miércoles, 28 de septiembre de 2016

J.J. RONDÒN "MATEMOS A LA MUD" ¿SE ESCORA Y ZOZOBRA?



ELIGIO DAMAS

            “Quien ha sido marinero cuando ve la mar suspira”. Así, de esa bella manera cantó Alí Primera. Nunca fui marinero, pero si pescador de orilla. Creo que soy un hijo que la mar botó a tierra. Pero para mejor decirlo, nací casi a la orilla del mar, de ese me nutrí de todas las formas posibles, pues llegué a la edad juvenil allí mismo. En veces siento pegado a mi cuero el olor nocturnal de las algas. Por eso, también los términos marinos forman mi léxico y digo esto por lo del título. El barco que se escora es aquel que se tira de un lado, va dando cabezazos y por ello puede hundirse si sus tripulantes no emparejan la carga o corrigen la causa de aquello. Zozobrar es el resultado del contraste de los vientos, que soplan con violencia y se arremolinan como si intentasen batir la mar y ponen en peligro que el barco a pique vaya. Es posible que comience a“hacer aguas” o inundarse, que en algún punto el agua se deposita, por lo que se hace necesario achicar y toponear la entrada, mientras llega el momento apropiado para carenarlo. Cuando empieza zozobrar, la marinería debe hacer las maniobras adecuadas para ponerle a tono con la dirección de los vientos e intentar llevarle a puerto seguro. Pero las altas olas que vuelan por encima del barco dejan caer agua y hay también que achicar para que no se hunda. La línea de flotación debe mantenerse en su punto, aunque aquel vaya de un lado para otro y hasta gire y bambolee.
            La MUD, ahora por decir algo como convencional, pues parece una falla de origen, comienza a navegar con serias dificultades. Pareciera “hacer aguas”, bajar la línea de flotación por el peso excesivo y hasta zozobrar porque los vientos que hacia ella o sus velas soplan lo hacen desde todos los puntos cardinales al mismo tiempo. No hay capitán propiamente dicho que dicte las órdenes o haga se ejecuten las que el alto mando define, sino que cada quien abordo hace lo que bien le pida el cuerpo o le ordenen sus agallas abiertas y entonces los vientos estremecen, jamaquean al barco, como mueven y agitan las olas inmensas y contrarias en las que este se halla atrapado. Su supuesto capitán dice una cosa, pero otros por su cuenta, tan importantes como él, dicen otras y entonces entre la marinería nadie sabe a qué atenerse.
            Para el primero de septiembre, casi ayer mismo, se llamó a “una marcha sin retorno” que se llegaría a Miraflores. Es decir, allí atracaría la nave contra viento y marea y se mantendría dándole julepe hasta que el huésped principal el palacio abandonase. De la misma manera que la antecesora de la MUD, por boca de Carlos Ortega y otros llamó en abril del 2002 para tumbar a Chávez y lo lograron. Sólo que por pocas horas. Es historia conocida.
            Era la orden impuesta, transmitida a través de todos los medios posibles; quienes hacían el llamado impunemente, pese a que según los opositores en este país hay una dictadura feroz que a nadie deja hablar, por una cúpula que poco apego tiene a la constitución, pese se autocalifica democrática, que simplemente intentaba crear el caos y derrocar al gobierno. El clásico golpe de Estado en Venezuela ahora sigue siendo casi imposible. Pese las dificultades, el gobierno, no por él mismo, sino por lo que representa Chávez y sus banderas, goza de un respetable apoyo popular y el ejército venezolano no sólo no es el de antes sino que en nada se parece a los de muchos países de América Latina alineados ellos con el Departamento de Estado.
            A medida que se acercaba la “hora cero”, para decirlo con una frase que envuelve una amenaza, en la MUD se comenzó a abrir paso la sensatez y comprender la gravedad de los fines de la marcha señalados por la ultra. Por eso hubo un cambio, se comenzó a suavizar el lenguaje y darle a aquella otro propósito. Pero la idea ya estaba sembrada. Así como los seguidores de la MUD, en gran número, se sintieron frustrados cuando pasó Julio y Maduro seguía siendo presidente, pese el ofrecimiento oportunista de Ramos Allup de “sacarlo de Miraflores en seis meses” al tomar posesión de la presidencia de la Asamblea Nacional, también a los mismos y otros más, les invadió el mismo sentimiento cuando en la tarde del 2° de septiembre se diluyó la marcha opositora, con buena participación y Maduro continuó en Miraflores.
            A partir de ese momento, las ranuras del casco se ampliaron. El estremecimiento fue brusco y algunas planchas se desplazaron, por lo que el agua que ya venía entrando aumentó de volumen. Los vientos comandados por Tifón, de los más destructivos, han comenzado a soplar en todas direcciones. Los del golpe o “La salida” ya no creen bueno seguir atados a la cola de quienes menos feroces son. Los partidarios del revocatorio, que ya son pocos, aunque soplen con fuerza, han comprendido que por allí tampoco va la salida. Tendrán que esperar que se cumplan los tiempos, el gobierno continúe tal como viene, con las velas enredadas y que el timonel no encuentre como pasar las encrespadas olas. Quienes esto último desde tiempo con paciencia esperan se sienten inconformes y hasta hastiados de los disparates que los otros hacen.
           A Timoteo Zambrano, simplemente por atreverse a ser sensato, manifestar su preocupación por el interés nacional y suramericano de no jugar la carta de romper a MERCOSUR, sueño y meta gringos, un desaforado alumno o subalterno de Tifón, le sopló tan fuerte que, según parece, le lanzò desde el medio de la cubierta al agitado mar; es decir, le sacaron del medio por intentar romper el desorden.
            La palabra diálogo pareciera desatar los demonios abordo, allá dentro. Más cuando según las encuestas el 80 por ciento de los venezolanos la asume. Esto mismo fortalece a quienes en la oposición y en el gobierno les dan justo valor y atención que merece. Pero aunque en ambas embarcaciones la palabra aterra, es en la opositora, por las débiles costuras de las planchas del casco, donde más se reproducen las grietas.
            Ahora, distintos personajes, desde fuera y dentro mismo, desesperados por agarrar aunque sea un pedazo de cosa valiosa una vez el naufragio se declare, empiezan a llamar al “asesinato de la MUD”, lo que es lo mismo que a “zafarrancho de abandono”. A estos, ese barco no les sirve. Quieren abordar otro que siendo débil, como parecería serlo no le quedaría otra opción, convoque a todas las naves de la piratería que hacen vigilancia alrededor de nuestras costas y bases aéreas dispersas en espacio donde gobierna gente complaciente, al malandraje del paramilitarismo, al abordaje o la invasión, con la intención de matar a todo aquello que se mueva o sólo piense.

La MUD navega, lo hace con tropiezos; las olas y los vientos no le ayudan y ahora, oficiales, marineros y hasta piratas de abordo, parece se sublevan y llaman a zafarrancho de abandono.

