sábado, 20 de diciembre de 2014

FRANCO Y FIDEL CASTRO, COSAS DE GALLEGOS. COMO UN CUENTO NAVIDADEÑO

ELIGIO DAMAS
            Un viejo amigo, ya fallecido, compañero de luchas desde finales de la década del cincuenta, en oportunidad que comentábamos por qué España, entonces bajo el gobierno de Franco, no se había adherido al bloqueo y embargo económico decretado por EEUU y respaldado por un enorme número de países, y mi amigo, con muy buenas conexiones como para informarse de detalles que no llegaban al gran público, me contó la siguiente anécdota que ha sido en mí fundamentada además en informaciones recogidas con posterioridad.
            Me contó mi amigo que cuando el Canciller español de entonces le presentó al “Caudillo por la gracia de Dios”, la solicitud norteamericana para que España adhiriese al bloqueo y embargo económico de 1960, recibió como respuesta casi inmediata un rechazo con lo siguiente:
           -“Ni de vaina”, dijo Franco y Bahamonde, “a la familia no se le pega; con la familia con razón y sin ella”.
           Cuando inquirí el sentido exacto y significado de aquella expresión, ante las circunstancias y el personaje que la emitió, mi amigo sonriente me continuó explicando.
           -“Hay dos razones. Pese su adhesión al fascismo y anticomunismo, Franco está atrapado en la idea que, como ellos, nosotros seguimos siendo en gran medida españoles. Pero además, él era gallego y Fidel lo es por su padre, eso le hace sentirse, por encima de las diferencias, “familia” de los cubanos y particularmente de los Castro”.
            En efecto, Francisco Franco, fue nativo de El Ferrol, La Coruña, de la comunidad de Galicia.
            Fidel es hijo de Angel Castro Argiz, nacido en el municipio Láncara de la provincia de Lugo también de la Comunidad de Galicia.   
            Todo lo anterior pareciera tener fundamento, en buena medida, en palabras del propio Fidel Castro, quien en “Biografía de dos voces”, entrevista de Ignacio Ramonet, dijo lo que sigue:
             -“Franco tiene que haber crecido y haberse educado en aquella amarga experiencia”.
             Se refiere el líder cubano a la derrota sufrida por las fuerzas españolas en Cuba en 1898 de parte de las estadounidenses. En aquella llamada guerra de Cuba, la isla se proclamó República independiente, pero continuó bajo el tutelaje de EEUU y Puerto Rico se convirtió en su colonia. Y agregó:
             -“Y lo que hizo la Revolución cubana, a partir de 1959, resistiendo a Estados Unidos, rebelándose contra el imperio y derrotándolo en Playa Girón, puede haber sido visto por él como una forma de revancha histórica de España”.
             Es decir, para Castro, la victoria de Playa Girón, pudo haber producido en Franco la satisfacción de ver, a quienes como dijimos arriba llamaba “la familia”, derrotar a quienes antes a España había derrotado.
            El embargo económico de 1960 contra Cuba, establecido por EEUU, con el respaldo de otros muchos países, que según cálculos que he escuchado cuantificar, representan una pérdida para el país antillano de más de 95 mil millones dólares, contó también con la complicidad de países de América Latina, fracasó con España. Pese la visita de Eisenhower, entonces presidente de USA, en 1960 a España, Franco casi inmediatamente firmó un acuerdo comercial entre España y Cuba.
            A raíz de la muerte de Franco en 1975, según el corresponsal de EFE en La Habana:
            “Pocas horas después de conocerse la muerte del general Franco, el gobierno revolucionario de Cuba decretó  luto oficial por tres días. Desde el jueves las banderas ondean a media asta en todo el territorio cubano. El Presidente de la República, doctor Oswaldo Dorticós, ha enviado un mensaje de condolencia al presidente del gobierno español”.
             Es posible que las motivaciones de Franco que a su vez generaron la conducta del gobierno cubano a la hora de su muerte, tengan explicaciones más hondas y racionales. Seguro que habrá alguien que reste valor a eso de lo gallego y la idea que Franco, viese en América Latina, tardíamente, una continuación de España. Habrá, es posible, unas muy doctas razones no esclarecidas aún, pero no obstante, Fidel metido de lleno en el asunto, abogó a favor de lo que podría parecer una cosa pequeña, pero que pese eso forma parte del movimiento, de la vida, la cultura y puede contribuir a que cosas como aquellas sucedan.

            

¡ECHANDO CUENTOS DE NAVIDAD!

   
¿Sabes por qué tengo patria?
                                               ELIGIO DAMAS


