viernes, 26 de agosto de 2016

ROY CHADERTON MATOS, SU CÓMO NOSTÁLGICA DESPEDIDA


ELIGIO DAMAS


            Siempre he pensado que haber logrado que un hombre como Roy Chaderton Matos, procedente de la vieja diplomacia de la IV República y hasta, según he oído decir, de un sector social poco dado a simpatizar con esos huracanes, palabra que obsesionaba a Chávez, que pareció desatar la “Revolución Bolivariana, fue un éxito y un acierto. Es una muestra más que las causas justas hallan adherentes en todos lados y son plantas que germinan en todos los espacios.
            Confieso, quizás pueda acusárseme de pequeño burgués, que se deja obsesionar y hasta encantar con las cosas que están cargadas de buen gusto, agradar sobremanera por las personas que saben hablar, manejan el lenguaje con elegancia y conservan la calma y el equilibrio en las situaciones más tensas, lo que les permite manejar la palabra para herir hasta lo más hondo y conseguir que el aludido hasta sonría. La sencillez, elegancia, buen gusto y juicio asertivo y justo no tienen motivos para excluirse.
          Soy poco dado a elogiar y bien calificar aquellos que hablan, incluso hasta por los codos, pero muestran demasiada pobreza, monotonía, estridencia y sazón amenazante. Para hablar con sencillez no significa ser procaz y pedestre; saber hacerlo de esa manera, justamente requiere talento, cultura y riqueza lingüística y en eso, el aludido es un maestro.
            No me gustan esos oradores que se limitan como a “hacer el mandado”, hasta bien hecho, pero dejando al acucioso la oportunidad de percibirlo como demasiado simple y carente de valor literario.
          Entre los bellos recuerdos de mi infancia está aquella temprana noche que mi padre, allá en nuestra Cumaná natal, me llevó por los alrededores de la plaza dedicada al Mariscal, se le llamaba aquello “Parque Ayacucho”, lo que no era sino un amplio espacio rodeado de grandes árboles, a una concentración política donde se promovería la candidatura presidencial del maestro Gallegos. Mi padre no fue allí por la política ni lo electoral, sino para que escuchase hablar a un particular orador anunciado para ese evento. Sólo por eso. Habló un verdadero mago, espadachín hábil y prodigioso de la palabra, gracioso y aquello parecía como un concierto musical con orquesta de excelente factura; aquel conversador con la magia de su verbo cumplía con la formalidad de lanzar sus consignas y aspiraciones electorales y al mismo tiempo divertía al público todo y extasiaba a los más exigentes como mi viejo. Yo niño, escuché al personaje, cada frase suya era un poema y hasta bellas canciones. Sus chistes, que hizo en abundancia, venían envueltos en palabras, atadas unas a otras como joyas en una hermosa y delicada cadena. Aquel hombre fue Andrés Eloy Blanco. Por él y por su verbo prodigioso, fue y me llevó a allí mi padre. Casualmente o quizás mejor, por aquellas hermosas cualidades, el poeta cumanés fue Canciller y presidente de la Constituyente de 1946.
            Siempre se ha pensado, y eso nada de malo tiene, que la diplomacia y el buen hablar, deben ir atadas de la mano.  Por supuesto, no es este un valor indispensable y de mayor valor a la hora de evaluar a un diplomático, pero si es el adecuado para ejercer nuestra representación y saber cómo llevar la bestia al matadero con habilidad y destreza; es lo mejor.
           Todas estas palabras insulsas se me han venido a la mente al leer en Aporrea una nota, que pareciera como luctuosa, de Roy Chaderton; pero que pareciendo como una despedida, de quien no quisiera irse, dice unas cosas que merecen un comentario. La nota se derivó de entrevista que a Chaderton le hiciese Ernesto Villegas.
            Con demasiada frecuencia he escuchado, en cada propicia oportunidad, a mucha gente, de distinto origen y nivel cultural, la conveniencia que el personaje del cual hemos hablado ocupe el cargo de Canciller de la República. Han pensado, como he pensado, eso le hubiese dado brillo a nuestra diplomacia. Pero Chaderton, es un veterano diplomático, que lo ha sido por Venezuela desde los años noventa; fue hasta vice Canciller, en un gobierno de la IV República, proviene de familia acomodada y hasta de un partido del puntofijismo, pese ser de la “Izquierda Cristiana” y eso, para muchos ortodoxos es como un pesado fardo. Pese que a lo largo de este complicado, borrascoso proceso se ha mantenido con sobrada firmeza, la que le falto de muchos de extremada confianza, de la intimidad del grupo y hasta de la saudade de la clandestinidad, cárcel. Firmeza que tampoco tuvieron hasta algunos de eso que Chávez solía llamar el proyecto original de “las tres raíces” y menos muchos de aquellos que soñaron, como todavía sueñan otros, con una revolución transformadora en una madrugada avinagrada.
            A esta altura, Roy Chaderton, en retirada o como jugando banco, lo que uno piensa después de leer sus palabras, dice como uno que “materia de política exterior, lo mejor que ha tenido nuestro país es lo que tiene que ver  con la herencia de Chávez.” Agrega que “Al principio de este proceso Venezuela estaba sola y solamente había el caso aislado y excluido de Cuba dentro del continente americano” y empezaron a aparecer regímenes progresistas de izquierda.
            Pero observa que alguna cosas no andan bien. Como que todavía “dentro de la quinta quedan remanentes de algunos errores o vicios de la cuarta república”. ¿Cuánto quisiera uno saber de exactamente de ellos?
           Pero sabiendo eso, de lo que uno imagina mucho, por lo que siempre ha sido el servicio exterior, recuerdo ahora unas graves denuncias de Herrera Luque, habiendo dejado la embajada de México, que Chaderton se vaya o le dejen por allí, como a tantos, cual un viejo traste, y las cosas esas continúen. Pero como una demostración de su lealtad, palabra a la que se le ha dado en veces un empalagoso, otras triste significado, recomienda a los jóvenes chavistas “combatir con más fuerza la corrupción y la incompetencia en ciertos niveles del gobierno” y además, dice la nota, sugirió “no rendirse ante nada”.

            Usé antes la palabra “saudade”, de bellos recuerdos para mí y muchos de mis viejos amigos, porque ella porque alude a soledad y añoranza. Esto es lo que percibo en las palabras de Chaderton. Pero, si de algo sirve, le diré que no está solo; estas luchas acostumbran a dejar en el camino a mucha gente buena, nada banal ni barata. Y aunque nunca puedan formar una concentración, un sindicato y menos una sociedad nada secreta, pero si ignorada, existe el placer de saber que existen, existieron y dejaron sus huellas imborrables. 

