BOLÍVAR Y LA CAMPAÑA ADMIRABLE. LOS LIBERTADORES DE ORIENTE
ELIGIO DAMAS

Nota: El presente trabajo forma parte de nuestro libro sin editar, "Facetas de Historia". Lo colocamos ahora en este espacio por cuanto hoy 14 de mayo de 2013, se conmemoran 200 años de la Campaña Admirable; meses antes, los orientales al mando del general Santiago Mariño, iniciaron la "Campaña de Oriente", también con éxito para dar inicio a la II República.
Cuando el Libertador, aquel brillante año 13 se descolgó de la montaña
andina y se llegó hasta Caracas, los orientales también emprendieron una acción
heroica que culminó con la liberación de este territorio.
Por
eso Palacios Fajardo, citado por Carracciolo Pérez, en “Mariño y la
Independencia de Venezuela”, señaló que “gracias a los esfuerzos de Mariño en
el este y a los de Bolívar en las otras partes, la república será otra vez
liberada”.
Es
obvio que se trata de una exageración del papel de Bolívar y Mariño de Parte de
Palacios Fajardo, pero expresa en lo fundamental que al mismo tiempo que
Bolívar y sus fuerzas emprenden la acción libertadora del año 1813, por la
parte oriental, otros jóvenes, y al frente de ellos Santiago Mariño, se lanzan
con igual patriotismo y amor a la conquista del mismo objetivo.
Después de la Capitulación de Miranda, los jefes realistas desataron una
cruel e intensa represión entre los jóvenes patriotas orientales. Muchos de
ellos huyendo de aquel vandalismo fueron reuniéndose en la isla de trinidad.
Llegado el momento, cuarenta y cinco de aquellos muchachos, se reunieron en la
pequeña isla de Chacachacare, propiedad de doña Concepción Mariño, hermana del
prócer. Según Bartolomé Tavera Acosta, no se conoce con exactitud los nombres
de todos los hombres que allí estuvieron y agrega, “es necesario observar que,
con excepción de Mariño, Manuel Piar, los Bermúdez, José Francisco Azcùe,
Manuel Valdez, Agustín Armario, Juan Bautista Videau, Pbro. Domingo Bruzual de
Beaumont, José Rafael de Guevara, Rafael de Mayz, José María Otero, Mateo
Guerra Olivier, Juan Bautista Cova, José Leonardo Brito Sánchez, Juan Bautista
Darìus, Bernardo Martínez, Fernando Gómez de Sàa y uno que otro más, del resto
no hay constancia histórica para poder afirmar que fueron de los de
Chacachacare”. Pero el mismo autor supone que estuvieron allí, José María Sucre
y el futuro Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, “quienes habían salido
de Cumaná para Trinidad trece días antes y aparecen luego en los sucesos de
Maturín”.
Y
aquellos muchachos, reunidos en Chacachacare, “bajo los auspicios de doña
Concepción Mariño, expidieron el siguiente Acta:
“Violada por el jefe español D. Domingo Monteverde la capitulación que
celebró con el ilustre general Miranda, el 25 de julio de 1812; y considerando
que las garantías que se ofrecen en aquel solemne tratado se han convertido en
cadalso, cárceles, persecuciones y secuestros, que el mismo general Miranda ha
sido víctima de la perfidia de su adversario; y en fin, que la sociedad se
halla herida de muerte, cuarenta y cinco emigrado nos hemos reunido en esta
hacienda, bajo los auspicios de su dueña, la magnánima señora doña Concepción
Mariño, y congregados en consejo de familia, impulsados por un sentimiento de
profundo patriotismo, resolvemos expedicionar sobre Venezuela, con el objeto de
salvar esa patria querida de la dependencia”.
XI
SOBRE LOS JEFES ORIENTALES
Aquellos osados y voluntariosos
hombres que decidieron invadir por Chacachacare, exaltaron los ánimos de
Venezuela y, sobre todo, de la heroica resistencia en la zona oriental.
Imagino que
vuestra expedición (de Chacachacare) toma buen giro - escribía Azcùe a
Valdés - porque Bermúdez me asegura que de todas partes vienen a él los
habitantes con los brazos abiertos, pidiéndole armas, etc., para
defenderse ellos mismos, y le incitan a marchar adelante con confianza,
pues todos desean libertarse de los tiranos españoles......".
Había abundantes razones para que
los orientales, en su mayoría, adoptasen aquella compostura. Sólo por
sobre vivencia, el ciudadano común prefería exponerse a los rigores y
sacrificios de la guerra; expuesto a diario a burlas,
humillaciones, irrespeto al hogar y la familia o alzarse en armas; morir combatiendo
o vivir en angustiosa espera la muerte, personificada en los
feroces agentes represivos de Monteverde; eran esas las
alternativas en que se debatía la precaria existencia de
los hombres que habitaban las provincias orientales.