            Ella se regresó de la puerta del abasto, después de haber hecho una larga cola para comprar harina pan, esa de los Mendoza, la misma que según los trabajadores no se produce en la cantidad debida porque la mayoría del tiempo se utiliza la línea respectiva para lanzar al mercado en demasía otros productos al margen de la regulación. Cuando todavía quedaban unas cuatro o cinco personas delante de ella, se asomó el portugués a la puerta del negocio y les comunicó “no hay más, se acabó”; un viejo bodeguero de mi barrio,  alguno de los dos que allí hubo, les hubiese dicho “c´est finí” o “sefiní”, en un escueto y mal pronunciado francés, aprendido con el señor “Pafora”, un misterioso personaje de aquella nacionalidad, fugado de la prisión de Cayena y arribado a Cumaná de manera tan misteriosa como por qué lo condenaron, su fuga y permanencia entre nosotros. Nadie en el barrio nunca supo, porque nunca se oyó decir nada al respecto, cuándo y cómo arribó a nuestros naturales predios.
            Me la hallé entrando a su casa con la rabia pintada en el rostro y en toda su conducta corporal.
            ¿Qué le pasa amiga mía? ¿Por qué viene usted tan contrariada?
            Pese su estado de ánimo, como frustración diría yo, se detuvo y dispuso a contarme toda su tragedia. Al final, me dijo dos cosas:
          “Menos mal que tengo en reserva cuatro paquetes que me trajeron ayer los muchachos”, se detuvo un instante, suspiró hondamente y sentenció: “pero seguimos teniendo patria”. En la patria de ella y mía, cuando niños y aún jóvenes, la arepa no se hacía con esa harina; pues sabemos bien que es una manera sólo de facilitar las cosas en detrimento del buen sabor y gusto. Pero, con su expresión irónica la sujeto a aquella presencia.
          Sí, aquello último lo dijo con mucha ironía y, parece paradójico, el poder decírmelo, pareció devolverle el alma al cuerpo y recuperar su habitual cordialidad. Para algunos, ganados por una propaganda que les desnaturaliza, pareciera la idea de patria está en el estómago o el bolsillo y se es, más o menos patriota, según como a ellos se les alimente. Mientras siempre creí lo contrario y más que eso, pensé que la patria como la madre, más se quiere cuánto más privacidades pases al lado de ella y la veas golpeada.
          Sin intentar buscarle sentido o explicación por qué me dijo lo que me dijo, pues simplemente lo sé de memoria y estando ya en navidad, no es propicio amargarse la vida y menos permitir que alguien te la amargue con cosas pequeñas, tomé de las suyas como con delicadeza la palabra patria, me senté a escribirle esto que podría llamarle cuento y decidí titularle de la manera que lo hice, porque así lo hubiese dicho cualquiera de mi barrio, aunque igualmente hubiese sustituido lo de cuento por “cacho” para decir lo mismo. Porque el afecto puede empezar con las cosas más sencillas.
            Comenzaré por recordar al señor “Pafora”. Era yo un niño cuando tomé conciencia que estaba allí, apenas a unos cien metros de mi rancho. Era ya un viejo delgado, en apariencia trigueño, que luego supe estaba quemado por este sol inclemente con el que Dios nos premió. Nadie en el barrio sabía cómo llegó adonde estábamos nosotros, ninguno de los muchachos cuándo, pues si alguien nos habló de eso nunca prestamos atención, tanto que jamás fue objeto de nuestras conversaciones.
            “Pafora”, un buen día alguno del grupo nos dijo, “es un fugado de Cayena”.
            “¿Cayena?”, preguntamos todos como haciendo coro. La única cayena de la cual sabíamos es una bella flor muy abundante entre nosotros, en las plazas de nuestra pequeña ciudad era la dominante. La reina de los espacios y la joya de los jardines. En nuestras casas abundaba para adornar, alegrar la vida, darle algo de prestancia a aquella dominante austeridad  y tomar “agua de cayena” para los nervios y el dormir. Un pequeño arbusto que prodigaba todo, verdor, flores hermosas y nunca pedía nada. Las mujeres, muchas de nuestras mujeres, sobre todo las vendedoras de pescado, se distinguían por llevar siempre una cayena prendida al cabello y hasta montada en el pabellón de la oreja, la flor les hacía ver más atractivas y excitantes.
           El próximo encuentro, alguno de los muchachos llegó con nueva información.
          -“Cayena es una prisión francesa en la Isla del Diablo”.
          Otro, agregó pocos pero contundentes detalles acerca de las barbaridades que en aquella prisión se cometían con los presos que allí enviaban desde Francia; donde el victimario terminaba siendo víctima y digno de compasión. Cayena y Francia, nos parecían tan lejos, extraños al pequeño mapa que teníamos pintado en la cabeza y ajenos a nuestra cotidianidad y como un símbolo de la barbarie que, pese a que otro agregó que allí enviaban gente que había cometido delitos, el sólo pensar en el señor “Pafora”, tan cerca de nosotros, callado, a nuestros ojos humilde y nada dispuesto a relacionarse con la gente del barrio y menos con los muchachos que le jodíamos la vida, sometido a aquellas crueldades, optamos por aceptarle y sentirle compasión y respeto. Es decir, lo aceptamos y lo asumimos como nuestro. Pese lo que pudo haber hecho. Era él, taciturno, no deseoso de comunicarse ni dar muestras de convivencia, nuestro vecino y siendo mayor había también que respetarle, hasta donde entienden los niños de respeto.
          Tampoco sé cómo, porque los muchachos no se ocupan de esas cosas, el señor “Pafora”, construyó una casa en la orilla del camino, en la misma donde se habían alineado nuestros ranchos. Cercó un espacio grande, tan grande que uno al entrar como suelen hacerlo los muchachos en aquellas circunstancias y sin tener permiso, en el apuro de hacer lo que allí nos llevaba, nunca vimos la cerca paralela. El fondo, es decir la distancia desde la línea del camino donde estaba el frente de su casa hasta allá donde se corría la cerca opuesta, quedaba justo donde se abría el otro camino que llevaba a la sabana y el manglar. Cabían entonces en su espacio cercado, no menos de veinte ranchos como el nuestro con su patio y todo. ¿Cómo obtuvo el terreno? Quién sabe, quizás si cómo siempre hacen quienes aquí llegan y nos ven la cara de pendejos. Además ¡eso fue  hace tanto tiempo! Tampoco a nadie le importaba aquello; los terrenos sobraban y en cuanto a nuestra gente, cada quien se conformaba con un pequeño espacio, ¿para qué tanto? Eso daría demasiado trabajo y algo hay que dejarle a quienes vendrán luego.
            Pero “Pafora”, por eso nunca vamos a olvidarlo, aquel espacio salitroso, le convirtió en uno hermoso, lleno de flores diferentes, árboles frutales de todo tipo, de los que uno conocía y otros que sólo en nuestra niñez allí vimos. Eso que, la mayoría de nosotros, nunca pudimos recorrer aquel jardín completamente, porque nuestras furtivas entradas, además eran demasiado apresuradas, por el temor que inspiraba el señor “Pafora”, el fugado de Cayena y sus furiosos perros, que eran dos, los que curiosamente siempre a las horas del día permanecían amarrados, justamente cuando nosotros solíamos entrar; pero que ladraban fuerte como para asustarnos y avisarle al señor Pafora. Era un espacio refrescante, en medio de aquel mundo salitroso y sofocante, solo alterado cada cierto tiempo por los vientos que soplaban desde el mar y pasaban por el manglar, la sabana, por allí y en el barrio también se metían. En el reino de “Pafora”, los olores de frutos y flores se mezclaban gratamente y alguna que otra vez se combinaban con los que transportaban los vientos. Ahora no sé si me gustaba entrar, invadir su espacio por las frutas o por aquel como celestial ambiente que para más vainas, sólo disfrutábamos a la carrera. Quizás esa misma circunstancia, lo que estaba prohibido, nos atraía más que los frutos mismos que sustraíamos y fue la causa que años más tarde, como ahora, recordáramos ese espacio con nostalgia y agrado.
            -“Sal “pa´ fora” solía decir el señor “Pafora”, cuando lograba sorprender alguno de nosotros, mientras en sus brazos parecía acunar lo que se nos antojó siempre una escopeta de esas que disparaban “guáimaros” de sal. Es decir, el señor “Pafora”, como los Berrizbeitia” de la hacienda de enfrente, parecía dado a dispar granos de sal, sal gruesa, que se fragmenta e incrusta en la piel produciendo serias heridas, a quienes pudiéramos entrar a sus predios a recoger algún fruto caído. Aunque nunca supimos que eso hubiese hecho a nadie real y conocido; solamente escuchamos historias referidas a otros muchachos que nadie nunca dijo de dónde venían, quiénes eran, porque a ninguno de nosotros, quienes allí entrábamos a diario, jamás aquello llegó a sucedernos. Como también decían los mayores, al aconsejarnos que allí no entrásemos, posiblemente por respeto al señor, pero también por inculcarnos la idea del respeto a la persona y la cosa ajena, “tengan cuidado que el señor Pafora tiene un corral donde encierra niños y niñas que sorprende allá en su enorme jardín”.
          De tanto oírle decir a quienes de mediodía, cuando uno le creía durmiendo la siesta, nos sorprendía dentro de su hermoso y refrescante espacio, “Sal pa´ fora”, no sabiendo su nombre y por la incomodidad de llamarle “el fugado de Cayena” u otra cosa, nos pareció más graciosa llamarle el señor “Pafora”.
          Pero pese lo peligroso que se nos antojaba la entrada a aquel espacio, porque él nunca nos invitó, ni menos que sepamos, tuvo contacto permanente y cotidiano con la gente del barrio que decidió ignorarlo, aunque de vez en cuando iba a las bodegas y allí se veía obligado a hacerse entender y atender, como si estuviese ausente; además, era “un fugado de Cayena” y, para ellos, era algo así como un matón y peligroso, sin saber nunca por qué le consignaron a aquel diabólico paraje; tampoco, nunca, recogió unas frutas que le sobraban para obsequiárnosla. Seguimos entrando a todo riesgo y, sobre todo, cuando nos percatábamos que, de vez en cuando, alguien allí iba y lo llevaba a sitio para nosotros ignorado.
          Un buen día, supimos por los comentarios en el barrio que el señor “Pafora” había muerto. Una hija suya vino del otro lado de la ciudad y se lo llevó enfermo.  La muerte del fugado de Cayena, pareciera mentira, nos llenó de tristeza; nunca supe por qué. Más tarde comprendí que entrar furtivamente a aquel espacio se nos había vuelto un goce maravilloso, como un  juego a las escondidas de verdad y “peligroso”. Nunca supimos que en realidad “Pafora”, hubiese disparado a nadie, sólo se limitaba a decir aquella palabra de la cual derivamos su nombre y con el tiempo nos percatamos o tomamos conciencia, de tanto hablar de aquel asunto, que nos dejaba ir pa´fora, con cuánta fruta hubiésemos recogido que tampoco era mucho, sobre todo contando todo lo que allí siempre había.
            Con la muerte del señor “Pafora”, murió toda la rica vida que allí dio. Flores y frutos dejaron de prodigar sus exquisitos olores y sabores.