lunes, 22 de agosto de 2016

JORGE RODRÍGUEZ, LEJOS DEL MINGO. DEJE EL MÁS ALLÁ Y VÉNGASE MÁS ACÁ


ELIGIO DAMAS


            Diría que, con demasiada frecuencia, Jorge Rodríguez aparece en televisión. Lo que no estaría mal, tratándose de un alto jefe – esta palabra la tomé del diccionario con una pinza – del Psuv y posiblemente, eso creo, siguiéndome por el puro tradicionalismo, uno de los integrantes del pequeño grupo que cierra el círculo. Lo malo es que usa su tiempo, todo su tiempo para hablar del mismo asunto; tanto que no sólo cansa sino que al verle aparecer uno sabe que va a hablar de lo mismo. El, siendo psiquiatra, debe saber bien lo que hace y posiblemente esté seguro que debe seguir en eso aunque parezca un disco rayado. Ayer domingo no vi el programa de José Vicente. Cuando me percaté de la hora, distraído por unos visitantes tempraneros, ya era tarde. Es una de las pocas veces que eso me ha sucedido en mucho tiempo.
            En las primeras horas de la noche, un familiar quien también llegó a visitarme, después de saludarme me preguntó:
            -“¿Viste el programa de José Vicente?”
            -“¡No!” Le respondí. Y de seguidas pregunté “¿a quién entrevistó?”
            -“A Jorge Rodríguez”, me respondió el visitante, como defraudado.
            “Entonces”, comenté, “no me perdí nada”. Seguro volvió hablar del mismo asunto. De firmas, huellas, muertos que firman y vivos que no firmaron o no pusieron la huella.
            Mi contertulio, con una cara de fastidio, no por lo que hablaba conmigo, sino recordando la entrevista, me respondió con desgano: “¡SI!”
            No volvió a hablar más del asunto y por todo, la forma de responder y posterior actitud, deduje que como yo estaba hastiado de aquello.
            Rodríguez tiene un programa en televisión, como alto dirigente del Psuv que es, donde aunque intente hablar de otra cosa, según su plan o de quienes le elaboran el libreto, lo que uno sabe por lo planteado a la entrada, termina metido en las planillas de la MUD y el revocatorio.
            Ya, cuando le escucho y hasta veo su imagen, entro en un estado de desconcierto donde los números se me confunden y los problemas parecieran enredárseme. Él sabrá bien de que se trata, para eso es psiquiatra, pero en mi ignorancia, creo que me invade un estado de locura. Pues mientras él, con su agradable sonrisa piensa en listas, números de ellas, firmas, con huellas o sin ellas, muertos firmando, dirigentes de la MUD que mal firmaron o no pusieron la huella o dejaron de firmar, yo saco cuentas. Por un lado sumo o pienso en la cifra que representan mis menguados ingresos y los precios de la papa, zanahoria, yuca, pescado, pollo, huevos carne y me pierdo loco en el camino, porque mi preocupación, aunque parezca muy pedestre al lado de la suya, es como una lista más larga y se expresa en  cifras, donde las diferencias son hondas, tanto como la fosa donde a uno, ya viejo, le echarían más temprano que tarde; vean que estoy sacando cuentas; si seguimos como vamos moriremos temprano o enloqueceremos. Lo primero, malo no sería. Lo segundo, lo sabe muy bien Rodríguez, es una muy mala herencia revolucionaria para los nuestros que vivos quedan.
            Pero a Rodríguez, esas cifras le alegran. Ahorita mismo, lunes a las 4,30 pm, he abierto Aporrea y leo que en la entrevista dada a José Vicente, Rodríguez dijo que el 80 por ciento de los diputados y dirigentes de la MUD, no firmaron. Leyendo aquello me lo imaginé sonreído, de “oreja a oreja”, como decían en mi pueblo, aunque no haya quien tenga la boca tan grande.
            Si a él eso le alegra, me parece maravilloso. Pero recordaré que muchos analistas, hasta él mismo, han dicho que en la MUD no hay interés por el revocatorio en sí; saben ellos y eso lo dice gente del gobierno y lo sugiere el CNE, al hablar de plazos, que se les pasó el tiempo. Por ahora, no habrá revocatorio y no sé si lo pudiera haber el año que viene, asunto que para nada me interesa, tanto es así que no lo voy a averiguar ni perder mí tiempo oyendo a nadie que lo explique. Pero a la mayoría de la MUD lo que interesa por ahora, es tener una llama encendida, algún clavo caliente, ¡y bastante que de todo eso hay!, que justifiquen sus acciones en lo inmediato. Y lo que en verdad conviene a la MUD, es que las cosas sigan como van, que siendo así, sólo cenizas quedarán. Sobre todo, las cenizas serán de aquellos que nos atrevimos a soñar, antes y después, acompañados de Hugo Chávez.
            Por eso, no entiendo, comprendo ni adhiero esa alegría de tísico de Jorge Rodríguez. Menos esa actitud de un alto dirigente del partido, psiquiatra, orgulloso de su herencia, donde pareciera perder su tiempo embebido en un tema que ya cansa, fastidia y hastía, sobre todo a un pueblo que espera señales, pero no de humo, sino que se concreten cifras que no sean de firmas sino de aliento ante esta espantosa crisis económica que agobia. Luce más bien entretenido y entreteniendo a los venezolanos todos, lo que no sería descabellado siendo psiquiatra y gobernante.
            Jorge Rodríguez, quien es además alcalde de Caracas y como tal tiene sus problemas específicos, pareciera estar como esos malos jugadores de bolas criollas que nunca arriman una cerca del mingo.
            Rodríguez, amigo, este viejo que fue amigo de tu padre, te recomienda pises tierra. Estudia las cifras del ingreso familiar, cesta básica, la paridad de dólar y bolívar; el precio dolarizado de todos los productos que consumimos, mientras el salario del venezolano mayoritario, quien debe ser el objeto de esta revolución, es una miseria. En cifras oficiales, el salario mínimo es de 35 dólares aproximadamente y si le doblas por la cesta ticket, es de sólo 70. Mientas una minoría, en medio de esta “revolución”, acumula riquezas, tanto que Menéndez, ministro de planificación, asegura que solo tres familias atesoran el 50 por ciento del ingreso nacional. Esta es la verdad nuestra de ahora y la que nos amarga el espíritu. La cifras que nos estrujan el alma; y hasta de los nuestros que están muertos, pues se dice que las almas andan por allí. No nos alegra si los muertos se salieron de la tumba, firmaron y volvieron al  más allá. Tampoco si eran muertos de un bando u otro; si es que en la muerte hay bandos o un solo dolor; si andan en bandadas o en la tristeza de la soledad.
    


viernes, 19 de agosto de 2016

¿CUÁNTOS PRE CANDIDATOS HAY? VARIOS. AQUÍ Y ALLÁ. AQUÍ PODRÍAN ESTAR


ELIGIO DAMAS


            Es evidente que a los humanos les encanta el poder. Unos sueñan con poseerle para satisfacerse, no sé cómo calificar eso; uno podría decir que está en los genes. Es decir, algo así que le viene de la familia; se le insertó de algún hasta lejano ascendiente que en eso anduvo. Eso que llaman el ego, la sobre estima, sentirse predestinado, podría tener mucho que ver con esa “pasión” o aspiración. El lenguaje coloquial venezolano diría que eso está en las agallas desde que se es chiquito o se le atraviesa en ellas como una espina de pescado en un momento dado. En todos esos casos caemos en la misma disputa, tiene que ver con la herencia, pasiones y convicciones heredadas o se le atraviesan a uno por allí en sus relaciones con la gente y las cosas; lo que sería lo mismo que decir, es un producto cultural del gregarismo y subsistencia.
            Sin importar de donde al tipo le venga las ganas de gobernar, de sentirse como exageradamente útil e imprescindible, siempre habrá también de dos categorías como mínimo. Aquellos que de muy buena fe se sienten, dije se sienten, a su fuero interno, tienen algo de mesías o para decirlo de más agrado y que nada tiene de insincero y es veraz, llevan un fuego interno particular y quemante que les hace líder. Y el líder, muchas veces, lo es porque la gente lo recibe como tal con sumo agrado. Algo atractivo tiene para alcanzar aquello. Algo ha encontrado para identificarse con los intereses de quienes optan por adorarlo.
            ¡Sí! Definitivamente, hay santos. El Drae le da varias acepciones a la palabra. Una de ellas es la de “aquellos declarados como tales por la iglesia”. Pero hay varias, como aquella de “persona de especial virtud y ejemplo”. Esta hace posible que un santo nada tenga que ver con iglesia alguna. Por eso, puede haber líderes, y los ha habido, no voy a nombrar ninguno para no generar polémicas accesorias, que cabrían dentro de la categoría de santos. José Gregorio Hernández, según lo que de él se cuenta y lo que la imaginería o no del venezolano recrea, es definitivamente un santo, aunque la iglesia por racismo u otros intereses igualmente bastardos, no lo haya elevado oficialmente a esa categoría. Para los venezolanos lo es y se acabó. No hace falta comprobar si ha hecho o no milagros, basta que la venezolanidad se los otorgue cada segundo, partiendo de lo que hizo como médico y ciudadano estando en vida.
