lunes, 29 de junio de 2015

¿CÓMO ASUMIR LOS RESULTADOS ELECTORALES? ¿QUÉ HACEMOS CON LA ARROGANCIA?




ELIGIO DAMAS

           Sería mezquino desconocer el éxito que significa los resultados, los números que se conocen, casi tres millones doscientos mil votantes, tratándose de la elección interna de candidatos a diputados de un partido. No hay en la historia de Venezuela, no creo que lo haya en parte alguna, un hecho que se iguale a éste.
            La oposición podrá decir todo lo que se le ocurra, como que los votantes fueron llevados bozaleados y hasta en ristra con cabuyas o cadenas, se les amenazó con botarles del trabajo, como escuche en una radio local esta tarde y hasta con secuestrarles los carajitos, pero la trascendencia y contundencia de ese acontecimiento no pueden desconocerlo quienes quieren hacer política para alcanzar los objetivos que se hayan propuesto. Negar la veracidad, importancia y significación de ese resultado, desde la trinchera opositora, sería no sólo mezquino, sino una actitud que puede fácilmente conducir a una derrota vergonzosa.
          Este escribidor quien, pese sus discrepancias expuestas resumidamente en distintos medios, tal como señalé en artículo cuyos links pongo a disposición del lector, http://deeligiodamas.blogspot.com/2015/06/solo-me-queda-la-esperanza-votare-el-28.html y http://www.aporrea.org/actualidad/a209851.html, participó que votaría, por las razones también allí expuestas. Teníamos muchas dudas acerca del nivel de participación por las circunstancias que atraviesa el país y que sin duda alguna generan inconformidades. Unas fundamentadas en las calamidades de la situación económica, representadas en la escasez, inflación, bachaqueo  y otras como inseguridad, ineficiencia, corrupción, etc., y en la sensación que pareciera derivar de los altos mandos del gobierno de no estar a tono ni haber internalizado adecuadamente el dramático panorama. Otras por la opinión que se tiene, muy difundida entre importantes y numerosos cuadros, que el gobierno pareciera no manejar pertinentemente las manijas para hacer avanzar el país, reconstruir la economía, mantener la estategia revolucionaria y derrotar a quienes, en un nivel de intensidad mayor o menor, maniobran con el aparato productivo, el asunto cambiario, para destruir el sueño bolivariano y chavista.
            Pensábamos, no dudo en confesarlo, que la participación en estas elecciones, donde los candidatos en su mayoría, para más señas o hacer más complicado el reto, son muy poco conocidos, sería muy escasa. Pero, afortunadamente, nos equivocamos. Quienes desde la derecha o dentro del mismo chavismo, desdeñen la significativa cifra de electores, están absolutamente equivocados y se exponen a cometer mayores disparates.
            Por años, desde los tiempos de la IV República, me ha correspondido votar en un espacio donde la derecha, AD y COPEI, había ejercido un dominio sobre el universo de votantes de tal magnitud, que entre ellos se dividían el 90 o más por ciento de los sufragios. Ahora, en esta era que solemos llamar V República, ese dominio derechista u opositor se mantiene, si no en el mismo nivel, sí muy cerquita.
            En elecciones anteriores, como las municipales y también para el poder legislativo, que como bien sabemos concurren partidarios del proceso bolivariano, militantes o no del PSUV y opositores, en ese espacio, me refiero a la Unidad Educativa Mercedes de Pérez Freites de Barcelona, no se había producido tanta afluencia de votantes como este domingo. Fue para mí una verdadera sorpresa estar en ese espacio por más de dos horas y ver salir y entrar de manera constante y fluida gente que acudió a votar. He sabido de boca de gente cercana a nosotros que en Caracas hubieron de esperar cuatro y cinco horas para poder ejercer el voto por la enorme participación,
            Pero para hacer más simple el asunto volvamos al inicio. Que en las elecciones para parlamentarios de un partido venezolano hayan votado más de tres millones de votos, tiene un significado enorme que no se puede negar. Es suficiente comparar que en las recientes elecciones españolas, de un universo de 36 millones de votantes el Partido Popular (PP) de Rajoy, partido del gobierno y la monarquía, obtuvo apenas seis millones de sufragios. Pensemos un momento cuánto hubieran logrado, si sólo se hubiese tratado de unas elecciones internas de ese partido; elecciones por cierto, que nunca se producen porque eso lo resuelven a dedo. Es más, ese número de votos del Psuv, es superior al alcanzado por la recientemente electa presidente de Chile, habiendo un universo de votantes cercano a los 14 millones y tratándose de una elección de ese nivel.