martes, 27 de septiembre de 2016

RAMOS ALLUP, LA MUD Y EL DIÁLOGO. DE LOS CUENTOS DE ANTON CHEJOV



ELIGIO DAMAS


            En “El amor de un contrabajo”, Anton Chejov, el genial “narrador breve” de la literatura rusa, dijo “Todos los que tocan los contrabajos y los trombones son, generalmente, hombres de limitados recursos intelectuales.”
            Chejov nació en 1860, por lo que es dudoso que haya conocido a Henry Ramos Allup, porque que el sirio-venezolano – hay que buscar la partida para que no nos quede duda – tiene sus cuantos años encima. Pero de lo que si no cabe duda es que, cuando el talentoso ruso dijo aquello, en aquel cuento donde el contrabajista Smechkoff, fue víctima de los malandros que le robaron la ropa mientras se bañaba en un río, pareció estar pensando en el alto dirigente adeco. Pues, los contrabajos y trombones suenan tan duro que hacen temblar las paredes y parecen opacar las débiles notas que salen de los otros instrumentos.
           Por cierto, que Ramos Allup es una adeco aliado a la vieja guardia. Aquella que se fue al exilio, vivió entre EEUU y los países de Centro América y el Caribe, en muchos casos se dio la gran vida, bajo el amparo de gobernantes que como ellos pensaban, mientras aquí adentro, hombres de la talla de Antonio Pinto Salinas, Alberto Carnevali y Leonardo Ruiz Pineda entregaban su vida por la causa, otros miles llenaban las cárceles por haber dado la cara y los más lucharon con denuedo en las calles de Caracas hasta el día que el dictador huyó en la “Vaca Sagrada” y un jovencito, a quien Betnacourt conoció cuando regreso a Venezuela a “comerse las maduras”, llamado Simón Sáez Mérida, emergió como el heroico Secretario General del Partido. Simón se fue asqueado y con él miles, mientras arribaron al partido cuando ya no había peligro y estando en el gobierno los tipos gritones como William Dávila Y Ramos Allup. Por cierto, el primero también parece un trombón y un contrabajo. Los dos son adecos que nunca supieron lo que era correr riesgo por su causa sino ocupar altos cargos y abusar del poder para gritar y ser faramalleros.
            Los parlamentarios gritones, hacedores de bulla, tira golpes y buscapleitos son habituales. Una vez mi gran amigo Moisés Moleiro me dijo, “fracción parlamentaria que se respete y se dé por bien estructurada debe tener por lo menos, uno o dos gritones y tira coñazos. Son útiles para cerrar ciertos debates”; sobre todo cuando nada se tiene por decir. Siempre los ha habido. Incluso en la Asamblea Nacional, después del proceso constituyente, estos asumieron sus roles. Tanto en la oposición como en el chavismo los ha habido; tanto mujeres como hombres. En esto no ha habido discriminación. Sólo que las mujeres suelen hacer uso de la lengua. ¡Pero hay que ver cómo con ella pegan y ensordecen!
        Ramos Allup pues parece un personaje sacado de los cuentos del escritor ruso. No solo grita, ronca y hace bulla sino que busca pleitos como si eso fuese, a cada instante, su último hálito de vida. Si le llaman a diálogo, entiende el asunto al revés, por lo eso agrede con su batería verbal, su quincalla como heredada de Luis Piñerúa, por lo menos en lo que la de aquél tenía de cursi, a quien le diga simplemente “hablemos”.
        Es lo más parecido a aquel sochantre, Gradusof, del cuento “De mal en peor”, que obligado a pedir perdón en público a quien había ofendido, bajo la amenaza de ser sancionado por un juez inferior, a un ciudadano que formaba parte del coro bajo su dirección, terminó ofendiendo más fuerte al antes ofendido y a tres personas más que se hallaban en el sitio de la acordada cita. Y así fue el sochantre de la catedral ofendiendo a cada autoridad a la que se enfrentase mientras su juicio ascendía en la escala judicial. Mientras todo aquello acontecía, Gradusof se afanaba en creer que sólo él tenía la razón y actuaba en orden, pues los demás no eran más que vendidos a una justicia que no se avenía con su manera de mirar las cosas.
            Ni más ni menos así ha actuado Ramos; en la Asamblea se ha peleado y ofendido con todo aquel que se le ponga en frente y cuando le toca lo hace en la misma actitud de Gradusof, el sochrante de la catedral, con los miembros del TSJ, Contraloría General, Defensor del pueblo y las damas del CNE en quienes se sacia en su saña verbal, sin olvidar al presidente. Pero tampoco se queda corto cuando se le atraviesa  alguno de la MUD.
            Ramos se empeñó en el ocaso de su vida en hacer real su viejo y oculto sueño, entrar a Miraflores con su corte de amigos que festejan sus chistes y soportan su ruidosa presencia. Para eso hizo lo que pudo y es capaz para llegar de presidente a la Asamblea y desde allí, empezó a gritar incoherencias y blasfemias, tal como si fuese un ejecutante de contrabajo y trombón, de acuerdo a la definición de Chejov, como que en seis meses sacaría a Maduro de Miraflores y siendo él lo que ahora es, estaría también maduro para ocupar el cargo. El tiempo cruel y paciente lo corroe. Pasa y corre, suenan las campanas de todos los relojes y ya mismo en enero, no estará en los planes de nadie, ni de él mismo. Pese a lo que ha gritado, asumido las poses destempladas y desafiantes que de verdad nunca antes pudo asumir, para ganarse el puesto. Por eso, la palabra diálogo le enloquece y su verbo violento descarga a todo aquel que la pronuncie. Diálogo es a su proyecto como aceite en el agua. Ante ella y quienes la pronuncian desata su odio y tenacidad ofensiva como el sochantre de la catedral.
            Como el párroco de la iglesia donde Gradusof era sochantre, dirán sus amigos de Ramos Allup, al acabarse su cuarto de hora y verle insultando a todo aquel que se le acerque, “¡No se puede hacer nada con ese tonto! ¡No entiende nada!”
           Pero no porque Ramos sea bruto, que tampoco lo era el sochrante, sino obcecado porque se le acaban los tiempos.
          

  

lunes, 26 de septiembre de 2016

DE CHÁVEZ PARA ACÁ. ¿EL GOBIERNO REVOLUCIONARIO, BONDADOSO O LLENO DE BUENA FE? EL ARCO MINERO


ELIGIO DAMAS


            Lo del “Arco Minero”, asunto delicado sobre el cual me parecería como irresponsable de mi parte opinar, o mejor fijar posición sin tener conocimiento apropiado sobre el asunto, sobre todo cuando aquí nadie desde el siglo antepasado cuando se comenzó a comercializar el petróleo ha cuestionado la práctica extractiva que bastantes daños ecológicos ha ocasionado, sin contar aquellos que reconocemos y generalmente comentamos, tengo una percepción que se aviene con la interrogante que encierra el título. Pero este tiene bastante relación con la expresión populismo, que en abundantes sectores ha sido descalificada, tanto lo hizo la izquierda en el pasado como ahora la derecha para criticar o descalificar al gobierno. Aunque también es verdad, que ahora, una izquierda que me parece como muy “utilitaria”, trata de rescatar el término “populismo” y atribuirle cierto – dicho así por qué el discurso no es ni parece intentar ser muy convincente – tinte revolucionario. He oído y leído recientemente a  teóricos, como de encargo, intentando darle tinte revolucionario y fuerza de cambio al populismo.
            El rentismo petrolero ha dado demasiada muestras de estar agotado; por eso nuestra economía y lo que es duro, la vida de los venezolanos, han estado sometidas a subidas y bajadas, siendo estas hasta demasiado crueles, sobre todo esta de ahora, cuando el precio del hidrocarburo se vino de un precio estratosférico de más de cien dólares a veinte, que por razones diversas, estaba casi cerca del costo de producirlo. Esto agravado por un fenómeno que casi nadie toca porque todos los venezolanos, por herencia bolivariana hemos compartido, aquello de sentirnos los adalides de las luchas del continente escarnecido todo, que tiene que ver con el crecimiento explosivo de nuestra población porque hemos sido un polo de atracción y dispuestos a compartir generosamente con nuestros hermanos. El precio del petróleo, en el pasado, estuvo en niveles miserables como el de dos dólares y la participación del Estado en los beneficios eran radicalmente inferiores a los de ahora; pero no hace muchos años éramos unos pocos. Pero esta caída, coincidió con una política “revolucionaria” que intentó primero resolver problemas envueltos en la definición ”deuda social acumulada”, con una población abultada en buena medida ajena a lo vegetativo, antes que abordar lo estructural que significaba abortar el rentismo y empezar a pagar aquella creando riquezas e incorporando al colectivo a la productividad. Algo como un dando y dando,  produciendo y creando.
             La caída del precio del combustible, la larga espera del gobierno para que aquellos altos ingresos de divisas, venidos como de una inmensa piñata, volviesen, le obligó, no habiendo hecho nada trascendente para romper con el modelo, a mirar hacia el arco minero, donde una riqueza incalculable, el mismo “Dorado” que afanosamente buscaron los conquistadores,  se halla depositada. El gobierno parece ver allí el clavo caliente al cual asirse para salir del atolladero, pues si bien es verdad que los precios del hidrocarburo pudieran despuntar, sin que eso signifique pudieran llegar a los altos niveles anteriores, está escrito que también podrían volver a derrumbarse.
            El sistema político venezolano se rige por los preceptos constitucionales. Una constitución que “elaboró y aprobó” el pueblo venezolano y le ha servido de escudo para defender los derechos alcanzados y los intentos agresivos y rapaces de las grande potencias. Pero ellos también obligan, a los integrantes del gobierno, a someterse, en cualquier momento, a la prueba de una contienda electoral que pudiera desalojarlos de Miraflores. Como cambiar el modelo, en primer término, lo que implica más que romper, desarraigar el rentismo y estando el ingreso de divisas en estado deplorable, es una tarea larga y dura, el gobierno dirigió, quizás con angustia, su mirada a la sagrada tierra de los pueblos primigenios que todavía subsisten. ¡Parece aquello la tabla de salvación! Es cierto, por lo menos eso dicen, que el gobierno prendió no sé cuántos motores, pero mientras se ponen en movimiento y producen resultados satisfactorios, como generar divisas suficientes, entre otros fines, hay un paso largo y las elecciones son a corto, muy corto plazo, parece como muy natural y convincente que busque una salida más inmediata por ahora o, como nos gusta decir en mi pueblo, “mientras se endereza la carga”.
            Por lo anterior, pudiera pensarse que apelar con discreción a lo del “Arco Minero”, bajo estricta condiciones y exigencias tecnológicas que hagan el menor daño posible y establecer un plazo prudencial para la operación y producción, pudiera ser pertinente. Porque es fundamental que la “revolución bolivariana”, por el bien de Venezuela, su futuro, el de los venezolanos y la aspiración estratégica de la unidad latinoamericana y caribeña, se mantenga. Pero que continúe como una revolución verdadera, que impulse cambios transcendentes al ritmo adecuado y bajo las alianzas que indique la racionalidad, sin estruendos ni tremendismos, pedirle peras al olmo y no continúe con esa conducta decadente que un buen amigo llama de “gobierno bondadoso” y el suscrito de “lleno de buena fe” solamente. Esperemos y exijamos se imponga la cultura del trabajo, del producir, crear y construir un país de verdad rico y potente. Que a los gobernantes los ilumine hasta Confucio, con aquello de “no regales pescado, enseña a pescar”.