            Así como hay santos, hay demonios. Entonces podría haber líderes demoníacos. De lo que se dice en la historia oficial que “Atila, el rey de los hunos”, líder de aquellas casi hordas invasoras de espacios europeos, impulsados en buena medida por la precariedad de vida que llevaban en los suyos, pudo haber sido un demonio. Tanto que se dice que dijo “donde pise mi caballo no crecerá la hierba”. Es lo mismo que definirse como un dios dispuesto, presto y nacido para destruir y hacer el mal. Es como un cuento de cuna para los hijos de los demonios, donde en lugar de colchón hay espinas. Pero así suelen hablar de Atila. Claro, hay que estar prevenido, esa es la versión eurocéntrica del líder asiático.
            Casi la totalidad de los seres humanos hoy cree que Hitler fue un demonio. Le hizo al pueblo israelí, sólo por escoger un ejemplo, porque jodió al mundo entero por distintos motivos, exactamente las mismas barbaridades que el gobierno del Estado de Israel – Ojo: dije “gobierno del Estado de Israel” no los judíos o israelitas – hoy hace a los palestinos y todos aquellos que entren en los planes que comparten con quienes en el mundo concentran el capital o la riqueza. Pareciera, según lo poco que uno logra entender que Hitler, era un demonio loco, como para completar la vaina. Su obsesión por su grandeza y la de su raza (¿?) era tal que violó todo lo que no debería violarse. Hasta llegar a asesinatos en masa, estudiados y planificados fríamente.
            Hay quienes son puestos de “jefes”, sin que ellos eso soñasen, por estar parados justamente en la esquina donde pasó la marcha, se lo llevó por delante y le puso al frente, figura excelente creada por Chaplin. Otros porque servirían de mandadero a sus verdaderos jefes, quienes en eso le pusieron y hasta quienes ellos mismos se ponen por aquello de “a mí no me den nada, pónganme donde haya”, como dice el refranero popular.
            Hay pues líderes y candidatos para todos los gustos. Por eso, uno debe ser muy cuidadoso.
            Hoy se dice que en la oposición hay una lucha de intereses, lo que es como una perogrullada, pero también que ya, la hay por candidaturas presidenciales. No hay duda, está comprobado que Henry Ramos y Julio Borges, se disputaron y están disputando la presidencia de la Asamblea Nacional.  Se la disputaron antes y ya, por adelantado, la están disputando.
            Henry Ramos, ha pretendido convertir la presidencia del parlamento, eso es demasiado notorio, como la catapulta que le llevaría a Miraflores. Por eso, antes que de allí lo saquen, lo que podría suceder, se apura en sacar a Maduro del gobierno. Piensa que este es su momento, “pa´ luego es tarde”.
            Pero resulta, que Primero Justicia, según las cifras electorales, es la primera fuerza opositora, por eso quiso y quiere la presidencia del parlamento para Julio Borges y piensa en la candidatura de Capriles para Miraflores. Este, también quiere que así sea, pues se dice así mismo en lenguaje coloquial. “a la cuarta, quinta, ya no sé cuántas veces, va la vencida”.
            No cabe duda que Leopoldo López tiene las mismas aspiraciones. Es natural. Su práctica política y sus arengas, suyas o de los suyos, ha prendido en buena parte del mundo opositor; y ese su discurso, que suele verterse en acciones no precisamente pacíficas y conciliadoras, pareciera atraer a las mayorías que nada quieren con el gobierno. Justamente, por eso Ramos Allup ha puesto empeño en asumir, con su estilo particular, el discurso y el accionar político de López. Lo último que dijo, que la oposición ya nada tiene que hacer para que se cumpla el revocatorio, es una manera nada sutil de llamar a la violencia y darle armas y línea a los marchantes del primero de septiembre. Por supuesto, lo que menos quiere Ramos es que haya diálogo, este podría, nada es descartable, poner a López en la calle.
            Pero tal como están las cosas, López no podría presentarse como candidato; lo que, por ahora, le abre espacios a Ramos, salvo que sus planes inmediatistas no se den y en enero le sustituyan del cargo que ahora ocupa.
            Pero hay otros candidatos o aspirantes a serlo en la oposición. Henry Falcón, quien no lo es definitivamente, pero se empeña en ser santo con esa cara de sufrimiento que pone cuando habla ante una cámara y un poco al estilo de CAP, se hace fotografiar no saltando charcos, sino metiendo las patas en el barro, quiere llegar a Miraflores. Y hay otros, hasta Eduardo Fernández, ayudado por los socialcristianos europeos, presenta algo así como un programa “bendito”, donde da las claves para la felicidad y unión de los venezolanos y al mismo tiempo regresen los conquistadores con los mismas ventajas,  se auto propone con disimulo, pasando por alto que de “tigre” nada tuvo y menos le queda. ¿Y María Corina? ¿Dónde la dejamos?
           ¡Ah! ¿Pero en el gobierno qué pasa? ¿Allí las aguas están mansas y la unidad es monolítica, como siempre ha gustado decirlo a la gente de la izquierda? ¡Cuánto deseo que así sea, pero no parece!
            En el Psuv, pareciera que más de uno sueña con entrar como jefe a Miraflores. Pero sucede que por ahora, están centrados en derrotar la intentona opositora que llame a revocatorio. Que es una opción constitucional, un derecho ciudadano. Pero para decirlo como debo, esta no conviene al país por razones diversas. La crisis que atravesamos, sin importar por ahora la explicación que le demos, demanda centrarse en buscar soluciones, como activar al máximo la producción y no perder tiempo en disputas subalternas o fiestas electorales cuyos resultados nada garantizan. Por eso es bueno que el Psuv y el gobierno se dediquen a esta tarea y hasta que la oposición misma ponga lo que le corresponde y está obligada.
           Pese lo anterior o aun así, se nota que hay una lucha, vamos a llamarla sorda, aunque mucho se diga y hasta grite, por la candidatura a las elecciones del 2019. Pongo esta fecha, porque es la que asegura la Carta Magna.
           Ayer en la tarde, escribo esto hoy viernes en la mañana, en una de las exageradas menciones que el presidente hace de Henry Ramos Allup, que un amigo califica como manifestaciones de temor, a aquél, para decirlo como Pérez Bolaños o “Chespirito”, se le chisporroteo este comentario.
          “Si él quiere ser presidente que presente su candidatura en el 2019”. Luego, pienso de buena fe, que sin percatarse agregó, “nos veremos en la calle”. ¿Cómo interpretarle? Formalmente, siendo presidente y no candidato, no sería precisamente él quien debería “verse en la calle”, con el opositor en medio de la contienda electoral.  A menos, que dentro del Psuv, ya esté resuelto, que como decíamos cuando era joven “salga sapo o salga rana”, Maduro iría de nuevo como candidato. Siendo así, cosa que no descarto, por muchas razones, como sentido del discurso y práctica dentro del proyecto bolivariano, ya a Maduro como a Chávez, lo designaron presidente del partido, el ahora presidente piensa en presentar su candidatura; por lo menos esto.
            ¿Pero qué piensa Diosdado? Este hace todo lo que puede para dejar constancia de su lealtad –es palabra de su preferencia – al Comandante Chávez. Por eso, muestra ser leal con el presidente Maduro. El Comandante dejó un mandato, o para mejor decirlo por el respeto y la admiración que merece, trazó una línea para mantener la unidad en un momento donde no había tiempo ni espacio para maniobrar, dándole a esta palabra el más sano de los sentidos. Diosdado es coherente en eso. Apoya sin duda y con todo su empeño al actual presidente; fue lo que dispuso, quiso o consideró más prudente su comandante. ¿Pero hasta dónde llega eso? La proposición de Chávez fue producto de un momento aciago y para una contingencia. ¿Ya pasó? ¿Qué piensan Diosdado y sus más allegados?
            Por los momentos, quiero dejar constancia, como a medida que pasan los días, aumentan las dificultades, se acortan los tiempos, Diosdado no sólo aumenta sus actividades. Su programa “Con el Mazo Dando” recorre el país, en él da muestras notorias del respaldo militar con el cual cuenta y hasta aprovecha para hacer grandes concentraciones en cada ciudad que visita donde hace de orador principal. Pero también, esto ya lo he escrito antes, su discurso ha cambiado. Ya no es aquel del típico reformista, duro contra sus enemigos, sino que se ha cambiado a uno parecido al del mismo presidente. Un discurso habitual de los militantes de izquierda, llenos de palabras claves que reflejan muchas cosas, como sentido de justicia y amor por el bienestar colectivo o, por sí solas, llevan mensajes que son del gusto del activismo. Combate con la misma fiereza de antes a los adversarios políticos, a quienes fueron enemigos de Chávez y lo son de su herencia, sino que intenta aprender hacerlo a través del discurso como solía hacerlo su comandante y como también se preocupa de lo mismo el presidente Maduro.
            ¿Pero solamente estos dos serían los aspirantes? ¿Mis antenas me dicen otra cosa? Sucede que lo primero es lo primero. Unos van adelante, otros vienen detrás.
    