            Pero ese resultado que no se puede ocultar, es más impactante si volvemos a pensar en las calamidades y la aparente confusión entre quienes gobiernan a la hora de tomar las medidas pertinentes. En nosotros produce una gran preocupación. Se fundamenta ésta en el pensar acerca de cómo quienes gobiernan y manejan el partido, interpretarían ese mandato y respaldo que le ha dado la militancia psuvista o chavista.
            Sería absurdo pensar que los revolucionarios, chavistas y bolivarianos, militantes del Psuv, votamos para continuar con las indecisiones, omisiones en el momento de diseñar y hacer políticas para afrontar lo que ahora nos tiene acongojados y hasta preocupados por el destino del proceso revolucionario impulsado por Hugo Chávez. Pienso que esa fuerza se manifestó en favor del cambio y la continuación de su obra, definida en el Plan de la Patria. Los votantes del partido, quienes se sumarían en las elecciones venideras de diciembre, la gente del Polo Patriótico, reclaman por el diseño de una acción que nos saque de este atolladero y supere el peligro del naufragio. Los votantes lo hicimos para que la revolución no se detenga y quienes pueden hacerlo implementen los cambios que el pueblo requiere y ansía. Aumentar la producción a los niveles, instancias y espacios correspondientes. Que se desaten las fuerzas productivas de conformidad a nuestra estrategia, la del Plan de la Patria y nos volvamos altamente productivos, competentes para satisfacer la demanda interna y concurrir al mercado mundial con una producción diversificada. ¡Ya basta de la dictadura petrolera!
          Esa importantísima y contundente cifra de votantes, reclama una relación nueva, más democrática y revolucionaria en el seno del partido, donde los funcionarios de gobierno dejen de ser los ejecutores y al mismo tiempo supervisores de sí mismos. Entendamos que esa relación es propicia para que las conductas como la de Rafael Isea, que tanto preocupa y hace trabajar a Tareck El Aisami - ¿se escribe así? -, el otorgamiento sin control de divisas a muchos corruptos y otras cosas no menores, se reproduzcan. Que el partido asuma el rol dirigente del proceso y los gobernantes queden bajo el control y supervisión de este. Tenemos que admitir, aunque eso nos cueste, que Chávez, en cierto modo está ausente, y nadie puede sustituirle y menos ejercer sus derechos, ganados por su inmenso aporte a la revolución latinoamericana. Es de esta manera como debemos interpretar la consigna de “Chávez vive, la lucha sigue”.
            Esa votación, muy consciente, también debe servir para tener en cuenta puede contener y contiene un reclamo para fortalecer, dinamizar y darle la importancia que merece al Polo Patriótico. No sigamos teniéndole como simples siglas, un parapeto para exhibirle como sinónimo de unidad y engarce de las fuerzas revolucionarias. Pongamos al frente del mismo alguien ajeno al sectarismo y estrechez, que le dé el valor y significado que tiene en el proceso revolucionario y no quien lo asume como bueno para hacer una postal, cada vez que hay una contienda electoral.
            Mirémonos como compatriotas, sin excluir a nadie porque no haga eco a lo que decimos o hacemos. Entendamos que la crítica es en verdad valiosa y no sigamos aplaudiéndola, reclamándola en el discurso, pero repudiándola en los hechos.
             La votación del domingo, que fue cuantiosa y mortifica sobremanera al bando opositor, no puede verse como una señal para seguir haciendo exactamente todo aquello que frena el proceso y fortalece a la derecha y capitalistas. Tampoco para olvidar lo que no se ha hecho.
              Para la oposición es un reto y un mensaje que la obliga también a dejar de lado arrogancia, minimización del movimiento popular y un llamado a hacer política que le ponga a la altura de este pueblo.