            Lo peor que pudiera suceder, sería la vuelta de la derecha al poder, con su cultura destinada a acumular a como dé lugar, disposición de entregar lo nuestro al capital internacional y en esas circunstancias, si es verdad que no habrá contemplación alguna con el “Arco Minero” y menos con los pueblos primigenios y la humanidad toda.

sábado, 24 de septiembre de 2016

COSAS OPOSITORAS QUE ENCALAMOCAN AL MÁS "PINTAO". CURSO IDIOTA PARA QUIEN QUIERA TOMARLO


ELIGIO DAMAS


            Todo aquél que intente hacer un curso, sobre todo intensivo, para hacerse opositor y actuar en concordancia con ese universo enrevesado, debe tomar en cuenta las cosas que allí se piensan y hacen para no sentirse luego frustrado o engañado. Con ese fin elaboro aquí como un pequeño inventario de temas y actitudes que nunca he entendido, pero que forman parte de la cultura y accionar político del mismo.  
            Quienes intenten hacerse opositores al estilo MUD deben buscarle explicación sensata, coherente con el interés nacional a cuestiones como:
            1.- La MUD ha hallado en el gobierno español, del señor Rajoy y la prensa de aquel país, sobre todo el diario ABC, inocultablemente franquistas y como tales fascistas ambos, unos aliados solidarios que difunden por todo Europa que aquí hay una dictadura. Tanto le han dado a eso que el señor Pablo Iglesias de “Podemos”, de supuesta oposición progresista española, terminó por creerse el cuento. Pero resulta que según la ONU, quien acaba de evaluar lo relativo a los Derechos Humanos de varios países, entre ellos España y Venezuela, aprobó a esta y reprobó a aquélla a quien le hizo una larga lista de cuestionamientos, unos 26, entre los cuales entra la “Ley Mordaza”, conjunto de normas represivas que de por sí definen aquel régimen como dictatorial. No  sólo se trata de un régimen monárquico, un adefesio, sino que se violan los derechos de la gente en demasía. Tanto que, como darle un pan a indigente emigrado, es un delito que se castiga con una severidad asombrosa. Por lo que uno no entiende, por qué el bando opositor venezolano llama lo nuestro dictadura y aquello democracia.
            2.- Solicitar y hasta celebrar porque al país le expulsen de MERCOSUR.
            3.- Condenar y satanizar la reunión del Mnoal, que no es una organización a favor de Maduro sino con otros fines, como el de formar un bloque en defensa de los países sometidos a la amenaza de las grandes potencias y hasta con fines de proteger al planeta de los grandes contaminadores. Luego cuando esta reunión se realiza con éxito, hablar de fracaso y hasta ofender y blasfemar sin misericordia ni contemplación diplomática a los países asistentes. Pasan por alto la idea que podrían llegar, como con derecho aspiran, al gobierno y verse obligados a reunirse con ellos.
            4.- Negarse a llenar la planilla para recibir los beneficios de los CLAP, pero no por razones de fondo, estratégicas de interés nacional, sino para que las bolsas no les lleguen y tener motivos para reconcomiarse.
            5.- Tirar la basura enfrente mismo de su casa como forma de protesta por la ineficiencia del servicio del aseo urbano, lo que es lo mismo que escupir para arriba. Teniendo la posibilidad de colocarla en la avenida más cercana, donde sí la recogen, sin dejar de protestar pacíficamente por algún medio por las razones que les amparan.
            6.- Prender velas para que los precios del petróleo no suban; mientras se ruega al pie de aquella para que sigan cayendo. Mientras esto sucede incomodare y protestar por las dificultades que la disminución de divisas genera en una economía rentística que, en gran medida, se debe a las políticas de sus ascendientes, lo que equivale aludir en lo inmediato a los gobernantes del puntofijismo.
            7.- Molestarse hasta llegar al paroxismo porque un atleta venezolano gane medalla, diploma o cualquier otro reconocimiento en los juegos olímpicos o paralímpicos, como si ellos fuesen Maduro o Cabello en juegos internos del Psuv. Preferir que los de España, EEUU o la UE ganen y  nunca los nuestros.
           8.- Decir por cualquier medio que Maduro es un dictador sin que eso le genere inconveniente alguno, al medio y a quien lo dice. Como el curioso caso de Alexis Rosas, quien en una emisora local se hace portavoz de esa idiotez y la refuerza entre quienes le escuchan y al programa llaman para decir aquello, mientras la Alcaldía de Barcelona, en manos de gente del gobierno, le financia el espacio radial.
            La idea, sobretodo difundida desde España y por cuanto medio o bemba sea propicia, es sembrar la idea que vivimos en una dictadura. Lo que tiene un alto valor hacia adentro, pues busca arengar patotas y apostrofar a cuanto cristiano se les ponga en la mira. Vivimos, según la oposición en una curiosa “dictadura”, donde los opositores, según sus propias palabras, pueden andar por todos los rincones, cual la “Zarzamora”, “a toda hora”; en el metro, en las plazas abiertas, mientras los allegados al gobierno o sus defensores viven como clandestinos por “temor a ser agredidos”, como aseguró Gaby Arellano en el programa televisivo “Vladimir a la 1”. Mientas el medio y quien aquello dice, siguen y seguirán gozando de sus derechos.
            9.- Rogar a las ánimas del purgatorio para que no llueva nunca y luego molestarse y protestar de distintas maneras si el gobierno ante aquello raciona el flujo eléctrico.
           10.- Pedir, casi rogar, para que los gringos nos invadan para “traernos libertad y bienestar”. Como si no estuviesen informados de las huellas que dejan a su paso cuando invaden países como en Irak, Libia, Afganistán y provocar guerras fratricidas tal caso de Siria.
           11.- Empeñarse en exigir que el gobierno pida ayuda humanitaria, bajo la “aparente inocencia” que por ello los países poderosos, en primer término EEUU,  inmediatamente nos enviarían todo lo que falta nos hace de gratis. ¡Qué mantequilla! o “manteca de quilla”, como suele decir un viejo y fraternal amigo.
                El pobre Haití vive en permanente estado de solicitud de ayuda humanitaria y cuando eso sucede, Venezuela y Cuba, de primero, acuden con todo lo que pueden prodigar. Mientas Estados Unidos, de manera casi maniática, se limita a enviar “infantes de marina” para “garantizar el orden”, lo que no es sino una forma de meter las chivas en el corral y mantener control en un país donde, según se dice en muchos medios, hay enormes riquezas inexplotadas. ¿ Por qué no pedir a EEUU y sus potencias aliadas, no que nos regalen, sino que envíen todo lo que falta hace a precios módicos sin que el gobierno lo pida? Simplemente vendan a los importadores nuestros a “precio de gallina flaca” y cuiden que estos hagan lo mismo a los consumidores. De esa manera, sin duda alguna, se ganarían a los electores casi totalmente.
            Esta lista es más larga, pero lo dicho es suficiente para demostrar lo complicado de entender a la oposición al estilo MUD y lo dificultuoso para que cualquiera medianamente inteligente, que no atesore odio y rencores, ni mire el mundo desde la perspectiva de su cartera, pueda sentirse tentado a aliarse a ella.
           


jueves, 22 de septiembre de 2016

MINISTRA ISIS OCHOA Y EL GOBIERNO EN LA ÓPTICA DE CHÁVEZ.


