jueves, 21 de julio de 2016

ERNESTO VILLEGAS, 7 PREGUNTAS A JESÚS FARÍAS. MI SOÑADO "VIAJE" A PARIS



ELIGIO DAMAS

            Después de tres o cuatro días tomando antibióticos, “del que se consiga”, para combatir una infección urinaria calificada “severa” por un médico, me ha dado por dormirme con facilidad. Esto es más extraño, si se trata de un tipo insomne, nada más y nada menos, porque es hijo de dos carajos que casi nunca dormían. Por eso, esta historia toda que contaré es extraña, pues aconteció a una hora que nunca, en estado normal, me duermo, menos si estoy concentrado viendo algún programa de televisión que me interese. Y esto complicado, enredado y extraño, sucedió mientras escuchaba a Ernesto Villegas, este lunes pasado, haciendo sus “7 preguntas” a Jesús Farías. Verdad y sueño parecen enredados o mejor mezclados. ¡Vaya usted a saber!
            En una de las preguntas, no recuerdo cual, porque entre el dormirme y despertarme estaba sin control de las cosas, Ernesto inquirió a su entrevistado, acerca del panorama económico y especialmente sobre el asunto inflacionario y la política cambiara, lo que parecían varias preguntas en una.
           Justo cuando Farías decía que el gobierno había parado y hasta hecho retroceder al dólar paralelo, pues su DICOM tenía una como sustancia que hacía que ambas referencias se atrajesen; así fue diseñado, el primero se paraba y hasta bajaba pero el otro subía, como intentando ponérsele parejero; no es que la moneda nuestra se devaluase y tomase el camino que le corresponde en la economía real, ni el de Santiago de Compostela a pedirle clemencia al santo; de lo dicho por Farías, como dormido y despierto, creí entender que entre el dólar paralelo y el oficial estuviera operando aquello de los extremos se atraen; pues el paralelo, según Farías, se para y retrocede o baja, algo como el caminar de Chencha, y eso por el férreo marcaje del dólar DICOM,  que sube para que aquél baje, me quedé dormido y empecé a soñar. No sé si por efecto de los medicamentos o el enredo de la explicación que me aturdió o “embarbascó”, para decirlo a lo Simón Díaz.
            Estaba en el aeropuerto de Maiquetía, eran las tres de la tarde, el vuelo había sido anunciado para las 5 y antes, para abordar el avión, mi compañera y yo, debíamos hacer los trámites pertinentes. Cuando me proponía hacerlos, un viejo amigo que llegaba de….no sé dónde, se me apareció de pronto, me estrechó entre sus brazos y lo hizo sin que supiese yo, al principio, de quién se trataba. Todo fue de improviso. De inmediato iniciamos una conversación propia de viejos amigos que llevan años sin verse. Mi compañera, como es habitual en ella, aprovechó para darse una escapadita y mirar lo que el tiempo le permitiese.
            Le conté, sin que me lo preguntase, que iba a Paris a darme una vueltita. Sin parar un segundo, le hice saber mis planes. Pasearé de noche por el Sena, en un sentido y otro abordo de esas grandes barcazas donde los turistas se envinagran y escuchan su música predilecta. Y los violinistas alrededor de nuestra mesa llena de cuanta cosa uno desee. ¿Y el pago? ¡Eso que importa! Venimos de la Venezuela saudita, la misma de siempre que sueña en dólares.
          Al escuchar esta palabra, no sé si fue del sueño o de la tele, por boca de Farías, escuché a este decir; “Sí, el dólar DICOM subirá, pero de pronto, cuando uno menos lo espere, pero sí los amos del capital, comenzará a bajar y el paralelo seguirá la misma ruta”. “¡Eso, escrito está!”
           -“Pues si amigo del alma que tantos años llevaba sin verte”. Al día siguiente, tomaré el tren, me bajaré en la estación que aquí tengo anotada y a pocos pasos de allí, entraré al “Maisón o Le Bar de la Huitre”, ese que está ubicado en Montparnasse, y estaré hasta la noche comiendo ostras, mariscos y hasta jaibas inmensas, más grandes que aquellas que comíamos en la “Playa de Castillito” en Cumaná, con el mejor vino de la casa. ¿Dólares? Llevo bastante, ¿acaso no somos lo que somos y no dejamos de ser, un país rentista? ¿Quién nos quita lo bailao?”.
            Fue la palabra dólar, otra vez mencionada en mi sueño y en la entrevista de Farías. Pues este, justamente en ese instante, explicaba a su entrevistador que al subir el DICOM, bajar de su pedestal al “Today”, inmediatamente los inversionistas caerían sobre nosotros como “zamuro a podrío”. De donde saqué la pregunta, entre las brumas del sueño, ¿entonces los inversionistas no llegan porque el dólar DICOM está aún muy bajo y ellos nos esperan en la subidita? Según Farías, con la llegada de esa catajarria de inversionistas que esperan que el DICOM suba, para que luego baje a un nivel, que él no tiene idea cuál es, aquellos sí, vendría un aumento inusitado de la producción. ¡Qué maravilla! ¿Por qué no lo hicimos antes? Aunque disguste, preguntaré: ¿De quién es la culpa?
            Escuchando ese cuento me volví a dormir, lo supe porque al mirar de lado y lado me vi frente a mi viejo amigo en el aeropuerto internacional de Maiquetía; un poco más allá, sin alejarse mucho, mi compañera repasaba las vidrieras; miraba precios para no dejarse especular en París. En ese momento dije a mi amigo:
           El tercer día en París lo pasaremos en el museo del Louvre. Con tres emparedados, prefiero escribirlo así a la española y no con el horroroso anglicismo nuestro, cada uno; dos botellitas de agua gasificada, todo en la cartera, como si estuviésemos bachaquenado; entraremos y como sabremos hacerlo, estaremos sólo en dos salas. Cambiar de puesto cada cierto tiempo después observar las obras del maestro seleccionado. Es bueno así. Se aprende. No consumiré tiempo en la Sala Da Vinci, para ella requiero otro viaje; además la dama más bien parece que lo observa a uno. Recorrer medio museo o peor, todo en uno o dos días nada deja. Sólo el simplismo de decir estuve allí. Además, hay que aprovechar bien los dólares que se pagan para entrar a aquel espacio admirable.
           ¡Otra vez! La palabra dólar, en mi sueño y trasmitida desde el televisor me conectó con la entrevista de Villegas.
           -“¿Con esa inusitada entrada de dólares qué esperan ustedes suceda en la economía?”
          Esa pregunta, como es natural, se la formuló Ernesto Villegas a Farías. Por cierto que no dejó de llamarme la atención, pese mi modorra, el estar de un lado y otro, que el entrevistador dijo “ustedes”; un como tomar distancia. Claro, hay que entender que Villegas hace de periodista y los buenos como él deben ser cuidadosos en los detalles.
          Tuve dudas. Claro, segundos antes estaba a punto de abordar un avión a París. Pensé que por la pregunta de Villegas, la forma de hacerla, se refería a un brinco inesperado que había dado el mercado petrolero o un “acuerdo” con respecto al arco minero. Pero, Farías me puso en el sitio exacto. Se trata de la “macolla” de dólares que entrará cuando el DICOM suba, luego baje y llegue al punto que él desconoce, siendo alto jefe de la economía y pana burda de quienes planifican y manejan las finanzas. Pero el punto existe y a él se llegará. ¡Sólo lo saben los inversionistas!
           Quedé dudando, pues me pareció, viniendo de Farías y el Comando Estratégico de la Revolución Socialista, como demasiado ajustado a eso que llaman “la Real Politiqueé”. Nos quiso sacar del cuento del socialismo, esto me lo dijo un amigo, yo quizás estaba dormido, pero nos echó otro que si no es bello, por lo menos no tan dramático como lo que ahora vivimos.
         -“Bueno”, comenzó a responder Farías, “casi al mismo tiempo, como si corriesen en pareja y agarraditos de las manos, la producción se elevará por las nubes”.
        Con aquel anuncio o premonición, me volví a dormir, esta vez, como si me hubiesen dado un mazazo. Regresé al aeropuerto y dije a mi amigo, “pues sí, todo eso y más haré en Paris”. Hasta recorreré aquellas calles y rincones oscuros donde cantó Edith Piaf, “La Alondra de Paris”, iré a la Coupolle, sitio predilecto del García Márquez joven y sus amigos latinos, españoles y franceses. Y entraré a los bares donde acudían Picasso, Jean Paul Sartre, André Bretón y sus amigos. Claro, eso me costará muchos dólares, porque al verle a uno, llegado de Venezuela, se acercará gente ansiosa de saber y beber conocimiento. Y cuando a uno le ven y le saben venezolano, pareciera que los billetes verdes, del dólar, inundaran el ambiente.
            Con la “puta” palabra, me volví a despertar, justo cuando Farías remataba sus respuestas a las “7 de Villegas”, diciendo “y entonces así, todos los precios se vendrán abajo y el salario del venezolano flotará y el bolsillo y la cabeza de cada uno de nosotros sentirán que sueñan, pero estarán en la pura realidad”.
          Esta vez, me dormí de verdad y al volver al aeropuerto, me percaté que hablando con mi amigo que hacía años no veía, se me pasó el tiempo, llamé a mi compañera que vino presurosa y sólo para mirarnos la cara con tristeza; el avión ya había tomado vuelo.
             No sé si por la desilusión o por el fin de aquel drama, me volví a despertar y escuché cuando Farías le decía a Villegas, “esto no es sueño, es la más cruda realidad, nuestros cálculos no fallan; eso sí, sentémonos a esperar que ese día llegará”.
            “Mi amor”, me dijo en ese momento mi compañera, “te toca la pastilla. Es la única que queda y todavía falta una caja que no se consigue por ninguna parte”.