            Tengo bellos recuerdos como este, de una niñez con los pies pegados a la tierra y tantos afectos, que la ausencia de una insignificante cosa no rompe para nada mi encanto.  Faltan muchos que iré contando para que sepas por qué, pese a las calamidades de ahora, que son pocas, muy pocas, de las tantas que he experimentado en vidas anteriores, de cuando crees falsamente que todo era maravilloso y a pedir de boca, pero tampoco para pensar que en aquellos momentos no tuve patria. Siempre la he tenido hasta en pequeños recuerdos como ese de Pafora y he estado dispuesto a defenderla de quienes perciba como sus pretendidos victimarios. Por esta, como la madre, que le entrega a uno lo mejor que tiene, pese sus dificultades que con uno comparte, debo estar dispuesto a luchar y hasta dejar en ello lo mejor que tengamos. La patria es todo, empezando por los pequeños recuerdos de la niñez y, es entonces, bello tenerla y recordarla. Triste de aquel que no puede o no quiere. Y más, quien sin saberlo, se presta al juego de quienes planean subyugarla para exprimirla.

jueves, 18 de diciembre de 2014

¿PODRÁ CUBA RESISTIR LA EMBESTIDA FUTURA?


ELIGIO DAMAS


            Fueron multitudinarias las voces que demandaron contra el bloqueo a Cuba. En la ONU, los últimos años, se estuvo votando aproximadamente en una relación escandalosa de 180 contra dos y unas pocas abstenciones. El mismo Papa Francisco, recién instalado en el vaticano, abogó por esa causa.
         El gobierno de Obama, como el de Bush, quedó atrapado entre la opinión de algunos influyentes dirigentes de los dos partidos del status, la CIA, el Pentágono, su aliado el gobierno de Israel y voceros de la más reaccionaria tendencia entre los cubanos de Miami. Mientras ellos les enredaron e impusieron aquella irracional conducta, la determinante mayoría de los países del mundo, muchos de los cuales han llevado excelentes relaciones con EEUU, solicitaban la suspensión de ese “criminal” bloqueo. Hasta los gobiernos de la IV República en Venezuela votaron en ese sentido, contra el bloqueo. Dentro del propio país del norte fueron formándose bloques económicos interesados en el mercado cubano y de esa tendencia se ha tenido noticias por años, como intercambios o encuentros entre ellos y las autoridades insulares.
            Pero hubo un momento, que tanto para demócratas como republicanos, el voto cubano o de ese origen en la Florida, de predispuestos a ultranza contra el régimen de la Habana, quienes de la isla se llevaron sus odios y frustraciones, se volvió demasiado apetecido y para conquistarlo había que mantener dura la política frente lo que ellos han llamado el Castro-Comunismo.
            Obama en su discurso para anunciar sus decisiones con respecto al gobierno cubano y el intercambio de prisioneros, dijo algo que hemos escuchado en abundancia. La opinión del latino, incluyendo los de origen cubano que residen en Miami y en general en la costa de la Florida, ha cambiado sustancialmente con respecto a la que prevalecía por lo menos de una década y media hacia atrás. Los hijos y nietos, en buen número, de los primeros en arribar a territorio estadounidense, como resultado del accionar de los revolucionarios que bajaron de la sierra Maestra, no miran al régimen cubano y a los Castro mismos, con iguales ojos, no tienen las mismas opiniones. Incluso, he leído y escuchado algunos importantes testimonios, de muchísimos de esos ahora jóvenes, que miran a Cuba y los cubanos, por encima de las diferencias políticas, que en ellos son menores que las de sus ascendientes, con simpatía y hasta con el amor que se tiene a una patria ansiada y allí mismo, a pocos millas. Sienten que quienes viven en la isla, son sus familiares y hasta amigos de sus padres. Escuchan el llamado de la sangre, que como solemos decir, no se vuelve agua y de la cultura ancestral que está prendida en los genes.
            Esta tendencia tiene hoy en la Florida un peso muy significativo. Porque como le escuché decir a una muy interesante y despierta jovencita de origen cubano, de padres salidos apresuradamente en los primeros años de revolución, “además de sentir que allá tenemos mucho y hay una gente hermosa y generosa que nos recibe con los brazos abiertos, ya las cosas no son como antes”. Este, “no son como antes”, en ella tiene una connotación política.
            Pero también dijo Obama - no pierda el tiempo cualquier enemigo del régimen cubano buscando el nombre del autor de tal afirmación – que la política de EEUU durante más de cincuenta años frente a Cuba, cuyo rasgo más definitorio ha sido el bloqueo, fue un fracaso. Decimos nosotros, siempre lo fue y rotundo.
            Si bien es cierto que generó dificultades económicas, sobre todo después de la disolución de la URRSS, en aquel período que los cubanos llamaron “especial”, que todavía se sienten en la isla antillana, la larga coyuntura sirvió para que el pueblo cubano tomase conciencia de los rasgos y la conducta del imperialismo y asumiese posición de rechazo y combate contra él. El gobierno cubano pudo, podemos decirlo con certeza y hasta admiración, frente a aquellas dificultades ante las cuales las que ahora atravesamos parecen insignificantes, lograr que el ciudadano se encontrase con la patria e internalizase profundamente el valor de lo que ella representa. Mientras más les golpeaba el imperialismo, mayores eran los daños que les ocasionaba directa e indirectamente, más crecía el amor de los cubanos por su patria, la solidaridad entre ellos y la identificación con su gobierno, dirigentes y proyecto de cambio. De lo mucho de bueno que hay en el pueblo cubano, sobresale ese bello y profundo sentimiento de solidaridad entre ellos que se desparrama a todos los semejantes del planeta. Los cubanos son los primeros en llegar donde se produzca una tragedia y se requiera ayuda fraternal y desinteresada. África toda sabe de eso y muchos pueblos de América Latina, como Venezuela, conocen del desprendimiento y deseo de servir de manera abnegada de los cubanos.
            Las contradicciones existentes entre los militantes de la revolución y sus dirigentes pasaron a un segundo plano; pues ellos, todos, supieron definir dónde estaba el enemigo y hacia dónde dirigir sus esfuerzos aunados.  El rompimiento de relaciones de EEUU con Cuba y el bloqueo, pudieron como en verdad lo fue, generar dificultades económicas, limitar el crecimiento de la economía y crear muchas carencias en distintos órdenes. Pero, como solemos decir, no hay mal que por bien no venga. Ese alejamiento, mantuvo fuera de Cuba el bombardeo cultural a que son sometidos nuestros pueblos por diferentes medios y también la injerencia descarada y también sutil en nuestros asuntos. Es verdad que Cuba ha llevado leña y hasta infiltran agentes por distintos medios y modalidades para intentar desestabilizar la sociedad cubana, pero el bloqueo, la no existencia de relaciones y las restricciones propias del caso, dificultan a los distintos agentes del capitalismo y de los gobiernos de USA hacer lo que entre nosotros hacen descaradamente y también de manera muy subliminal, valiéndose de sus abundantes medios de comunicación y redes de intercambio comercial, instrumentos que ahora son más mortíferos que las armas o el sabotaje.
            Si los cubanos celebran como buena la decisión tomada por el gobierno gringo, lo que incluye presuntamente la suspensión del bloqueo, uno debe aplaudir y hasta felicitarles porque alcancen un ansiado sueño. Es cierto, que abierto el intercambio comercial entre EEUU y Cuba, países distanciados por unas pocas millas y tomando en cuenta las posibilidades que se abren al segundo para satisfacer su demanda y colocar su oferta, en lo inmediato, la economía de este debe crecer y con ello fortalecer el modelo cubano. Así, puede uno verlo en los números, si aplica la lógica que dos más dos son cuatro.
            Pero cuando Obama habló de fracaso de las políticas de su país frente a Cuba, se refirió en buena medida a lo que dijimos. Con ellas, solo obtuvieron, pese las carencias materiales instaladas en la gran isla caribeña, elevar el espíritu combativo del cubano, la unidad entre ellos y la identificación de la aplastante mayoría con el gobierno y el proyecto de socialismo. Es obvio, que el gobierno cubano se volvió imbatible. Cuando creyeron que la ausencia de Fidel pudiera debilitar a la sociedad cubana, se equivocaron. Con Raúl, los cubanos pudieron entrar en un largo e intenso debate para la reformulación del modelo y conductas gubernamentales y lo lograron exitosamente, sin una fisura.
            Por eso, el cambio que ahora anuncia Obama, habla de unas nuevas relaciones, pero eso implica también, de eso no debe haber duda, porque el imperialismo no ha dejado de serlo, una nueva manera como los gringos van asumir su lucha para intentar voltear la sociedad cubana. En esto hay mucho por decir y en la rica imaginación de quien esto lee; pero por los momentos, uno puede decir que a Cuba, con el intercambio que surgirá de las nuevas relaciones, suspensión del bloqueo, llegarán “oscuras golondrinas” y no de contrabando ni por los caminos verdes. Ahora mismo pienso en “revoluciones de colores”, “manitas blancas” y hasta guarimbas.