ELIGIO DAMAS


            Pese a nadie le interese, debo dar una breve explicación de mi ausencia por un relativo largo tiempo por este medio y otros, en los cuales he venido apareciendo por años.
          En un centro oftalmológico manejado por cubanos de la Misión Milagro, me ofrecieron la oportunidad de operarme de catarata en el ojo izquierdo. Ayer se cumplió un mes de la intervención, período durante el cual,  por prescripción médica, debí someterme a una estricta disciplina que incluyó no leer, escribir y menos asomarme por estos medios. Hoy estoy viendo de maravillas. Los médicos cubanos no me dejaron tuerto. Digo esto último porque muchos de quienes me preguntan, sabiendo quienes me operaron, lo hacen con duda y como esperando una respuesta que fortalezca la idea que “esos carajos no son médicos”. Además de “quedar bien”, como solemos decir los venezolanos, no me costó medio y fui objeto de la muy esmerada atención de quienes en ese centro prestan sus servicios y excelentes auxilios.
          Dicho lo anterior, vayamos al asunto que concierne al título. Durante mi convalecencia procuré mantenerme informado y pude tomar notas sobre una serie de asuntos para buena cantidad de artículos y un libro que ahora escribo, con el título no definitivo de ¿Por qué Chávez escogería a Maduro?”.
            Una de las tantas notas a las que me refiero arriba tiene que ver con la ministra Isis Ochoa. Esta joven mujer, antropóloga de la UCV, tiene una buena cantidad de años en el alto mando gubernamental, al cual llegó, como diría exageradamente un paisano nuestro, “casi gateando”. Arribó pues al alto gobierno a la edad en la que normalmente se anda en menesteres propios de muchachos. Por eso, no sé si admirarla o sentir compasión por quien se echó encima tanta responsabilidad cuando el común de los jóvenes andaN ocupados en cosas menos serias pero satisfactorias.
            La nota a la que me refiero trata de una frase de un discurso de la nombrada ministra a jóvenes ligados al despacho a su cargo; ella es ahora de las Comunas. Dijo a su auditorio, palabras más o menos, “nosotros hicimos la revolución en varias áreas, espacios”, los detalló y luego remató, “pero no pudimos hacerla en lo económico”.
            Aquella frase salida del televisor, al cual no miraba por lo ya dicho, me llegó hasta la raíz. Pensé en el nivel académico y la responsabilidad de quien la había pronunciado. Del tiempo que ella, siendo muy jovencita, pasó al lado de Chávez, quizás antes de egresar de la UCV y lo que debió haber escuchado de sus profesores, sus lecturas y sobre todo en el coherente discurso del de Sabaneta.
           No quiero ser corrosivo, menos hiriente con la joven Ochoa, precisamente porque aún es muy joven y le esperan largos años por aprender, sobre todo en lo relativo al deber de ser coherente y no decir cosas por convencionalismo o salir del paso. Pues estoy seguro que, la ministro sabe bien lo que dijo y no concibo que haya habido una incoherencia, sobre todo con el “pensamiento chavista”, por desconocimiento; quizás sí por ligereza.
            He escrito el “pensamiento chavista”, porque quizás si lo digo a mi estilo o como debe decirse, se pueda argumentar en mi contra de manera abundante y fácil. Lo que interesa, en fin de cuentas no es quien lo dijo, lo que dijo y lo que ahora digo, sino la necesidad de abordar la autocrítica, desde la perspectiva del gobernante que años lleva en eso y como tal comparte mucha responsabilidad. No es malo admitir los errores, pero si lo es no hacerlo desde una perspectiva abstracta, como que eso “eso no vale la pena”; la autocrítica demanda la concreción y eso significa señalar los errores cometidos para advertir a quienes atrás vienen y mostrar verdadera disposición a subsanarlos.
           En el libro “Hugo Chávez y la resurrección de un pueblo” del ex embajador de Cuba en Venezuela Germán Sánchez Otero, aparece citada una frase del comandante tomada de unas declaraciones dadas a Agustín Blanco Muñoz, según la cual, “No puede haber una revolución económica sin una revolución política, sin una revolución cultural, una revolución moral. Es un concepto integral, para que sea de verdad revolucionario”. (Pág. 385).
           Es un asunto elemental sobre el cual uno, triste viejo maestro de escuela, sin rango ni pedigrí,  puede decir muchas cosas, pero estando Chávez de por medio y tratándose de comentar unas declaraciones de una alumna suya, nada más pertinente que citar al maestro.
            Para más señas le advirtió a sus seguidores que un revolucionario y una revolución no pueden “eludir ningún problema, ni contradicción”. Y es así, digo yo, pues ¿cómo cambiar una sociedad dejando intactas las bases estructurales que la soportan y le dan fundamento material? ¿Cómo darle cabida a tamaña contradicción?
          Estas cosas que se refieren a Isis Ochoa y, mejor al proceso bolivariano todo, están fundamentadas en Chávez. ¡No son cosas mías!
        



viernes, 26 de agosto de 2016

ROY CHADERTON MATOS, SU CÓMO NOSTÁLGICA DESPEDIDA


ELIGIO DAMAS


            Siempre he pensado que haber logrado que un hombre como Roy Chaderton Matos, procedente de la vieja diplomacia de la IV República y hasta, según he oído decir, de un sector social poco dado a simpatizar con esos huracanes, palabra que obsesionaba a Chávez, que pareció desatar la “Revolución Bolivariana, fue un éxito y un acierto. Es una muestra más que las causas justas hallan adherentes en todos lados y son plantas que germinan en todos los espacios.
            Confieso, quizás pueda acusárseme de pequeño burgués, que se deja obsesionar y hasta encantar con las cosas que están cargadas de buen gusto, agradar sobremanera por las personas que saben hablar, manejan el lenguaje con elegancia y conservan la calma y el equilibrio en las situaciones más tensas, lo que les permite manejar la palabra para herir hasta lo más hondo y conseguir que el aludido hasta sonría. La sencillez, elegancia, buen gusto y juicio asertivo y justo no tienen motivos para excluirse.
          Soy poco dado a elogiar y bien calificar aquellos que hablan, incluso hasta por los codos, pero muestran demasiada pobreza, monotonía, estridencia y sazón amenazante. Para hablar con sencillez no significa ser procaz y pedestre; saber hacerlo de esa manera, justamente requiere talento, cultura y riqueza lingüística y en eso, el aludido es un maestro.
            No me gustan esos oradores que se limitan como a “hacer el mandado”, hasta bien hecho, pero dejando al acucioso la oportunidad de percibirlo como demasiado simple y carente de valor literario.
          Entre los bellos recuerdos de mi infancia está aquella temprana noche que mi padre, allá en nuestra Cumaná natal, me llevó por los alrededores de la plaza dedicada al Mariscal, se le llamaba aquello “Parque Ayacucho”, lo que no era sino un amplio espacio rodeado de grandes árboles, a una concentración política donde se promovería la candidatura presidencial del maestro Gallegos. Mi padre no fue allí por la política ni lo electoral, sino para que escuchase hablar a un particular orador anunciado para ese evento. Sólo por eso. Habló un verdadero mago, espadachín hábil y prodigioso de la palabra, gracioso y aquello parecía como un concierto musical con orquesta de excelente factura; aquel conversador con la magia de su verbo cumplía con la formalidad de lanzar sus consignas y aspiraciones electorales y al mismo tiempo divertía al público todo y extasiaba a los más exigentes como mi viejo. Yo niño, escuché al personaje, cada frase suya era un poema y hasta bellas canciones. Sus chistes, que hizo en abundancia, venían envueltos en palabras, atadas unas a otras como joyas en una hermosa y delicada cadena. Aquel hombre fue Andrés Eloy Blanco. Por él y por su verbo prodigioso, fue y me llevó a allí mi padre. Casualmente o quizás mejor, por aquellas hermosas cualidades, el poeta cumanés fue Canciller y presidente de la Constituyente de 1946.
            Siempre se ha pensado, y eso nada de malo tiene, que la diplomacia y el buen hablar, deben ir atadas de la mano.  Por supuesto, no es este un valor indispensable y de mayor valor a la hora de evaluar a un diplomático, pero si es el adecuado para ejercer nuestra representación y saber cómo llevar la bestia al matadero con habilidad y destreza; es lo mejor.
           Todas estas palabras insulsas se me han venido a la mente al leer en Aporrea una nota, que pareciera como luctuosa, de Roy Chaderton; pero que pareciendo como una despedida, de quien no quisiera irse, dice unas cosas que merecen un comentario. La nota se derivó de entrevista que a Chaderton le hiciese Ernesto Villegas.
            Con demasiada frecuencia he escuchado, en cada propicia oportunidad, a mucha gente, de distinto origen y nivel cultural, la conveniencia que el personaje del cual hemos hablado ocupe el cargo de Canciller de la República. Han pensado, como he pensado, eso le hubiese dado brillo a nuestra diplomacia. Pero Chaderton, es un veterano diplomático, que lo ha sido por Venezuela desde los años noventa; fue hasta vice Canciller, en un gobierno de la IV República, proviene de familia acomodada y hasta de un partido del puntofijismo, pese ser de la “Izquierda Cristiana” y eso, para muchos ortodoxos es como un pesado fardo. Pese que a lo largo de este complicado, borrascoso proceso se ha mantenido con sobrada firmeza, la que le falto de muchos de extremada confianza, de la intimidad del grupo y hasta de la saudade de la clandestinidad, cárcel. Firmeza que tampoco tuvieron hasta algunos de eso que Chávez solía llamar el proyecto original de “las tres raíces” y menos muchos de aquellos que soñaron, como todavía sueñan otros, con una revolución transformadora en una madrugada avinagrada.
            A esta altura, Roy Chaderton, en retirada o como jugando banco, lo que uno piensa después de leer sus palabras, dice como uno que “materia de política exterior, lo mejor que ha tenido nuestro país es lo que tiene que ver  con la herencia de Chávez.” Agrega que “Al principio de este proceso Venezuela estaba sola y solamente había el caso aislado y excluido de Cuba dentro del continente americano” y empezaron a aparecer regímenes progresistas de izquierda.
            Pero observa que alguna cosas no andan bien. Como que todavía “dentro de la quinta quedan remanentes de algunos errores o vicios de la cuarta república”. ¿Cuánto quisiera uno saber de exactamente de ellos?
           Pero sabiendo eso, de lo que uno imagina mucho, por lo que siempre ha sido el servicio exterior, recuerdo ahora unas graves denuncias de Herrera Luque, habiendo dejado la embajada de México, que Chaderton se vaya o le dejen por allí, como a tantos, cual un viejo traste, y las cosas esas continúen. Pero como una demostración de su lealtad, palabra a la que se le ha dado en veces un empalagoso, otras triste significado, recomienda a los jóvenes chavistas “combatir con más fuerza la corrupción y la incompetencia en ciertos niveles del gobierno” y además, dice la nota, sugirió “no rendirse ante nada”.