            


martes, 19 de julio de 2016

EL "COLOMBIANO" JUAN ARANGO. PARA EL VENEZOLANO HENRY RAMOS ALLUP


ELIGIO DAMAS

            Mi afición por el futbol es de muy vieja data. Lo jugué de niño y adolescente en aquel viejo corralón que llamaban estadio Cumaná. Allí me puse por primera vez unos botines del deporte, que fueron desecho de un compañero estudiante de medicina en la  ULA, entonces de vacaciones de apellido Mejías, quien estaba estrenando calzado deportivo. Miguel Betnazar, caraqueño, creo de origen árabe, como Ramos Allup, era nuestro entrenador; maravillosa persona, quizás hasta mejor esto que entrenador, sin olvidar que fue excelente cocinero, intentaba que nosotros aprendiésemos a jugar el balompié.
            Precisamente, Juan Fernando Arango jugó en sus inicios, de novato de liga organizada, en aquel equipo como profesional, sin que en verdad llegase a serlo, que se llamó Nueva Cádiz, de Cumaná, creo de segunda división o mejor un rato arriba y otro abajo, bajo la conducción del entrenador técnico César Farías, quien luego fuese de la selección nacional, o de la Vinotinto, en sustitución de aquel casi mago o transformador que jamás hayamos tenido en esta etapa moderna de ese deporte que se llama Richard Páez; me veo obligado a mencionar aquí como un significativo responsable de aquel renacer a quien llamaban el “Pato Pastoriza”, un argentino a quien se le atribuye como el rol de arranque de lo que luego hizo Páez. Lo de “obligado”, obedece a que en verdad no lo recuerdo mucho, salvo su nombre que siempre se me enredó en aquella “ruflá” de goles que entraban en nuestras redes a cambio de cero. Pero en verdad, si he leído y oído bastante sobre la importancia de Pastoriza; sólo que como ya dije, no lo recuerdo o las tantas goleadas que nos daban me hicieron olvidarlo. Tanto que un compadre y amigo, solía decir entonces, que los nuestros no jugaban y si lo hacían, eso no pasaba de 10 minutos, porque el resto del tiempo lo dedicaban a  mirar el juego del rival. Algo parecido a lo que desde cuatro atrás años el gobierno con quienes nos hacen la guerra económica. Fue con Farías y en Nueva Cádiz, donde el zurdo de oro venezolano, comenzó de verdad su gloriosa carrera,
          Arango, ese muchacho zurdo, como Diego Armando Maradona, discreto, humilde, que lo hace parecer bella persona, así lo digo porque no he tenido la dicha de conocerle, nos dio a los venezolanos que sabemos o no de futbol, muchas oportunidades de alegría y dicha de tener la nacionalidad. Su habilidad para manejar la pierna zurda, destreza para conservar el balón, pases largos, cortos, lentos, violentos, según las circunstancias, nos extasiaron a tipos como quien esto escribe que algo supo de futbol e intentaba recrearse en la televisión de lo que nunca pudo hacer en la cancha. Su enorme talento, habilidad para los tiros libres, a larga distancia, que habitualmente se convertían en gol aquí, en México y Europa, nos llenaron de orgullo y satisfacción. Un balón parado a favor nuestro, aun desde la media cancha, nos llenaba de alegría inicial, de esperanza y muchas veces de estallidos de alegría por la magia del muchacho de Maracay. De su botín izquierdo, el balón volaba hacia una esquina, ángulo inalcanzable para el portero o justo a la cabeza de alguno de los nuestros, el mejor posicionado para que lo empujase dentro de la red. Y ese atleta formidable, humilde es un venezolano, hijo de colombianos.
            Para mí ese atleta, ha sido tan admirable y querido como Alfonso Carrasquel o Luis Aparicio. Y al país, como ellos, le regaló alegría y a los venezolanos orgullo de serlo.
            Pero la magia de Arango y con él toda la Vinotinto, no sólo fue y ha sido extasiar, alegrar y generar bellas expectativas a quienes sabemos algo de futbol, sino que hizo que este deporte creciera y se convirtiera en uno de los preferidos del país. Tanto que sus triunfos, hasta hazañas, aquello de dejar de ser la cenicienta y el hazmerreír, convirtió en hinchas a quienes nada sabían y todavía poco saben del “deporte rey”. La Vinotinto es una enseña del país, es una referencia que nos une, una camiseta que exhibimos todos con orgullo y que juntos celebramos o nos entristecemos según los resultados, cosa que no tiene comparación alguna en materia deportiva; y ella, la de los buenos tiempos, aquellos que comenzaron con Richard Páez, tiene bastante, hasta podemos decir mucho, de Juan Fernando Arango.
             Maradona, Pelé, Di Estéfano o el “Pibe” Valderrama” representan en la cultura, tradición y amor de sus respectivos países, lo que para nosotros en el deporte del balompié Juan Fernando Arango. Y se apellida de manera que tiene sonoridad hispana, tanta como la de Maduro Moros.
            Si a alguien se le ocurriese pedir una estatua a ser colocada en algún parque deportivo, cosa que de un momento otro pudiera suceder, de Juan Fernando Arango, nacido en Maracay, Estado Aragua, para reconocerle como héroe deportivo nacional, “¿habría que pedirle la partida de su nacimiento de sus padres?”. Claro, no hay motivos para eso; no es para tanto, ni impedimento constitucional, moral ni legal alguno. Como no lo habría si se apellidara Allup. Quien creyese necesario hacerlo, más que mezquino, sería un farsante, hasta fascista por lo del ultranacionalismo y xenofobia. Pero quien pusiese como condición pedir la partida de nacimiento de sus padres, de “ñapa”, apellidándose Allup y teniendo el libanés a la espalda ¿cómo calificarle?
            Por cierto, uno de los grandes caricaturistas de mediados del siglo pasado, posiblemente Leoncio Martínez “Leo”, para responder a una pregunta por su estado, formulada por un amigo atravesado en el camino, respondió: “aquí, con el turco atrás”, no para indicar su origen, sino que estaba arruinado. Tras suyo, todo el día, estaba un tipo cobrándole una deuda. Para el venezolano de aquel tiempo, “turco y árabe” eran la misma cosa; aunque todavía, creo seguimos en el mismo enredo. Los “marchantes” que fiaban mercancías y cobraban a la semana. Esos marchantes, de quienes se tiene noticia desde los primeros años de la república, árabes o turcos, terminaron fundiéndose en la cultura y nacionalidad venezolana, como los Arango, Moros y hasta Allup. Lo otro es mezquindad y xenofobia usada injustamente, de manera inmoral y sin prosapia para ello. Más cuando se tiene “el turco o libanés atrás”. Aunque esto, es para sentirse orgulloso de la ascendencia, proceda de donde sea. Basta que a uno hayan dado vida. Lo feo es ponerse al servicio de fuerza extraña y poderosa para arrasar con la tierra y la cultura donde he encontrado mis raíces.



viernes, 15 de julio de 2016

RAMOS ALLUP Y DEMÁS HIERBAS ¿CÓMO DIALOGAR CON "EL OTRO YO" DEL DR. MERENGUE?