sábado, 27 de junio de 2015

JORGE SAMPAOLI Y LA FIFA, CUEVA DE ALÍ BABÁ Y ALDEA DE FARSANTES




ELIGIO DAMAS


            El larguísimo “reinado” del brasileño Jao Havelange, de casi cuarenta años, sobre la FIFA, hizo  del fútbol y sus competencias internacionales, por sobre todas las valoraciones morales  inherentes al deporte,  esencialmente en grandes negocios, oportunidades para acumular dinero, hasta estafar y donde lo importante no es competir.
            Para el brasileño, eso que dijo el Barón de Coubertin, relacionado con la participación de los atletas en los juegos olímpicos, sólo fue una pendejada, un juicio de soñadores sin los pies sobre la tierra, ni una pizca de empresario. Él pensó siempre otra cosa, nada poética, ensoñadora, pero sí muy propicia para hacer del deporte por encima de todo un gran negocio, una mina de oro. Si de eso hablamos, Havelange, como el rey Midas, quien convertía en oro todo lo que tocaba, cualidad que le fue otorgada por Dionisio o Baco, convirtió al futbol en fiesta del dinero. Desde su tiempo, las competencias futbolísticas son ferias para hacer dinero que en buena medida entran a las arcas de la FIFA misma, a lo que contribuyó bastante la presencia o participación de la televisión en la promoción y difusión del espectáculo. Entonces hubo un acuerdo empresarial entre los del futbol y los medios de comunicación. De donde surgió la práctica, derivada de la lógica capitalista, que lo que importa, por encima del deporte, niños,  jóvenes y hasta deportistas mismos son las ganancias del empresariado siempre muy posesivo, poseído, engreído y engañoso.A tanto llegó el personaje que creo premios como el balón, botín y trofeo de oro; eso si, en ellos el oro no está presente, sólo simbólicamente, porque lo guarda la FIFA.
             Como el interés dinerario, desde siempre, mucho antes del capitalismo y con éste más aún, y los valores morales fundados en solidaridad, amistad, respeto mutuo, generosidad con el simple prójimo no se avienen, el fútbol y con este otros deportes, renunciaron a aquello dicho por el Barón francés. Lo que ahora prevalece, aunque en sus actos hipócritamente se diga lo contrario, es el ganar y para lograrlo es necesario hacer todo lo que convenga, aunque sea inmoral. Ganar una competencia genera más beneficios económicos que perderla; lo demás es insignificante. Lo importante es que cada competencia derive mayores ingresos; no importa a quien haya que atropellar y hasta frustrar.
            Los deportes, sobre todo el futbol y el béisbol, tienen la virtud de atraer grandes multitudes y particularmente entre jóvenes y niños que están en proceso de formación. Los deportistas destacados como Messi o Miguel Cabrera, uno argentino, el otro venezolano, el primero del futbol y el segundo en el béisbol, se convierten en modelos de niños y jóvenes. Estos están pendientes de aquellos y sueñan con emularles. El deportista entonces, aunque no lo quiera, está obligado a una conducta pública que sea coherente con la atención que despierta. Quizás parezca como injusto, pero además de lo dinerario, ese es el precio de la fama.
           Pero la FIFA, por sólo hablar de esta organización hoy muy cuestionada, poco interés presta a la esencia del deporte y lo que este significa en la educación y formación de multitudes. Estas son, como dijimos arriba, pendejadas que no entran en las motivaciones de la organización. Son vainas de viejos pasados de moda que sueñan con un hombre que no ponga énfasis en ganar y llenar la cartera por encima de todo, hasta del honor. ¡Qué coherencia en el pensamiento contaminado de burócratas, mercachifles que fungen de dirigentes en muchos espacios!
           A uno nunca dejará de asombrarlo como un descarado empujón o golpe artero de un futbolista de las selecciones brasileña, española, italiana y hasta argentina, tienen poco significado ante un leve roce que a uno de los de ellas, produzca un jugador de los equipos “pequeños”, como Venezuela o Costa Rica. Por supuesto, lo “grande” y lo “pequeño”, dependen del nivel o espacio de la competencia. Uno pequeño a nivel mundial como Uruguay o Colombia, se vuelve de los grandes en la “Copa América”. También se es “grande” o “pequeño”, según se sea o no sede de la competencia. Por ejemplo, ahora, en esta Copa América, Chile por sede, asume para la FIFA categoría de “grande”.
            Es sabido, desde tiempos ancestrales, que los árbitros de la FIFA, ante cada competencia, tienen órdenes precisas de favorecer a los “grandes”, si aspiran que se les siga tomando en cuenta; es decir, si no atienden la orden, “no van pa´el baile”.
