jueves, 30 de octubre de 2014

JUAN SOTILLO: NOTAS DE LAS GUERRAS ORIENTALES


ELIGIO DAMAS


            El armisticio de Santa o acuerdo de regularización de la guerra, firmado por Bolívar y Morillo el 25 de noviembre de 1820, del cual se van a cumplir ahora mismo 194 años, y en el cual estuvo de por medio el genio de Antonio José de Sucre, acordó en fin de cuentas, el respeto de los derechos humanos de combatientes y no combatientes. Se puso fin, por lo menos ese fue el espíritu del documento, a “la guerra a muerte”, respeto a la vida y otros derechos de los prisioneros y hasta el canje de los mismos.
             Por supuesto, cuando uno revisa la historia nacional, hasta la más reciente que incluye desde el gobierno de Gómez, pasando por Pérez Jiménez y los cuarenta años de predominio del Pacto de Punto Fijo o lo que Chávez llamó, no desacertadamente la IV República, encuentra que fue habitual el irrespeto y desprecio por lo establecido en el Pacto de Santa y en todos aquellos que vinieron después a intentar evitar desmanes, como el célebre acuerdo mundial sobre Derechos Humanos, que no ha impedido nada, ni siquiera logrado se cierre el Campo de Concentración de Guantánamo. Todos esos gobiernos nombrados en este párrafo anterior, sobre todo los de la etapa nombrada al final, se regodearon en la tortura, asesinato de sus opositores y hasta algo más vil aún, la desaparición de por vida de los detenidos por ser opositores.
              Pero la historia venezolana de más allá de la mitad del siglo XIX, está llena de hechos y acusaciones al respecto. De cómo los caudillos militares, antes y en el curso de la Guerra Federal, eran acusados y se acusaban mutuamente por diversos motivos y particularmente por la comisión de atrocidades, como el asesinato de sus tenidos como enemigos.
             Pero antes es bueno advertir, como los autores que se hicieron eco de aquellos acontecimientos, muchas veces lo hicieron sin verdadero fundamento, dejándose llevar por informaciones de segunda mano y animadversión contra el personaje a quien hacían objeto de sus acusaciones.
             Para el 21 de junio de 1849 aproximadamente, un comando asaltó la casa del Presidente de la República que entonces lo era José Tadeo Monagas, el objetivo era asesinar a éste. Juan Antonio Sotillo, de muy jovencito, desde el terrible año 1813, de cuando Boves impuso su fuerza y capacidad de atraer multitudes, se incorporó a las huestes de los Monagas y particularmente siempre estuvo a las órdenes inmediatas de José Tadeo. Con él estuvo el año 1816, cuando en el llamado Congreso de San Diego de Cabrutica, oficiales derrotados, dispersos, en una elección reñida, escogieron a aquél como Jefe de los ejércitos de Venezuela. Era lo poco que quedaba. Pues esos generales y oficiales allí reunidos, nunca abandonaron el territorio de la patria; en las mayores dificultades se ocultaban en los intrincados caminos del llano, tupida vegetación y ribera de los ríos. Y allí se reponían para volver con el mismo ímpetu.
            Para algunos opinadores sobre el asunto del asalto e intento de asesinar a José Gregorio Monagas, el “Gran Compadre” de los “Macabeos”, como llamaron a los Sotillo Pérez, de Santa Ana, y especialmente a Juan Antonio Sotillo, detrás de todo aquello estaba la mano de José Antonio Páez. Se supo, que los asaltantes los comandaban los hermanos Lorenzo y Nicasio Belisario.
            Sotillo para entonces era precisamente jefe del cuerpo encargado de velar por la vida del presidente y ya ostentaba, desde los tiempos de la guerra independencia, el grado de general. Para algunos que hacen mención al tema, desde la misma noche del asalto, Sotillo al mando de sus fuerzas, salió en persecución de los asaltantes.
            Sobre este asunto, J.A. Armas Chitty hace una versión sobre el asunto en los siguientes términos:
            “A mediados de 1849, el general Sotillo, a quien Monagas había destacado al llano, se dirigía hacia oriente, después de pacificar brotes rebeldes. A orillas deL bajo Manapire encuentra a los Belisario y los desbanda, logrando capturarlos. La escena donde Sotillo los ultima, es digna de conocerse. Domingo Santaella Camero, descendiente de aquellos, recogió la versión tradicional de su familia. Lorenzo y Nicasio Belisario atacaron la casa de Monagas en Caracas y después huyeron hacia el llano. El tirano Juan Sotillo los alcanzó en Manapire o en la Quebrada del Torete, los enterró vivos y a galope les cortó las cabezas. Después las frio en aceite y se las envió al general Monagas, quien censuró el hecho y mandó a enterrarlas en La Victoria”. Vida Política de Caracas en el siglo XIX. Edt. América Libre. Pág. 54. Caracas. 1976.