ELIGIO DAMAS

            Por allá por 1945 ó 46, Guillermo Divito, destacado caricaturista argentino comenzó a publicar su tira cómica o sólo caricatura, con la personalidad del Dr. Merengue. Esto que ahora escribo es un simple recuerdo de mi niñez; era muy niño entonces, pero mi padre solía decir y de eso se ocupaba, “lo primero que debe entrar a la casa en la mañana es el pan y el diario”. Como también decía que entre las cosas que no debían faltar en una casa eran “una máquina de escribir y un diccionario”. Vainas propias de un loco, como le creían algunos, pero en verdad de un profundo intelectual y, como tal, personaje extraño en nuestro entorno.
             Pues por mi padre comencé a leer el diario con devoción y de él hasta las tiras cómicas. Una de mis preferidas fue siempre esa del Dr. Merengue. El personaje pudiera ser, uso esta forma verbal por no estar calificado en ese campo, para decir otra cosa que no sea esa, eso que ahora llaman “hombre bipolar”. Que pasa de un estado de ánimo a otro aunque en veces, no se le descubra fácilmente y era por demás hipócrita. Claro, cuando dos se mueven dentro de uno, es natural que tiendan a llevarse la contraria. De esos que decía y hasta hacía algo por conveniencia, pero para su fuero interno, el otro, estaba arrecho porque no era eso precisamente de su agrado. Divito, solía pintar, por encima de la atildaba y fingidamente equilibrada, la hasta elegante figura del Dr. Merengue, “su otro yo”, dejando constancia de lo que en verdad pensaba o deseaba. Porque, sin ser uno psicólogo, ni presumir que algo sabe de eso, no es poco probable, que la decisión final la tome “otro yo”.
            Para más señas, es bueno recordar que el personaje de Divito era misógino. Su “otro yo”, solía agredir a su excelente esposa y toda mujer que se le atravesase.
            Para que haya posibilidad de diálogo es necesario que las partes, vamos a decir en pugna, estén ganadas para eso. Es más, que hayan internalizado la necesidad del mismo. Si uno de los contrincantes o hasta los dos, no reúnen esas cualidades, él no será posible. Uno de los peores errores, y hasta muestra de no querer diálogo, es poner condiciones sobre asuntos que pudieran discutirse a lo largo del proceso, como preámbulo para iniciarlo. Lo primero es lo primero. En nuestro caso acordar iniciar un diálogo es ponerse de acuerdo para hablar e ir elaborando o sacando conclusiones con paciencia y tolerancia. Porque ponerle fechas a los resultados, conclusiones y más, asumir el diálogo cómo quien está metido en una carrera contra el reloj, es manera nada sutil de sabotearlo.
            Las encuestas están diciendo que la contundente mayoría de los venezolanos quiere paz; y para lograr esta se requiere dialogar, lo que significa que los contrincantes dejen la arrogancia y la absurda idea que son los amos del país. No se puede pensar de esa manera aun teniendo mucho poder económico o por creerse voceros de los santos del cielo, que como el Papa Francisco, claman por la paz y la justicia. De ambos lados hay que percatarse que la oposición venezolana no sólo está dividida o en disputa, sino que esta pudiera ser promovida y alentada por las fuerzas del más allá, no en el cielo sino en el infierno terrenal, pues para ellas es el mejor estado, para en caso de intervenir “por razones humanitarias”, imponer su ley. Eso ya lo han hecho en muchas partes y el lector lo sabe. Crear un estado de disolución o anarquía es el mejor caldo de cultivo para apoderarse del país, al estilo que ansían quienes miran nuestros recursos con gula.
            En este proceso venezolano tampoco es suficiente decir que quiero paz y por ende diálogo, si no doy los pasos que eso demuestren. Llamar a diálogo y quedarse en sólo eso y al día siguiente usar el hacha aunque sea verbal para hacer leña del contrincante, no es lo mejor para el diálogo.
            Aquí, la mayoría de los venezolanos, la que pudiera no incluir a quienes dirigen de lado y lado, por aquello de los intereses y hasta compromisos con fuerzas poderosas que poco le importan si nos entrematamos, quiere diálogo porque ya se cansó de una confrontación de la cual sólo recibe “mamonazos”. Pero aquí también, están muy identificados los “Dres. Merengue”, esos que hablan de diálogo, mientras en la forma y fondo de lenguaje, aunque quieran ser sutiles, quieren lo contrario y sobre ellos y detrás de ellos, como en las caricaturas de Guillermo Divito, se les ve la verdadera figura o “el otro yo del Dr. Merengue”. El misógino no comprenderá ni aceptará nunca el poder y los derechos que se la ha dado a la mujer en Venezuela; es tan nefasto como un racista.
            Son aquellos que confunden el diálogo y el alcance de la paz como una victoria personal, que implica necesariamente que ellos queden al frente del “coroto” o les pongan “”dónde jaya”.
           No se necesitan lentes especiales ni mucha capacidad para detectarlos, pues en veces resultan demasiado ordinarios y sin el dibujo de Divito, el Dr. Merengue, se les sale por los poros. Observe, hay algunos que pese disimulan, se descubren ´fácilmente, no hace falta aquel gato de Voitex Jazni, de la célebre película “Un día un gato” para descubrirlos. Pero no se prejuicie; no crea están en un solo lado.
           Me atrevería hacer una lista, pero también uno corre el riesgo de prejuzgar por distintos motivos y hasta ser injusto, pero sí puedo decir que en ambos bandos los hay. Sólo recomendaré para terminar esto, a los lectores, que lean con detenimiento, hilen fino, las declaraciones que a diario se dan sobre el asunto. El ex presidente Rodríguez Zapatero, que por sus recientes y abundantes declaraciones, aparte de parecerme pertinente para la tarea que ha asumido, parece tener claro la delicadeza, sutileza de su trabajo, llega hasta señalar como proclives para aceptar de buena fe el diálogo, a muchos que parecen copias del Dr. Merengue, podría ser cierto lo que él ha detectado, pero también una táctica para ganarlos para esa tarea difícil. Eso no es malo, Es un recurso inteligente de los buenos diplomáticos.
           Y hay decir además, que el diálogo, no es tarea para elefantes, se trata de moverse en una cristalería.

           Daré esto por terminado, advirtiendo que no basta llamar a diálogo, menos declararse partidario del mismo, sino es necesario hacer otras muchas cosas, como buscar amigos que ayuden a la fluidez del mismo, combatir a quienes ponen trabas para ni siquiera comience y ser paciente. Siendo partidario del mismo hay que estar dispuesto a buscarle cauces. La paz de Venezuela vale más que ese insignificante esfuerzo. 