          Eso explica lo malo, en exceso, del arbitraje en todas esas competencias internacionales donde hay falta, tarjeta amarilla o roja según se trate. Una descarada patada de un jugador de los “grandes” en zona de peligro, si el agredido es de los pequeños, pocas veces es percibida por el árbitro. Pero si lo es cuando el “pequeño” apenas respira cerca del grande.
          El negocio consiste en que los grandes ganen y los pequeños se queden en el camino lo más pronto posible. ¡Cuánto sudó y maldijo la FIFA, esos mismos que ahora están presos por ladrones, pero dejaron afuera, en la organización las mañas, cuando el modesto y humilde equipo de Costa Rica, iba dejando de los grandes en el camino, entre ellos España!
         ¡Paren a esos carajos decían con sigilo los de la FIFA! ¡Nos arruinan el negocio! ¡Cántenle  falta sólo por tocar la pelota! ¡Cada suspiro de uno de esos granujas es falta y hasta penalti! Recordemos como la FIFA violó su reglamento y escogió ocho jugadores costarricenses, durante el desarrollo del pasado mundial, sin azar alguno o sorteo, como corresponde,  de los más destacados, en la segunda sorprendente victoria de esa selección en las eliminatorias, para hacerles examenes anti dopping.
        En esta filosofía -¿se puede llamar así a esa vulgaridad? – está enmarcada la actuación de la FIFA en Copa América de ahora. La expulsión del jugador venezolano, quien habiendo cometido falta, no estuvo justificada. Fue un exceso que parecería inexplicable si el árbitro no fuese de la FIFA. Había que parar a Venezuela, todavía de los pequeños y quizás por otra cosa. Pero también porque de ganar Venezuela a Perú, quedaba clasificada para la segunda ronda y ponía muy cuesta arriba el pase de Brasil. Fue una simple jugada con la marca de aquella organización cuyos jefes, casi todos, ahora están presos por “presuntos” delincuentes.
         Pero también a esa “filosofía” obedece la conducta de Jorge Sampaoli y los jerarcas del futbol chileno. Lo importante, por encima de todo, incluyendo el honor, la moral deportiva y los niños, para el entrenador sureño, por lo menos en la Copa América, ha sido ganar. Por eso, ante lo sucedido con Arturo Vidal, excelente jugador, Sampaoli actuó en contradicción con la moral y fines educativos del deporte. Aún más, se contradijo con respecto a la actitud que asumió en los tiempos de las eliminatorias del mundial, cuando suspendió a varios jugadores de su selección que violaron las reglas, en las mismas circunstancias que ahora el llamado “rey Arturo”. En los tiempos cuando Arturo Vidal no era “el rey Arturo”, su madre no le hubiese perdonado esa conducta y hasta lo hubiese “suspendido” por unos cuantos juegos.
           No creo prudente y necesario que a un deportista, sobre todo joven, por un desliz se le sancione y vitupere, tanto como dañarle. Pero sí que éste está en un gran compromiso con el deporte y las multitudes de jóvenes que le observan y siguen. Vidal debió ser objeto de una sanción, aunque fuese un juego, para dejar sentado el ejemplo y también para obligarle a asumir su rol con humildad.  No tanto por lo sucedido, pero sí por incumplir con la conducta que le impone  el ser parte de la selección y estar sujeto a las normas de la concentración.
            Pero Sampaoli reaccionó con la idea que “lo importantes es ganar”, “la moral viene después”. Por eso, se olvidó de lo que había hecho antes. ¿Quién sabe que dificultades o riesgos corrió por aquello?
           Ahora, de nuevo, Sampaoli está bajo la observación del mundo del futbol, de los niños y jóvenes de su país, de América nuestra, ante el repudiable gesto de Jara contra Edison Cavani. ¿Tendrá aquello algún significado para él? O seguirá lo de “sólo importa ganar”.  Sería bueno que examinara lo que los medios anuncian como la Conmebol, quizás para curarse en salud, iniciará una investigación al respecto y también que el equipo para el cual el chileno juega en Alemania, como respuesta a irrespetuoso gesto le ha puesto en venta. Pero también debe recordar y tomar en cuenta Sampaoli que, con anterioridad, Jara incurrió en la misma indecencia contra Luis Suárez, también uruguayo.
          Esperemos los acontecimientos. ¿Prevalecerá el respeto por la condición humana, decencia, caballerosidad, valores del deporte, ejemplo a la niñez y juventud  o la procacidad mercantilista de la vieja FIFA?