miércoles, 17 de agosto de 2016

EL PUEBLO QUIERE PAZ. NO LE PROVOQUEN. PERRO MANSO MUERDE


ELIGIO DAMAS


            Lo que llamamos Venezuela, ubiquémonos por comodidad en 1777, con el nacimiento de la Capitanía General, nació de unos sucesivos actos de imposición, abuso y fuerza de los conquistadores y colonizadores españoles; aquello que Darcy Ribeiro, como irónicamente llamó, “El proceso Civilizatorio”. Los europeos civilizados, después de ser recibidos por los “salvajes”, con infantil alegría y hasta gestos de buena fe, de inocentes criaturas, optaron por invadir y en buena medida exterminaron a la población primigenia y se consideraron dueños de lo nuevo por ellos conocido. Fue una invasión armada, cruel y para apropiarse indebidamente de lo ajeno. Nació pues Venezuela de un acto de fuerza. Al estudiar la composición de la población venezolana, de un territorio bastante poblado antes que llegasen los españoles, cualquier observador se forja una idea hasta donde llegó la violencia sin necesidad de hacer uso de cifras.
            Luego vino el otro “acto civilizatorio de la civilizada Europa”, nada ajena a lo que hoy es la OTAN, que significó el desarraigo de gran parte de la población africana para someterla a la esclavitud en nuestro espacio.
            Aquellos dos partos violentos, produjeron los resultados esperados y lógicos, una larga lucha entre los explotados y abusados contra explotadores y abusadores.
            Pero aparte, hay que señalar que, por las características del nivel de desarrollo de la sociedad que luego llamaron venezolana, tomando como referencia lo puramente espacial, el proceso de conquista fue largo y violento. Mucho más que en otras partes. Desde la llegada de Colón a territorio venezolano, 1498 a la creación de la Capitanía General, es decir, la creación de una estructura única para manejar nuestra sociedad colonial, transcurrieron 279 años y el número de exterminados fue descomunal. El proceso de conquista fue tan cruento y duro que aquí se combatió metro a metro. La caída de una tribu o pequeño grupo de tribus, no significó el dominio del territorio y la población toda por parte de los españoles. Entre los nuestros, no había nación ni unas pocas autoridades únicas, como en México o el Perú. Por esto, aquí la guerra fue larga y dolorosa.
            La colonia fue una sociedad en guerra permanente entre los dominadores, los dominados, la población indígena nunca conquistada y sometida y hasta los piratas que merodeaban nuestras costas. La lucha de los esclavos por sus derechos, actos de los cuales sólo se suele mencionar a José Leonardo Chirinos, fue una constante en Venezuela. Luego vino la larga guerra de independencia que se desató el mismo 5 de julio de 1810 y llegó hasta 1830; es decir, 20 años de guerrear permanente. Todavía así, nuestras fuerzas, al mando de aquel genial loco, ¡cuánta ha hecho y sigue haciendo por nosotros!, llamado Simón Bolívar y otros incontables héroes de esta patria, fueron a combatir allá lejos para regar la idea de libertad, independencia y por encima de todo, la unidad de nuestros pueblos contra los viejos y nuevos invasores.
         Luego vinieron las guerras civiles entre propietarios viejos y los caudillos hechos también propietarios o con la ambición de llegar a serlo que llenaron de sangre, desolación y abandono de las enormes potencialidades con que nos dotó la naturaleza. Y seguimos, con aquel absurdo que llamamos Guerra Federal contra los “godos”, donde al parecer, según nos contaron en la vieja escuela perdieron estos, pero al final todos los propietarios y gobernantes siguieron siendo “godos”. Quienes eran continuaron siéndolo y sus “enemigos” se volvieron también “godos”.
            En síntesis, nuestra historia es una de guerra interminable, donde los vivos y aprovechados se han acordado, por encima de sus aparentes odios, para engañar al pueblo y al final acordarse entre ellos y dejar a este pagar el costo de las guerras.
           El “Caracazo” no fue más que una pequeña, fugaz, pero cruenta, muy violenta guerra, donde el pueblo sin dirigente o caudillo alguno, como en el pasado, dispuesto a tranzarse contra sus intereses, tomó la iniciativa que le dictó sus internalizados dolores y el cansancio de verse traicionado. Unos días antes, todavía, el bipartidismo compartía los placeres del poder, dentro o fuera del gobierno, ignorando los intereses y sufrimientos de la multitud. Todo parecía en calma.
          Un pueblo, que desde que los “Sesenta”, a finales del siglo diecinueve, comandados por Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez, se llegaron hasta Caracas a hacerse del poder, no había tenido participación trascendente en el marcaje de su destino, estalló aquel día por su cuenta, como por atavismo, cansado de tanto abuso. Antes, finalizando 1957, guiado por una juventud heroica, comenzó a salir a la calle de manera masiva y por demás arriesgada para culminar el 23 de enero de 1958 con la huida del entonces dictador. Las vanguardias se achicopalaron y entregaron Miraflores y con el palacio todo lo que eso significa a sus viejos enemigos, sólo que algunos portaban caretas que los hacía parecer como gente nueva y diferente.
          A partir de allí, el pueblo se mantuvo al margen de los hechos, pese las heridas que estos a él, justamente a él, suelen acarrear. Como dijimos, sólo salió a combatir con desespero, como lo hicieron sus ancestros, el día del “Caracazo”. Los hechos anteriores a este acontecimiento y posteriores al 23 de enero, por lo general sólo fueron acciones de vanguardia sin sustento popular. Por eso mismo, fueron abundantes en heroísmo individual, gasto de energía y hasta pérdida de vínculos entre los vanguardistas y las multitudes.
            Pero uno no sabe qué pensar de este pueblo. Es el mismo que salió a protestar multitudinariamente contra las medidas de CAP, pese que pocos meses atrás, dos o tres, lo había hecho presidente con una asombrosa montaña de votos. Es el mismo pueblo que ha visto la abundancia de muchos, comprada, pagada con la mentira del rentismo, lo que va y viene, vino, volvió, se fue y hasta pareciera tener ganas de regresar, por lo que le ponemos velas a los santos para que suba el petróleo y la abundancia de minerales nos saque “las patas del charco”. El mismo que está consciente que en una fiesta de la abundancia fingida sólo le caen las migajas hasta que revienta la crisis más temprana y, mientras los vivos y poderosos se quedan con las alforjas llenas, él con las manos vacías.
            Parece tranquilo, conforme. En la época del petróleo caro y la moneda dura, decía sin conciencia “Ta´ barato dame dos” y se unía al festín, sin estar claro que la suya era una fiesta de pobres y sólo para el “Día de los Santos”. Ahora mismo, cuando su salario mínimo, porque aquí el pueblo todo, que incluye a obreros, trabajadores de distintos espacios, profesionales, etc., devengamos el salario mínimo, las “cosas más sencillas”, para usar una frase de Aquiles Nazoa, como la yuca o la auyama, tienen por kilo un precio equivalente al 5 ó 6 por ciento de aquél, pareciera que asumiésemos la tragedia con el mismo festín del “Ta´ barato”. Se han vuelto habituales expresiones de aparente mansedumbre como lo que revela este coloquio:
            -“Acabo de comprar un kilo de café por cinco mil bolívares”, dice una dama a su amiga, quien le responde:
            -“¡Cónfiro chica! ¡Qué barato! ¿Dónde conseguiste esa ganga? Pues ayer mismo yo compré por cuatro mil ochocientos”.
            Creo que el pueblo, como dijese alguien que ahora no recuerdo, pese esas expresiones, “observa, guarda y espera”. 
            Solemos decir “sálvame Dios de las aguas tranquilas, de las turbulentas me cuido yo”. En la aparente tranquilidad se oculta el peligro. El venezolano, es cierto, se cansó de tanto guerrear y se ha vuelto pacífico, paciente, “aguarda y espera”, como ya dije. Pero en los genes, desde allá atrás, el fondo de la historia, viene con una carga pesada que podría explotar cuando uno menos lo espera. El “Carazo”, poquísimos meses después del faraónico ascenso de CAP al poder por segunda vez, estremeció a Venezuela. Hasta los más perspicaces se perdieron el autobús. 
          La aplastante mayoría venezolana quiere paz y es paciente. Alguien intenta desatar los atavismos y eso es malo. Hay que escuchar al pueblo y tomar en cuenta lo que quiere. No es lo que quiero o imagino. Tampoco lo que ambiciono. Leamos con realismo y llenos de buena fe lo que dicen las encuestas serias.

          Este final no es inventado, acaba de producirse el hecho. Es uno de esos “en pleno desarrollo”. Un amigo me acaba de llamar para decirme que en el cuartel Bacazaraza de Barcelona, casi al lado de mi casa, están vendiendo tres kilos de arroz por la escandalosa cifra de Bs. 5 mil; es decir a mil seiscientos sesenta bolívares por kilo. ¡Vainas de la guerra económica! ¿De qué lado están los pichirilos?

lunes, 15 de agosto de 2016

A JULIO ESCALONA: ¿QUÉ ESPERAR DE UN DIÁLOGO ENTRE SORDOS Y SOBERBIOS?


ELIGIO  DAMAS


            El viejo proverbio o refrán, como prefiero decirlo, porque era esta la palabra usada en mi pueblo, entre mi gente y ¡qué bien nos entendíamos!, “los burros se buscan para rascarse”, tiene muchas acepciones. Hay distintas maneras de interpretarlo y hasta en la intencionalidad del hablante. Puede ser una ironía, procacidad, pero también un buen consejo.
            La más simple acepción se refiere a la imperiosa necesidad humana de prestarse ayuda mutua, sobre todo cuando están en juego cosas de vital importancia. En estos casos también se dice, “una mano lava la otra y las dos la cara”. Una de esas importantes cosas, por decir algo simple, serían la simple subsistencia y el derecho a una vida en paz y digna. Las colectividades al verse amenazadas sienten la imperiosa necesidad de unir sus esfuerzos para enfrentar al enemigo común. La bella condición humana, que existe aunque en veces pareciera ser pura fantasía y para algunos en definitiva lo es, se impone entre las comunidades cuando las circunstancias apremian. Aunque es cierto, el desarrollo del capitalismo y las nuevas tecnologías, parecieran desafiar la integridad del planeta y la propia subsistencia humana, hasta la humanización misma, con el embeleso de la mayoría de la gente, incapacitada de discernir el asunto, no es verdad que se hayan impuesto racionalmente en la multitud la maldad, propensión al exterminio y disposición del hombre para acabar consigo mismo. El gregarismo implica necesariamente el deseo de prestarse ayuda y defender la especie.
            Por eso, sigue siendo válido el refrán que hace referencia a los asnos. El hombre, con más razón, está obligado, por lo que hay en él de racional y mucho de bondad, a buscar las formas de acordarse para evitar el exterminio o la guerra, la peor de las formas de hacer política. No hay nada más cruel que una guerra; nada más  diré al respecto porque eso parece demasiado simple.
            Según las encuestas, pongamos por delante la de Hinterlaces, la que por cierto José Vicente Rangel parece darle mucha credibilidad, y esto no deja de ser interesante, más del setenta por ciento (70%), lo que parece ser una mayoría aplastante, está por el diálogo para encontrar caminos a la Venezuela y venezolanos de hoy.
           Mucho más de ese setenta por ciento de partidarios del diálogo, que de paso de manera específica aboga para que lo haya entre gobierno y empresarios, es víctima de una pequeña minoría que se enriquece asquerosamente y hasta de aquellos que aprovechan la coyuntura para obtener fáciles beneficios sin aportar nada.
             Pero además de las calamidades que sufre el venezolano ahora mismo, el futuro pareciera estar lleno de muy malos presagios. Cada uno de nosotros, como Juan Primito, personaje de “Doña Bárbara”, al elevar los ojos al cielo, solo ve nubes de “rebullones”, indicios de peores tiempos por venir, como que aquí se desate una confrontación, hasta con intervención extranjera, que ponga a los nacionales a entre matarnos, y al final, triste final, unos y otros, nos quedemos “sin chivo y sin mecate”.
            Es curioso, que un redomado vocero del academicismo -¡No sé si los académicos todos convalidan lo que acabo de decir!- de la derecha, como Guillermo Morón, en entrevista publicada en el diario “El Tiempo” de Pto. La Cruz, haya afirmado que no es verdad aquello que “el pueblo nunca se equivoca” o como el mismo “académico” negó, que la “voz del pueblo fuese la voz de Dios”.
            ¿Cuál es la verdad? ¿Quién tiene la verdad en la mano? ¿Quién está calificado, como en la Venezuela de ahora, para decidir de qué lado está la verdad y cuál es el camino a tomar, sin poner atención a lo que la mayoría aspira?
            No tengo la menor duda que el camino a tomar, si eso se interpreta como la verdad, es aquel que prefiere la mayoría. Es esta, en cualquier circunstancia, la más capacitada y autorizada para construir o preservar la paz y hasta instaurar los mecanismos de subsistencia en todos los órdenes. También la llamada a construir lo que quiere y conviene a sus intereses. Es así como se explica la expresión, o mejor, las dos expresiones que el académico de la derecha, historiador fosilizado desde el mismo momento que comenzó a escribir sobre historia, intentó descalificar. Si el pueblo, la mayoría quiere imprimirle un determinado ritmo y dirección a su vida, esa es la verdad. Si se equivoca, lo que no es descartable, tiene la facultad de corregir. El principio constitucional de la soberanía popular no puede ser una cosa para usar en discursos demagógicos o enarbolarla a conveniencia.
           Sería muy malo pues, que desde el campo de la izquierda, asumiésemos el asunto como Morón y la derecha toda. Esta última calificación no es válida para juzgar a todo opositor o discrepante del sector oficial.
           El académico dijo aquello porque es el catecismo de la derecha y las minorías, que prevalidas de su poder político y económico y supuesta ventaja en materia de conocimiento y talento, niegan valor al derecho y sabiduría de las multitudes.
           Entonces, no es nada extraño que la derecha, el gran poder económico y sus voceros, hablen como el académico y procedan tal como sectores oposicionistas en Venezuela, que no tienen interés alguno en el diálogo sino en apelar al recurso hasta más repulsivo para lograr sus fines.
            Pero también es verdad, son imprescindibles el diálogo, la búsqueda de acuerdos para lograr la subsistencia en medio de unas circunstancias, donde para decir lo menos, estamos con “el juego trancado”, o cuajado nuestro cielo por los “Rebullones” de Juan Primito, como ya lo han dicho, personajes como Maryclen Stelling, José Vicente Rangel y Eleazar Díaz Rangel. Pero para que el diálogo avance es necesario que quienes en él intenten sumergirse  no sean sordos, menos soberbios. Hay que escuchar con el mejor de los ánimos y buenas intenciones. Dejar la soberbia a un lado y con ella la idea que la verdad y lo mejor es lo que visualizo o recreo en mi mente, en el mejor de los casos. Porque la verdad, aquella que puede construir la paz, distender los espíritus o estados de ánimo, es la que concierne a la mayoría.
            Pero no sólo entre sordos y soberbios pudiera estar atrapado el intento de diálogo. Si no que hay otra cosa que antes hemos dicho. El avance del diálogo, los frutos en sazón de este, podrían poner en evidencia que hay sordos y soberbios sin remedio, como llenos de malas intenciones y ambiciones estrictamente personales. Y estos últimos podrían, por eso mismo, enfermarse de sordera y soberbia. El diálogo entre venezolanos de buena fe, podría sacar de juego a esos y los ajenos interesados en lo nuestro.
            El diálogo tiene a su favor al 70 % (Setenta por ciento) de los venezolanos, pero en su contra una pequeña cúpula con poder y hasta miedo.