            El mismo Armas Chitty, también en la misma obra, pág. 69 hace el siguiente relato:
            “En el oriente, en la provincia de Maturín se alzó Trinidad Brache, el cual, ante la persecución del general Sotillo se internó en Guayana, donde también le batió. Este Brache corrió con la misma suerte de los Belisario en Manapire; fueron sacrificados por Sotillo en el mismo sitio donde combatieron”.
           En la primera nota, Armas Chitty hace uso de una versión oral, supuestamente de Domingo Santaella, quien también la recogió de unos descendientes suyos, lo que pone en entre dicho la veracidad de aquello, más tomado en cuenta la rivalidad política habida de por medio.
          En la segunda versión, relacionada con Trinidad Brache, Armas Chitty no se tomó la precaución de señalar la fuente. Pero si repitió, palabras más o menos, la misma versión. Como los primeros, según el autor, no murieron en combate, sino que fueron detenidos y luego sacrificados. Circunstancias que podrían poner en entredicho las acusaciones contra Sotillo. Es más, Armas Chitty, sin hacer precisiones, dice como al voleo "este Brache corrió con la misma suerte de los Belisario en Manapire". Dejando con aquella frase toda una sarta escalofriante de conjeturas. 
             Precisamente, el dos de julio, Páez desembarca por la Vela de Coro. Los ejércitos alzados contra el gobierno de Monagas, que en desorden deambulaban por los Valles del Tuy, tomaron vía Calabozo para establecer allí su centro de operaciones. Pero Sotillo y José Gregorio Monagas, empujaban con sus tropas desde el Apure hacia Guárico. Mientras tanto, Santiago Mariño, se movió hacia Calabozo, donde operaban las tropas paecistas y ocupó la población. Hacia allá se dirigió Sotillo al frente de un cuerpo de caballería de 700 hombres. Llegando al río Manapire, se topó con la partida de hombres comandada por Lorenzo Belisario, el mismo que encabezó el asalto a la residencia de José Tadeo Monagas, con aquél se encontraban su hermano Nicasio Belisario, Aniceto Guevara y Cipriano Celis.
              Según Francisco González Guinán, en “Historia Contemporánea de Venezuela, Tomo V, página 60, “el desastre fue para esta (la partida de los Belisario, fue completo, pues allí murieron los Belisario y Guevara; Celis quedó herido”.
             No obstante, al pie del texto, no dentro de la obra de González Guinán, se dice “fueron cortadas las cabezas a los Belisario”. No se hace referencia a los detalles que mencionó Armas Chitty. Como también dejó establecido González Guinán que los Belisario murieron en combate y no asesinados después de haber sido prisioneros. Tanto que si menciona que Cipriano Celis, sólo “quedó herido”. Lo que deja en entre dicho lo afirmado por Armas Chitty, partiendo de una versión oral, posterior a lo escrito por González Guinand, que tanto los Belisario como Brache fueron capturados vivos.
             No obstante, para 1861, en plena Guerra Federal, para el 25 de febrero, cuando los Sotillo deciden regresar a Oriente, en un momento de crisis del movimiento Federal, pasando por el Guárico, una fuerza paecista al mando de J. López Mercado, les emboscó, abrió fuego contra ellos, resultando muerto José Sotillo, uno de los hijos que acompañaba a quien Juan Vicente González llamó el “Minotauro de los llanos” y Federico Brito Figueroa “Juan Pueblo”. El General y Dr. Miguel Sotillo quien en efecto comandaba las tropas orientales, dada la avanzada edad del viejo Juan Antonio, quiso fusilar a los detenidos que les habían atacado en aquella emboscada, a lo que se opuso, el viejo General desde los primeros años de la guerra por la independencia, diciendo las siguientes palabras, según Luis Level de Goda:
            “Escriba hijo, para que sirva para la historia, que Miguel Sotillo, Doctor de la Universidad de Caracas, quiere fusilar a unos prisioneros inocentes a fin de vengar a su hermano, muerto lealmente combatiendo, y que Juan Sotillo, un ignorante, que no ha estado en colegio y que adoraba a su hijo a quien está viendo muerto, no permite que se derrame la sangre inocente de esos prisioneros”.
            Sobre el centro de este asunto, el tema de los prisioneros y relacionados con los combatientes orientales, en la próxima entrega trataremos algo con respecto al Jefe Federal carupanero José Eusebio Acosta.