             Menos mal que los años, han hecho del cubano de ahora “un tipo duro”, si no todavía un hombre nuevo, de enrolar contra su propia patria y contra sí mismo. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

¿POR CASUALIDAD, HA VISTO UN ROLLO DE PAPEL HIGIÉNICO?



ELIGIO DAMAS

            Volvió a desaparecer el bendito implemento. ¡Vaya que es bendito! Como todos va y viene. Aparece cuando uno menos le espera y desaparece cuando más se le necesita. Sus apariciones y desapariciones están, como hubiese dicho el “Chapulín Colorado”, “fríamente calculadas”. Pareciese una nota musical, dentro de un arreglo, que suena ahorita para reaparecer luego, justo cuando el autor o arreglista lo dispuso para mantener ritmo y concordancia. Por supuesto, que el músico o entendido sabe bien cuándo hará su aparición la nota musical. He hablado del papel higiénico, porque es ahorita muy notoria su ausencia, pero igual comportamiento tienen todos los productos, si es que a ellos, como si fueren seres animados, pudiéramos endosarle la responsabilidad de su conducta.
            La economía venezolana de esta época que ha sido calificada en buena medida con certeza como “guerra económica”, funciona cual sinfonía interpretada por orquesta numerosa, de abundantes instrumentos. Algún personaje, si no genial o de altas dotes como Gustavo Dudamel, pero si dotado de poderes acordados por los dueños y manejadores de los instrumentos, dirige aquella extraña y hasta cruel sinfonía sorda pero destructora.
             Levanta la batuta, se acompaña con una señal de la mano en libertad, comienza a mover ambas manos rítmicamente, mientras agita los dedos de manera convencional y aparece en los mercados, abastos y hasta pulperías aceite, harina de trigo, jabón en polvo, que llevaban días sin aparecer en el escenario. Pero esta aparición, quizás por lo discreto o simulado de la señal, es abrupta para la mayoría del público. Pero por un inexplicable, extraño y cómplice mecanismo informativo, algunos o unos pocos, se adelantan y encabezan las colas en los sitios de distribución; aún sin haber muestra alguna visible que justifique esta conducta informal del público. Los demás llegan como un reflejo condicionado; donde se forme aunque sea una pequeña cola, quienes por allí pasen, se pegan sin saber para qué. ¡Eso no importa! ¡Lo que haya! ¡Agarrando aunque sea fallo! Si usted se para cerca de la puerta de un abasto o pulpería a esperar a un amigo, seguro que tras suyo se formará una cola. Porque no importa lo que ellos esperen o vayan a vender; lo importante es comprar para el mañana incierto.
            Porque por lo que uno ve, pareciera que el venezolano ha asumido el asunto como algo para divertirse y pasar el tiempo. Aquello de “a donde vayas haz lo que vez”, parece funcionar muy bien en Venezuela; donde veo una cola allí me achanto; si alguien se para, mira a los lados y hacia arriba, sobre todo cerca de un abasto, de inmediato allí se genera una cola; algo habrá de resultar de esto, piensa el transeúnte. Sin dejar de reconocer y recalcar que unos cuantos han hecho de la cola y el bachaqueo hasta una lucrativa forma de vivir.
             De repente, pasado unos minutos, en todos los sitios donde aquellos productos aparecieron, en lo que pestaña un mono, se asoma el dueño o vocero del abasto y dice:
             -“¡Ya no hay más! ¡Se acabó!”
             En ese momento, el director de orquesta hace dos o tres bruscos movimientos y da por cerrado aquel compás. El producto desaparece, uno no sabe hasta cuándo. ¡Quizás vuelva algún día! En el momento que el director de orquesta le asignó. Eso sí, éste hace un breve paréntesis como para recibir los aplausos del público y con parsimonia inicia un nuevo movimiento. Vuelve a levantar la batuta quizás un poco más o menos inclinada que antes, agita la mano libre de un modo estudiado y aparecen otras cosas como mantequilla, pollo, azúcar, café y desodorante, que estuvieron en los depósitos al lado del inmenso escenario a espera de su turno de salir a escena. O la empresa dejó de producirles de acuerdo con el plan del director de orquesta, para producir aquellos que les llegó su turno. Esto lo denunciaron los trabajadores de Polar.
            Así, de esa manera orquestada y como por turnos aciagos, desde la perspectiva del público consumidor, funciona la distribución de mercancías; las de primera necesidad, incluyendo las medicinas y las que no lo son, porque las mujeres se quejan hasta por la desaparición esporádica y por momentos más o menos largos de artículos para el pelo y las pestañas.
           Con las medicinas, que merecen por razones obvias un tratamiento especial, si su entrada y salida del mercado dependen de la voluntad del gran director de orquesta, quien seguro estoy no es Chúo Torrealba, sucede igual, lo que hace el proceder mucho más cruel; es así, porque entre su desaparición del escenario y su entrada abrupta, cuando aquél le dé la gana, no toma en cuenta lo indispensable de ellas. Uno puede dejar de comer mantequilla, pollo, por un tiempo; almacenar la ropa hasta que al director le dé la gana de hacer circular el jabón, o lavarla mediante otros recursos, bañarse con una “ñinguita” o “conchita” de jabón, pero no esperar cuando a él le parezca para tomar la medicina contra hipertensión o diabetes. El director no toma para nada en cuenta las indicaciones médicas y menos de la Organización Mundial de la Salud.
            La guerra económica que, según él director y quienes forman parte de la orquesta, tiene como fin tumbar al gobierno, ha demostrado la falsedad de eso que los economistas liberales llaman “las ciegas leyes del mercado”. Estas aquí no funcionan, como no han funcionado nunca. Han sido maniatadas y lo han sido, porque no son ciegas ni fatales. Alguien las puede manipular en su propio beneficio.  ¿Quién puede hacerlo? Pues quienes han mostrado que pueden secuestrarlas y controlar el mercado. ¡Los poderosos!
          Claro, uno también sabe que en una guerra hay dos polos. En este caso quienes controlan la circulación de mercancías y el capital por un lado, con sus particulares deseos de acumular más, deseo superior al de tumbar gobierno alguno y el pueblo consumidor. El primero, cree dirigir la guerra contra el gobierno pero es falso; lo hace contra el pueblo consumidor y de bajo salario, pretendiendo confundirle para que se ponga de parte de ellos; de su enemigo. O lo que es lo mismo que se vuelva enemigo de sí mismo. En el medio está el Estado con su gobierno, que lo menos que podría hacer, más siendo objeto de ataque del primer factor, es accionar para obligarle a entrar por el carril que no es otro que las elementales reglas del mercado, las mismas que ellos ponderan sagradas y de la moral ciudadana. Este Estado, con los recursos monetarios que maneja, también debe y puede hacer para  equilibrar entre oferta y demanda. Es decir, el Estado tiene la opción de actuar como ente regulador a través de la norma jurídica, demás instrumentos coercitivos y también como operador o suministrador de mercancías. Si no lo hace con eficiencia, contribuye, aún contra su propio interés, al de los capitalistas, deseosos de acumular y especular en todas la escalas. La escasez se pone de parte de éstos y les permite mayor acumulación.
            De manera que, no es suficiente el Estado nos ofrezca que a partir del 2015, estará en todas partes con cuatro ojos vigilantes u ¡ojo pelao!, como gustaba decir a Chávez, sino es necesario busque la manera de incentivar la inversión, invierta el mismo, estimule al poder popular para que produzca, permitiéndole los medios para hacerlo y procurando con su vigilia que  entre este no pululen quienes se vayan con la cabuya en la pata. Es verdad que el ojo del amo engorda el caballo, pero eso no quiere decir que se limite a verlo, sino que cuide le alimenten y lo alimente él mismo.
            Pero no nos caigamos a embustes. Somos una economía rentista que ha perdido el tiempo y dilapidado recursos de difícil cuantificación. Como tal, para el consumo y activar la producción, requiere divisas a un precio accesible y para que esa producción sea competitiva y como tal exportable y también moneda nacional. ¡No es sólo asunto de vigilar! No todo se explica hablando de guerra económica, aunque sí hay buena parte de verdad en ello.