            Usé antes la palabra “saudade”, de bellos recuerdos para mí y muchos de mis viejos amigos, porque ella porque alude a soledad y añoranza. Esto es lo que percibo en las palabras de Chaderton. Pero, si de algo sirve, le diré que no está solo; estas luchas acostumbran a dejar en el camino a mucha gente buena, nada banal ni barata. Y aunque nunca puedan formar una concentración, un sindicato y menos una sociedad nada secreta, pero si ignorada, existe el placer de saber que existen, existieron y dejaron sus huellas imborrables. 

lunes, 22 de agosto de 2016

JORGE RODRÍGUEZ, LEJOS DEL MINGO. DEJE EL MÁS ALLÁ Y VÉNGASE MÁS ACÁ


ELIGIO DAMAS


            Diría que, con demasiada frecuencia, Jorge Rodríguez aparece en televisión. Lo que no estaría mal, tratándose de un alto jefe – esta palabra la tomé del diccionario con una pinza – del Psuv y posiblemente, eso creo, siguiéndome por el puro tradicionalismo, uno de los integrantes del pequeño grupo que cierra el círculo. Lo malo es que usa su tiempo, todo su tiempo para hablar del mismo asunto; tanto que no sólo cansa sino que al verle aparecer uno sabe que va a hablar de lo mismo. El, siendo psiquiatra, debe saber bien lo que hace y posiblemente esté seguro que debe seguir en eso aunque parezca un disco rayado. Ayer domingo no vi el programa de José Vicente. Cuando me percaté de la hora, distraído por unos visitantes tempraneros, ya era tarde. Es una de las pocas veces que eso me ha sucedido en mucho tiempo.
            En las primeras horas de la noche, un familiar quien también llegó a visitarme, después de saludarme me preguntó:
            -“¿Viste el programa de José Vicente?”
            -“¡No!” Le respondí. Y de seguidas pregunté “¿a quién entrevistó?”
            -“A Jorge Rodríguez”, me respondió el visitante, como defraudado.
            “Entonces”, comenté, “no me perdí nada”. Seguro volvió hablar del mismo asunto. De firmas, huellas, muertos que firman y vivos que no firmaron o no pusieron la huella.
            Mi contertulio, con una cara de fastidio, no por lo que hablaba conmigo, sino recordando la entrevista, me respondió con desgano: “¡SI!”
            No volvió a hablar más del asunto y por todo, la forma de responder y posterior actitud, deduje que como yo estaba hastiado de aquello.
            Rodríguez tiene un programa en televisión, como alto dirigente del Psuv que es, donde aunque intente hablar de otra cosa, según su plan o de quienes le elaboran el libreto, lo que uno sabe por lo planteado a la entrada, termina metido en las planillas de la MUD y el revocatorio.
            Ya, cuando le escucho y hasta veo su imagen, entro en un estado de desconcierto donde los números se me confunden y los problemas parecieran enredárseme. Él sabrá bien de que se trata, para eso es psiquiatra, pero en mi ignorancia, creo que me invade un estado de locura. Pues mientras él, con su agradable sonrisa piensa en listas, números de ellas, firmas, con huellas o sin ellas, muertos firmando, dirigentes de la MUD que mal firmaron o no pusieron la huella o dejaron de firmar, yo saco cuentas. Por un lado sumo o pienso en la cifra que representan mis menguados ingresos y los precios de la papa, zanahoria, yuca, pescado, pollo, huevos carne y me pierdo loco en el camino, porque mi preocupación, aunque parezca muy pedestre al lado de la suya, es como una lista más larga y se expresa en  cifras, donde las diferencias son hondas, tanto como la fosa donde a uno, ya viejo, le echarían más temprano que tarde; vean que estoy sacando cuentas; si seguimos como vamos moriremos temprano o enloqueceremos. Lo primero, malo no sería. Lo segundo, lo sabe muy bien Rodríguez, es una muy mala herencia revolucionaria para los nuestros que vivos quedan.
            Pero a Rodríguez, esas cifras le alegran. Ahorita mismo, lunes a las 4,30 pm, he abierto Aporrea y leo que en la entrevista dada a José Vicente, Rodríguez dijo que el 80 por ciento de los diputados y dirigentes de la MUD, no firmaron. Leyendo aquello me lo imaginé sonreído, de “oreja a oreja”, como decían en mi pueblo, aunque no haya quien tenga la boca tan grande.
            Si a él eso le alegra, me parece maravilloso. Pero recordaré que muchos analistas, hasta él mismo, han dicho que en la MUD no hay interés por el revocatorio en sí; saben ellos y eso lo dice gente del gobierno y lo sugiere el CNE, al hablar de plazos, que se les pasó el tiempo. Por ahora, no habrá revocatorio y no sé si lo pudiera haber el año que viene, asunto que para nada me interesa, tanto es así que no lo voy a averiguar ni perder mí tiempo oyendo a nadie que lo explique. Pero a la mayoría de la MUD lo que interesa por ahora, es tener una llama encendida, algún clavo caliente, ¡y bastante que de todo eso hay!, que justifiquen sus acciones en lo inmediato. Y lo que en verdad conviene a la MUD, es que las cosas sigan como van, que siendo así, sólo cenizas quedarán. Sobre todo, las cenizas serán de aquellos que nos atrevimos a soñar, antes y después, acompañados de Hugo Chávez.
            Por eso, no entiendo, comprendo ni adhiero esa alegría de tísico de Jorge Rodríguez. Menos esa actitud de un alto dirigente del partido, psiquiatra, orgulloso de su herencia, donde pareciera perder su tiempo embebido en un tema que ya cansa, fastidia y hastía, sobre todo a un pueblo que espera señales, pero no de humo, sino que se concreten cifras que no sean de firmas sino de aliento ante esta espantosa crisis económica que agobia. Luce más bien entretenido y entreteniendo a los venezolanos todos, lo que no sería descabellado siendo psiquiatra y gobernante.
            Jorge Rodríguez, quien es además alcalde de Caracas y como tal tiene sus problemas específicos, pareciera estar como esos malos jugadores de bolas criollas que nunca arriman una cerca del mingo.
            Rodríguez, amigo, este viejo que fue amigo de tu padre, te recomienda pises tierra. Estudia las cifras del ingreso familiar, cesta básica, la paridad de dólar y bolívar; el precio dolarizado de todos los productos que consumimos, mientras el salario del venezolano mayoritario, quien debe ser el objeto de esta revolución, es una miseria. En cifras oficiales, el salario mínimo es de 35 dólares aproximadamente y si le doblas por la cesta ticket, es de sólo 70. Mientas una minoría, en medio de esta “revolución”, acumula riquezas, tanto que Menéndez, ministro de planificación, asegura que solo tres familias atesoran el 50 por ciento del ingreso nacional. Esta es la verdad nuestra de ahora y la que nos amarga el espíritu. La cifras que nos estrujan el alma; y hasta de los nuestros que están muertos, pues se dice que las almas andan por allí. No nos alegra si los muertos se salieron de la tumba, firmaron y volvieron al  más allá. Tampoco si eran muertos de un bando u otro; si es que en la muerte hay bandos o un solo dolor; si andan en bandadas o en la tristeza de la soledad.
    