Después de la capitulación de
Miranda, Monteverde quedó de "dueño" del país. Hace caso omiso de
todos los compromisos derivados del acuerdo con el Generalísimo y desparrama
por el territorio nacional una banda de agentes suyos que se
van a regodear en el terror.
Así, el coronel
Lorenzo Fernández de la Hoz, natural del Valle de Soba,
en Santander, casado en Cumaná con una pariente del futuro general José
Francisco Bermúdez, fue designado jefe político y militar de Barcelona; éste,
engreído y rapaz testaferro, inmediatamente se dedicó a la innoble tarea
de "aprisionar y despachar desde......para las prisiones de La Guaira, a cuanto
patriota logra echar mano”.
A Margarita, tantas veces
atormentada, arriba con órdenes de Monteverde, Pascual
Martínez; éste, con prontitud, puso empeño en dejar constancia de
fidelidad al jefe e inmediatamente procede a enviar a las
cárceles de La Guaira y Puerto Cabello a los mejores hombres que
aún permanecen en la isla.
Cumaná corrió mejor suerte en los
primeros momentos posteriores a la pérdida de la primera república; el 14
de septiembre de 1812, el coronel Emeterio Ureña, nativo de
Medina de Río Seco, Valladolid, "único de cuantos españoles
con mucho mando militar vivieron en ese doloroso período, que
señala por sus sentimientos de humanidad y su mejor visión
política", fue designado jefe militar. .
De este caballero, en el más cabal
significado del adjetivo, amplio, discreto, dice Bernardo
Tavera Acosta que "Llevó este honrado militar los
manejos de su política al punto de no perseguir a nadie por sus
opiniones, y hasta el extremo de utilizar en
su gobierno a
algunos caracterizados patriotas........"..
Pero esta
"feliz" situación duró poco; pues a solicitud
de algunos afectos al régimen colonial, disgustados por la conducta respetuosa
de Ureña, Monteverde optó por enviar a la ciudad oriental, como
comisionado militar suyo, al tristemente célebre Francisco Javier
Cerbèriz. La ciudad de Cumaná, quizás en un día gris y lleno de presagios,
le vio llegar en diciembre de 1812. Desde el instante mismo de su entrada
a la ciudad en las riberas del Manzanares, persiguió con
brutalidad y saña a todo humano que sospechase poseer en secreto
una aspiración de libertad.
Pero, si Cerbèriz
limitó el poder de Ureña y contrarrestó la
política pacifista de éste mediante el terror, con el coronel
Eusebio Antoñanzas, no más cruel entre los crueles, Monteverde quiso mostrar
a los cumaneses toda su capacidad para el castigo y la represión. En efecto, el
primero de marzo de 1813, Antoñanzas entró a tambor batiente como
jefe militar y político en sustitución del civilizado Ureña.
De esta manera, Monteverde también buscó satisfacer las aspiraciones de
retaliación y venganza de los círculos más agresivos y montaraces que en Cumaná
defendían el orden colonial; como si ya esto no fuese
suficiente, para aumentar las calamidades de las familias cumanesas,
Antoñanzas se hace acompañar del oficial español Antonio
Zuazola. Y no hacia mucho del arribo de este carnicero, cuando
Antoñanzas le envío junto a Cerbèriz a operar sobre Maturín y la
provincia de Barcelona.
(Zuazola marchó hacia
el objetivo que le marcó Antoñanzas y La inconformidad de los orientales
es manifiesta. Lo expresan de mil maneras. Las islas próximas, sobre todo
Trinidad es el punto de convergencia de todos los jóvenes con disposición y talento
nacidos en las tierras orientales. Y allí se conspira y urden fiebrosos y
abnegados planes por la libertad. Ese ojo del huracán del cual ya hablamos,
cubre las provincias orientales y, por eso quizás, Monteverde trata
de contener las manifestaciones contra el orden colonial, enviando a esta parte del país a lo "más
granado" de sus agentes represivos. Como aquel Cerbèriz que desde Río Caribe
le comunicaba a su jefe "No hay más señor, que un gobierno militar pase a
todos estos pícaros por las armas". Y no podía pensar de otra manera
quien tenía por capellán a aquel capuchino coronel que incitaba a los pardos a
"degollar a todos los republicanos de siete años para arriba".
Pero la represión es incompetente
para doblegar la voluntad de un pueblo decidido a alcanzar su libertad y
organizarse de acuerdo a sus aspiraciones.