          Pero…….mientras tanto, tíreme el dato, ¿dónde hallo papel higiénico? Lo volvieron a sacar del sagrado mercado y, ni siquiera, en el diabólico paralelo o informal, uno le halla. Ni Caronte, que en su barcaza entra y sale del infierno como perro por su casa, ha podido “resolverse”, por ahora, bachaqueando ese producto.

martes, 16 de diciembre de 2014

¡AL POBRE OBAMA LE RECLUTARON! ¡POBRE NEGRO!


ELIGIO DAMAS

            Si bien es cierto que el capital, ese que domina gran parte del mundo, hace de Israel una especie de perro de presa en el Medio Oriente, promueve guerras a diestra y siniestra, en gran medida entra y sale de la cartera de los blancos, podría por ligereza asociarse al color de la piel, puede también pintarse de diversos colores. Es un asunto de clases, el color nada tiene nada que ver con eso. Explotador es quien controla los medios de producción y se apropia de la plusvalía y con ella justicia y la libertad.
             Un viejo militante por los derechos civiles, George Jackson, de los Panteras Negras, autor de un interesante libro titulado “Soledad Brother”, llamó a los suyos a entender y difundir la idea que el enemigo no era el hombre blanco, también víctima de las contradicciones sociales, sino el amo del capital y capataz de la Casa Blanca. Llamó la atención sobre el problema clasista y no sobre el color de la piel, asunto éste que el verdadero enemigo usaba para esconderse y hacer confuso el sentido y rumbo de las luchas del pueblo. Había pues que definir e identificar al enemigo auténtico y no tomar como tal a quien no lo fuese y viceversa.
            La guerra de Vietnam impactó la vida americana. Tanto que fortaleció y aceleró la lucha por los derechos civiles, bajo el aliento de aquellos jóvenes, blancos y negros que optaron por desafiar al Departamento de Estado y al Pentágono y no ir mansamente a guerrear allá lejos, donde ninguno de ellos tenía enemigo sino hermanos, como solía decir aquel personaje del mundo del boxeo que “volaba como una mariposa y picaba como avispa”, llamado originalmente Cassius Clay, quien posteriormente adoptó el nombre de Mumhamad Ali, también como un gesto de protesta o renuncia.
            Marthin Luther King, comprendió también que su lucha debía ir más allá de por los Derechos Civiles y se vinculó a quienes desaprobaban y combatían por la paz en Vietnam, por dejar de agredir a aquellos hermanos del mundo y en su célebre discurso “Tengo un sueño”, expresó entre otras cosas, tomadas como peligrosas por los racista, guerreristas y comerciantes de la guerra de su país:
           “Cuando repique la libertad en cada ciudad, aldea, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Somos libres!”.
           Porque cuando los hijos de Dios puedan unir sus manos se acabaría la discriminación, el enfrentamiento ciego entre los hombres y la guerra; con ella el despojo de los pueblos más débiles y el negocio armamentista.
           King, ayudó a convertir al reprimido por el color de su piel en un combatiente contra la guerra y favor de la solidaridad de los hombres de buena voluntad y contrarios a la política internacional de USA. Por eso había que acallarle. Como la de Malcolm X, callaron la voz de Marthin Luther King.
            Pero quedó la huella profunda y había que borrarla; la represión y los asesinatos por encargo no producían el resultado apetecido. Había que apelar a algo más creativo y hasta sutil, como después vinieron las revoluciones de colores.
             Buscaron en la sociedad norteamericana, no sin cautela, alguien de la misma gente por la cual King y Malcolm X lucharon por sus derechos civiles que eran los mismos de ellos. Rebuscaron en todos los rincones, en las escuelas y universidades y hallaron a aquel joven, inteligente y carismático líder estudiantil. A partir de allí, el laboratorio creo el personaje y la idea que alguna que otra vez algún soñador o fantasioso puso a correr como cosa del futuro, futuro impreciso, un presidente negro – era así como decían no afrodescendiente – que ayudase a revertir la corriente o actitud que habían creado Malcolm X y King, sobre todo lo relativo a las guerras. El sistema de EEUU no sabe cómo y tampoco puede convivir en paz con el mundo.
           Entonces, a los luchadores por la libertad y la paz, que como dijo King debían ser negros, blancos, católicos, evangélicos, protestantes y hasta judíos, había que volverles al ideal del Pentágono, hacer la guerra para que el sistema de ellos subsista.
           De manera que como las revoluciones de colores de ahora, la guerra por otros medios, que al final persigue fortalecer la guerra de las armas mortíferas, antes surgió un presidente negro. Hasta hijo de un emigrado africano. Se le instaló en la Casa Blanca, donde entró bajo la consigna de “borrar el pasado”, se le consiguió adelantado el “Premio Nobel de la Paz” y le pusieron a conducir la guerra. Hasta le convirtieron más agresivo que Bush. La idea era intentar convertir a quienes antes estuvieron al lado de Malcolm X y King en partidarios de la causa de la clase dominante. Le degradaron de manera tal que transmitieron al mundo su imagen mirando por un televisor como, en vivo y en directo, asesinaban a Bim Laden o a quien hicieron pasar por éste.
          Al pobre Obama, inteligente, brillante, le reclutaron de manera “forzada” y le llevaron a la Casa Blanca a hacer de Tío Tom, quien contribuye con la casta gobernante, la del dinero por montones, que humilla a su pueblo y los débiles del mundo, a seguir con aquello contra lo que combatieron Malcolm X y King. El, atrapado en la Casa Blanca y los círculos que le rodean, ve recrudecer de nuevo los atropellos a su pueblo de piel como la suya, en nombre de la democracia y libertad. ¡Como en el pasado!   Que un policía blanco, incitado por el odio, mate a muchacho negro y se le declare inocente, volvió por sus fueros. Ya no es ni siquiera necesario que se encapuchen como las enfermas huestes del Kukuklan.

            Como en la novela de Gallegos, uno al pensar en Obama, lo contrario en grandeza a Malcolm X y King, a uno le provoca decir ¡pobre negro!

domingo, 14 de diciembre de 2014

EN EL CIELO ABRIRÁN UNA PERRERA. ¡DEBERÍA SIN DUDA! ¿Y LA CIA!