viernes, 19 de agosto de 2016

¿CUÁNTOS PRE CANDIDATOS HAY? VARIOS. AQUÍ Y ALLÁ. AQUÍ PODRÍAN ESTAR


ELIGIO DAMAS


            Es evidente que a los humanos les encanta el poder. Unos sueñan con poseerle para satisfacerse, no sé cómo calificar eso; uno podría decir que está en los genes. Es decir, algo así que le viene de la familia; se le insertó de algún hasta lejano ascendiente que en eso anduvo. Eso que llaman el ego, la sobre estima, sentirse predestinado, podría tener mucho que ver con esa “pasión” o aspiración. El lenguaje coloquial venezolano diría que eso está en las agallas desde que se es chiquito o se le atraviesa en ellas como una espina de pescado en un momento dado. En todos esos casos caemos en la misma disputa, tiene que ver con la herencia, pasiones y convicciones heredadas o se le atraviesan a uno por allí en sus relaciones con la gente y las cosas; lo que sería lo mismo que decir, es un producto cultural del gregarismo y subsistencia.
            Sin importar de donde al tipo le venga las ganas de gobernar, de sentirse como exageradamente útil e imprescindible, siempre habrá también de dos categorías como mínimo. Aquellos que de muy buena fe se sienten, dije se sienten, a su fuero interno, tienen algo de mesías o para decirlo de más agrado y que nada tiene de insincero y es veraz, llevan un fuego interno particular y quemante que les hace líder. Y el líder, muchas veces, lo es porque la gente lo recibe como tal con sumo agrado. Algo atractivo tiene para alcanzar aquello. Algo ha encontrado para identificarse con los intereses de quienes optan por adorarlo.
            ¡Sí! Definitivamente, hay santos. El Drae le da varias acepciones a la palabra. Una de ellas es la de “aquellos declarados como tales por la iglesia”. Pero hay varias, como aquella de “persona de especial virtud y ejemplo”. Esta hace posible que un santo nada tenga que ver con iglesia alguna. Por eso, puede haber líderes, y los ha habido, no voy a nombrar ninguno para no generar polémicas accesorias, que cabrían dentro de la categoría de santos. José Gregorio Hernández, según lo que de él se cuenta y lo que la imaginería o no del venezolano recrea, es definitivamente un santo, aunque la iglesia por racismo u otros intereses igualmente bastardos, no lo haya elevado oficialmente a esa categoría. Para los venezolanos lo es y se acabó. No hace falta comprobar si ha hecho o no milagros, basta que la venezolanidad se los otorgue cada segundo, partiendo de lo que hizo como médico y ciudadano estando en vida.
            Así como hay santos, hay demonios. Entonces podría haber líderes demoníacos. De lo que se dice en la historia oficial que “Atila, el rey de los hunos”, líder de aquellas casi hordas invasoras de espacios europeos, impulsados en buena medida por la precariedad de vida que llevaban en los suyos, pudo haber sido un demonio. Tanto que se dice que dijo “donde pise mi caballo no crecerá la hierba”. Es lo mismo que definirse como un dios dispuesto, presto y nacido para destruir y hacer el mal. Es como un cuento de cuna para los hijos de los demonios, donde en lugar de colchón hay espinas. Pero así suelen hablar de Atila. Claro, hay que estar prevenido, esa es la versión eurocéntrica del líder asiático.
            Casi la totalidad de los seres humanos hoy cree que Hitler fue un demonio. Le hizo al pueblo israelí, sólo por escoger un ejemplo, porque jodió al mundo entero por distintos motivos, exactamente las mismas barbaridades que el gobierno del Estado de Israel – Ojo: dije “gobierno del Estado de Israel” no los judíos o israelitas – hoy hace a los palestinos y todos aquellos que entren en los planes que comparten con quienes en el mundo concentran el capital o la riqueza. Pareciera, según lo poco que uno logra entender que Hitler, era un demonio loco, como para completar la vaina. Su obsesión por su grandeza y la de su raza (¿?) era tal que violó todo lo que no debería violarse. Hasta llegar a asesinatos en masa, estudiados y planificados fríamente.
            Hay quienes son puestos de “jefes”, sin que ellos eso soñasen, por estar parados justamente en la esquina donde pasó la marcha, se lo llevó por delante y le puso al frente, figura excelente creada por Chaplin. Otros porque servirían de mandadero a sus verdaderos jefes, quienes en eso le pusieron y hasta quienes ellos mismos se ponen por aquello de “a mí no me den nada, pónganme donde haya”, como dice el refranero popular.
            Hay pues líderes y candidatos para todos los gustos. Por eso, uno debe ser muy cuidadoso.
            Hoy se dice que en la oposición hay una lucha de intereses, lo que es como una perogrullada, pero también que ya, la hay por candidaturas presidenciales. No hay duda, está comprobado que Henry Ramos y Julio Borges, se disputaron y están disputando la presidencia de la Asamblea Nacional.  Se la disputaron antes y ya, por adelantado, la están disputando.
            Henry Ramos, ha pretendido convertir la presidencia del parlamento, eso es demasiado notorio, como la catapulta que le llevaría a Miraflores. Por eso, antes que de allí lo saquen, lo que podría suceder, se apura en sacar a Maduro del gobierno. Piensa que este es su momento, “pa´ luego es tarde”.
            Pero resulta, que Primero Justicia, según las cifras electorales, es la primera fuerza opositora, por eso quiso y quiere la presidencia del parlamento para Julio Borges y piensa en la candidatura de Capriles para Miraflores. Este, también quiere que así sea, pues se dice así mismo en lenguaje coloquial. “a la cuarta, quinta, ya no sé cuántas veces, va la vencida”.
            No cabe duda que Leopoldo López tiene las mismas aspiraciones. Es natural. Su práctica política y sus arengas, suyas o de los suyos, ha prendido en buena parte del mundo opositor; y ese su discurso, que suele verterse en acciones no precisamente pacíficas y conciliadoras, pareciera atraer a las mayorías que nada quieren con el gobierno. Justamente, por eso Ramos Allup ha puesto empeño en asumir, con su estilo particular, el discurso y el accionar político de López. Lo último que dijo, que la oposición ya nada tiene que hacer para que se cumpla el revocatorio, es una manera nada sutil de llamar a la violencia y darle armas y línea a los marchantes del primero de septiembre. Por supuesto, lo que menos quiere Ramos es que haya diálogo, este podría, nada es descartable, poner a López en la calle.
            Pero tal como están las cosas, López no podría presentarse como candidato; lo que, por ahora, le abre espacios a Ramos, salvo que sus planes inmediatistas no se den y en enero le sustituyan del cargo que ahora ocupa.
            Pero hay otros candidatos o aspirantes a serlo en la oposición. Henry Falcón, quien no lo es definitivamente, pero se empeña en ser santo con esa cara de sufrimiento que pone cuando habla ante una cámara y un poco al estilo de CAP, se hace fotografiar no saltando charcos, sino metiendo las patas en el barro, quiere llegar a Miraflores. Y hay otros, hasta Eduardo Fernández, ayudado por los socialcristianos europeos, presenta algo así como un programa “bendito”, donde da las claves para la felicidad y unión de los venezolanos y al mismo tiempo regresen los conquistadores con los mismas ventajas,  se auto propone con disimulo, pasando por alto que de “tigre” nada tuvo y menos le queda. ¿Y María Corina? ¿Dónde la dejamos?
           ¡Ah! ¿Pero en el gobierno qué pasa? ¿Allí las aguas están mansas y la unidad es monolítica, como siempre ha gustado decirlo a la gente de la izquierda? ¡Cuánto deseo que así sea, pero no parece!
            En el Psuv, pareciera que más de uno sueña con entrar como jefe a Miraflores. Pero sucede que por ahora, están centrados en derrotar la intentona opositora que llame a revocatorio. Que es una opción constitucional, un derecho ciudadano. Pero para decirlo como debo, esta no conviene al país por razones diversas. La crisis que atravesamos, sin importar por ahora la explicación que le demos, demanda centrarse en buscar soluciones, como activar al máximo la producción y no perder tiempo en disputas subalternas o fiestas electorales cuyos resultados nada garantizan. Por eso es bueno que el Psuv y el gobierno se dediquen a esta tarea y hasta que la oposición misma ponga lo que le corresponde y está obligada.
           Pese lo anterior o aun así, se nota que hay una lucha, vamos a llamarla sorda, aunque mucho se diga y hasta grite, por la candidatura a las elecciones del 2019. Pongo esta fecha, porque es la que asegura la Carta Magna.
           Ayer en la tarde, escribo esto hoy viernes en la mañana, en una de las exageradas menciones que el presidente hace de Henry Ramos Allup, que un amigo califica como manifestaciones de temor, a aquél, para decirlo como Pérez Bolaños o “Chespirito”, se le chisporroteo este comentario.
          “Si él quiere ser presidente que presente su candidatura en el 2019”. Luego, pienso de buena fe, que sin percatarse agregó, “nos veremos en la calle”. ¿Cómo interpretarle? Formalmente, siendo presidente y no candidato, no sería precisamente él quien debería “verse en la calle”, con el opositor en medio de la contienda electoral.  A menos, que dentro del Psuv, ya esté resuelto, que como decíamos cuando era joven “salga sapo o salga rana”, Maduro iría de nuevo como candidato. Siendo así, cosa que no descarto, por muchas razones, como sentido del discurso y práctica dentro del proyecto bolivariano, ya a Maduro como a Chávez, lo designaron presidente del partido, el ahora presidente piensa en presentar su candidatura; por lo menos esto.
            ¿Pero qué piensa Diosdado? Este hace todo lo que puede para dejar constancia de su lealtad –es palabra de su preferencia – al Comandante Chávez. Por eso, muestra ser leal con el presidente Maduro. El Comandante dejó un mandato, o para mejor decirlo por el respeto y la admiración que merece, trazó una línea para mantener la unidad en un momento donde no había tiempo ni espacio para maniobrar, dándole a esta palabra el más sano de los sentidos. Diosdado es coherente en eso. Apoya sin duda y con todo su empeño al actual presidente; fue lo que dispuso, quiso o consideró más prudente su comandante. ¿Pero hasta dónde llega eso? La proposición de Chávez fue producto de un momento aciago y para una contingencia. ¿Ya pasó? ¿Qué piensan Diosdado y sus más allegados?
            Por los momentos, quiero dejar constancia, como a medida que pasan los días, aumentan las dificultades, se acortan los tiempos, Diosdado no sólo aumenta sus actividades. Su programa “Con el Mazo Dando” recorre el país, en él da muestras notorias del respaldo militar con el cual cuenta y hasta aprovecha para hacer grandes concentraciones en cada ciudad que visita donde hace de orador principal. Pero también, esto ya lo he escrito antes, su discurso ha cambiado. Ya no es aquel del típico reformista, duro contra sus enemigos, sino que se ha cambiado a uno parecido al del mismo presidente. Un discurso habitual de los militantes de izquierda, llenos de palabras claves que reflejan muchas cosas, como sentido de justicia y amor por el bienestar colectivo o, por sí solas, llevan mensajes que son del gusto del activismo. Combate con la misma fiereza de antes a los adversarios políticos, a quienes fueron enemigos de Chávez y lo son de su herencia, sino que intenta aprender hacerlo a través del discurso como solía hacerlo su comandante y como también se preocupa de lo mismo el presidente Maduro.
            ¿Pero solamente estos dos serían los aspirantes? ¿Mis antenas me dicen otra cosa? Sucede que lo primero es lo primero. Unos van adelante, otros vienen detrás.
    