miércoles, 13 de julio de 2016

¡BUENA POR ARISTÓBULO! PARECE INTENTAR TOMAR EL TOTO POR LOS CACHOS


ELIGIO DAMAS

            Siempre digo que soy flojo, más ahora que estoy en una edad en la cual muchos están “empantuflados”, como me calificó con gracia Amaranta Rojas, o “La Daga Roja”, exitosa colaboradora de Aporrea, y sobre todo en un momento que mi salud está  afectada. Por eso no me pondré de presumido a poner aquí una larga lista de link de artículos en los cuales “coincidí por adelantado”, con lo que ahora sostiene con toda razón, Aristóbulo Istúriz, vice presidente de la República; “nunca es tarde cuando la dicha es buena”. Sólo me limitaré, en razón de mis escasas fuerzas, en poner el que sigue, pues fue el primero que encontré, quizás el último sobre el tema, que habla de una guerra extraña, donde sólo hay un combatiente. Una guerra que más parece un terremoto donde la gente o los agredidos sólo buscan guarecerse y el Estado se limita a tratar de salvar a quien o lo que puede.
thttp://www.aporrea.org/ideologia/a218249.html
            Está diciendo ahorita Aristóbulo, eso lo celebro, con una frase que en uno de mis artículos que no busqué, pero el lector puede hacerlo, según la cual esta guerra convencional se caracteriza porque el agresor ha usado de todo; acaparamiento, fugas de la producción al exterior, como el caso de las medicinas, inflación inducida, especulación desmedida, saboteo a través de “Dollartoday” y tantos como el venezolano conoce, mientras el gobierno estaba como de observador y aquello no tuviese nada que ven con él. Es más, en esta singular guerra, como también dijimos mucho tiempo atrás, el agresor logró insertar a gente del pueblo en abundancia, hasta de los nuestros, en sus filas. Se valió de aquello que los “técnicos recultosos”, llaman lógica del capital, que se podría llamar ansia especulativa, deseo de ganancia fácil o avaricia, para constituir una fuerza inmensa que les hace el trabajo. Presumimos, el gobierno deberá poner eso en claro, aunque sea a su fuero interno y tomar medidas, que hasta hubo una actitud inicial como partidaria del bachaqueo y los bachaqueros de menor escala. Les vieron como gente del pueblo que se aprovechaba de aquello para subsistir y obviaron que también para “salir de abajo”, subir en la escala y sobre todo fortalecer las líneas de ataque del enemigo. Ha habido pues, una “dialéctica confrontación”, para decirlo como gustaba a un viejo amigo, muy conocido, ya muerto, entre sectores de una misma clase. En este caso los explotados. De estos, han puesto a muchos a explotar a los otros.
            La debilidad del rentismo petrolero es tan vieja que uno de carajito, y está hablando un viejo, se incorporó a las filas revolucionarias casi desde niño por aquello. La lucha contra el rentismo petrolero, en nuestro caso, es la esencia del antiimperialismo, lo demás es condimento; no significa que todo lo que esa palabra implica no sea necesario, sobre todo sabiendo el valor del condimento en el arte culinario.
          Por supuesto, le doy un enorme valor que Aristóbulo haya entendido que no podíamos, como dije en unos de los artículos que están en el archivo de aporrea, asumir esta guerra como el pugilista que se limita a evitar que le golpeen; tarea sin éxito, como esperando que su contrincante se canse. Mientras tanto nos llenamos de moretones, caemos una y otra vez; tanto que nuestros partidarios, en las gradas, se ponen contra nosotros; apostadores y no.      
            Nuestro gobierno se puso como a esperar, eso a ciencia cierta lo sabrán ellos, uno lo deduce de varios indicadores, de repente, el precio del petróleo volviese a dar un fuerte brinco. Es decir, que el rentismo nos salvase.
            No sé si las medidas que el gobierno ahora toma son las adecuadas para contraatacar, espero lo sean. Por ahora lo importante es que en el discurso de Aristóbulo, comedido, de a poquito, pero concreto y sustancioso, sin ese aderezo de mal gusto que apela al clásico “Cantar de Gesta”, como para animarnos y pretender que  soportemos las descomunales agresiones del enemigo, hay una importante autocrítica. “Fuimos a las elecciones del 6D”, dice el vicepresidente, habiendo una declarada guerra convencional por parte del adversario o enemigo, como si estuviésemos en un carnaval. “Fuimos”, agrega, “sólo con cuñas de televisión, pancartas”, mientras sobre nosotros caía un bombardeo indiscriminado, infiltración ingeniosa, como que unos cuantos de los nuestros se han puesto de parte de ellos.
            Con respecto a esto último, con los nuestros, lograron separaran lo económico de lo político y les pusieron de parte de ellos. De esto cabe destacar, la participación de los pescadores, tema que antes he tratado; quienes pese a lo que el proceso bolivariano ha hecho por ellos, quizás más que por muchas de las fuerzas del pueblo, dicen estar con el gobierno, no lo sé a ciencia cierta, pero sí que combaten del lado de las fuerzas que quieren destruir a Venezuela; y bien sé, no tienen conciencia de eso. Les mueve la simple lógica capitalista o la avaricia. Además, esa mala plaga que suelen llamar “Caveros”, quienes manejan la cadena de distribución, a aquellos, los pescadores, tienen bien marcados, como pegados a la pata.
           Pero menos mal que Aristóbulo se ha dado cuenta y uno espera que entre las medidas por venir, derivadas de esa toma de conciencia, estén aquellas que pongan en su lugar a los responsables por incompetentes. No importa en cual grupo estén insertados o quienes les apadrinen.
          El hecho que, el presidente haya optado por asumir el comando único del asunto económico, revela que quienes llevan hasta años en eso, han fracasado.

            No sólo deseo que Aristóbulo tenga éxito, sino que para que eso sea posible, no le pongan trabas u obstáculos en el camino. ¡Los grupos son una vaina! Pese que suelen hablar el lenguaje que les gusta para identificarse como revolucionarios.

martes, 12 de julio de 2016

PRESIDENTE MADURO, NO SUEÑE. NO VENCEMOS, NOS DAN UNA COÑAZA


ELIGIO DAMAS

            Se trata de una vieja y hasta muy conocida anécdota del pugilismo. Uno de los combatientes, habiendo sonado el gong que cerraba el tercer acto de una pelea pactada a quince, con los ojos casi cerrados, los pómulos hinchados y los labios hecho hilachas; aparte de los efectos de las decenas de golpes recibidos en la línea media y ya trastabillando, al llegar a la esquina pregunta a su preparador, tan mal era su estado, esperando le diga que ha decidido tirar la toalla o no dejarlo salir para el acto siguiente:
         -“¿Cómo vamos?” Aquella pregunta era casi un llanto, un profundo lamento de quien tenía hasta el alma partida
        El interrogado, sin duda alguna, menos meditar, le respondió:
        -“Sigue bregando, golpea más fuerte que ya lo tenemos en salsa”. Dijo aquello sin explicarle cómo cumplir su orden, qué estrategia o recursos usar. Se limitó aquello tan común y singular de “síguele echándole bolas”, pasando por alto que no era él quien recibía aquella paliza descomunal.
        El pugilista hace lo posible por abrir los ojos, recordando que lleva ratos que no golpea sino recibe porrazos a diestra y siniestra, casi ya tiene la guardia baja, por lo menos eso es lo que consciente tiene; habla con la poca fuerza que le queda a su entrenador:
         -“¿Coño, le tengo en salsa? ¿Cómo decir está por caerse, sin que desde rato no le golpee, mientras yo siento que casi muero y no quiero seguir peleando? De mi esquina nada me indican, como si no viesen la pela ¿Quién carajo golpea a mi contrario para que esté en salsa ¿Cómo es eso que estamos venciendo?”
            Esta historia, la escuché varias veces, se me viene a la memoria cada vez que el presidente Maduro, después de hablar largo rato sobre el cantar de gesta, hace una pausa, toma aire,  dice como de manera queda, lo que en uno aumenta la duda, ¡estamos venciendo! Uno mira a quien tenga al lado y percibe el mismo estado de ánimo.
            Pero todavía animado por aquella poco convincente sentencia, mientras hacía cola para comprar lo que no logré porque al llegar se había acabado, por lo menos eso me dijeron, una joven maestra de una escuela oficial, sin ánimo ni resentimientos contra el gobierno, después de hacer una breve evaluación sobre los rasgos de la “guerra económica”, me dijo que 40% de los muchachos “de su escuela” este año habían desertado. Sin intentar llegar a las causas, pues era una conversación ligera e informal, lo asoció al hecho que en ella había sido eliminado el programa alimenticio. ¿Saben por qué? Porque el “rojo-rojito- que administraba el programa por contrato con un ente oficial, fue descubierto acaparando, bachaqueando y cobrando a su protector, el gobierno, a precio especulativo. La autoridad que le decomisó la mercancía acaparada a precio subsidiado, no la entregó a la escuela o hizo algo generoso con ella, sino que la desapareció y de ella nada se sabe. Del 40% de los muchachos sí; se fueron.
            Sí; de verdad, somos víctimas de una guerra, de una estrategia de la oposición y sus aliados; manejada con guión y maestro gringo; en ella hay productores, distribuidores en casi toda la cadena,  y es cada día más agresiva y abundante, donde gente del gobierno pareciera insertada, lo admito; pero parece triunfante; de dónde, es muy difícil, que uno entienda que en ella estamos venciendo. Además hay quintas columnas en abundancia, no hay duda. Y eso sucede, por lo menos por descuido. No es signo propio de vencimiento.
            Uno se arma de ánimo y optimismo, lleva una paca enorme de dinero, que nada vale, pues al sumarse es poca cosa para pagar donde no acepten tarjeta de débito y además se lleva la oferta del gobierno que estamos venciendo,  que todos los productos se vienen al suelo, porque el Dollartoday viene en picada o está estático y, cuando va a pagar, el sueldo, lo que porta en efectivo y contenido en la tarjeta de débito, no alcanzan para pagar las cuatro cosas que compra. ¡Pero estamos venciendo!
             He llegado a la conclusión que nuestro entrenador es exactamente el mismo de aquella anécdota boxística. ¿No será que hay un patuque?
             Es obvio que entre el público predomina la idea que paren la pela, que la den como un empate. Pues nadie se hace esperanzas. Uno y otro de los combatientes, quienes en la pelea nuestra dan muestras de no hacer nada positivo ni  siquiera señalarnos una ruta, carecen de pegada y de todo, son víctimas del rechazo del público. La gente casi toda quiere diálogo; parecemos un cacharro viejo metido en una enorme charca y para más vainas, el agua del mar vecino, al subir de nivel, a aquella llena y a nosotros nos llega a la nariz.
             Puede ser ese patuque, que el orgullo personal, sobre todo de quienes llegaron por un enorme enredo, lo que incluye a tirios y troyanos, una confusión donde todo quedó trastocado, a pesar de la incapacidad para atinar, quieren que la pelea siga hasta que la tarima quede deshecha y los combatientes fundidos. El público mismo se vaya, aun habiendo pagado su entrada y les deje sólo para ¿quién sabe? Algo así como un empate donde nadie tenga premio que cobrar. Ni siquiera unos raquíticos aplausos.
            No entiendo me digan, “estamos venciendo” cuando ya ni cola puedo hacer y si  la hago todo se ha acabado o no me alcanzan los reales. Pero veo como que de aquí y de allá, desde los más altos niveles y hasta dentro de la comunidad misma, gente se enriquece. ¿Venzo, vencen los míos? ¡Pero si ya las piernas no me dan ni para medio round! Para más vainas hasta los promotores desmontaron la taquilla, se cogieron los reales y de primeros tomaron cualquier camino del llano.