          Quiero terminar esto haciendo un llamado a mi viejo amigo y compañero Julio Escalona, a quien presumo de mucha audiencia en las alturas del gobierno. Julio, amigo, hermano, no olvides aquella sabia frase tuya, expresada en un acto acá en Puerto la Cruz, según la cual, nosotros debemos persistir en la paz, hacer por ella lo pertinente, “porque ellos siempre tendrán más armas que nosotros”.

sábado, 13 de agosto de 2016

TARJETAS DE ALIMENTACIÓN Y HOGAR DE LA PATRIA DEL PRESIDENTE MADURO ¿LAS NECESITA?


ELIGIO DAMAS


            Anoche el Presidente Maduro hizo un anuncio que, pensando de buena fe, también en la de él, debería llenar de alegría y hasta satisfacción a todos los trabajadores, en particular, a aquellos que se intenta proteger. Informó, como todo el mundo sabe, del aumento del salario mínimo, también en todas las escalas de la administración pública, lo que no incluye a quienes, como los educadores, firmaron meses atrás un contrato que les ata a un salario y aumento de este hasta el 2017, que conforma más bien como una condena a vivir en la miseria. Otra vez, como en los tiempos de CAP – pero aquél era él y sus circunstancias – los educadores del más alto nivel quedan igualados y hasta por debajo del salario mínimo. Lo más triste, es que el aumento previsto por ahora, para quienes se dedican a formar nuestros muchachos, será en el mes de octubre, en la triste cifra, para no llamarla de otra manera, en vista que nos desagrada pecar de insidioso y agresivo, del 17 por ciento (17%). Y llegaría este mismo año cuando, según lo dicho antes por Pérez Abad y ofrecido de nuevo anoche por el presidente, se vuelva aumentar el salario mínimo.
           Pero así como los educadores, sobre todo los jubilados, y quizás otros trabajadores del sector público, no tendrían nada que celebrar porque el aumento no les incluye, tampoco los demás. Ya el empresariado lo anunció; por la avidez de quienes en este país comercian y prestan servicios, por ganar más allá de lo racional y hasta normal en cualquier país capitalista, vendrán aumentos de precios hasta por encima, no de la incidencia del aumento salarial sobre el costo,  sino de aquel mismo. Dicho de otra manera, por ese 50 % de aumento del salario mínimo y el correspondiente a la tarjeta de alimentación, a una parte de los trabajadores, pudieran venir aumentos de la cesta básica por encima de aquél y este castigo sería para todos. Así funciona la economía. Porque no es como dicen algunos empresarios y técnicos allegados a ellos; no es sólo un problema de oferta, aumento de costos, demanda, la precaria capacidad productiva del país, el bajo precio de nuestra moneda frente al dólar; lo es también de una internalizada cultura especulativa y deseo de enriquecerse, acumular fácil y rápidamente. Quienes fabrican, compran y venden en el país, en buena medida, lo que quiere decir que hay excepciones, forman una casta de asaltantes de camino. Hasta eso que el gobierno, no ingenuamente, sino por haberse quedado desarmado al asumir una determinada concepción de partido, vanguardia y la manera de relacionarse ellos con la población, llama “Poder Popular”, participa del festín. Se dicen muchas cosas de los CLAP, sistemas de distribución de gas doméstico, cambalache de aires acondicionados, ahora con el asunto de la harina y paremos de contar, porque la letanía sería tediosa. Ante cada cosa que el gobierno ensaya para evitar fraudes, estafas y corrupción, nace dentro y fuera, formas de dejar aquella sin efecto. Pareciera necesario y urgente revisar en qué y quiénes apoyarse.
            Pero después de lamentarnos como ya lo hemos hecho, pasemos a lo que enuncia el título. Anoche, como con frecuencia ocurre, el Presidente quiso hacer un chiste, eso piensa uno, y habló de cesta de alimentación y tarjeta de “Hogares de la Patria” que le corresponden a él y los suyos. Para hacer chistes buenos se requiere talento. Unos los escriben, suelen llamarles libretistas y otros los escenifican, estos son los comediantes; aunque como Chaplin, Cantinflas, Joselo y otros tantos, comediante y libretista pudieran ser la misma persona. Pero para eso se requiere talento, tanto como medir el momento apropiado para hacer el chiste. Pero como dijo Joselo “el mejor libretista es el pueblo”. El venezolano suele decir “no se debe mencionar la palabra soga en casa del ahorcado”.
            Parece como de muy mal gusto que el presidente hable de su cesta o tarjeta de alimentación en la trágica circunstancia que hoy viven los venezolanos, cuando es sabido que eso no le hace falta. Todo el mundo sabe cómo vive y de qué el presidente en cualquier circunstancia y momento. Es decir, siempre ha sido igual. Hablar de esos beneficios insignificantes para el presidente,  cuando se habla del bajo ingreso salarial y el alto costo de la vida del venezolano, lejos de parecer un chiste, luce más bien como una burla cruel. Pareciera hacer una comparación cruel, mordaz y desagradable.

            Pero si ese chiste fue malo, peor es el relacionado con la tarjeta de “Hogares de la Patria”. Exhibiendo una de esas, al parecer emitidas por el Banco de Venezuela, el primer mandatario nacional, informó que era la correspondiente a su hogar. Sé bien, como lo sabe casi todo el mundo, que esa tarjeta no le corresponde ni la posee, pues está asignada a grupos familiares viviendo en situación crítica. Pero al asignársela, intentando hacer un chiste, le sale una expresión que no deja de ser cruel y hasta propicia para ser víctima de denuncias de aprovecharse de las pocas cosas que está en buena disposición de ofrecer al venezolano hundido hasta las cejas en calamidades. También decimos en Venezuela que, los malos chistes parecen más bien morisquetas, en el mejor de los casos.

jueves, 11 de agosto de 2016

LA REVOLUCIÒN DEL PAN O ¿BACHAQUEAN LA HARINA?