miércoles, 29 de octubre de 2014

CUANDO LA MONA CHITA ME PAGUE LOS AGUINALDOS


ELIGIO DAMAS


            Hacía cola para pagar una pequeña cuenta, por una mano de cambur, de esos que en Cumaná llamábamos “rabo e´mula” y medio “cartón” de huevos, por lo que hube de cancelar ciento setenta bolívares, lo que es una muestra interesante para el presidente Maduro y sus asesores, del drama de la inflación y por lo que uno reclama signos de interés y preocupación de la dirigencia, cuando escuché a una señora un poco menor que yo, de unos 65 años, decirle a una niña, de unos seis años, probablemente su nieta, lo siguiente, porque le pidió le comprase algo,:
            -“¡Ya te dije!, eso te lo compraré cuando la mona Chita pague los aguinaldos”.
            No conforme con lo que ya había dicho y sin que la niña, ni persona alguna de las allí presentes, hubiesen dado muestras de interés por ello, repitió esta vez con potente voz - de donde deduje, vainas del oficio, que debía ser una maestra jubilada – como para hacerse notar y todos se percatasen de lo que decía, quizás creyendo hacer un chiste de buen gusto:
            -“¡Si!, te lo voy a comprar, pero te repito, cuando la mona Chita me pague los aguinaldos”.
            Esta vez la señora logró llamar mi atención y posiblemente de todos a quienes allí estaban, aunque fingieron enterarse después de mi conversación, que siempre procuró ser muy respetuosa con la dama, aunque tuviese tono recriminatorio.
             Como deduje por el tono de su voz, claro y potente, más de lo habitual, sobre todo tratándose de una señora de su edad, le pregunté con el fin de entablar una conversación con solución de continuidad, sin contingencias:
             -Querida señora, por su voz, me parece que usted trabajó como maestra. ¿Estoy en lo cierto?
              -“Si”, respondió ella ensayando una sonrisa agradable.
              Era una señora de baja estatura, de apariencia humilde y hasta con rasgos no precisamente caucásicos o blancos, ni siquiera de eso que uno habitualmente llama trigueño sino de inocultables huellas afrodescendientes, para decirlo como gusta a algunos o “negro venezolano” como dicen otros, según esté del lado de Jesús García o Brunilde Palacios.
             -“Entonces señora, apuesto que usted, por haber trabajado de maestra, está jubilada por la gobernación del Estado Anzoátegui”.
              Dije aquello, mientras puse mi mejor sonrisa, para que mi pregunta llegase inocente y hasta simpática.
            -“Si”, volvió a hablar en tono afirmativo la señora.
            Mientras se desarrollaba aquella intrascendente conversación, otras personas que estaban en la cola, más por matar el tiempo que por otra cosa, prestaban atención. El aburrimiento es una vaina que en veces solemos matar con algo más aburrido, es una manera de llevarnos la contraria a nosotros mismos. Aunque otros prefieran decir que es una propensión nuestra a la chismografía.
           Continuó hablando la señora después de pronunciar aquel “Si”, sin suspirar ni dar muestras de nostalgia. Pero esta vez fue ella quien me interrogó con un notable gesto de extrañeza y mostrando otra sonrisa:
           -“¿Cómo sabe usted eso? Yo no trabajé en Barcelona ni Puerto La Cruz, siempre lo hice en las ciudades del sur. Es ahora cuando vivo aquí. Pues después de jubilada me vine a vivir con uno de mis hijos aquí al frente. En una de esas quintas.”
         Al terminar de hablar señaló hacia un área urbanística de Barcelona donde ahora reside gente de clase media de niveles de ingresos más o menos elevados. Se trata de una esas urbanizaciones de casas unifamiliares que están organizadas en condominio y protegidos de la gente de fuera, donde entrar está vedado al común de la gente. No hay perros que cuiden, pues todos son mascotas; de cuidar que los pobres no importunen ni a las mascotas, se ocupan otros pobres, los vigilantes, muy mal pagados.
          -“Bueno”, comencé a responderle, mientras pensaba bien lo que habría de decirle.
         -“Lo de maestra lo deduje por su manera de hablar, son gajes del oficio; también soy maestro”.
          -“Lo de jubilada por lo que acaba de decirle a la niña, que le comprará lo que pide cuando Chita le pague los aguinaldos”.
          Fui hasta extremadamente cuidadoso, no hice mención a su edad para apoyar mi deducción de jubilada.
         -“¡Ah sí!” volvió a hablar la señora. Aplicó su lógica elemental, aquel señor que estaba frente a ella, con unos lentes, en aquel espacio, debía ser, no hay otra posibilidad, de los nuestros.
         -“¿Y quién es Chita?”, pregunté sin dejar de sonreír y mostrándome como su cómplice, mientras la gente alrededor más interés mostraba sobre el asunto.
         -“Pues ¿Quién va ser sino el gobernador?”, dijo ella mostrando una más amplia sonrisa como si estuviese haciendo una propaganda de un dentífrico.
          -“¡Ah!”, dije yo, mientras suspiraba hondo para no dejar escapar lo que en casos como esos uno debería decir o hacer.
          -“¿Por casualidad sabe usted colega lo que es racismo? ¿Tiene idea de lo nocivo que es promover el racismo? ¿Se ha puesto a pensar en el daño que hace usted a esa niña, de su mismo color y rasgos,  posiblemente su nieta, llamando a un ciudadano por sus rasgos físicos Chita o sea mono? ¿No se ha puesto a pensar usted que ese mensaje suyo daña a esa niña, le insufla odios y lo que es peor contra usted y ella misma? ¿No se percata que le lanza a la niña el mensaje negativo de rechazar a la gente por su color? ¿Ha olvidado usted el oficio? ¿Sólo recuerda los aguinaldos?
          Todo aquello lo dije en muy queda voz y en actitud de sacerdote, como si fuese el Padre Molina, aprovechándome pues de mi mayoría de edad y tenue tono de voz.
          Al llegar aquí la señora se envalentonó, se sintió o hizo la ofendida y me formuló una pregunta que asumió como hiriente y hasta amenazante por el patio donde estábamos.
          -“¿Usted cómo que es chavista?”
          Dispuesto a estar tranquilo, ecuánime, callé un rato, me armé de toda la paciencia y dulzura posible y dije a ella y todos los que allí escuchában:
          -“No se trata de eso señora. No hablo de política y lo que menos quiero es que este asunto tan delicado y humano, usted lo banalice, llevándolo a la diatriba política e impidiéndole a quienes escuchan que juzguen con equidad”. “Además, percibo que  a usted no le agrada lo que cree soy y rechaza, pero elogia al hacer ese discurso de llamar Chita a un ser humano por su color?”
         -“Todo su trabajo, el de maestra y política es deficiente. Cualquiera la reprobaría”.
            -“No que va, dijo ella, usted es chavista”.
          Está vez repitió aquello apuntándome con el índice derecho como quien acusa a alguien de algo grave e ilícito.
          Le respondí a su esperado ataque de esta manera:
         -¿Entonces usted cree que los chavistas no son racistas y los opositores sí? ¿Entonces debo creer que usted cree que para oponerse al gobierno hay que ser blanco? ¿Entonces como quedarían aquellos que, unos cuantos conozco, que no son blancos, caucásicos, arios, como tantos que aquí estamos? ¿Tendrían que ser chavistas, pese a que crean que el gobierno no lo hace bien? ¿Estar a favor o en contra del gobierno es un asunto que se limita al color o los rasgos físicos que uno tenga? ¿Están de acuerdo con usted los opositores en eso del racismo? No lo creo.
          -“No pregunto si usted es chavista por eso que acaba de decir, sino porque está defendiendo a Aristóbulo”.
           Esto lo dijo lo señora como quien da sus patadas de ahogado .
          -“No señora, no he estado defendiendo a Aristóbulo. Quienes nos rodean pueden ratificarlo. Yo la he estado defendiendo a usted y el derecho de la niña, a formarse sin odios contra nadie ni complejos, y menos por asuntos como ese del color de la piel”.
        -“Aunque usted no lo crea, estoy seguro que Obama y Aristóbulo no necesitan que nadie les defienda de quienes dicen cosas como usted”.
        -“Me perdona, pero no tengo más nada que decir. La felicito, me felicito y felicito a muchos niños que usted esté jubilada”.

          

CAPRILES Y LA COMPARSA. ¿SE LE ACABÓ SU CUARTO DE HORA? ¿A QUIÉN?