        

lunes, 11 de julio de 2016

CON TÍTULO O SIN ÉL, NO HACE FALTA QUIEN SE VAYA; HACE FALTA QUIEN VENDRÁ


ELIGIO DAMAS

            Alguien, no sé, como dicen en mi pueblo, qué le pasó una cosa extraña por la cabeza, como si se le fue un tiro a lo loco, escribió un artículo en aporrea, en el cual sostuvo que quien “quisiera irse del país pudiera hacerlo, pero sin título”. Por haber dicho eso, de todos lados le han venido disparando con armas de diferente calibre. Alguno hasta escribió un largo artículo que por su argumentación quiso como mostrarse experto en psicología, pues buscó en el presunto origen familiar de aquél, del cual nada sabe, los motivos para aquella propuesta; cosa muy curiosa, culpó a los padres del muchacho que no le dieron la “estima” necesaria; según el muy profundo opinador, eso le pudo pesar para no querer irse con su título a otra parte y hasta como intentar proponer se castigue a quienes quieren hacerlo. Otro, que al parecer, no convalida le nieguen su título académico a quien opte irse del país en busca de una nueva vida, tampoco se mostró de acuerdo con el lenguaje “engreído”, creo usó esa palabra, de quien hizo de psicólogo. Lo cierto es que de allí en adelante cayó una lluvia  de “replicas” contra unos y otros. Las réplicas abundaron como las lluvias de julio.
           Nosotros los venezolanos, y esto viene sucediendo desde el fondo de la historia, sobre todo desde el mundo universitario, solemos repetir hasta el cansancio aquello de Simón Rodríguez, de “Inventamos o erramos”. Pero desde las universidades mismas, las clases dominantes que reproducen el modelo interno para servir a la industria externa y hasta quienes gobiernan parecieran querer encontrar fuera lo que por aquí anda. Nada inventamos para crecer, hallar lo que creemos necesario en nuestro entorno; si no logramos pegarnos a la teta del Estado, nos vamos afuera a buscar “el paraíso perdido”. No el de Milton, sino el relativo a la “American Life”.Ahora es peor, por la crisis y porque PDVSA, la gran empleadora del pasado, no es la misma y de paso sus salarios tampoco son lo atractivo de antes.
            Eso de “quien se vaya debe irse sin el título”, parece una aberración ya usada en otras partes. Es negarle en esencia al individuo el derecho al tránsito e irse si esto no le gusta. Es pues también una copia de otra realidad. El argumento que si se graduó en el sistema público de la educación, por lo que el Estado hizo por él una inversión que debe recuperarse, es como muy crematístico y en exceso capitalista, más si le usa alguien que se llame de izquierda. Entonces el derecho a la educación no sería tal sino sometido a un condicionamiento por lo que dejaría de ser un derecho. “Soy un hombre del mundo” solía decir bellamente Facundo Cabral y nosotros llamamos a la América de este lado, la nuestra, la patria grande.   No importa quien se va, lo importante es quien se queda y acá viene.
            Es como muy natural, sobre todo porque eso es lo que ha intentado enseñar nuestra escuela, y esto es lo que debería preocuparnos y llamarnos a revisión, que todo aquel que se gradúe de algo, quizás no de docente, porque estos siempre han sido y serán pobres, aspire una vida de conformidad con el modelo de pocos años atrás en Venezuela o el que conoce de otros países. Pedirle a cualquier profesional, médico, ingeniero, etc., que se quede, aunque aquí va a vivir quien sabe hasta cuándo, como ahora vivimos, es soñar con la absurda idea que esas escuelas tan envejecidas y troqueladas por el modelo rentista y el atractivo de afuera, pese que el cuento no sea exactamente como ellos se lo echan, están formando eso que a muchos gustan llamar “hombres nuevos”. ¿De dónde? ¿De esas universidades? ¿De la UCV, la ULA, LUZ, UDO, UCAB?
          Una vez, presencié con profundo dolor, quizás por mi condición de venezolano y docente, como en un fin de año, sus compañeros y hasta sus maestros, celebraban la despedida de un muchacho de los graduandos de bachiller, nacido en Venezuela, habiendo estudiado toda su vida aquí, se marchaba a Portugal, país de sus padres  a incorporarse a la escuela militar. Me pregunté con tristeza: ¿Qué hizo nuestra escuela? Hasta los maestros, repito, aquello celebraban sin conciencia de nada.
            Al contrario, viniendo de aquellas universidades y  en “ellas” caben las no autónomas, las que maneja el Estado, porque a las otras las financia pese su autonomía, concepto que a esta altura no hemos revisado, lo más natural que todo muchacho con un título en la mano, habiéndose pasado la vida soñando con un nivel de ingreso y bienes que le harían feliz, aspiración reforzada por la escuela por diferentes mecanismos, quiera irse adonde cree, quizás haya en eso mucho de iluso, y hasta pueda lograr aquello. Eso no es motivo para desdecir de nadie y menos si no se haya uno metido en un tobogán lleno de ideas, sueños hermosos, proyectos que no sólo tienen asidero sino que dan muestras día a día que hay brotes. Si la mediocridad, indecisión, falta de rumbo campean, como exigir a esos jóvenes que crean, ¿En qué?
            Los viejos izquierdistas, docentes del área universitaria o no, admitían que en América Latina y particularmente en Venezuela, la escuela no era más que una escalera para ascender socialmente y no creo que esa aspiración haya cambiada y dejado de tener pertinencia, sobre todo si seguimos, en gran medida, siendo el mismo país de aquellos tiempos.
            Si los jóvenes, en buen número quieren irse es porque no encuentran motivos para pensar lo contrario. Cuando fui joven, gobernaba Pérez Jiménez, luego Betancourt y Leoni, por sólo nombrar esos tres. Durante el gobierno del primero no pude entrar en la Universidad porque en mi pueblo no había, no tenía como trasladarme y menos costearme los estudios en Caracas; luego, cuando pude ir a Caracas, mi tarea primordial era conseguir comida por lo menos una vez al día. La universidad a la cual tuve acceso, no me atraía más que la simple subsistencia. Metido en la lucha contra aquellos gobiernos, sobre todo los dos últimos, a quienes culpaba de mi hambre y la de miles como yo,  alguien importante del gobierno, que me tenía algo de afecto, me ofreció dos o tres veces para que me fuese becado a estudiar a Europa. Nunca me ofreció, como se lo sugerí, me favoreciese para estudiar en Venezuela. Él quiso, no sé si con ello trataba de evitarse un problema a lo interno de su partido, que me fuese a estudiar afuera, para alejarme de mi militancia clandestina en el MIR. Le sería un inconveniente darle una beca a un tipo para que siguiera en lo mismo. Sabía que eso haría yo. Nunca acepté su propuesta. Porque para mí, pese las dificultades en que vivía, mi responsabilidad y querencia eran otras. Me interesaba sobre manera que sacásemos del poder aquella gente que a nuestro parecer subastaban al país. Nuestro interés primordial era construir un país mejor. Si era malo, como le percibía, lo era por quienes tenían el control y contra ellos debía combatir. No me arrepiento.
            No veo mal que los jóvenes, con o sin título, quieran irse, de un país donde la dirigencia política y empresarial, de un lado u otro, no les dan confianza alguna, ni siquiera de luchar por los ideales; pero a los míos, les aconsejo que este es su país, aquí están sus raíces y si anda mal, su obligación es luchar para engrandecerlo, no coger sus macundales e irse para volver, si acaso, cuando todo esté maduro. Eso es lo más cómodo y lo del común; lo pequeño. Si fuese joven volvería a hacer lo que hice. Pero no soy juez, tampoco policía represivo para condenar y apresar a nadie por lo que hace o dice.