miércoles, 17 de agosto de 2016

EL PUEBLO QUIERE PAZ. NO LE PROVOQUEN. PERRO MANSO MUERDE


ELIGIO DAMAS


            Lo que llamamos Venezuela, ubiquémonos por comodidad en 1777, con el nacimiento de la Capitanía General, nació de unos sucesivos actos de imposición, abuso y fuerza de los conquistadores y colonizadores españoles; aquello que Darcy Ribeiro, como irónicamente llamó, “El proceso Civilizatorio”. Los europeos civilizados, después de ser recibidos por los “salvajes”, con infantil alegría y hasta gestos de buena fe, de inocentes criaturas, optaron por invadir y en buena medida exterminaron a la población primigenia y se consideraron dueños de lo nuevo por ellos conocido. Fue una invasión armada, cruel y para apropiarse indebidamente de lo ajeno. Nació pues Venezuela de un acto de fuerza. Al estudiar la composición de la población venezolana, de un territorio bastante poblado antes que llegasen los españoles, cualquier observador se forja una idea hasta donde llegó la violencia sin necesidad de hacer uso de cifras.
            Luego vino el otro “acto civilizatorio de la civilizada Europa”, nada ajena a lo que hoy es la OTAN, que significó el desarraigo de gran parte de la población africana para someterla a la esclavitud en nuestro espacio.
            Aquellos dos partos violentos, produjeron los resultados esperados y lógicos, una larga lucha entre los explotados y abusados contra explotadores y abusadores.
            Pero aparte, hay que señalar que, por las características del nivel de desarrollo de la sociedad que luego llamaron venezolana, tomando como referencia lo puramente espacial, el proceso de conquista fue largo y violento. Mucho más que en otras partes. Desde la llegada de Colón a territorio venezolano, 1498 a la creación de la Capitanía General, es decir, la creación de una estructura única para manejar nuestra sociedad colonial, transcurrieron 279 años y el número de exterminados fue descomunal. El proceso de conquista fue tan cruento y duro que aquí se combatió metro a metro. La caída de una tribu o pequeño grupo de tribus, no significó el dominio del territorio y la población toda por parte de los españoles. Entre los nuestros, no había nación ni unas pocas autoridades únicas, como en México o el Perú. Por esto, aquí la guerra fue larga y dolorosa.
            La colonia fue una sociedad en guerra permanente entre los dominadores, los dominados, la población indígena nunca conquistada y sometida y hasta los piratas que merodeaban nuestras costas. La lucha de los esclavos por sus derechos, actos de los cuales sólo se suele mencionar a José Leonardo Chirinos, fue una constante en Venezuela. Luego vino la larga guerra de independencia que se desató el mismo 5 de julio de 1810 y llegó hasta 1830; es decir, 20 años de guerrear permanente. Todavía así, nuestras fuerzas, al mando de aquel genial loco, ¡cuánta ha hecho y sigue haciendo por nosotros!, llamado Simón Bolívar y otros incontables héroes de esta patria, fueron a combatir allá lejos para regar la idea de libertad, independencia y por encima de todo, la unidad de nuestros pueblos contra los viejos y nuevos invasores.
         Luego vinieron las guerras civiles entre propietarios viejos y los caudillos hechos también propietarios o con la ambición de llegar a serlo que llenaron de sangre, desolación y abandono de las enormes potencialidades con que nos dotó la naturaleza. Y seguimos, con aquel absurdo que llamamos Guerra Federal contra los “godos”, donde al parecer, según nos contaron en la vieja escuela perdieron estos, pero al final todos los propietarios y gobernantes siguieron siendo “godos”. Quienes eran continuaron siéndolo y sus “enemigos” se volvieron también “godos”.
            En síntesis, nuestra historia es una de guerra interminable, donde los vivos y aprovechados se han acordado, por encima de sus aparentes odios, para engañar al pueblo y al final acordarse entre ellos y dejar a este pagar el costo de las guerras.
           El “Caracazo” no fue más que una pequeña, fugaz, pero cruenta, muy violenta guerra, donde el pueblo sin dirigente o caudillo alguno, como en el pasado, dispuesto a tranzarse contra sus intereses, tomó la iniciativa que le dictó sus internalizados dolores y el cansancio de verse traicionado. Unos días antes, todavía, el bipartidismo compartía los placeres del poder, dentro o fuera del gobierno, ignorando los intereses y sufrimientos de la multitud. Todo parecía en calma.
          Un pueblo, que desde que los “Sesenta”, a finales del siglo diecinueve, comandados por Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, se llegaron hasta Caracas a hacerse del poder, no había tenido participación trascendente en el marcaje de su destino, estalló aquel día por su cuenta, como por atavismo, cansado de tanto abuso. Antes, finalizando 1957, guiado por una juventud heroica, comenzó a salir a la calle de manera masiva y por demás arriesgada para culminar el 23 de enero de 1958 con la huida del entonces dictador. Las vanguardias se achicopalaron y entregaron Miraflores y con el palacio todo lo que eso significa a sus viejos enemigos, sólo que algunos portaban caretas que los hacía parecer como gente nueva y diferente.
          A partir de allí, el pueblo se mantuvo al margen de los hechos, pese las heridas que estos a él, justamente a él, suelen acarrear. Como dijimos, sólo salió a combatir con desespero, como lo hicieron sus ancestros, el día del “Caracazo”. Los hechos anteriores a este acontecimiento y posteriores al 23 de enero, por lo general sólo fueron acciones de vanguardia sin sustento popular. Por eso mismo, fueron abundantes en heroísmo individual, gasto de energía y hasta pérdida de vínculos entre los vanguardistas y las multitudes.
            Pero uno no sabe qué pensar de este pueblo. Es el mismo que salió a protestar multitudinariamente contra las medidas de CAP, pese que pocos meses atrás, dos o tres, lo había hecho presidente con una asombrosa montaña de votos. Es el mismo pueblo que ha visto la abundancia de muchos, comprada, pagada con la mentira del rentismo, lo que va y viene, vino, volvió, se fue y hasta pareciera tener ganas de regresar, por lo que le ponemos velas a los santos para que suba el petróleo y la abundancia de minerales nos saque “las patas del charco”. El mismo que está consciente que en una fiesta de la abundancia fingida sólo le caen las migajas hasta que revienta la crisis más temprana y, mientras los vivos y poderosos se quedan con las alforjas llenas, él con las manos vacías.
            Parece tranquilo, conforme. En la época del petróleo caro y la moneda dura, decía sin conciencia “Ta´ barato dame dos” y se unía al festín, sin estar claro que la suya era una fiesta de pobres y sólo para el “Día de los Santos”. Ahora mismo, cuando su salario mínimo, porque aquí el pueblo todo, que incluye a obreros, trabajadores de distintos espacios, profesionales, etc., devengamos el salario mínimo, las “cosas más sencillas”, para usar una frase de Aquiles Nazoa, como la yuca o la auyama, tienen por kilo un precio equivalente al 5 ó 6 por ciento de aquél, pareciera que asumiésemos la tragedia con el mismo festín del “Ta´ barato”. Se han vuelto habituales expresiones de aparente mansedumbre como lo que revela este coloquio:
            -“Acabo de comprar un kilo de café por cinco mil bolívares”, dice una dama a su amiga, quien le responde:
            -“¡Cónfiro chica! ¡Qué barato! ¿Dónde conseguiste esa ganga? Pues ayer mismo yo compré por cuatro mil ochocientos”.
            Creo que el pueblo, como dijese alguien que ahora no recuerdo, pese esas expresiones, “observa, guarda y espera”. 
            Solemos decir “sálvame Dios de las aguas tranquilas, de las turbulentas me cuido yo”. En la aparente tranquilidad se oculta el peligro. El venezolano, es cierto, se cansó de tanto guerrear y se ha vuelto pacífico, paciente, “aguarda y espera”, como ya dije. Pero en los genes, desde allá atrás, el fondo de la historia, viene con una carga pesada que podría explotar cuando uno menos lo espera. El “Carazo”, poquísimos meses después del faraónico ascenso de CAP al poder por segunda vez, estremeció a Venezuela. Hasta los más perspicaces se perdieron el autobús. 
          La aplastante mayoría venezolana quiere paz y es paciente. Alguien intenta desatar los atavismos y eso es malo. Hay que escuchar al pueblo y tomar en cuenta lo que quiere. No es lo que quiero o imagino. Tampoco lo que ambiciono. Leamos con realismo y llenos de buena fe lo que dicen las encuestas serias.