Mientras Mariño y sus comandos
orientales ingresan al país desde Trinidad, en Maturín después de la derrota y
ejecución del coronel Manuel Villapol, bajo cuyas órdenes sirvió José Tadeo
Monagas hasta la capitulación de Miranda, un
grupo de patriotas intentaba reorganizarse para defenderse de la
amenaza que significaba el avance desde Cumaná del comisionado militar de
Monteverde, Francisco Javier Cerbèriz. Al respecto dice
José Tadeo Monagas, "habiendo sabido que el español Cervèriz
venía a Maturín para aprehender todos los patriotas, principalmente
los que habían sido oficiales, nos reunimos una partida para
quitar los prisioneros que aprehendiera; pero como lo
supo no quiso hacer novedad y se fue para Cumaná".
Pocos días después de esta
situación referida por Monagas, específicamente el 13 de enero de 1813,
Santiago Mariño se apodera de Guiria. Cervèriz, a la postre en Cumaná, se
olvida de Maturín y con todas las fuerzas a su disposición, se
adelanta hacia Yaguaraparo a tratar de contener a los invasores. Pero
una descomunal fuerza telúrica llamada José Francisco Bermúdez,
con poca experiencia militar, le derrotó e hizo retroceder.
Mientras tanto, Maturín
está bajo el control realista. El oficial
español Francisco Hurtado, enviado desde Barcelona por
Fernández de la Hoz,
había ocupado la ciudad del Guarapiche.
Breve tiempo después Mariño despachó
a Maturín una fuerza al mando de Bernardo Bermúdez, miembro de la
expedición sobre Chacachacare y hermano de José
Francisco Bermúdez, compuesta por "una columna de 200 hombres.".
Al respecto, dice J.T. Monagas que
al saber ellos de la presencia y victorias de los expedicionarios
comandados por Mariño en la costa oriental, "tratamos entonces
de solicitarlo para reunirnos, como lo hicimos luego que el señor
Mariño recibió nuestra invitación y mandó al comandante Bernardo Bermúdez con
60 hombres, quien vino por caño Colorado y ocupó la plaza".
A partir de este momento, uno
siente la presencia de aquel jovencito de veintidós años que con todos
sus hermanos, principalmente de Miguel y Pedro Sotillo, se incorporó
temprano a las fuerzas de José Tadeo Monagas. y es natural pensarlo
así, pues Fernández de la
Hoz, jefe militar y político de Barcelona desde
el año anterior, ha desatado sobre todo sospechoso
de inconforme una tenaz persecución. Los hermanos mayores de
Juan Antonio Sotillo, desde los primeros momentos de guerra, se incorporaron a
las fuerzas proindependentistas y la represión tuvo que llegar con saña a
aquella encrucijada del llano, de la dinámica económica y de la
libertad que formaban Aragua de Barcelona y Santa Ana. Por ello,
Juan Antonio debió irse temprano, como era habitual en aquella
época y circunstancias, a los campos de batalla.
Además, para 1813 cuando los hombres de Mariño tomaron Guiria y José
Tadeo volvía a la guerra en Maturín, bajo el mando de Bernardo Bermúdez,
ya Juan Antonio Sotillo, el menor de los Macabeos, tenía
veintidós años. Por eso, todo autor que en su obra
menciona, aunque sea ligeramente al caudillo santanero,
asienta que para ese año, éste ya andaba con José Tadeo Monagas y sus hermanos,
formando parte de las libertadoras.
Bernardo Bermúdez, envió a
Monagas con una modesta fuerza a la toma de las márgenes del río Morichal
Largo y días después, "recibí órdenes de mi jefe para
marchar sin perder momento sobre la plaza
de Maturín, lo que ejecuté yo con 35 hombres, y al siguiente
día entré en la plaza donde no hallé más que ocho (8) artilleros y doce (12)
soldados enfermos, porque los 200 hombres, que eran toda la
fuerza de la plaza los habían dirigido a las órdenes del comandante
Piar sobre Aragua de Cumaná para batir al tirano Zuazola que por
allí nos invadía".
(Esta situación
descrita a su manera por J.T. Monagas, muchos
años después del fin de la guerra, se explica porque esos
días, el general Santiago Mariño, envió al legendario Manuel Piar a reforzar la
plaza de Maturín).
El mismo día que Monagas arribó a
Maturín (19-3-1813), Lorenzo Fernández de la Hoz, llegó a los alrededores
de la ciudad, procedente de Barcelona, intentando romper el
segundo frente que los patriotas orientales trataban
de estabilizar después del arribo a Chacachacare; y la
situación se presentó desesperada, pues apenas 56 hombres
conformaban la fuerza que Bernardo Bermúdez contaba para
defenderse.