ELIGIO DAMAS

            El pan, ese de la harina de trigo, siempre ha estado en nuestra mesa. Pese somos “hombres de maíz”, para decirlo como Miguel Ángel Asturias, y como tales comedores de arepa, empanadas, cachapa y tacos. Pero también lo somos en muy buena medida, aunque haya gente que no lo cree y hasta ve como indecoroso, de casabe, ese que se elabora a partir de la yuca amarga, herencia de nuestra cultura primigenia. Aunque también, con el mismo fin, consumimos la yuca dulce. En Venezuela toda, desde la zona norte costera, incluyendo el rosario de islas, hacia el sur, en el área fronteriza con Brasil  y Colombia y desde el Oeste, también en los límites con ese mismo país, hasta toda la costa oriental, gustamos acompañar la parrilla de carne de ganado bovino con este tubérculo.
            Pero como la herencia hispana pesa demasiado en nuestra cultura, hemos sido, desde los primeros asientos coloniales, grandes consumidores de pan. El trigo, del cual hacemos el pan, es uno de los productos más consumidos en el mundo y pese se produce en buena parte de este, en Venezuela se da  en muy poca cantidad. Por lo que debemos importarlo; lo que significa asignar una elevada cifra en divisas para que el pan llegue a nuestra mesa.
            El abandono de la cultura agro-productiva, que no sólo ha estado ligado al rentismo petrolero  y modelo de economía de puerto,  dos caras de una misma moneda, que se tradujo en la concentración de la población justamente en la zona norte costera y sobre todo del centro del país, también a aquello de producir la riqueza en una área e invertirla en otra, nos hizo importadores de todo por demás, hasta de lo que podíamos producir con sobradas ventajas. Recuerdo, aunque a alguna gente necia esto no guste, como tomamos a risa, cuando un gobernante, en un momento que los precios del petróleo habían descendido bruscamente, propuso optásemos por hacer pan a partir de la yuca. Pero, también, en otra oportunidad nos ocuparemos de esto, por lo electoral, unos cuantos, más de los que uno se imagina o identifica, jugaron al rentismo, contrariando sus viejos discursos y marginando principios fundamentales, no hicieron lo conveniente para catapultar la economía agro productiva, en un país donde sobran aguas, tierras y mano de obra. Hubo tiempo para eso y capacidad financiera; pero lo electoral impuso su “dictadura”.
            Pese los estudios de la medicina hoy muestran a la harina o “el trigo como un veneno”, que entre otras cosas engorda en exceso, eleva los niveles de azúcar en la sangre, contiene gluten, intolerable para buen número de personas  y las enormes ventajas de la yuca, tanto la dulce como la amarga, de la cual se elabora el casabe y, el maíz de nuestras empanadas y arepas, no es aventurado afirmar que el venezolano mayormente consume pan, ese de la harina de trigo.
            Es obvio que esa disposición del consumidor, heredada de lo hispano, aunada a tradicionales malas políticas del Estado, de las cuales no hemos escapado en estos tiempos de “revolución”, ha influido en el alto consumo de harina de trigo, mientras el Estado no dispone de la cantidad de divisas necesarias o “como antes” para satisfacer a plenitud esa “necesidad”. Pero por otras razones, como las relativas al rentismo, entre las cuales hay de lo relacionado a la guerra económica, la producción de yuca y maíz ha descendido y para màs aumentado el consumo, lo que se ha traducido en una escasez generalizada de lo que solemos llamar “acompañante de la comida”. Pero la escasez, por eso que llaman “Leyes del mercado”, ha venido acompañada con la crueldad y hasta  fenómeno que el precio de yuca y maíz, ha llegado a niveles inimaginables. Entonces, llegamos a un momento que casi no había pan, las colas para acceder a las panaderías cada día aumentan de longitud, y el maíz y la yuca se han vuelto increíblemente en artículos de lujo.
            Ante este cuadro como “dantesco”, el “como” le uso para no pecar  de extremista o congeniar con quienes dicen que todo esto es mentira o exagerado, el gobierno optó por “hacer de tripas corazón” y traer harina en cifras que a uno parecen gigantescas. Tres meses atrás se dijo que había llegado un enorme cargamento y recientemente otro de unas 30 mil toneladas, que a uno parece enorme.
            Eso sí. El gobierno nos dijo que se distribuiría a través de los mecanismos propios del “Poder Popular” para garantizar que los más débiles tuviesen acceso al pan. Supone uno, por lo dicho y lo que ahora ve, que existen panaderías “populares”, distintas a las que uno siempre había acudido por el pan y ahora no, por esa incomodidad de las colas, pues en ellas un viejo nunca llega a tiempo si es que todavía le quedan fuerzas, a las cuales se arrima la harina que, como antes dijimos, está entrando en aparente buena cantidad por los puertos.
            Pero mientras las panaderías que uno siempre ha conocido y visitado, que incluye unas populares ya con unos años de vida, cuando les sobra harina, después de inventar de todo para ganar más, como con dulce o cachitos, hacen y venden pan a precio algo exagerado a quienes tienen tiempo y fuerzas para hacer las colas, en la calle se está expresando un fenómeno, eso dije, un fenómeno, que merece la atención del gobierno.
            De repente, justamente a partir del anuncio de la entrada al país de grandes cantidades de harina de trigo y su distribución a través de los mecanismos idóneos del “Poder Popular”, han aparecido en abundancia vendedores de pan, producto este cuyo origen por lo menos parece extraño y control de calidad nadie garantiza. Pero lo que parece agravar lo que ya es grave, pido dispensa si no es pertinente decirlo así, es que el precio de ese pan, vendido en la calle, sin origen definido, ni responsabilidad de nadie conocido, es en exceso elevado si le comparamos con el que expenden en las panaderías. A uno incomoda y hasta molesta de sòlo sospechar que la harina con la que elaboran ese pan, pudiera ser la destinada, con mucho esfuerzo, a aliviar el alto costo de la vida de los venezolanos.  El fenómeno es tan extraño y atractivo como esas bandadas de pàjaros que de repente invaden los espacios. Uno, al verles, recuerda aquella película de terror de Alfred Hitchcock, titulada “Los Pàjaros”.
            ¿Qué camino toma la harina que llega a los puertos? ¿Alguien se ocupa que quienes la reciban la utilicen para neutralizar a quienes hacen la guerra económica o para abrir otro frente de combate contra el pueblo y el mismo gobierno que a aquél quiere proteger?
           ¿Quiénes reciben la harina de los mecanismos de distribución del “Poder Popular”, están dándole a esa mercancía el fin que se le ha asignado o abriendo otro frente de combate contra el pueblo?
          ¿No es extraño que mientras llega en abundancia harina, las panaderías siguen funcionando como venían haciéndolo desde hace meses, elaborando pan de vez en cuando y atiborradas de potenciales compradores, de los cuales unos pocos logran su propósito, en la calle hayan aparecido en abundancia vendedores ambulantes de pan a precios altamente especulativos?

        ¿Es pertinente esta denuncia, simple advertencia o sólo se trata de una impertinencia?

miércoles, 10 de agosto de 2016

DMITRIV MEDVÉDEV, PRIMER MINISTRO RUSO, MANDÓ A BACHAQUEAR A LOS MAESTROS


                                                                   ELIGIO DAMAS

            Medvédev, actual primer ministro ruso, antes ocupó el cargo de presidente,  fue interrogado por un maestro, en una apartada región del gran país euroasiático, de por qué el Estado, pese la alta inflación, mantenía a los maestros con sueltos tan bajos.
            Antes de seguir adelante con el asunto ruso, me detendré un rato en recordar lo que sostenía y defendía el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa. Para este, el rol del maestro como agente de cambio en la sociedad, desde la escuela y la comunidad donde convive, es de primer orden. En el pasado lo fue, lo que explica precisamente los destacados roles de él mismo, Simón Rodríguez, Andrés Bello y el brasileño Paulo Freire, ahora en esta moderna etapa.
            Las luchas de la vieja FVM y más tarde del Colegio de Profesores de Venezuela, en primer término, se dedicaban a orientar e influir en el diseño del sistema educativo, lo que era asunto vital en sus eventos internos tanto regionales como nacionales, y en segundo lugar, se ocupaban de la defensa del salario de los agremiados. Una cosa y otra, estaban estrechamente vinculadas a la lucha de clases de la sociedad venezolana y al rol clasista que le correspondía desempeñar a los educadores.
             Ya avanzada la etapa del puntofijismo, la derecha, valiéndose de la artimaña de la conquista del derecho a contratar, volvió los viejos gremios en simples sindicatos, dedicados exclusivamente a la defensa de aquél y dejaron a un lado el otro rol, tan importante y quizás más que el primero. Es decir, los educadores renunciaron al derecho o práctica de discutir el asunto educativo en detalles y hacerse oír en esa materia por el Estado. De esa manera, dejaron exclusivamente el derecho a decidir sobre esos asuntos tan vitales. Por eso, perdieron su rol y fuerza de cambio y apenas se convirtieron como sindicatos, en vigilantes, muy malos y desacertados por cierto, del salario de los educadores. Porque si algo malo aquí se hace, es cuidar el ingreso del educador, para que este pueda dedicarse como debe a su loable tarea. Un educador que se sobresatura de trabajo, dentro o fuera de su campo natural, desciende en su calidad y rendimiento; se convierte mentalmente sobre todo en una mercancía y lo que es peor, los efectos de eso lo pagan el educando y la sociedad toda.
            Aquel derecho de los educadores, nacido de las luchas de la vieja FVM, de discutir entre ellos el sistema de aprendizaje o de educación, que les permitía influir en el diseño de los objetivos del Estado en ese campo, fue abandonado para dedicarse sustancialmente a lo salarial y alguna u otra ventaja pírrica para el docente, lo que el patrón generalmente incumple o lo hace de manera que siempre le deja insatisfecho y por debajo de sus necesidades básicas. Para decirlo en el lenguaje habitual de alguna gente, se optó por el simple economicismo.
             El FMI y los gobiernos de la IV República, diseñaron una estrategia, a la cual sirvieron en razón del cambio antes mencionado no sólo los docentes y su respectiva dirigencia con ellos identificados, sino también la izquierda. En la sola lucha por aumentos salariales, contratación o defensa de esta, por educadores salían de una huelga para entrar en otra.   De esto debe recordar mucho nuestro apreciado Aristóbulo, quien fuese mano de derecha del máximo dirigente de la FVM de entonces, Isaac Olivera.
            De manera que el FMI y la derecha, con la complicidad inocente de la izquierda, convirtieron la lucha de los educadores en un simple asunto alrededor del contrato que, salvo algunos simplismos, tocaba el tema educativo. Incumplir el contrato y defender su aplicación, se tradujo en una práctica huelgaria casi permanente, que contribuyó al crecimiento progresivo de la escuela privada. Por la casi parálisis y por supuesto deterioro de la pública. De dirigentes gremiales con alta formación académica, visión crítica del proceso educativo y sensibilidad por la condición social del docente, optamos por sindicalistas profesionales.
           Pero en medio de aquel teatro, el salario del educador cada vez se alejaba más de la majestad de su cargo, hasta convertirle en uno de los más bajos entre los trabajadores del país. Y eso ha tenido un costo sustancial, no sólo el descenso de la calidad de vida de ellos, sino el deterioro del sistema educativo global y la calidad del aprendizaje formal. En Venezuela, desde hace años, el docente para poder subsistir se llena de horas de trabajo, en el sector público y privado y se ha dedicado en buena medida a hacer otras cosas, como volverse vendedor o mercader, para “cuadrar la arepa”, si es que consigue harina, maíz o masa. Hoy, no tiene nada de raro, que también muchos de ellos se hayan vuelto bachaqueros.
            Pero por el incidente entre el primer ministro ruso y un maestro que, como ya dije, le preguntó o reclamó por el bajo salario de los educadores, Medvédev, pareciera que el Estado capitalista todo, no me invento socialismos, mal valora a los educadores. El interrogado, dio una extraña respuesta que denuncia el bajo concepto que tiene de la educación y los educadores. Respondió Medvédev, “¿Por qué no monta un negocio?”.