            A los que en esto debaten, sobre todo los jóvenes, les ruego y recomiendo, dejen el odio y las excesivas apetencias atrás.

sábado, 9 de julio de 2016

EL CONTRALOR GENERAL DE LA REPÚBLICA Y SU ORIGINAL CONCEPTO DE NEPOTISMO



ELIGIO DAMAS

            Para decirlo en lenguaje rebuscado, como para no ofender o ser pedestre, se dice que “si no hubiese celestinas no hubiesen damas de vida alegre”. En Cumaná, con más exactitud allá en mi barrio de Río Viejo, donde la gente no era letrada, se decía vulgarmente “si no hay cabrones no hay putas”. Pero como aquella gente era refranera, también expresaban que “a perro o zamuro no se puede poner a cuidar carne”. Eso es, por lo menos, un grave riesgo.
            Esto viene a cuento porque el Contralor General de la República, acaba de hacer algo insólito; tanto que admite públicamente, sin pudor alguno, más bien como orgulloso, que practica el nepotismo, Sé que en algunos países tal práctica es delictual y como tal sujeta a sanción. En Venezuela, como tantas cosas, casi el robar mismo, no pasa de ser un asunto moral y como esta es individual, cada quien con la suya, “cada quien hace con su vida un sayo”, el nepotismo es inodoro, incoloro e insípido. Pero claro, siento un asunto de la moral, cada quien le pone olor, color y sabor de su preferencia.
            Cuando la señora Cilia Flores fue presidenta de la Asamblea Nacional, mi correo se mantenía invadido por personas que se identificaban chavistas, miembros y hasta dirigentes del sindicato de empleados de esa institución, que la acusaban de nepotismo. Nunca supe si eso fue cierto o no, porque la acusada nunca respondió a sus acusadores y tampoco supe se hiciese alguna investigación al respecto. Hasta la oposición misma se mantuvo indiferente a aquellas acusaciones, lo que me hizo dudar que tuviesen sustento.
            En Venezuela es frecuente la práctica del nepotismo, eso no es nuevo. Pero quienes lo han practicado suelen ser comedidos y discretos. Colocan uno o dos de sus familiares, por allí, como intentando que pasen desapercibidos. Y sobre todo cuando de eso se les acusa callan o lo niegan. Pero el contralor no. Admitió no sé si con valentía o porque como parece creer eso es bueno. Lo que de paso estaría como invitando, él quien es el primer encargado que en esta país no se roben los reales, a todo funcionario que lo pueda hacer que practique el nepotismo porque eso es una muy buena manera de parar las triquiñuelas y repotenciar la eficiencia.
            Acepta con satisfacción y sin el habitual temor de antes que en su despacho hay 13 familiares suyos. Por cierto, observen lo extraño del asunto, son trece, un número que se le tiene como fatídico o pavoso. En las grandes ligas, es extraño que algún pelotero gringo lo utilice. Pero ese número lo usó Carrasquelito, luego Luis Aparicio, Oswaldo Guillén y creo que Omar Vizquel y a todos ellos les fue de lo más  bien.
            ¿Habrá alguna relación entre la osadía de practicar el nepotismo, confesarlo con orgullo y ese singular número? Quién sabe. En el mundo del señor se dan toda vaina y ¡qué vuelan vuelan!
            Pero el contralor no se quedó en confesarlo, sino como sabe que la moral colectiva lo condena, aunque a él eso le sabe a ñoña, pese ser un funcionario “que se debe al pueblo, por algo es revolucionario”, optó por decir algo inédito, casi hasta genial y si se quiere muy novedoso. Para él hay un nepotismo negativo y uno positivo. Es más, toma esa referencia y ejemplo, en esta etapa que el gobierno llama “revolucionaria”, de las monarquías del siglo XVI. Al leer eso sentí como si me hubiese comido un sancocho de cabeza de cochino con maíz amarillo desgranado y frijol barcino. Claro, su nepotismo es positivo, como no explica por qué, uno supone que es justamente porque es él quien lo practica.
            Pero el personaje pasa por alto que más que un asunto moral, de darle preferencias a los suyos frente a otros con los mismos méritos y credenciales académicas, lo es de seguridad. Es más fácil que los familiares se pongan de acuerdo para cometer delito u ocultarlos. No por ganas de decir pendejadas, el venezolano no sólo dice sino que suele ser fiel a aquello de “con la familia con razón y sin ella”. La “invención del nepotismo positivo”, es una simple excusa para ocultar algo indebido. El nepotismo es pues además de inmoral altamente peligroso, abundan los ejemplos que eso demuestra o confirman.
            Quiero terminar esto recordar, como el ex presidente Velásquez, quien sustituyó a CAP cuando a este defenestraron, fue víctima de su propio nepotismo. Su hijo, puesto en un cargo cercano a él, se aprovechó de la ventaja que todo eso le daba y logró que el presidente, sin percatarse, confiado, firmara un documento que indultó a un peligroso delincuente, ligado al narcotráfico que estaba sentenciado y detenido.