viernes, 26 de junio de 2015

SÓLO ME QUEDA LA ESPERANZA. VOTARÉ EL 28-06




ELIGIO DAMAS


            “La esperanza es lo último que se pierde”. ¡Sí, lo sé! Es un lugar común que hasta los desesperanzados también suelen decir, pero no sólo por decirlo, sino por aferrarse a algo como quien se aferra a una vida que no quiere dejar.
            Tengo muchos años vividos, tantos como para haber aprendido algo de ellos. Siendo muy joven, cuando el país gemía bajo la férrea dictadura - ¡esa sí que lo era! – de Marcos Pérez Jiménez, mi compadre Jesús Gómez, recién regresado del campo de concentración de Guasina, porque la dictadura los tuvo, como también Betancourt, recuerdo aquel de la “Isla del Burro”, en medio del lago de Valencia, se apareció una noche donde me hallaba estudiando bajo la luz mortecina de una bombilla de 40 vatios de uno de los pocos postes que ofrecían aquel lujo a lo largo del malecón del río Manzanares, y:
           -“¡Buenas noches compadre!”
           -“Buenas noches”, respondí mientras me ponía de pie.
           -“Compadre, perdone le interrumpa pero quiero tener una charla con usted. Sé bien que le expongo porque por allí andan fisgones de la policía; pero sólo le quitaré unos pocos minutos. Además, he tomado las debidas precauciones.”
            Mi compadre sólo hizo “llover sobre mojado”. Cuando me invitó me incorporase a la lucha clandestina dentro de AD, ya yo lo hacía, como simple amigo o simpatizante, entre los jóvenes comunistas, con quienes me había encontrado alrededor de un centro cultural y ecológico llamado “Henry Pittier, por aquel notable ecologista, conservacionista y botánico suizo que se radicó en Venezuela en la segunda década del siglo veinte.
            Pero a partir de aquella visita furtiva del compadre me uní a AD por razones que ahora sería largo mencionar. A la caída de Pérez Jiménez, cuando habíamos reconstruido el partido a partir de lo poco que teníamos en Cumaná, en visita en Caracas, me reencontré con mis amigos, entre ellos Moisés Moleiro y luego conocí al hermano de Caupolicán, Lautaro Ovalles, con quien tuve, como con Moleiro, una amistad cercana y profunda. A ellos, en buena medida, debo mi formación de aquella época, lo que significó abrazar las ideas del socialismo y de la formulación de una nueva sociedad. Lo que envolvía adherirse a las luchas contra el capitalismo y su máxima expresión, la fase imperialista.
           Decepcionados y erráticos nos fuimos de AD. Decepcionados porque Betancourt, llegado por segunda vez en su vida al poder, puso nuestro partido al servicio de los intereses que debíamos combatir. Erráticos, porque nosotros tuvimos oportunidad de controlar aquella organización y hasta expulsar a Betancourt por incompatible pero hicimos lo contario, justamente lo que él y el imperialismo quisieron que hiciésemos.
           La historia es conocida. Fundamos el MIR, crecimos, acumulamos fuerzas pese los errores anteriores y volvimos a caer en las trampas del enemigo. Nos dividimos. Con el partido herido, aunque todavía fuerte, nos fuimos a una aventura, la lucha guerrillera que terminó en una fragmentación sin límites ni medida y un cúmulo de odios que impidió que esa izquierda atomizada, balcánica, por años pudiese insertarse en una política común y unitaria. El enemigo nos hizo trizas, menos por la fuerza ejercida por ellos que la desatada dentro de nosotros contra nosotros mismos. Tanto que al retornar a la legalidad, apenas el MIR empezaba a fortalecerse lo volvimos a dividir cayendo en las trampas del enemigo hasta infiltrado.