            Quizás, sin mostrarse muy inteligente que digamos, utilizó contra el maestro que le interrogó, a través de aquella pregunta, el mismo chantaje que aquí por años se ha hecho. Consiste en convencer a los educadores de aquello que su trabajo es un apostolado, por lo que debería renunciar a los más mínimos derechos y conformarse con la elemental subsistencia, si es que la tiene; para eso es maestro. Quiso decir Medvédev, como cualquier burócrata que bien gana, “si no tienes vocación para cumplir tus deberes aun muriéndote de hambre, dedícate a la vulgaridad de comerciar”. Algo así, como si estando en Venezuela, para empezar, lo “invitase” a bachaquear, porque, bien sabe el funcionario ruso, por algo hasta ha sido presidente que, muchas cosas que se hagan sin valor alguno o muy poco, para no pecar de exagerado, en la sociedad, son mejor recompensadas – “recompensadas”, dije con todas las connotaciones de la palabra – que la de formar muchachos.

martes, 9 de agosto de 2016

LA GUERRA DE LOS DOGMÁTICOS. CHÁVEZ EN ELORZA Y EL DOGMATISMO


ELIGIO DAMAS


            El país vive la tragedia que, la lucha de clases está polarizada y lo que es peor, los extremos, o para decirlo de manera más benigna, quienes representan los términos opuestos, son sacerdotes del dogmatismo. En un lado u otro, los no dogmáticos, son para decirlo como le gustaba a Chávez, como comandantes sin tropa.
            Chávez es un hombre que discurseó bastante contra el dogmatismo y los dogmáticos. Sabía bien lo peligroso y hasta la inutilidad de esa actitud y manera de abordar la vida. Aquella que en un viejo libro, alguien describiendo a un dogmático, decía de él, era un individuo que intentando captar o interpretar los hechos de acuerdo con sus fórmulas y no poder hacerlo o comprobar luego se había equivocado, concluía que aquellos eran defectuosos. Esperaba con obstinación que la vida transcurriese tal como la concebía y jamás diferente y menos al contrario. Intentaba que la vida se metiese por el molde por él elaborado.
           Por eso, asombra como se invoca el discurso del propio Chávez, tal si fuese un “santo para prenderle una vela”, como condenó Alí Primera a los dogmáticos, o un “catecismo”, para usar una palabra utilizada por José Vicente Rangel este domingo, pasando por alto los cambios o las diferencias de la vida. Dijo esto el periodista por el discurso de Schemell, su entrevistado, según el cual el gobierno y oposición parecieran atrapados en un discurso que es ajeno a lo que le gente espera. Como que el 70% o más de los venezolanos ansían por un diálogo entre el gobierno y empresarios. Lo que expresa que la gente no se conforma con ofrecimientos a futuro, la santificación o una vida hermosa en el más allá, sino que se resuelvan las calamidades que ahora confronta. Un dogmático dirá que eso es reformismo, pero nadie que tenga dos dedos de frente puede hacer política con posibilidades de éxito si ignora el pensar de las multitudes. Lo que pasa es que entre el dogmatismo, el masoquismo o la egolotría hay muchos puntos de encuentro.
           En libro que antes he mencionado, en el cual el ex embajador de Cuba, Germán Sánchez Otero, hace un recuento de la vida de Chávez, hay un relato en el cual éste deja sentado su rechazo por los dogmas y los dogmáticos. Estando de servicio en Elorza, a donde fue enviado por ser sospechoso de conspirar, viaja a Maracaibo y allí asiste a un “Congreso” del MBR-200”, en el cual se acuerda entre otras cosas editar una revista para hacerla circular en el seno de las fuerzas armadas especialmente. Antes, han venido insistiendo no hablar de Marx, Lenin ni en lenguaje que a ellos aluda directamente porque a su entender eso no tiene buena acogida aún en los sectores que procuran influir. Tampoco a la guerrilla venezolana que él mismo, para aquel tiempo, percibe casi en extinción. Un buen día le hacen llegar 300 ejemplares de la revista y al leerla en detalles se halla que en ella “todos los contenidos son muy radicales, y en ninguna parte se menciona a Bolívar, Zamora  y Rodríguez. Arde en cólera. Sabe que una revista así no tiene aceptación  entre oficiales e incluso en la calle; es otra retórica izquierdista, sin raíces bolivarianas. Decide no repartirlas y quemarlas”*. Por aquello, logra contactar al editor, por cierto según allí se dice, militante del PCV a quien le reclama por aquello y opta por romper con éste y quienes le acompañan.
            Fue una reacción contra el dogmatismo y los dogmáticos, que les resulta difícil abordar la realidad con el lenguaje de la gente común, muchas veces porque no saben hacerlo, por la costumbre de repetir oraciones.
            Ahora mismo, a raíz de las declaraciones de Del Pino, quien por cierto todavía sigue en el cargo, pese atreverse a decir algo que le puso a chocar de frente con los dogmáticos, el dogmatismo pareció tomar fuerza o por lo menos aliento. Tanto que hubo discursos que parecieron poner de nuevo en el tapete aquella absurda discusión de cuando se introdujo la primera enmienda constitucional, elección perdida por el gobierno precisamente, entre otras cosas, por las dudas generadas al discutir la propuesta de reforma al artículo 115 constitucional, que originaron a aquellas cosas jocosas como “de dos casas te quitamos una”, a lo que la oposición supo sacarle ventaja. Haber propuesto volver a contratar a pequeños empresarios para prestar servicio en PDSA en el área del lago, al margen que eso sea pertinente o no, provocó que a Eulogio Del Pino,  Jaua le recordara el Plan de la Patria. Pero como este está inscrito dentro de lo que los dirigentes chavistas mismos llaman el “Plan Maestro”, la Constitución vigente, no es ilegal ni inmoral la propiedad, pues está definida en el artículo 115 y lo establecido en el 112 sobre el derecho a dedicarse a cualquier actividad lícita. Lo que sí es trascendente en materia de propiedad, relativo y pertinente en esta etapa del proceso, aún hundido hasta las cejas en las redes del rentismo, es lo relativo al artículo 113 que se refiere a la prohibición de monopolios que ejercen grandes empresas y la cartelización de estas.
            Lo ideal, entiéndase bien el significado de esta expresión, es que se pudiera hacer, para decirlo más o menos en palabras de Mao, “renazcan las flores” prontamente, crear lo más rápidamente empresas socialistas que ocupen el espacio de buena o gran parte de las privadas. Decimos así, porque es difícil saber cuándo llegaría el momento ideal o eso que Chávez llamaba el “minuto crítico”. Eso lo previó el constitucionalista del 99. Por eso, esas condenas a las relaciones de producción privadas de manera absoluta, al margen de la realidad y blandiendo dogmas, generan confusión y más temor del que ya existe.
            Elías Jauja, sin duda, recriminó a Del Pino, provocó un respaldo hasta un tanto extraño de Cabello y Maduro, quienes tocaron el tema de la no privatización, aunque haya motivos para ello, de manera dogmática y ajena a la constitución, como si se estuviese proponiendo la venta de PDVSA, CORPOELEC o CANTV, para sólo nombrar algunas, mientras se negocia, de manera que uno apoya y entiende, con el capital privado internacional para tareas de gran envergadura que demandan altas cifras de inversión. En Venezuela, la educación es gratuita y es obligación del Estado invertir en ella. Pero cualquier persona sabe que la matrícula privada en relativamente grande todavía y así permanecerá, es el deber ser, por largo tiempo, por dos razones; primero que el Estado no puede todavía con toda esa carga y la gente se siente asistida por el derecho a decidir dónde poner a estudiar a sus hijos e impedirlo, por ahora, significaría ampliar el margen de los opuestos al proceso de cambio.
            Pero pese a esa reacción y el apoyo que Juau ofrece al gobierno, él mismo, en artículo que ahora –hablo de este domingo 7 de agosto – al hablar de la Carta Magna dice que “diversifica y democratiza las formas de propiedad sobre los medios de producción, como la propiedad individual….”.  
           Siendo así, eso cree sin duda Jauja, ¿por qué mirar con horror que una empresa que fue estatizada - subrayo, estatizada – y mal manejada desde tiempo atrás y por distintos administradores pueda ser “reprivatizada”, tratándose de “medios de producción”, para usar el mismo código de Jauja, de poca significación, como una fábrica de pasta o un pequeño servicio a la industria petrolera? ¿Acaso eso no existe en otras áreas? ¿Por qué tanta bulla? ¿Será que la soledad a uno obliga a gritar para atraer la atención?
          Claro, a mi parecer, en teoría hay una mejor opción, mejor y pertinente que la estatización, socializarla. Pero esta no es fácil, menos en gran escala, por razones de carácter cultural y el peso que en estas tiene la historia del capitalismo. El obrero mismo, pese a lo que digan los dogmáticos, tiene una pesada carga cultural capitalista. Tanto que muchos prefieren ser bachaqueros. El gobierno cubano y hasta el venezolano, tienen experiencias de lo que hablamos. Por eso, si bien no se puede caer en la epidemia de la reprivatización, menos entregarle a empresarios negocios como el de Movilnet y Cantv, según entendemos altamente rentables, tampoco en el dogmatismo de negarse a lo contrario a ultranza, en el sólo discurso, pues mientras tanto a diario nacen empresas de esa naturaleza, habiendo razones que no justifican esa negativa y cuando la Carta Magna establece el principio de propiedad en distintas versiones. Si lo que invocan los dogmáticos fuese cierto o valedero, ¿cómo entender lo que hacemos de firmar convenios con empresas privadas en el área minera y petrolera? ¿Cómo concebir que eso también esté previsto en nuestra Constitución?
            Lo que sucede, pareciera serlo así, que alrededor de quienes manejan el aparato estatal, hay muchos de aquellos como el redactor de la revista que Chávez quemó y es necesario tranquilizarlos con el discurso. No importa si eso crea confusión en el chavismo y genera mayor temor y resistencia en sectores que deberían estar del lado éste.
            Pero los dogmáticos también cunden en el bando opositor. De eso hablaré en otra oportunidad. Pero como dije al principio, tienen peso y le ponen ritmo a la historia venezolana de ahora.