ELIGIO DAMAS

            Pasaron de largo las 72 horas que la presidenta del Consejo Legislativo de Miranda, Aurora Morales, como pasaron los años “y esa se marchitó deshojando fantasías”, le dio a Capriles para que se presentase a rendir cuentas. Por la adustez en su rostro, cualquiera pudo pensar que la funcionaria legislativa tenía en sus manos un medio o un recurso para responder por ante la exigencia. “¡Por fin!” pensó alguien demasiado iluso, “lo prensaron”. Algo así como si se le hubiese acabado su cuarto de hora y le dirían “adiós que te vaya bien”.
          -“¡Preséntese usted aquí en 72 horas o………..!” Pudo leer o entender cualquiera y hasta creer ingenuamente, “¡ahora sí es verdad que le meterán a Capriles las chivas en el corral!” ¡Pero qué va! Resulta que esa pantomima es repetida. Una película antes vista.
           En artículo anterior titulado “Capriles y legisladores de Miranda como que juegan a escondío” (http://www.aporrea.org/oposicion/a197094.html), advertimos que aquello no era más que una formalidad de los miembros del Poder Legislativo Regional, para no quedar tan mal y menos burlados, impotentes para enfrentar al carajito y que gobierna, mientras pasea, politiquea, hace negocios y se fotografía con todo aquel que le sirva para hacer creer que anda en algo y mostrar que está de viaje por allá lejos, lo que para muchos es como un motivo de orgullo e imagen de grandeza. ¡Imagínense ustedes si a Capriles se le ocurriese fotografiarse entrando al Museo del Prado o Arte Moderno de Madrid! ¡Piénsenlo por un momento verlo en un video observando y meditando en el Salón Goya, Greco, el Miró o Picasso! ¿Qué tal recorriendo lo largos salones del “Museo Du Louvre”? Y que todo eso salga aquí en la prensa. Lo que pasa es que él y quienes le asesoran, de todo son cortos, menos de real; y les juro que no me refiero a realeza; porque ésta por sí sola, no vale un penique.
  
         Pero aun así prefiere retratarse con el rey de España, aunque tan devaluado como su propio padre, todavía para mucha gente, eso es una honra que sólo alcanzan los elegidos y allí hay plata. ¿No lo creen? Pues créanlo. Por algo, hasta se conforma retratarse y abrazarse con monedas lisas y devaluadas, en sentido de la política y muchas otras cosas, porque ni como reliquias tienen valor alguno, como Rajoy y Felipe González. Eso si, lo hace y lo publicita, porque es la estrecha imagen que tiene de la vida. Por supuesto, hay una pequeña parte del mercado, conformado por gente roñosa, mohosa y achacosa, no necesariamente por los años, que cree que esos personajes rinden frutos por sus imágenes. Por eso el anda por allá. ¡Claro! Va en busca de real, eso sí lo tienen y de sobra, a cambio de promesas como la de devolverlos con creces si le pone la mano a la botija, porque aquellos no son santos, ni demócratas sino vulgares comerciantes. Aquello es lo más parecido a la Cueva de Alí Babá. Pero aprovecha aquellos contactos también bajo la creencia lo elevan, lo mejoran y le dan lo que ellos, como él, no tienen. Por algo, en la puerta de la Universidad de Salamanca se dice: “Lo que natura non da Salamanca non lo presta”.
           Advertí en aquel artículo, no por adivino, sino por haber visto varias veces la película, que no pasaría nada. Me la sé, cuadro por cuadro. Que el itinerante gobernador, candidato presidencial permanente, no les haría caso. No presentaría excusa alguna, no les pararía a ellos y a nadie, porque no ve qué pueden hacerle. No se trata que le sobren razones y testículos para enfrentarlos a ellos y al Estado, sino que percibe, lo que percibimos todos, falta de voluntad e ingenio y si se quiere sobra impunidad. Hay además, y lo sabe, un poderoso aparataje que le apoya e infunde temor en todos lados ¿Acaso alguien le ha pedido cuenta por las consecuencias de su llamado a desatar arrecheras? Pero es más, pareciera que siendo él un aficionado a la pantomima, no como quien hace un ejercicio intelectual, sino designios del destino y aprendizajes donde se practican las malas artes, asume que de parte del Consejo Legislativo, hay mucha disposición a participar repetidamente y en conjunto en la misma obra. Algo como acordado, cada quien en lo suyo, para que los de afuera, crean que no es pantomima, lucha libre de aquella ensayada y payaseada, sino de verdad, verdad, donde cada quien se juega el pellejo entre las sogas. El Consejo Legislativo se ve obligado a dar patadas de ahogado para que aun así, se crea está vivo y coleando.
              Aurora Morales le conminó ante el país “preséntese en 72 horas” y el carajito que seguro estoy, lo supo al instante donde estaba, se dio el lujo de reírse a carcajadas. Y esa risa no es de loco. Es de impune.
           Leí las nuevas declaraciones de Aurora Morales, dadas ayer lunes 27 de octubre y volví a pensar lo mismo. Pasaron las 72 horas y nada. Esta nada tiene entre manos. Lo que busca no es lo que debería y que en alguna parte debe estar. Alguna forma legal, procedimental o práctica debe haber para encarar a un gobernador que sale del país cada vez que le venga en gana; en las circunstancias que sea, se ausenta de su trabajo sin importarle un comino por el tiempo que le salga el forro sin permiso de nadie, eludiendo no su responsabilidad con los electores sino con la que emana del cargo. ¿De quién son los reales que el gobernador gasta a manos llenas en sus viajes y que utiliza para promocionarse desde allá? ¿Si no son de la gobernación sino que alguien le promociona, no hay en eso un fundamento o algo del cual pegarse?
            Al jefe de la mafia italiana de su tiempo en Nueva York, Al Capone, responsable de contrabandear con alcohol bajo la Ley Seca, controlar las apuestas ilegales, el mercado del sexo, cigarrillos y por esas mismas actividades, responsable de innumerables crímenes, muchos de los cuales cometidos por él directamente, le prendieron al fin por un “pequeño asunto” con el fisco. Encontraron un pequeño libro que habló de insignificantes  pequeñas fechorías contra el impuesto.
           ¡Algo debe haber en la Ley! ¡Ese proceder del gobernador  no puede ser así y menos decente que los mirandinos lo acepten! ¿Para qué lo eligieron? Es cuestión de tener voluntad, deseos y deslastrarse de la rutina y la pereza. Revisemos las leyes, de golpe, encontramos un elefante blanco o algo, en las páginas amarillas, como aquellos asuntos que mencioné antes, el librito de Al Capone o el decreto de la “República socialista chilena de 1932”.
          


            

lunes, 27 de octubre de 2014

¡VIVA PETRÓLEO CRUDO!

         

                                 

ELIGIO DAMAS

            Nota: Este curioso trabajo lo hallé en mi archivo, mientras indagaba por otras cosas. Como verá el lector, fue escrito en octubre de 1994, bajo el gobierno de Caldera y hace referencia a hechos ocurridos en esa administración y las anteriores. Fue publicado en el diario “El Norte”, de la ciudad de Barcelona, del cual fui uno de sus primeros colaboradores como columnista. Ahora mismo, por ciertos hechos, como quienes se llevaron y ayudaron a llevarse 20 mil millones de dólares, sin que aparezcan nombres, sino cuando más el de empresas muy poderosas por cierto y los dueños de las grandes cargas que se decomisan como contrabando, incluyendo los gigantescos vehículos, tampoco tienen rostro ni cédula, me sentí tentado a reponer en este espacio la nota en cuestión.