             El gran enemigo del movimiento popular, tanto o más que el capital y el imperialismo, es la egolatría, incapacidad para encontrarse y compartir para llegar acuerdos que han prevalecido entre nosotros. Hay intolerancia de todos lados de quienes discrepan del gobierno y quienes en este están.
             Discrepo de la “marcha del proceso”, si es que esta frase es valedera. Discrepo desde los tiempos de Chávez. Fui de quienes se sumó a la crítica que algunos intelectuales como Vladimir Acosta y José Luis Monedero, hicieron contra el “hiperliderazgo”. Sostuve y sostengo que no hay modelos sino que como Simón Rodríguez dijo, “inventamos o erramos”. Sigo creyendo que el socialismo no es dar, ni pagar deudas con las gallinas que deben poner los huevos, sino es crear, trabajar, educar, formar, producir y repartir la renta derivada del gran esfuerzo de la manera más equilibrada, justa y generosa posible, hasta que sea factible aquello dicho por Marx, “ a cada quien de acuerdo a sus necesidades y de cada quien de acuerdo a sus capacidades”. El electoralismo es una trampa que lejos de acercarnos a las masas revolucionarias nos alejan de ellas y fortalece el conformismo.
            Discrepo como el actual equipo de gobierno, del cual Maduro es sólo un individuo, maneja las cosas del Estado y la sociedad. Discrepo, lo he manifestado muchas veces por este medio, como se concibe, construye y hace operar el partido. Pienso que ese aparato, al parecer muy bueno para ganar elecciones, es totalmente incompetente para cambiar la sociedad. Discrepo, como cuando Chávez era presidente, de la idea que el gobierno deba dirigir al partido. Este no puede ser un apéndice del Ejecutivo y sólo presto a cumplir sus órdenes y las tareas uniformes para todos y siempre sujetas al asunto electoral.
           Son muchas mis discrepancias. Pero en el plano teórico comparto las aspiraciones y estrategias de quienes ahora gobiernan y controlan al partido.
           Esas discrepancias, muy importantes, no son suficientes para colocar en segundo plano el temor de destruir el movimiento que construyó Hugo Chávez; la herramienta que une a millones de revolucionarios en torno a la idea de una patria soberana y una sociedad socialista que se construya de acuerdo con el juicio, virtudes y defectos del venezolano de hoy; que no reproduzca enemigos injustamente sino que sume multitudes.
          ¿Qué ganamos dividiendo? Mi experiencia lo sabe. Debilitarnos y fortalecer al enemigo. Reponerse de un fracaso político es más costoso de lo que alguien pueda imaginarse. Lo han dicho algunos pensadores; alguien lo escribió y nosotros, o yo, quien esto escribe, bien lo sabe por haberlo vivido.
          Por todo lo anterior y mucho que podría decir, como que el enemigo estaría alegre de fragmentarnos, esa sería su gran victoria y hasta hace lo que sea necesario para que eso ocurra, el 28 de junio iré a votar.
          Espero que este humilde gesto de un viejo – más sabe el diablo por viejo que por diablo – sirva de algo y que de lado y lado renuncien a la arrogancia y se acerquen a la vida y la gente buena que abunda.