ELIGIO DAMAS


            La iglesia católica que convalidó la conquista en América bajo los símbolos de la “espada y la cruz”, para justificarse, siempre los injustos y bárbaros tienen una justificación sacada de la manga, apeló al cura Sepúlveda quien ni corto ni perezoso inventó aquello que los indígenas no “tenían alma”. ¡Listo y puesto! ¡Se acabó la vaina y dale con los faroles! ¡Muerto el perro se acabó la rabia!
            Por eso, los gringos, cuando la dieron por invadir a Irak, inventaron que Hussein tenía armas de destrucción masiva y de esa manera justificaron su atropello; como luego harían en Libia y en cada sitio, como ahora Siria, que les dé la gana invadir para cogerse lo que no les pertenece. Así, el antecedente de esta conducta gringa, por los menos en América, está en las teorías de Sepúlveda,  desde el punto de vista formal u operativo.
             Para Aristóteles, todos los seres vivos tendrían alma, que sería ese ser inmaterial e invisible que les hace moverse y realizar una serie de funciones. Pero para el cristianismo en particular, el alma es inherente a los seres humanos. De donde lógicamente uno concluye, que si nuestros indígenas no tenían alma, según la teoría de la colonización, entonces no eran humanos; quizás, para el cura “pensador” cordobés no pasaban de seres vivos. Por eso, justificó la guerra o mejor genocidio desatado contra ellos en nombre de la iglesia y cristo, bajo la absurda y racista idea de imponerles una “cultura superior”. Cosa que pese a toda aquella crueldad, no deja de producir risa, pues como el fascismo habló más tarde, se dijo de una “cultura superior”, capaz de matar a mansalva y masivamente a seres humanos que le tendieron generosamente la mano a sus iniciales obligados y azarosos “visitantes”.
            Quizás, por creer inferior e incompetente a la mayoría de los venezolanos, mayoría que quiere paz y adhiere la idea que todo cambio debe darse bajo ese signo y respetando el derecho de todos, que les sugiere un poco de aquello de “indios sin alma”, según la evaluación de la derecha gringa y nacional, ésta no duda en apelar a la violencia y opta por matar, sin misericordia, inocentes como Robert Serra y los caídos durante las guarimbas.
            Ahora bien, todos sabemos, pues es una clase elemental del catecismo de la escuela primaria y de la educación informal, que según lo cristiano, al morir el cuerpo, una de las partes de la condición humana, el alma se desprende, no se sabe cuándo y eso no deja de generar conflictos, y viaja a la eternidad. Antes, unos iban directo al cielo, como quien tiene pasaporte y visa gringa, otros por malos, insalvables, salvo que se bajasen de la mula, los zampaban al infierno a donde les llevaba Caronte y, quienes estaban en duda iban, en una especie de pasantía, al limbo. Entre los destinados a este espacio, estaban los niños que morían sin ser bautizados. Eran ángeles, sin duda alguna, pero sin título, pasaporte ni visa.
            Pero no hace mucho, creo que el Papa anterior, el alemán que estuvo de joven en las huestes nazis, decidió sin preguntarle a los huéspedes de allí y a quienes eran candidatos potenciales a serlo, eliminar el limbo. De donde uno cree que quedaron como sin pena y sin refugio; como anda ahora buena parte de la población española.
            Pero los animales, los seres vivos distintos al humano, ahora en esta época en la que las teorías de Sepúlveda por crueles quedaron olvidadas, cosa que muchos curas deberían recordar al momento de hacer y decir tanta barbaridad como las hacen y dicen los curas Urosa, Luckert y Porras, no tienen alma. De allí, que hasta hace pocas horas, el cielo era ajeno a animales y otras formas de vida distintas al hombre. Esto a uno le plantea un problema alimenticio, pero dejemos eso para otro espacio. Aunque suponemos que el alma no come, no le hace falta, tiene su particular fuente de energía.
            De repente, ante la pregunta de un niño o quizás requerimiento lleno de ternura, el Papa Francisco, quien ha resultado sumamente singular, le dijo que los perros si van al cielo. Esto implicaría optar por la idea que los canes tienen alma, que es quien puede alojarse en ese espacio ideal e idealizado. Pero si los canes la tienen por qué no los otros animales y seres vivos. De esa manera, tendríamos un cielo en cierta forma como la tierra pero sin gente mala, como los capitalistas agiotistas, guerreristas cual Obama, sus antecesores y sionistas. El humano bueno que empezó por ser niño, muerto cuando le corresponda, podrá reencontrarse con su mascota en el cielo. Porque tampoco sería un perro mordelón, agresivo, sino eso, un juguete para niños y damas caritativas y sin el síndrome del terror a los animales. ¡Porque de las dos hay, tengo los pelos en las manos!

            Por supuesto todo aquel que le encanta un jardín tiene, por disposición de Francisco, la oportunidad de trasladar o replantar el que tuvo en vida terrenal al cielo. ¡Qué bello! Lástima que la CIA, como perro mordelón y permanentemente rabioso, como Cancerbero, debería estar destinada a morar en el infierno, es capaz de encontrar la forma de violentar aquello y meter allí toda la parafernalia que encarna. 

viernes, 12 de diciembre de 2014

¿GENTE DEL GOBIERNO CON ACTIVOS EN USA? ¡UNA TRAMPA!