          Este final no es inventado, acaba de producirse el hecho. Es uno de esos “en pleno desarrollo”. Un amigo me acaba de llamar para decirme que en el cuartel Bacazaraza de Barcelona, casi al lado de mi casa, están vendiendo tres kilos de arroz por la escandalosa cifra de Bs. 5 mil; es decir a mil seiscientos sesenta bolívares por kilo. ¡Vainas de la guerra económica! ¿De qué lado están los pichirilos?

lunes, 15 de agosto de 2016

A JULIO ESCALONA: ¿QUÉ ESPERAR DE UN DIÁLOGO ENTRE SORDOS Y SOBERBIOS?


ELIGIO  DAMAS


            El viejo proverbio o refrán, como prefiero decirlo, porque era esta la palabra usada en mi pueblo, entre mi gente y ¡qué bien nos entendíamos!, “los burros se buscan para rascarse”, tiene muchas acepciones. Hay distintas maneras de interpretarlo y hasta en la intencionalidad del hablante. Puede ser una ironía, procacidad, pero también un buen consejo.
            La más simple acepción se refiere a la imperiosa necesidad humana de prestarse ayuda mutua, sobre todo cuando están en juego cosas de vital importancia. En estos casos también se dice, “una mano lava la otra y las dos la cara”. Una de esas importantes cosas, por decir algo simple, serían la simple subsistencia y el derecho a una vida en paz y digna. Las colectividades al verse amenazadas sienten la imperiosa necesidad de unir sus esfuerzos para enfrentar al enemigo común. La bella condición humana, que existe aunque en veces pareciera ser pura fantasía y para algunos en definitiva lo es, se impone entre las comunidades cuando las circunstancias apremian. Aunque es cierto, el desarrollo del capitalismo y las nuevas tecnologías, parecieran desafiar la integridad del planeta y la propia subsistencia humana, hasta la humanización misma, con el embeleso de la mayoría de la gente, incapacitada de discernir el asunto, no es verdad que se hayan impuesto racionalmente en la multitud la maldad, propensión al exterminio y disposición del hombre para acabar consigo mismo. El gregarismo implica necesariamente el deseo de prestarse ayuda y defender la especie.
            Por eso, sigue siendo válido el refrán que hace referencia a los asnos. El hombre, con más razón, está obligado, por lo que hay en él de racional y mucho de bondad, a buscar las formas de acordarse para evitar el exterminio o la guerra, la peor de las formas de hacer política. No hay nada más cruel que una guerra; nada más  diré al respecto porque eso parece demasiado simple.
            Según las encuestas, pongamos por delante la de Hinterlaces, la que por cierto José Vicente Rangel parece darle mucha credibilidad, y esto no deja de ser interesante, más del setenta por ciento (70%), lo que parece ser una mayoría aplastante, está por el diálogo para encontrar caminos a la Venezuela y venezolanos de hoy.
           Mucho más de ese setenta por ciento de partidarios del diálogo, que de paso de manera específica aboga para que lo haya entre gobierno y empresarios, es víctima de una pequeña minoría que se enriquece asquerosamente y hasta de aquellos que aprovechan la coyuntura para obtener fáciles beneficios sin aportar nada.
             Pero además de las calamidades que sufre el venezolano ahora mismo, el futuro pareciera estar lleno de muy malos presagios. Cada uno de nosotros, como Juan Primito, personaje de “Doña Bárbara”, al elevar los ojos al cielo, solo ve nubes de “rebullones”, indicios de peores tiempos por venir, como que aquí se desate una confrontación, hasta con intervención extranjera, que ponga a los nacionales a entre matarnos, y al final, triste final, unos y otros, nos quedemos “sin chivo y sin mecate”.
            Es curioso, que un redomado vocero del academicismo -¡No sé si los académicos todos convalidan lo que acabo de decir!- de la derecha, como Guillermo Morón, en entrevista publicada en el diario “El Tiempo” de Pto. La Cruz, haya afirmado que no es verdad aquello que “el pueblo nunca se equivoca” o como el mismo “académico” negó, que la “voz del pueblo fuese la voz de Dios”.
            ¿Cuál es la verdad? ¿Quién tiene la verdad en la mano? ¿Quién está calificado, como en la Venezuela de ahora, para decidir de qué lado está la verdad y cuál es el camino a tomar, sin poner atención a lo que la mayoría aspira?
            No tengo la menor duda que el camino a tomar, si eso se interpreta como la verdad, es aquel que prefiere la mayoría. Es esta, en cualquier circunstancia, la más capacitada y autorizada para construir o preservar la paz y hasta instaurar los mecanismos de subsistencia en todos los órdenes. También la llamada a construir lo que quiere y conviene a sus intereses. Es así como se explica la expresión, o mejor, las dos expresiones que el académico de la derecha, historiador fosilizado desde el mismo momento que comenzó a escribir sobre historia, intentó descalificar. Si el pueblo, la mayoría quiere imprimirle un determinado ritmo y dirección a su vida, esa es la verdad. Si se equivoca, lo que no es descartable, tiene la facultad de corregir. El principio constitucional de la soberanía popular no puede ser una cosa para usar en discursos demagógicos o enarbolarla a conveniencia.
           Sería muy malo pues, que desde el campo de la izquierda, asumiésemos el asunto como Morón y la derecha toda. Esta última calificación no es válida para juzgar a todo opositor o discrepante del sector oficial.
           El académico dijo aquello porque es el catecismo de la derecha y las minorías, que prevalidas de su poder político y económico y supuesta ventaja en materia de conocimiento y talento, niegan valor al derecho y sabiduría de las multitudes.
           Entonces, no es nada extraño que la derecha, el gran poder económico y sus voceros, hablen como el académico y procedan tal como sectores oposicionistas en Venezuela, que no tienen interés alguno en el diálogo sino en apelar al recurso hasta más repulsivo para lograr sus fines.
            Pero también es verdad, son imprescindibles el diálogo, la búsqueda de acuerdos para lograr la subsistencia en medio de unas circunstancias, donde para decir lo menos, estamos con “el juego trancado”, o cuajado nuestro cielo por los “Rebullones” de Juan Primito, como ya lo han dicho, personajes como Maryclen Stelling, José Vicente Rangel y Eleazar Díaz Rangel. Pero para que el diálogo avance es necesario que quienes en él intenten sumergirse  no sean sordos, menos soberbios. Hay que escuchar con el mejor de los ánimos y buenas intenciones. Dejar la soberbia a un lado y con ella la idea que la verdad y lo mejor es lo que visualizo o recreo en mi mente, en el mejor de los casos. Porque la verdad, aquella que puede construir la paz, distender los espíritus o estados de ánimo, es la que concierne a la mayoría.
            Pero no sólo entre sordos y soberbios pudiera estar atrapado el intento de diálogo. Si no que hay otra cosa que antes hemos dicho. El avance del diálogo, los frutos en sazón de este, podrían poner en evidencia que hay sordos y soberbios sin remedio, como llenos de malas intenciones y ambiciones estrictamente personales. Y estos últimos podrían, por eso mismo, enfermarse de sordera y soberbia. El diálogo entre venezolanos de buena fe, podría sacar de juego a esos y los ajenos interesados en lo nuestro.
            El diálogo tiene a su favor al 70 % (Setenta por ciento) de los venezolanos, pero en su contra una pequeña cúpula con poder y hasta miedo.

          Quiero terminar esto haciendo un llamado a mi viejo amigo y compañero Julio Escalona, a quien presumo de mucha audiencia en las alturas del gobierno. Julio, amigo, hermano, no olvides aquella sabia frase tuya, expresada en un acto acá en Puerto la Cruz, según la cual, nosotros debemos persistir en la paz, hacer por ella lo pertinente, “porque ellos siempre tendrán más armas que nosotros”.