* “Hugo Chávez y la resurrección de un Pueblo”. Germán Sánchez Otero. Edit. Vadell hermanos. Pag. 201.

sábado, 6 de agosto de 2016

MENÉNDEZ Y SUS CIFRAS REVOCADAS POR LO COTIDIANO SEGÚN CLODOVALDO HERNÁNDEZ


ELIGIO DAMAS




            Clodovaldo Hernández, habiéndose enterado que en la ONU, ahora mismo, el ministro Menéndez afirmó que el 94% de los venezolanos comen más de tres veces al día, expresó lo siguiente: “Lo que más me impactó es que la frase de Menéndez fue leída, es parte de un documento…..que entregó a la ONU…..dijo eso porque lo cree, porque está convencido de que es verdad ….tal aseveración no puede ser entendida sino como desvinculación de la realidad cotidiana”. Por tratarse de Hernández, eso casi lo dijo Menéndez, por la importancia que tiene como periodista y hasta, por lo menos, ser simpatizante de lo que Chávez quiso, el ministro de Planificación optó por una respuesta nada delicada y más bien iracunda. Justamente en una etapa de gobierno donde la guerra económica, si algo ha dejado como paralizado, es eso de la planificación y actuamos con aquello viejo e improvisado de “como vayamos viendo vamos haciendo”. Es decir el barco perdió la brújula y, el timonel, que no es el capitán, se quedó con el timón, desprendido de su base en las manos.  Digo todo lo anterior, por el artículo ahora en aporrea titulado “¡Clodovaldo tiene razón! Ricardo Menéndez y Maduro mienten”, cuyo autor se llama Henry Jesús Rosales O.
            En la ONU, como ya dijimos en otro artículo, el Ministro de Planificación, quien lleva años en eso y dentro del gabinete, habló, “de lo que es”, muletilla muy de su agrado, un país que fue. Lo hizo con aquellas mismas cifras que desde el INE, Elías El Juri hablaba de cuando el barril de petróleo costaba 140 ó 120 dólares y sólo por eso, aquellas expresaban bienestar nacional doblemente comprado. No porque el planificador venía haciendo la proeza de generar riqueza, incentivar trabajo, productividad y con ello que los alimentos apareciesen en abundancia en cualquier ambiente. La felicidad se compraba en dólares abundantes como caídos del cielo.
            Si algún discurso he escuchado alguna vez lleno de contradicciones y hecho como quien pega retazos para hacerse una precaria cobija, incluyendo los de Ramos Allup y sus legionarios, es ese de Menéndez. Para empezar, admitió ante quienes le escuchaban, sin cuidarse que entre ellos muchos nada tienen de lerdos, que en Venezuela estábamos en dificultades. En lo que dijo la verdad. Tanta que, según confesó, después de muchos años en el gobierno, del cual ha sido ministro de planificación, el “aparato productivo está controlado por monopolios” y, las políticas socialistas, que ya llevan veinte años intentando que sus motores arranquen – y veinte años es bastante – nada han podido hacer contra aquello. Haber confesado eso, tan cierto que opera como motor importante de lo que llaman guerra económica, que tampoco esta es todo lo que el gobierno dice, es sin duda una “como inocente o simulada” declaración de fracaso. ¿Habrá revisado el presidente Maduro ese discurso? Pero dijo eso, olvidando que forma parte del alto mando del proceso revolucionario con unos buenos años en el poder. ¿Qué pasó? ¿Hay complicidad o exceso de incompetencia? ¿Acaso es imposible cambiar eso? ¿Entonces para qué se mete en esas vainas?
            Como también lo es, que sin pena, pareciera más con distracción que inocencia, tomando en cuenta su nivel académico, haya admitido que en este país “tres grupos”, solamente tres, controlan el 49 % de los ingresos. Decimos esto porque quienes están en el gobierno se autocalifican revolucionarios; es más, dicen a los cuatro vientos que construyen una sociedad socialista y donde los más modestos, hablan de estar en un período de transición; donde, si no entendemos mal la lengua, comienza a diluirse la vieja sociedad y emerger la nueva. Pero la confesiòn de Menèndez nos dice que, si el capitalismo no està màs acendrado que antes,  entonces para no parecer indelicado, me conformarè con decir que todo sigue igual.
            ¿Pero cómo entender ese galimatías, que como tal ya es confuso?
            El Ministro de Planificación de una sociedad en “transición al socialismo”, según el decir de quienes gobiernan, confiesa aquella descomunal concentración del ingreso y lo hace para justificar que no hace lo que dice que está haciendo. Es decir, según él y unos cuantos, estamos en transición a una sociedad nueva, más justa, pero los beneficios se los quedan unos pocos y en casi veinte años nada han podido cambiar. Es decir, esto sucede, unos cuantos años después de estar en el gobierno. No estamos empezando. Llegado aquí, uno no sabe de qué lado está la estupidez. Si pegado a los cueros de uno, como suele suceder cuando se trata del pueblo, o en otra parte.
            Esto último y lo anterior son tan graves, porque una cosa tiene que ver con la otra, con el brusco descenso del consumo del venezolano que Menéndez no detecta. Sus cifras están congeladas y como dijo Clodovlado, “parece estar desvinculado de la realidad cotidiana”. En su “jupiteriana” respuesta al periodista que le criticó, cuál burócrata herido, porque parecía no saberlo, dice en su defensa “creo hace daño a un proceso político general tildar a la gente de burócratas, de personas desligadas de la conexión con la realidad”. Comentario aparte: ¿no hay allí una redundancia? ¿Desligadas de la conexión con la realidad? Ahora cabe preguntar, ¿Menéndez da muestras de estar en conexión con lo real? Pero eso, de estar desvinculado con lo real, es la más frecuente respuesta que desde el gobierno se da a los de a pie, aquellos que hacen mercado y se rozan diariamente con la multitud y cumplen con el deber de alertar. Claro, en veces se escuchan palabras como traidor, vende patria, salta talanquera y como mínimo caído de la mata.
          Menéndez, quien se siente herido le califiquen de burócrata, evalúa que eso es hacerle “daño a un proceso político”. Decir lo que dijo Clodovaldo, lo que casi todo el mundo anda diciendo de Menéndez, cuando le escuchó usar viejas cifras, como él mismo lo confiesa, son del año 14 y estamos en el segundo semestre del 16, no es una simple crítica a quien aquello dijo sino al proceso todo. Eso tiene un cierto sabor y olor a algo impropio de un revolucionario, que por lo menos por no pecar de indelicado y excesivo, llamaremos egocentrismo. Algo como “El Estado soy yo”, “El proceso y yo, la misma cosa somos”.
            Menéndez tiene razón cuando habla de las cifras del 14 y hasta parte del 15, pero él habló en la ONU ahora mismo, en la mitad del año 16, cuando esas cifras se han derrumbado por completo y el cuadro es el de un país, que quizás de repente, que no es así, porque el rentismo es viejo, entró en una violenta guerra y se parece a lo del artículo de Henry Jesús Rosales. El mismo en su discurso, como si una cosa no tuviese que ver con la otra, hizo mención a la caída de los precios del petróleo. Se parece más bien el país, a los otros dos datos que dio Menéndez, los monopolios controlan la producción y distribución de alimentos, provocan escasez, inflación desmedida y hambre. Y como consecuencia, tres grupos controlan el 50% del ingreso. ¡El mismo se destrozó con sus espuelas! Eso que dijo es verdad;  le apoyamos. Pero debe admitir lo poco que ha hecho para que eso cambie. Y creemos que ya le queda poco tiempo para hacer.

              Menéndez pasó por alto la inflación desatada sobre Venezuela desde mediados del año 2015 hasta ahora; que el fenómeno tiene carácter de híper; como que los huevos de Bs. 400.oo por cartón, casi llegan a Bs. 4.000.oo, el kilo de pollo de Bs. 85.oo a Bs. 2.300.oo y la tendencia es general e imparable y, agréguele sin duda, los datos aportados por el articulista antes mencionado, Henry Rosales, que son tan ciertos, como que él y el suscrito vamos al mercado y no nos quedamos en la contemplación de cifras que llegan con retraso. ¿Y los salarios? Mejor no hablar de eso. Solamente recordaremos aquella frase nacida de la post guerra, la segunda mundial, “los precios suben por el ascensor y los salarios por una escalera empinada”. Sería una relación como muy triste. Justamente, pienso en favor de Clodovaldo, que este proceder ministerial de hablar de un ciclón estando en un espacio y circunstancias donde los efectos no se sienten, al primero hizo usar la palabra burócrata. Desde muy joven, tengo bien claro el pesado contenido que en el campo de la izquierda se le a esa palabra.