ELIGIO DAMAS

            El ansia de criticar al gobierno o gente que comanda al mismo, pareciera ir más allá del deseo de ayudar a, como dijo el Quijote, “enderezar entuertos”. Eso es peligroso. Porque se podría hacer daño sin quererlo, dejándose llevar por algo así como un movimiento inercial ajeno al impulso revolucionario.
            El Estado norteamericano, como el morrocoy, llamando a los demás conchudos, saca una lista de personajes venezolanos que serían objeto de sanciones como congelación u otra cosa de activos fijos y circulante o dinero en efectivo, existentes o depositados en bancos de allá, por estar envueltos en actos de violación de Derechos Humanos. ¡Imagínense tal pulcritud! El indecente, indecoroso, tramposo, pretendiendo dar lecciones de moral.
            Tal medida corre paralela a una denuncia del Congreso, según la cual, bajo los gobiernos republicanos, eso alude primordialmente a George Bush, la CIA aplicó torturas infernales de todo tipo, hasta inconcebibles para la mente humana no perversa, dentro y fuera de EEUU.
            Se produce el anuncio que afectaría a venezolanos, en medio de unas ruidosas protestas a lo largo de todo el país por el recrudecimiento de actos racistas por parte de los cuerpos policiales y decisiones del mismo corte en tribunales, en los cuales parece estarse aplicando una extraña norma de Derecho Penal, según la cual, todo afroamericano es culpable hasta de su propio asesinato y caucásico inocente a todo trance y circunstancia.
            Por supuesto, el marco político económico de referencia que envuelve a USA, va de una honda crisis, que pasa por precios altos en muchos rubros como la leche, desempleo que marca cifras alarmantes y un país envuelto en conflictos bélicos en medio mundo; por cierto, circunstancias que vuelven a la fiera más peligrosa, estado apropiado para que la bestia tire cornadas al azar. En este momento de convulsión, Venezuela se le hace más irritante, lo que se agrava con la prédica de la derecha doméstica y la de allá, que incluye venezolanos, interesados en desatar si es posible una guerra interna para abordar el barco y saquearlo. Lo que no niega el deseado sueño de la invasión, pese que en esta parte del mundo ha habido cambios y acercamientos expresados en ALBA, UNASUR y CELAC que no le hacen la cosa fácil como antes; sin contar que ya la OEA no es su ministerio de colonias.
            Dentro de este panorama, se tiene que ver el anuncio de las medidas y las personas a ellas destinadas, en su exacta dimensión y con el cuidado debido para no pisar una trampa caza bobos. Las medidas gringas, al margen que en la lista haya algún personaje sujeto a ese tipo de sanción, porque allá tiene lo que ellos esperan congelar o apropiarse como castigo, que no es lo fundamental, tienen como objeto sentar un precedente para llegar más lejos y, en el futuro, tan cercano como lo quieran, aplicarla al Estado o Nación venezolana o, como decir, a los venezolanos todos. Anoche escuché a la congresista norteamericana de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen, explicando que el proyecto que se introdujo al congreso, del cual se confesó coautora, con la finalidad de sancionar a venezolanos, originalmente incluía futuras medidas que sugieren algo parecido al bloqueo aplicado a Cuba.
            Son pues, las medidas mismas, el precedente que sienta, lo que debe preocuparnos por encima de todo. Esto en primer término.
            No me chupo el dedo ni nada parecido. Como no vivo pensando en pajaritas preñadas. No me agarraría de sorpresa que alguien hasta con posición importante dentro mando bolivariano o sus alrededores cercanos, tenga activos fijos o circulantes en aquel país. Estando en un país capitalista, con lo que pesa su cultura, descubrir eso no es asunto para extrañarse o sentirse eufórico como para rasgarse las vestiduras. ¡Es posible que los haya! ¡No es malo descubrirles y desenmascararles! Pero, aparte del precedente del cual ya hablamos, debemos manejar la denuncia con ponderación. Esperemos que allá tomen decisiones al respecto y prueben el valor  de ellas para luego juzgar. Mientras tanto, hay que actuar con pie de plomo y solidaridad con los camaradas hasta nuevo aviso. Sería muy malo y feo prestarse para hacer pasar como verdadera lo que pudiera ser una bomba de humo, destinada a ocultar algo peor o por lo menos intentar descalificar compatriotas y desatar una pelea de perros entre nosotros.
          No es descartable pues que se trate también de una fea trampa para exacerbar las diferencias en el movimiento revolucionario y generar dudas corrosivas; más si existe un caldo de cultivo apropiado, creado por ellos y enriquecido por nuestra propensión a juzgar mal por los desacuerdos de orden táctico que tengamos con alguien, por decir lo menos.
          Quien entre nosotros esté acumulando de manera desmedida y depositando e invirtiendo en EEUU u otra parte es un enemigo del proceso. ¡Cierto! Pero también lo es aquel que por mala fe, indisposición congénita, se presta para hacerle eco a las maniobras gringas, que lo son por encima de todo y principios, tomando como cierto lo que desde allá dicen y contribuyendo a difundir la idea que estamos todos o una buena parte “en la cueva de Alí Babá”. Lo que es también muy importante, quienes entre nosotros se lanzan a juzgar a priori, estarían convalidando la prédica derechista, según la cual, aquí se ha hecho práctica habitual y oficial, violar los derechos humanos.
          Por cierto, para terminar esto, quiero aprovechar para advertir que anoche jueves 11-14, en el programa Zurda Konducta, pasaron un curioso video en el cual Alexis Ortiz, exalcalde de Lechería, Estado Anzoátegui, exmasista, quien años atrás se fue huyendo del país por desfalcar al municipio, aparece declarando y denunciando que en este país se violan los derechos humanos a granel y tan perversamente –hizo un diabólico traslado de lo que sucede en Guantánamo – que dijo que se le introduce a detenidos palos de escoba por el ano. Los camaradas de ZK, quizás por desconocimiento, es lo que se me ocurre, pasaron por alto al personaje y sólo se centraron en sus falsas acusaciones.

    

jueves, 11 de diciembre de 2014

SIMPLEMENTE "TOÑITO" SUCRE



Para recordar la batalla de Ayacucho

ELIGIO DAMAS


            -“Así serán de pendejos los españoles del sur que se dejaron joder por Toñito Sucre”.
            Así, con ese dejo de ironía y sarcasmo, comentó el general Bermúdez en Cumaná, hablando a un grupo de amigos, seguidores y hasta subalternos, al saber los resultados de la campaña del sur y de la batalla de Ayacucho. Era bien avanzado diciembre de 1824 y el 9 de ese mes y año, quien allí alcanzase el mérito de ser Gran Mariscal de Ayacucho, había derrotado brillantemente, si de esa manera puede calificarse un acto de guerra, a las fuerzas del colonialismo español y haber cerrado la campaña de independencia del sur.
            Fue Bermúdez un guerrero que se llenó de gloria. Desde el año 1813 entró en combate con los invasores de Chacachacare, bajo el comando del general Santiago Mariño y fue los héroes de la vanguardia de la Campaña de Oriente. Todavía, para 1821, al momento de llevarse a cabo la batalla de Carabobo, había desarrollado una intensa campaña de distracción de las fuerzas colonialistas, para debilitarlas y llevarlas justo al sitio donde se esperaba se entablase aquel combate casi definitivo. Por eso está en el Panteón Nacional. Pero era él, tal como lo describe Eduardo Blanco en “Venezuela Heroica” un combatiente feroz, valiente y arrojado como nadie, pero no pasó de ser un jefe al mando de pocos hombres. Eso sí, valiosos y todos ellos, como su comandante, héroes. 
           Apenas bastaron unas dos horas escasas, para que el genio militar del cumanés contando apenas con 6 mil hombres, destrozase a un ejército de más de 9 mil. No era aquella rápida y contundente victoria la primera obtenido por el genial oriental bajo esas circunstancias. Se había convertido desde tiempo atrás en gran organizador, armador y conductor con orden y concierto de ejércitos enormes. Llegó a alcanzar el más alto nivel en eso de manejar grandes contingentes a lo que muy pocos estaban habituados y para ello preparados. Todo eso, sin dejar de ser humilde y comedido.
           Era “Toñito” un personaje humilde y discreto, tanto que cuando las fuerzas patriotas tenían bajo su control la ansiada Angostura, viejo sueño de los orientales, en una travesía del Orinoco, desde una nave que viajaba en contrario gritaron:
           -“¡Alto! ¿Quién vive?”  Y agregó la portentosa voz:
            - “Aquí viaja El Libertador”
           Alguien, a bordo de la barcaza que transportaba a Sucre con su Estado Mayor, respondió a aquel requerimiento:
           -“Aquí el General Sucre con su tropa”.
           Sucre, por sus méritos y su corta pero brillante carrera, quien había sido ascendido a ese rango por Santiago Mariño, hasta entonces formaba parte de los ejércitos orientales.
          Una voz, procedente de la barcaza identificada como de El Libertador preguntó:
          -“¿Quién es ese General Sucre que no conozco y no recuerdo haber ascendido?”
          Fue El Libertador mismo quien esa vez habló.
         -“Bien sé su excelencia, no me conoce, ni me ha ascendido, pero aunque sea como el más humilde de sus soldados estoy a su orden para servirle por nuestra causa”.
         Pero hay más. Ya disparados al sur, buscando la independencia del continente, el futuro Mariscal fue designado por El Libertador mismo para comandar la retaguardia. Tarea generalmente encomendada a oficiales de poca significación y lucidez. Aunque bien es verdad que Bolívar había advertido que la retaguardia era un desastre de organización y la causa de muchas debilidades. ¡Nunca, un ejército patriota, llegó a tener una retaguardia más organizada y en capacidad de prestar magníficos servicios!
        Estando frente a Popayán, después de cuantiosas pérdidas, por no poder tomar aquella ciudad durante largos días, quien comandaba en la retaguardia, por orden de Bolívar, sin formar parte del Estado Mayor del ejército que iba al sur, pasó al frente del ejército. Sucre, en sustitución de Sedeño en el comando, tomó la plaza en pocas horas.
        Cuando se firmó el acta de capitulación de la batalla de Ayacucho, el virrey español La Serna, exclamó “gloria al vencedor”. Sucre consecuente con lo que siempre fue, respondió con gallardía y humildad: “Honor al vencido”.  
        Fue ese humilde general, siendo general de brigada, en gran medida, el autor del Tratado de Regularización de la Guerra, firmado entre los días 25 y 26 de noviembre de 1820, entre Bolívar y Morillo en Santa Ana de Trujillo, en el cual se pone fin a la guerra a muerte y los asesinatos a presos de guerra; se acuerda el respeto de los derechos de estos y otros asuntos que humanizan la guerra. Se puede considerar ese documento el primer antecedente a los posteriores relativos a Derechos Humanos firmados en el planeta.
         Qué de bello y humilde hay en aquella carta que se puede leer en su museo en Cumaná, dirigida a uno de sus pocos familiares que no fueron asesinados por Boves, donde dice “Cuánto daría por dejar este honor y responsabilidades por volver a Cumaná y recorrer sus calles junto a mis viejos amigos.”