            -“Él robó a los poderosos y protegió a  los pobres. Además,  defendió la soberanía de Ricardo "Corazón de  León",  el sabio  y  generoso  rey  de Inglaterra,  quién  combatía  a   los infieles en  tierras sagradas”.
             -“Sus enemigos, los mismos del rey, pusieron precio a  su  cabeza y su imagen de pillo fue expuesta  en  cada  fonda, árbol, mercado o iglesia de la Inglaterra medieval”.
               Me  quedé  abobado con aquella  perorata. Parecía insólito  que  a  las doce del día, bajo  el  sol inclemente  de Barcelona,  aquel joven barbudo, como macilento, dedicase  su tiempo a hablar a un auditorio indefinido sobre el héroe del refrescante bosque de Sherwood, el legendario Robin Hood.    
           -“En  este país, bajo el régimen de Gómez, hubo  un famoso  bandido  que  repartía entre los  pobres de  Caracas  el producto  de sus fechorías. El país todo supo de él. El  gobierno lo publicitó  y   persiguió  con saña. Su rostro  se  hizo  tan conocido como el del dictador”.             
           Se  secó   la frente con su pañuelo gris  y  continuó:                
           -“Les hablo de un original y escurridizo ladrón caraqueño que  se llamó Petróleo Crudo; que como un buen delincuente  de  cuello sucio, murió de unos balazos y  con  la cara  levantada   en una soleada calle, después de  una  tenaz persecución.

           Dijo que sus acciones eran promocionadas como suyas  y ellos mismos las reconocían sin dobleces. Y agregó que por eso en alguna parte se les recuerda con respeto.                   
          Gritó con el mismo ardor que brotaba  de su cuerpo:
          -“En  cambio, de malandros de cuello  blanco, que  en  un solo lance, bajo el amparo oficial y la seguridad de sus oficinas se  llevan  cifras gigantescas, uno, el público  de  galería,  no llega  a conocer sus nombres, o tan poco se les menciona, que  en contados días,  no nos queda el más mínimo recuerdo.
         - “¿Al hablar de chanchullos, usted fácilmente recuerda  a Eleazar Pinto?”
           Se refería a aquel que quebró al Banco de los Trabajadores y, luego agregó: “Quizás en alguna parte pase como persona honorable”.
         -“¿Conoce usted a ciencia cierta los nombres de  quienes estafaron al Banco de Comercio y BND  y se llevaron los reales de los depositantes?”
          - “¿Podría, sin ayuda de chuletas y  susurros, mencionar con  nombre  y apellido, siquiera dos personas que  saquearon  al sistema bancario nacional hace poco tiempo atrás?”
         Con premura y énfasis formuló estas preguntas y luego dijo:
        -“La  prensa, la televisión, la policía; es decir el   poder, menciona los delitos pero celosamente oculta los nombres de estos delincuentes  que parecieran no tener rostros; nadie los busca  y hasta  orondos por allí caminan”.
        "Todo  está  cuadrado,  no conviene  que  la galería  los conozca.  De  repente, algún día, cualquiera de  estos  malandros aparecerá  en una plaza. Por eso, para vengarme, quiero gritar  a pulmón pleno":       

        ¡Viva  "Petróleo Crudo!."

