cosa es sino una cangrejera la vaina del contrabando? Agarran gandolas y gandolas, que por el tamaño más que cangrejos parecen langostas y con ellas detienen a los conductores, pero los dueños no aparecen ni en pintura.
           ¿En qué sino en cangrejeras se nos están convirtiendo el asesinato de Robert Sierra y lo sucedido con el llamado colectivo “Escudo de la Revolución” en el cual salió muerto, entre otros, un señor apellidado Odremán, de quien sus familiares dicen era un militante del proceso?
            Para no cansar y no generar molestia, con este canto que no es sino uno de angustia de un soñador que sigue soñando en el cambio, en una sociedad nueva y justa, terminaré preguntando, solo preguntando, como decir buscando respuestas: ¿No son acaso unas cangrejeras, esos asuntos preocupantes de la economía, política cambiaria, inflación galopante, depauperación del salario? ¡Parece que los son! Pues pese que uno pela el ojo y para el oído, no escucha que el gobierno haya escuchado el ruido de las piedras río arriba.

             Mejor dejo esto hasta aquí, no suceda que reaparezca Betancourt y me baje de la tarima.