            Que sea justamente el Contralor General de la República quien no sólo incurra en nepotismo, sino que además lo elogie y ponga como ejemplo a imitar, hace de este asunto uno de los más graves que he visto acontecer en este país que amo.

viernes, 8 de julio de 2016

"JOSELO", EL DR. PENSAMOS, MADURO Y LOS HUMORISTAS


ELIGIO DAMAS

            José Díaz, “Joselo”, llegó a ser el mejor comediante de la televisión venezolana. Su programa estuvo entre los dos más vistos en su tiempo. El único que pudo competir con él en audiencia fue Renny Ottolina. Pero entre uno y otro personaje, como entre sus programas hubo muchas diferencias. “Joselo”, fue además algo así como el hombre de las mil caras o de los miles de personajes. Él, también como Renny, fue un persistente crítico de los gobiernos de turno en la época del puntofijismo. Por supuesto, la crítica de ambos era comedida y cuidadosa de no invadir espacios que aquellos gobernantes no estaban dispuestos a permitir. Es sabido como aún después de los gobiernos de Betancourt y Leoni, en la década del sesenta, los más represivos y antidemocráticos, poco se toleraba la crítica de periodistas y opinadores de radio y televisión. A quienes de ellos no domesticaban tenían sus maneras, a veces nada sutiles, de castigarles. Renny mismo, en la última etapa de su vida, cuando optó por presentar su candidatura presidencial fue objeto del cerco de gobierno y sectores de la clase dominante que con este coincidían en todo.
            Si intentamos explicar el profundo rasgo represivo de aquellos gobiernos, aparte del interés gringo, su celo por el crecimiento de la izquierda, derivado del efecto ecuménico de la “Revolución Cubana”, también habría que agregar que el pasado casi todo de Venezuela, salvo el fugaz período medinista e igualmente el de Rómulo Gallegos, lo demás estuvo lleno de regímenes personalistas, represivos y ajenos a eso que llamamos democracia y respeto por los derechos humanos. Era la experiencia y aval que tenían por detrás. Del período de Betancourt, el llamado trienio de 1945-48, se habló del “Trocadero”, un sitio donde la policía torturaba a los opuestos a aquel gobierno de “transición”.
            Si a lo anterior le agregamos que Ottolina era un hombre de formación muy conservadora y ajustado “al modo  de vida americano”, afirmaciones que concuerdan con su manera de hacer propaganda y esfuerzo por imponer el consumismo en Venezuela, para lo que tuvo mucho talento y, también que “Joselo” en esos tiempos estaba muy vinculado a Copei; tuvimos oportunidad de verle en aquellos tiempos, los de su inicio en la escuela de Arquitectura y saber de manera directa de sus vínculos con la juventud de ese partido, podemos entender el porqué de lo discreto y hasta superficial de sus críticas. Pero, peso eso, no dejaban de criticar, que era como señalar errores y deficiencias de gobernantes que no adversaban y hasta a quienes apoyaban. Pero por el peso de ellos, su enorme capacidad de penetrar entre las multitudes, no dejaban de ser molestosos y buenos para orientar la opinión. Tenían tanta influencia en la opinión, tanto como al día siguiente después de sus actuaciones, en todos los espacios se repetía y comentaba lo sustancial o más exitoso de ellas. Donde uno estuviese, en la oficina, en la calle, autobús, universidad y hasta en alguna reunión de partido, se repetía lo dicho, el chiste o frase de los más celebrados de ambos personajes. Lo primero que se preguntaban los vecinos o los compañeros de trabajo al día siguiente solía ser: “viste anoche a Joselo” y de seguidas se repetían mutuamente los chistes del gran comediante.
            Particularmente “Joselo”, desconozco la razón, fue sumamente crítico contra el ex presidente Luis Herrera; por supuesto, hablo de cuando este ejercía aquel cargo. Para él o contra él, ahora no sé definir el asunto, creó un personaje, cuyo parlamento variaba cada semana, pero siempre insistía en denunciar lo demagógico, la tendencia a hacer ofertas que nunca había pensado en cumplir o quizás dejar al criticado como demasiado iluso. Ese personaje “Joselo” y su libretista, le llamaron el “Dr. Pensamos”.
           El sujeto, que podía ser un ministro o el mismo presidente, caminaba con las dificultades propias de quien es rodeado por un enjambre de periodistas y ofrecía las cosas más insólitas, como la construcción de un túnel de Caracas a San Cristóbal.
           Pero decía de esta manera muy calculada, “estamos pensando en hacer esa obra”.
           Decía aquello sin detener su marcha que obligaba a quienes le cerraban el paso a retroceder al mismo ritmo y generaba las dificultades propias de aquellas circunstancias.
           Ante aquel ofrecimiento, tan inusitado, algún periodista solía preguntar:
           -“¿Dr., cuándo comenzarían esa obra?”
          El funcionario o “Joselo” mismo, a su vez, repreguntaba al periodista:
          -“¿Cuál obra?”
          El periodista lejos de asombrarse por la pregunta, lo que no daba lugar la incomodidad del apretujamiento y el insistente avanzar del funcionario, sino por el interés de cumplir su pauta, se dirigía al entrevistado con el señalamiento  respectivo:
         -“Pues esa misma que usted acaba de anunciar. La del túnel de Caracas a San Cristóbal”.
        El alto funcionario gubernamental en ese momento detenía su marcha y con ello la de todos los periodistas, camarógrafos, luminitos, guardaespaldas y quienes intentaban aprovechar aquello para sacar alguna ventaja.
         -“Bueno”, decía “Joselo”, como gozándose o recreando la palabra. “Yo no he dicho que la vayamos a hacer; sólo que lo pensamos; que no es lo mismo ni se escribe igual”.
            El gobierno nacional, la mayoría de sus funcionarios y oposición de ahora, parecieran sacados de aquellos libretos de “Joselo”. Eso nada extraña, pues el célebre hijo de Barbacoas, hermano de Simón, estuvo muy ligado en los últimos años de su vida al presidente Chávez y a éste y su causa dedicó su talento y portentosa capacidad para comunicarse coloquialmente con los venezolanos. Pero también debemos recordar que, por su pasado de joven, pudo haber dejado escuela en la oposición. Ramos Allup, en mi parecer, por muchos rasgos, hasta del Dr. Pensamos, parece un personaje vivo de “Joselo”. ¿A qué otra cosa o personaje se parece eso de negar haber ofrecido que a esta altura el presidente sería otro, hasta él mismo?
            El ministro de planificación habla de lo que planifica, desde cuatro cinco años atrás, por lo menos, que en verdad es mucho más, lo suficiente para que ya se le vea el queso a la tostada y sucede lo contrario. No se le ve. El de alimentos, nos dijo cuatro meses atrás que a los puertos llegó harina de trigo para que hubiese pan, tal como cuando cristo los multiplicó, y nada. Lo mismo pasó con el aceite. El tren chino que salió no sé de dónde para llegar a tampoco sé a cuál parte, parece se perdió en el camino o sólo fue pensamiento puro.
            Miguel Pérez Abad, uno de los pocos en quien uno cree porque se formó en el trabajo y no es de esos burócratas de puro libro o quizás de chuletas, pareciera haberse convertido en uno de esos “Pensamos” de “Joselo”. Pues, así como Ramos Allup, quien no las tiene todas consigo, pues parece tener mucho más de una tuerca floja, lo que le hace hablar más de lo debido y sin sindéresis alguna, nos ofreció que para esta fecha Venezuela estaría funcionando “machetéricamente”. Sin escasez, colas y hasta con la inflación palo abajo.
            El ministro de sanidad o salud, ya no sé cómo se llama, nos habla de un “como milagro” o renacer tempestuoso del área farmacéutica, hasta para exportar a todas partes y no encuentro medicinas, aunque sean genéricas, a mí eso no me importa, de las que requiero con urgencia, por ninguna parte.
            Aunque no espero que el o los CLAP sean la vía estratégica para los fines que ellos fueron creados, aspiro sirvan para mitigar las dificultades de mucha gente ahora mismo; pero percibo por distintos medios que, aun ellos o él, en muchos casos, pudieran caer dentro del juego del “Dr. Pensamos”.
           El presidente, cada vez que puede, aparte de despotricar contra el casabe, nos dice que “estamos venciendo” y para donde miro, alrededor y a lo largo del campo de batalla lo que veo es un espantoso paisaje. 
            Pero lo que más entristece es que los humoristas, los de un lado y otro, a fuerza de compromiso, lo que no es buena cosa para el arte de hacer reír con finura, ironía sana, mordacidad inteligente, buena fe y entrega, parecieran haberse puestos demasiado serios. Y entristece, porque el venezolano, por lo menos eso nos lo hemos dicho siempre, “a mal tiempo pone buena cara” y seguimos viviendo con alegría. El humorismo y la libertad; libertad verdadera, parecieran subsistir sólo si andan juntos.