                            Bna. "El Norte", 18-10-94



domingo, 26 de octubre de 2014

A CUARENTA Y SEIS AÑOS DE LA HAZAÑA DE MOROCHITO RODRÍGUEZ. PRIMERA MEDALLA DE ORO OLÍMPICA



ELIGIO DAMAS


          Muchos de los que estábamos en la fiesta matrimonial, con discreción, puestos de acuerdo en susurro y señas convencionales, abandonamos el local, incluyendo los contrayentes, y fuimos a la calle donde estaban estacionados los automóviles, para escuchar por radio los pormenores de la pelea final por la medalla de oro del peso de los 48 kilos, la recientemente creada división minimosca, en los juegos olímpicos. El evento se desarrolló el 26 de octubre de 1968, en la ciudad de Méjico.
         El venezolano Francisco “Morochito” Rodríguez, después de una brillante campaña anterior y luego en aquellos juegos, a fuerza de coraje, disciplina y calidad, se había ganado el derecho a combatir por la medalla de oro contra el coreano Joun-Ju Lee.
          Para alcanzar aquella oportunidad, el cumanés tuvo que combatir con los mejores de la división en el mundo, sin haber podido lograr un triunfo sin pelear, lo que le hubiese permitido descansar en medio de combates tan difíciles, como si pudo su contrincante final.
          Empezó su ascenso al puesto principal del podio con la pelea contra el cubano Rafael Carbonel. Es bien conocida la calidad de los púgiles cubanos y éste particularmente siempre estuvo entre los mejores. No podìa ser más difícil el inicio. Aquello pareció indicar que la suerte no le acompañaría. No obstante, el venezolano pudo obtener el triunfo por decisión unánime, no sin haber tenido que combatir intensamente.
          Ganó su segunda pelea por la vía del nocaut técnico en el segundo asalto, al enfrentarse al zelandés Khata Karunarathe. Rodríguez, valiéndose de su rapidez y fuerte pegada, envió dos veces a la lona a su contrincante, lo que obligó al árbitro  a detener el combate y declararle vencedor.
            En Venezuela crecían las esperanzas en él depositadas. Pues a quien fuese uno de los aventajados alumnos del brillante entrenador Heli Montes, a quien llamaron la máquina de hacer campeones, le veíamos como uno los atletas que nos podìa dar la satisfacción de conquistar una medalla de oro, tomando en cuenta su brillante carrera.
             Llegó la tercera pelea. Esa vez, el 23 de octubre, subió al ensogado para enfrentarse al norteamericano Harlan Marbley, a quien pese haber vencido en los Panamericanos de Winnipeg de 1967, donde obtuvo la medalla de oro,  era considerado uno de los difíciles escollos. Aquella noche el pequeño gladiador del barrio Plaza Bolívar de Cumanà y sobrino de la folclorista María Rodríguez, dio lo que en el lugar común se le llama un “recital de boxeo”, venciendo por la amplia ventaja de 4 a 1.
            Con este triunfo había asegurado la medalla de plata y alcanzaba el derecho a medirse por la de oro. Para esto tendría que combatir a quien, en paralelo, con menos dificultades, había llegado al mismo nivel.
            Aquella noche habíamos asistido al matrimonio porque era un compromiso ineludible. Los contrayentes mismos no pudieron adivinar que en esa misma fecha el insigne combatiente venezolano estaría disputando la medalla olímpica de su peso,  menos que la ganaría y que cuarenta años después,  ninguno de nuestros atletas hubiese podido repetir la hazaña.   Sólo, recientemente, el esgrimista guayanés Rubén Limardo, subió al puesto principal del podio olímpico para reunirse con el cumanés.
            El local donde se celebraba la fiesta matrimonial había quedado casi en solitario. Sigilosamente fuimos saliendo hacia la calle. Los radios de los automóviles, en una calle de Barcelona, estaban encendidos y a todo volumen, para escuchar la narración de la pelea que se desarrollaría en el famoso Arena de Méjico,  mediante  la narración de Carlitos González, entonces un conocido y muy popular del oficio. La televisión todavía no había alcanzado a esta ciudad oriental.
            Sabíamos por las informaciones que llegaban a través de las agencias noticiosas internacionales y periodistas venezolanos que seguían allá los acontecimientos, que aquella noche del 26 de octubre, las condiciones físicas del nuestro habían mermado por el duro recorrido que tuvo que hacer, al enfrentarse casualmente a los mejores de la división.
            Aquella fue la primera pelea de la noche y, si mal no recuerdo, la escuchamos como a las ocho, hora de Venezuela. En el primer asalto, el coreano salió triunfante. El nuestro había dado muestras de agotamiento, mientras que su opositor, quien no tuvo que combatir con la misma intensidad, parecía fresco y en excelentes condiciones.
           En el segundo asalto, Morochito repuntó a base de coraje y calidad; pudo ganar ese round pero aún se mantenía por debajo de su oponente.
           En el tercer asalto, los asistentes al matrimonio, nos habíamos olvidado del mismo; hasta de los tragos; los recién casados habían roto las formalidades y obligaciones y estaban dedicados por completo a lo que sucedía allá en Méjico.
           El pequeño gladiador oriental, según palabras del narrador y las versiones periodísticas que leímos al siguiente día, saltó al centro del cuadrilátero vuelto un gigante y moralmente superior. Sencillamente, con valentía y pundonor, estaba absolutamente decidido a ganar aquel combate, pese las dificultades.
           Morochito atacó con insistencia a su adversario, quien ante aquella avalancha se sintió acorralado. El púgil venezolano sacó fuerzas que no parecía tener y golpeó al final casi a mansalva a su adversario.
           Esa noche, en Arena de Méjico, el puesto principal del podio, en la premiación de los pesos minimoscas, lo ocupó el venezolano y Venezuela ganó medalla de Oro olímpica, la única que hasta hace poco había ostentado.
            Aquella fue la fiesta matrimonial más extraña, atípica y al mismo tiempo celebrada y alegre a la que he asistido en mi vida. Este 26 de octubre, día sábado, se cumplen cuarenta y seis años de aquel inolvidable acontecimiento. Honremos al atleta.
            Desgraciadamente, pocos días atrás, la tía de Morochito, la insigne folclorista, fina y consecuente artista y creadora, María Rodríguez, fue al descanso definitivo.


     