        Ese fue “Toñito” Sucre. Humilde, callado, eficiente y brillante.

martes, 9 de diciembre de 2014

¿POR QUÉ SER CRÍTICO Y NO ADULANTE?


Distintos niveles y contradicciones en lucha por el cambio

ELIGIO DAMAS

            Las contradicciones o para decirlo más coloquialmente, las diferencias, afortunadamente, “son el motor de movimiento y cambio”. Esta frase, leída en alguna parte, quizás en una hoja de un libro todo amarillento, recoge una verdad irrefutable. Si ellas desapareciesen se detiene la vida, el mundo todo. Escribiendo esto, alguien me envió un correo y refiriéndose a un trabajo anterior mío, me recordó a Hegel. Me detuve a pensar y decidí decir, aunque eso pueda ser un pecado, hasta imperdonable,  que quizás aquella vieja página es hegeliana.
           Si ellas se mantienen como tienen que mantenerse, salvando las circunstancias específicas, la crítica estará allí, junto a ellas. No hay forma de separar ésta de aquellas. Entonces los críticos existen por la circunstancia misma que las diferencias o contradicciones nunca desaparecen en ningún frente de la vida ni momento histórico. Es más, existiendo éstas, deberíamos agradecer a la dialéctica de la vida que a ellas le acompañen los críticos. No es un simple asunto de estar allí donde cada quien se le antoje, lo que invalidaría, en gran medida, el derecho de ancianos o personas con dificultades para estar en medio del combate y entre las balas, para criticar o señalar lo que perciba se hace mal o bien. Del mismo modo sería inválida la crítica  hecha por alguien desde un espacio lejano. Como no tendría valor, ni sentido alguno, la opinión del crítico de arte, literario y hasta del economista que estudia el transcurrir del proceso económico.
          No tiene valor la opinión que sostiene que para poder juzgar el proceder de alguien es necesario hacer lo que él hace y hasta mejor. Porque, un entrenador deportivo, no tiene por qué correr a la misma velocidad de su alumno para lograr que este avance y progrese. Ha habido excelentes entrenadores de lanzadores que nunca lanzaron o lo hicieron mal y al revés, se sabe de excelentes atletas, deportistas, que al incursionar en el área de entrenador “no dieron la talla”.
          El hecho, para hablar en concreto, que el movimiento bolivariano haya llegado al gobierno de Venezuela, no significa que desaparezcan las diferencias existentes entre sus integrantes. Porque por el hecho de concurrir a formar aquel frente político no significa que igualaron su manera de pensar o dejaron sus percepciones particulares en la casa. Esas diferencias podrían mantenerse, no sólo entre quienes gobiernan y se desempeñan en las bases o el entorno, sino también entre aquellos. El Estado que ahora maneja la nación, según palabras del propio presidente, es burgués, porque proviene de una herencia a la cual por ahora no puede renunciar, como el entrabado legal y las relaciones materiales determinantes de la sociedad venezolana son capitalistas. Por eso, el propio compañero Nicolás Maduro, suele decir acerca de la necesidad de destruir el Estado burgués, lo que debe pasar por cambiar las relaciones de producción. Mientras esto exista, no sólo habrá contradicciones entre el pueblo y las clases dominantes, entre el Estado en manos de revolucionarios y éstas y hasta entre el pueblo y el Estado, pese el carácter particular de quienes lo manejan. Los integrantes del gobierno sufren la terrible circunstancia a veces de estar en contradicción con lo que hacen y angustiados por lo que no pueden hacer. Esas contradicciones son las que provocan la necesidad del cambio; de donde la vanguardia revolucionaria al frente de ese Estado, debe ver con buenas ojos y alegría, que existan los críticos que alertan al pueblo y a ella misma para que el cambio no se detenga. Los críticos, junto al pueblo son los ojos y faros que miran y alumbran desde fuera.
             Entonces la vanguardia revolucionaria que conduce el autobús estatal, permítaseme esta frase usada con todo respeto, debe ver a los críticos de buena fe, que no es difícil saber quiénes son, a menos que uno se empeñe en dejarse engañar, como los mejores aliados pese que en veces sean quisquillosos y hasta “ladillosos”, para decirlo expresamente de mal gusto. Una cosa es el crítico saludable, que con uno encaja perfectamente en lo estratégico y hasta en buena medida en lo táctico, que el enemigo según los intereses de clases. Una cosa es aquél que combate para que subsista el capitalismo o contra el Estado que, como el nuestro, privilegia a los más débiles y otra quien, sin dejar de criticar, está de parte del empeño en cambiar la sociedad, tanto como para hacerla justa y apropiada para mantener el equilibrio sobre el planeta. Porque además, no olvidemos que no hay una receta ni un guion para la tarea que los revolucionarios han asumido. Aunque es verdad que los estilos de la crítica y de quien se siente criticado y ante ella reacciona puede generar falsas expectativas y ahondar artificialmente las diferencias.
            El Estado burgués, a quienes le manejan, aun siendo estos revolucionarios, puede atraparlos y enceguecerlos, por razones materiales y la vieja cultura. Un poco aquello de repetir lo que antes se ha hecho por conocido y más fácil, sin pasar por alto, la fuerza y mañas que pongan las clases dominantes en su angustia por subsistir. En esta lucha o contradicción, quienes manejan el Estado requieren del concurso irrenunciable del pueblo para no perder la brújula y el aliento. En este, digamos forcejeo, por no decir un tremendismo, como es indispensable la fuerza, creatividad y ejercicio del poder popular, lo es también la presencia de los críticos que señalan lo que haya que señalar, al margen que alguna u otra opinión no sea pertinente, lo que no niega el derecho de expresarla.
            Otra cosa es adular. Se solía decir antes con mucha ironía “es mejor halar bolas en la sombra que escardilla en el sol”. Es un refrán de la época de Gómez, que recogía una suerte de disposición de alguna gente a hablar bien del gobierno para evitar que la encanasen, o quedar fuera de toda posibilidad de subsistencia. Así, regímenes como el de Gómez y unos cuantos que vinieron después, tenían sus cortes de adulantes. Pero Gómez, que se sepa, zamarro y perspicaz, les soportaba y despreciaba al mismo tiempo.

           El adulante, aun sabiendo o sintiendo que las cosas no funcionan bien, no se siente apremiado para llamar a zafarrancho, hacer sonar las alarmas, por temor a chocar con lo establecido o lo dado por bien desde el timón de mando. No le mueve el interés que nada se arregle sino mantener su status y hasta mejorarlo cada día más. Por eso, su concurso para el cambio es absolutamente negativo; tanto que podría asegurarse que los adulantes no son revolucionarios y ni siquiera son leales, porque su comportamiento está sujeto a las migajas o lo mucha que reciba. Eso mucho, puede ser la simpleza de tenerlo por allí cerca vigilando lo que se dice y hace. Su rol, en todo caso, es garantizar el status, jamás impulsar el cambio.