           

miércoles, 6 de julio de 2016

LA INDEPENDENCIA, UNA BELLA HISTORIA INCONCLUSA. TODAVÍA LA NEGOCIAMOS CON SHANNON


ELIGIO DAMAS

     Ayer los soldados marcharon a la largo del paseo de los ilustres. Como ya se ha vuelto habitual, entre ellos, una vez separadas en sus propios batallones y otra mezcladas con los hombres, iban las muchachas. En diferentes fuerzas y con sus distintos rangos. No sólo se veían alegres, con la misma adustez de los muchachos pero más radiantes y bellas. Lo primero que pensé al ver una hermosa jovencita marchando marcialmente y con una amplia y linda sonrisa, fue ¿y si no las matan los gringos?
            Celebraban como todos los años aquella gesta del cinco de julio de 1811,  de cuando el primer congreso de la república declaró la independencia. Es decir, que nacíamos como república que debía ser soberana, de allí en adelante, liberada de la sujeción española. Tenía, creyeron ellos y hemos creído nosotros, el derecho de hacer lo creamos pertinentes para construir nuestro espacio. Había mucho por hacer, hasta librar una guerra muy larga y luego otras repetitivas entre caudillos ansiosos de poder y riquezas.
           Es decir, si cada año desde aquel día, hubiésemos echo un desfile por ese motivo, este de ayer hubiese sido el 205.
          205 veces caminando largamente bajo inclemente sol o incesante lluvia para celebrar una declaración que todavía está pendiente de concretarse. Lo digo así por ser consecuente con Chávez, quien se cansó de repetirnos que, si algo era fundamental en la consolidación de la independencia, era el logro de la soberanía alimentaria. La experiencia chilena nos lo mostró; repicamos el discurso, pero nada aprendimos. No actuaron nuestros gobernantes a partir de 1998,  habiendo asumido el poder en un país rentista, de conformidad con aquella prédica y la experiencia austral. Dieciocho años pasamos desfilando, incorporamos a él a lindas muchachas, milicianos y fuerzas de reserva y hasta a la representación popular, pero pasamos por alto que seguíamos tan atados al rentismo y a la importación de lo que aquí puede producir con creces y así, en ese deplorable estado, nos creíamos independientes. Siguió y sigue ella siendo un sueño tan hermoso y necesario, por el que no debería haber más guerras; estas no sirven para eso, sino ideas claras y profunda dedicación al cumplimiento de las metas. Mucho amor, entereza, entrega y desprendimiento. Más dar que recibir; más trabajar que esperar por cuantiosos beneficios.
            Bolívar supo aquello. Vio caer la primera y la segunda república. Se percató que no era un simple asunto de derrotar a un ejército y crear un gobierno con gente bien intencionada y declarada “patriota” y con quienes de esto se visten. Supo, desde cuando escribió el “Manifiesto de Cartagena” que el destino de Venezuela estaba atado al de Colombia y en la “Carta de Jamaica” que también al de la América “antes española toda”, porque le pareció “que Estados Unidos estaban destinados por la providencia a plagar a América de miseria en nombre de la libertad”. Percibió pues que había que formar un bloque militar y político sólido, pero también una economía capaz de sustentar aquella independencia y no dejarse avasallar tampoco en ese campo. Bolívar supo que la independencia no se había completado y corríamos grandes riesgos. El hizo lo que pudo y si pesamos bien las circunstancias mucho más de lo posible. Los otros trabajaron, crecieron y hasta lo hicieron para avasallarnos y quienes nos dirigieron se dejaron o mejor dejaron que nos avasallaran.
            Inventamos un absurdo que llamamos guerra federal con cuyos supuestos resultados, “si no hubiese muerto Zamora”, parte del invento,  hemos vivido felices y hasta hemos inventado otros desfiles, fiestas y sueños. Muerto el “General de hombres libres” como le llamaron, los resultados de la guerra fueron los mismos como si quienes provocaron la muerte de miles de venezolanos humildes, cuya culpa inexorablemente es atribuible a los jefes de ambos bandos, igualmente farsante e hipócritas, hubiesen sido siempre socios. Los pobres lo fueron más después,  pese haber “ganado la guerra” y los esclavos siguieron siéndolo, pese la independencia política después de Carabobo y Ayacucho y el decreto abolicionista de Bolívar de 1816. Y por todo eso, la nuestra una sociedad decrépita y sumisa.
            Aquel país de tierras fértiles y gran reservorio de aguas, enormes pastizales y ganado que corría libre por la sabana, le cayó la maldición de los sesenta, entre quienes llegó de la montaña andina a Caracas y Maracay, Juan Vicente Gómez y con él, la explotación del petróleo y la economía de puerto. Es decir, llegó el rentismo, con los puertos para sacar el petróleo al exterior y meter toda cosa que necesitásemos para consumir. Y la gente se fue para las grandes ciudades y los alrededores de los puertos y las tierras, el agua, los pastizales y hasta el conuco se enmontaron y eso fue la falsa idea que habíamos alcanzado la nueva independencia. Vivir del menor esfuerzo. Comprar barato en el exterior o al importador alrededor de los puertos para vender caro y de esa manera amasar fortuna sin aportar nada a costa del trabajo de los pocos que dejaron la ruralidad. Nuestros gobernantes siguieron con sus desfiles y discursos de celebración de la independencia ignorando las cadenas que hasta ellos mismos llevaban atadas a muñecas y tobillos. Hasta en literatura, todas las artes, no sólo en los negocios, optamos por mirar a los puertos lejanos de EEUU y Europa. En nuestro alrededor no valía la pena detener la mirada, como tampoco perder el tiempo en aquello que Benedetti llamó “nuestro norte es el sur”.
            De ser Venezuela un país donde se formaron artesanos de la zapatería de gran calidad y sensibilidad hasta artística, nos convertimos en compradores del calzado extranjero, salido de la gran empresa y acabamos con lo nuestro.
            Era más fácil comprar todo hecho, venido del extranjero hasta envuelto en envases con notas que ignorábamos su significado pero aún así, de allí deribámos que aquello era bueno. Mejor que lo nuestro y hasta más conveniente. De patanes se formó una clase poderosa de mercachifles que a su vez crearon una patria sujeta, fingidamente libre que sólo se acordaba de la independencia para marchar los días de fiesta. Mientras tanto, la mano de obra se apretujó en las nacientes urbes y con ella la delincuencia, prostitución y oficios sin valor significativo. Y aún así seguimos celebrando la independencia. Pero algo falló a quienes diseñaron el proyecto, cuando como que habíamos llegado al fin de la historia estalló en Caracas “El Caracazo”.
            Llegó la Revolución Bolivariana, recogió el discurso ya viejo y hasta desacreditado por los mercachifles y sus agentes, y habló de romper el rentismo petrolero, allá por 1997 y más específicamente, estando en el poder un año después. Siguieron los desfiles, ahora más hermosos, llamativos, tanto que como nunca antes el pueblo se interesó por ellos y llegó a pasar el día entero viéndolos, allá en “Los Próceres”, en el Campo de Carabobo o donde fuese, porque venía la verdadera independencia. No importaba el quemante sol ni la pertinaz lluvia. Dieciocho años después de estar el gobierno, las tierras siguen solas, no hay ganado ni futo vegetal. Caracas sigue creciendo y según dicen en ella “caben otras cuatro”. “Pa´ que carajo irse pá el campo si con sembrar en el balcón basta”. No hay dólares para comprar los alimentos. Pero como llegó el 5 de julio, como todos los años, hablamos de nuevo de la independencia y otra vez nos acordamos que “debemos romper con el rentismo petrolero”, para que ella sea posible.
            ¡Pero si es verdad que la actitud de la “América antes española” y los países angloparlantes de las islas del Caribe, no actúan exactamente como antes! Algo cambió. Chávez tuvo que ver con eso. Sólo por eso, todavía no nos han aplicado el remedio de Almagro. ¡Qué no dejaría de ser amargo! Pues nuestra independencia todavía sigue siendo una meta inconclusa, tanto que nos vemos obligados, por lo menos a sentarnos a hablar con Shannon, para podamos prolongar nuestra esperanza.
            Pero ayer, cuando los muchachos militares con algunos de sus comandantes panzones, marchaban celebrando el 5 de julio, en un momento que la soberanía alimentaria, la independencia económica, metas importantes siguen en sueño como antes, uno recordó someramente esta historia y nos reímos de cómo, nosotros los venezolanos, inventamos tantas vainas para seguir felices. ¡Y eso no es malo!