sábado, 25 de octubre de 2014

URIBE, EL NUEVO BATMAN, DE "PARACO" A VIGILANTE PRIVADO


ELIGIO DAMAS

            “La cabra siempre tira al monte” o “por mucho que te menees, siempre se te ve el bojote”.
              Por cierto, el segundo de los refranes citados, como aquel “perro que come manteca mete la lengua en tapara”, al comandante Chávez, le gustaba en demasía citarles.
              También se dice para los mismos casos, “árbol que nace torcido, nunca la rama endereza”.
              Hoy me he puesto refranero como el expresidente Hererra Campins, por una noticia relacionada con Alvaro Uribe Vélez, a quien por todo y particularmente lo que encierra la noticia, esos refranes parecieran venirle a la medida.
              Pero quiero dejar claro antes al lector que Uribe, es mentor y protector del joven Gómez Saleh, acusado ahora en Venezuela de planes terroristas y subversivos. Por eso, el primero defendió al segundo como lo hizo Oscar Arias, el expresidente costarricense, aquél triste hombre que se prestó para montarle varias trampas, una tras otra, a Zelaya de Honduras. Quedando así en evidencia que también a él, el premio Nobel de la Paz, como a Obama, le queda grande.
              Resulta que ahora mismo, “Varito” ha estado de visita en Buenos Aires y allá se reunió con dos personajes ligados a la política, derechistas como él, y los tres, al alimón, esta vez el término está muy bien aplicado, se dedicaron a hablar, como quienes tienen mucha autoridad para hacerlo, sobre la necesidad de combatir el narcotráfico a fuerza de violencia. Los dos argentinos, no sé, porque la noticia nada dice de eso, pudieran no haber tenido nunca relaciones con el negocio de la droga, pero el colombiano por algo aparece en el N° 82 de la lista de la DEA. De manera que éste último no es quien para creerle lo que dice al respecto. Además sus relaciones con capos de la droga son tan conocidas que, en el mismo congreso colombiano ahora le denuncian sin cortapisas y arrume de argumentos y pruebas, como declaraciones de capos como Mancuso y hasta por eso se le sigue una investigación rigurosa.
            “Dime con quién andas y te diré quién eres”, para seguir con los refranes, se le podría aplicar a los señores Sergio Massa del Frente Renovador y Mauricio Macri, actual Alcalde de Buenos Aires, quienes son aspirantes presidenciales para el 2015 de la República Argentina, la de la Pampa y Martín Fierro, para no nombrar muchos y ahorrarme espacios y quizás insultos.
             Pero Uribe con el descaro que le caracteriza dijo a la prensa en Buenos Aires, que no era partidario de “tener contemplación con aquellos que producen y venden drogas”.
             Lo de no “tener contemplación”, dicho por él, pierde toda significación, siendo un personaje marcado por la DEA, señalado por todo el mundo y en el propio congreso colombiano en sus narices; cuando una buena cantidad de funcionarios, militares y policías bajo su mando están detenidos, buscados y juzgados por el delito de la droga. Sólo faltaría él, de ser ciertas las abundantes acusaciones, el jefe, por rendir cuentas. Por algo la DEA, en esto hay que insistir, porque no es cosa de caprichos, le puso donde está.
              Pero esa frase de Uribe, en lo fundamental, porque no es tanto contra el negocio de la droga, por evidentes razones, sino que apunta contra el proceso de paz que se adelanta en Colombia, pues nunca ha querido aceptar, porque le conviene, que la guerra en su país es un problema político que se resuelve con procederes políticos y no extendiendo y profundizando la violencia; lo que sería lo mismo que crear o mantener el caldo de cultivo que favorecer el negocio de la droga. Pues es evidente que Uribe siempre se ha empeñado en fundir al ejército de productores y traficantes de la droga con las FARC para su conveniencia y la de los suyos.
            Pero hay un hecho más curioso todavía en todo esto.
            ¿A qué fue Uribe a Colombia?
             Pues nada más y nada menos que, a participar y cerrar como orador de orden, el “XII Internacional de la Seguridad Privada”. Los dos políticos y candidatos presidenciales argentinos, según el cable leído de una fuente bonaerense, también están como Uribe en ese lucrativo negocio producto de la inseguridad y la violencia.
            Por lo todo anterior están bien usados los refranes para aplicárselos a Uribe, porque por mucho que intente fingir, en lo que ya es un jugador previsible,  siempre se le descubre su necesidad de buscar e incitar la violencia porque de ella ha vivido y vive. No sólo es caldo de cultivo, sino el estado del cual obtiene grandes beneficios. Si quieres que tus ventiladores se vendan, pues atiza la candela.
            ¿Acaso no conviene la violencia a quienes viven del negocio de la droga y por eso la promueven? ¿Violencia y droga no son hermanas siamesas? ¿Ese otro negocio de Uribe, “la vigilancia privada” no se beneficia mientras cunde la violencia y el terror?

            Por eso uno podría recordar aquel viejo refrán de “los burros se buscan para rascarse”. Y  también por eso aquel aquelarre en Buenos Aires entre Uribe, Massa y Macri, hablando de cómo se debe combatir el negocio de la droga, en el cual según muchos, el primero está hasta las orejas, con violencia para que prospere más el otro negocio, el de la vigilancia privada, en el cual están metidos los tres.
                Para terminar como empecé, con un refrán, poner la vigilancia en manos de esos personajes es "como perro cuidando carne".

jueves, 23 de octubre de 2014

¡MI POBRE GALLO BATARAZ!

ELIGIO DAMAS


              Cuando  lo  llevó  a la  gallera,  todos los allí presentes  gritaron  entusiasmados. Advirtieron en  él, por  su porte,   majestuosidad,  armónico  y viril  canto, dotes   para imponerse a los demás y reinar por largo tiempo en el redondel de combate.
              De  manera  entusiasta,  atendiendo a  su largo e intenso  historial  y  por  su  programa  de entrenamiento, los apostadores   inclinaron  sus simpatías  hacia   aquel esquivo combatiente  que retornaba con bríos del invernadero. La  primera campaña la cumplió con brillantez; en cada combate salió ileso  y triunfante.   Tanto  éxito  obtuvo  que  a  la  mitad  de ella desaparecieron las apuestas y casi al final, la vida se le volvía aburrida  y  público y apostadores comenzaron  a  dispersarse.  Y entre  sus asesores, alguno que otro que a  la  rigurosidad  unía talento poco común, con anticipación  percibió sutiles deseos por cambiar a un estilo ramplón y rutinario y se fue a sentar en  las galerías  o  a  esperar  con  conmiseración  la hora  inexorable del sancocho.
              Por  falta de rivales en su entorno, apostadores  y simples  aficionados,  moralistas  de vieja  estirpe,   gritones incondicionales  de  galería y alguno que otro diletante  con  la piedra  filosofal en la pretina del pantalón, lo  incentivaron  a establecer vínculos con otras cuerdas. En las suya, las  apuestas se entablaban en cantidades irrisorias, en simples bolívares, por una  media docena de refrescos o cuantimás, por una  botella  de aguardiente barato. Hasta había apostadores y apuestas de pedazos de plazo de loza.
               En  su  ámbito,   las  cuerdas  se repetían como partículas  de un espejo trizado. Lo importante era combatir  y demostrar  ante el público la destreza del gallo y la técnica y metodología alcanzada por los entrenadores.   Renovar   la estrategia,  hacer  la gallera más entusiasta y  al  público  más exigente y satisfecho era el ideal que guiaba a aquella comunidad sencilla  y abnegada. Había en todo ello una actitud generosa  e inteligente frente a la vida y la milenaria cultura de la riña de gallos.
              Al  final de cada combate, , salvo la  decisión  de los jueces a favor de uno u otro gallo o el final trágico con  la  pérdida de la vida de unos de los " combatientes" , cosa poco frecuente  por  la  sutileza de las  reglas,  nadie  perdía.  Los apostadores beneficiados, por su propia iniciativa y acordes  con el viejo ritual, corrían con los gastos de la fiesta de la tarde de  gallos. Fiesta de amigos, de hermanos, donde todos  cumplían las letras del libro nunca escrito.
              Cuando llegó la hora de la verdad, el momento de la grandeza  y dignificación de las galleras; más allá de  su  mundo primigenio, el gallito rutilante, elegante y veloz, se plegó a un sector de sus  asesores, poco ágiles y despiertos para el  combate pero  fieros y rísperos en las apuestas. Perdió  la  elegancia  y altivez  del pasado  y se volvió lento  y  frontal.  Sus nuevos estrategas  engordaron  con  él y en las galleras de  sus  nuevos combates sólo se contaba el efectivo.
              En su última pelea le cayeron en cayapa - el  parte policial  dijo  que fue por un ajuste de cuentas - y  lo  dejaron inmóvil.
              La última vez que de él me hablaron,  me dijeron que hacía  esfuerzos  por  volver  a  su  viejo estilo;  aquel   que entusiasmaba a sus galleras.
             ¡Qué difícil es ser coherente!
                "El Norte".
                Barcelona, 04 - 10 - 94