José Tadeo afirma que el comandante
Bermúdez, por súplica suya mandó a "retroceder nuestras tropas que
se hallaban a 8 leguas distantes", Piar con prontitud retrocede y el
día 20, 256 patriotas comandados por Bernardo Bermúdez y Manuel Piar, derrotan
a de La Hoz en las afueras de Maturín. Mientras eso
sucedía, Zuazola se divertía desorejando ancianos, mujeres y
niños en Aragua de Barcelona.
El 19 de abril,
Lorenzo Fernández de la Hoz, vuelve sobre la heroica
ciudad del Guarapiche al mando de 2000 hombres; le acompañaban Remigio
Barbadillo y Antonio Zuazola.
La carga de caballería
patriota, como las veces anteriores, estuvo por encima de la
resistencia enemiga en aquel nuevo día victorioso en Maturín.
Pero no hay descanso,
Monteverde se empeña en detener al ejército oriental en
Maturín; el envión que viene de Chacachacare amenaza con desbordar el
control de Monteverde en el lado oriental y establecer vínculos con las
provincias vecinas.
Mientas estos acontecimientos se
producen rápidamente, en el este de Venezuela, Bolívar se mueve inquieto
en la Nueva Granada. En abril invade por el oeste y desde Cúcuta,
se lanza con encendida pasión hacia el corazón del territorio nacional,
dando inicio a la heroica acción que se ha llamado
"La
Campaña Admirable".
Y Monteverde está al tanto de los
movimientos del futuro Libertador. Por eso, quiere someter a Maturín para
evitar el encuentro de las fuerzas venezolanas que de uno y otro
lado, avanzan de victoria en victoria hacia el objetivo común, liberar
el territorio venezolano.
Por esto, el 25 de mayo, Monteverde
aparece frente a Maturín comandando una fuerza de 2 mil hombres. Pero
afortunadamente, el ejército patriota que resistía con valentía en
esa ciudad, alcanzaba la cifra de 800 combatientes. El combate
fue fiero. Ambas partes sabían bien lo que estaba en juego. Por
eso procuran hacerse el mayor daño posible. Tronaron los cañones
de lado y lado intentado desbaratar al enemigo. Y
mientras los artilleros hacían los preparativos para lanzar sus
destructoras cargas, la caballería arremetía con fuerza y trataba
de abrir brechas en el frente contrario. Ocho horas duró el combate
que se inició a las ocho de la mañana y finalizó a las 4 de la
tarde, cuando las fuerzas de Monteverde se retiraron en desorden; y
la premura en la huida fue tanta que el comandante
hispano dejó hasta sus prendas personales.
Y en estas jornadas memorables de
Maturín estuvieron los "Macabeos". Los Sotillo; Pedro, Miguel,
José y hasta el menor de ellos, Juan Antonio, formaron parte
de los gloriosos lanceros de a caballo que muchas veces decidieron las
contiendas.
En aquellos inolvidables
momentos de Maturín que contribuyeron al fortalecimiento de las fuerzas
que avanzaban desde Guiria e Irapa y permitirían más tarde que Mariño tomase Cumaná y
obligase a Antoñanzas a abandonarla, e incluso dejar libre
la entrada de Piar a Barcelona, Juan Antonio
Sotillo, habiendo cumplido 22 años, desempeñó su papel
de soldado de caballería en el ejército patriota. Así,
también dio comienzo a una larga jornada de servicio al mando
del general José Tadeo Monagas.
Después de la toma de Cumaná
y Barcelona, Mariño reorganiza sus fuerzas y se dispone a marchar en
campaña hacia occidente. José Tadeo Monagas es incorporado,
con los hombres a su mando, a esta expedición. Estando el oriente
bajo el control de las tropas nacionales, al mando del general Mariño,
nada más natural que prestar ayuda a las fuerzas del centro y
occidente desde distintas direcciones.
Y hacia el centro marchan las
fuerzas de Mariño; José Tadeo Monagas, en la Villa de Aragua,
es designado para integrar la dirección del centro del
ejército; estando en Valle La Pascua, Mariño le designa comandante
del "séptimo escuadrón del ejército" y
con él, a su lado y como al principio van los "Macabeos".
Entre ellos marcha Juan Antonio en su caballo y su inseparable lanza.
Mariño continúa su
avance sin tropiezos; toma hacia Villa de Cura,
buscando entrar en los valles de Aragua; cerca de aquel
pueblo aragüeño, en el sitio conocido como Bocachica, las fuerzas
orientales se topan con las de Boves. El asturiano venía de
San Mateo y se vio obligado a entablar combate con las fuerzas de
Mariño. Allí, los orientales derrotaron a Boves en un
combate que duró "hasta las cinco de la tarde".