EL DIPUTADO "SAL PA´FUERA". "SI PERO COMO TONEL EN EL FONDO DEL BARCO"



ELIGIO DAMAS

"Si, como tonel, en el fondo del barco"
Juan Vicente González

Juan Vicente González
            Recuerdo una anécdota atribuida a Juan Vicente González, quien al escuchar a un diputado opuesto a él, en respuesta a un discurso suyo,  decirle “sepa usted diputado González, que he viajado alrededor del mundo”, con lo cual quiso decir que sabía de lo que hablaba, el autor de “Las Mesenianas” le respondió desde su curul, con elegante ironía: “Si, pero como un tonel en el fondo del barco”. Andábamos a mediados del siglo XIX y pese todo, las disputas parlamentarias se ventilaban con altura y elegancia.
              -“Toda fracción de parlamentarios que se respete, debe tener especialistas en todo. Por eso, a alguien se le asigna, según sus cualidades, que pueden estar ocultas, la función de formarle peos  a cualquiera, sobre todo cuando no hay argumentos para rebatirle”.
             Esta interesante perorata – la califico así porque surgió de una conversación de palos – con mucha intención irónica, se la escuché a un gran amigo que en aquel momento era diputado en el viejo Congreso Nacional.
            En cuanto al asunto del diputado forma peos, su respuesta se debió a una pregunta que le hice y me venía haciendo desde hacía algún tiempo:
             -“¿Por qué el diputado adeco por Anzoátegui, fulano de tal, médico traumatólogo, persona que tengo como equilibrada, bien informada y hasta con respetable nivel cultural, más allá de la medicina, cordial, todo eso pese ser un hombre de derecha, asume en el congreso esa actitud de provocador, busca pleitos y hasta potencial “tira coñazos”, contra todo aquel que se le ocurra y sin motivos?”
            Para abundar en su respuesta alegó:
            -“Le conozco bien. Hasta tengo una buena amistad con él. Los adecos, no sé cómo, descubrieron en él esas cualidades ocultas y le asignaron el papel de diputado insultador, forma peos y hasta fingidamente dispuesto a caerse a coñazos con quien sea”.
            Por cierto, ese rol en AD, lo jugó también en una oportunidad Jaime Lusinchi, hasta que pensó en la candidatura presidencial. No fue casual aquella respuesta del expresidente, compañero sentimental de la dama de los gastos “cubridos”, su secretaria, al periodista Luis Guillermo García, de “Tú a mí no me jodes”, mientras con el índice de la mano derecha le apuntaba de manera amenazadora.
            En AD ha habido diputados de esos “tira coñazos” e insultadores por montones; uno de ellos, todavía le queda mucho de aquello, es William Dávila.
           -“Si no tenemos como responderle a ese diputado que habló, provócalo, amenázalo, si no para que se retracte, por lo menos para que quede devaluado si logramos asustarlo”. De esa manera le ordenaban e instruían.
             Así, aquello se volvió una habitual práctica. Tanto que al escoger las planchas algunos partidos se cuidaban de incluir entre los salidores a un tira coñazos hasta genuino para no tener que inventar ninguno.
             La Causa R,  la de R al revés, aquella de Andrés Velásquez tuvo un diputado que si por algo se distinguió fue por eso. No por dirimir sus diferencias con mejores argumentos si no “abalanzándose” sobre el adversario, insinuándole “sal pá fuera”, eso sí, con la debida prudencia no sucediera que el tipo se lo tomara a pecho, que se apellidaba, si mi memoria no me falla, Melo. No recuerdo haya dicho nada interesante, pero si sus arranques de fingida o verdadera, en verdad no sé, furia. En todo caso ese era su papel y su rol de “dirigente”.
             En la Asamblea Nacional de unos pocos años atrás hubo uno de esos diputados insultadores, insidiosos y hasta tira patadas llamado César Pérez Vivas, quien posteriormente sería Gobernador del Táchira, sólo que éste se especializó en comportarse de esa manera con la diputada chavista, por el mismo Estado, Iris Varela a quien Chávez llamó “la fosforito”. ¡Siempre fue extrañó, que nunca se metiese con alguien de su mismo sexo!
              En la Asamblea Nacional del período vigente, pareciera que ese tipo de diputado (a), en un lado y otro, se ha multiplicado. Recuerdo cuando Marquina, en un gesto brutal y guapetón por decir lo menos, intentó golpear al diputado Fernando Soto Rojas y, la señora Machado, votó la clase e insultó al propio presidente Chávez, quien con elegancia y caballerosidad la puso en su sitio, en el mismito que le corresponde por esencia.
             Pero en verdad, sin importar el sexo, abundan en la Asamblea Nacional de ahora, diputados, olvidando el bando donde se encuentren y el nivel que ocupen en el órgano legislativo, que tienen el mismo discurso montado, como si fuesen DVD, para responder con violencia e improperios a todo contrario que diga algo, sin importar lo que haya dicho. No abundan quizás quienes gesticulan como buscando volver aquello un ring de boxeo, como el diputado Berrizbeitia, quien hasta hace amenazas escalofriantes como aquella de “ustedes tienen las horas contadas", pero sí los insultadores que poco les importa salirse del debate; porque hay algo curioso, casi todos ellos se salen del debate y nadie se percata.
             Esa manera de abordar las diferencias, la mayoría de las veces sin justificación, contribuye a indisponer más de lo que ya estamos, por la conflictividad clasista, a los venezolanos de la calle. Tómese en cuenta, que dentro de los mismos partidos, discrepantes suelen utilizar el mismo estilo. Para comprobar esto último lean los artículos que aparecen en los medios.
             Por supuesto, nobleza obliga, hay muchas excepciones, parlamentarios que teniendo un exquisito lenguaje, gracia para hablar y por lo menos discreción, no recrean esos espectáculos.