NUESTRO MUNDO ES UN ENREDO O UNA PORQUERÍA. ¡SÍ SEÑOR! CAMBALACHE. PARTE VII



Lo electoral distorsiona la estrategia

ELIGIO DAMAS

            En el caso del Estado Anzoátegui, después de largas décadas de producción petrolera y exportación por Guanta, de cuando comenzó a producirse petróleo en “Oficina N° 1”, cuyo nombre sirvió para una excelente novela de Miguel Otero Silva, hijo de esta entidad, hasta el momento de la nacionalización,  los gringos apenas dejaron carreteras de tercera o cuarta categoría, más apropiadas para llamarles caminos. El petróleo, lo que era más del interés de los gringos, llegaba al puerto de Guanta por los oleoductos, donde esperaban los grandes tanqueros. ¿Qué importaba a ellos las carreteras?  El Estado, incompetente y postrado, no fue capaz de exigirle a los jerarcas extranjeros del petróleo que dotasen a la zona de una vialidad de buena calidad y tampoco asumió el deber, pese a la inmensa cantidad de dinero que la actividad proporcionaba a los gringos y la no menos despreciable al tesoro nacional. Los gobiernos estaban concentrados en construir la infraestructura adecuada donde los capitalistas, en su mayoría extranjeros, preferían invertir y crear sus industrias, por la cercanía a los puertos. Claro, esa preferencia extranjera y capitalista, aceleró la concentración de la población venezolana en el área central del país. Y esta concentración, que se tradujo en abundante y barata mano de obra, también profundizó o racionalizó la tendencia del capital de quedarse preferentemente en esas áreas. Caracas está justo en el mero centro de Venezuela, cercana a los más importantes puertos y aeropuertos y es la capital. Alguien ha dicho, en repetidas ocasiones, en Caracas no se produce nada, pero es el asiento de los Poderes Públicos, residencia de los grandes capitalistas, donde se acumula una gran población inserta en las áreas de servicio, pero donde se invierta la mayor parte de la renta.
            Es también el viejo esquema colonial, según el cual, los grandes propietarios de tierras, esclavos y explotadores de los trabajadores “libres”, tenían sus posesiones en el “interior”, áreas rurales, pero vivían con todo su familia en la ciudad colonial; la de la plaza, iglesia y asiento del poder público, vivienda de mantuanos y grandes cacaos.
            Eso generó la desbalanceada distribución de población de Venezuela, que se concentró en el norte, en la costa montaña y particularmente en la zona central del país, pese que el petróleo, el gran productor de la renta, se extraía lejos de esos enclaves. Por eso, como ya dijimos, en Venezuela, la renta se producía en un sitio pero se invertía en otro, para beneficio del interés capitalista. Se arrejuntó la población en un área, para crear enormes contingentes de mano de obra barata y al mismo tiempo, potenciales consumidores para la industria ligera y alimenticia.
           El campo quedó desolado y un país, premiado con un extenso territorio propicio para todo tipo de agricultura y, a lo largo del año, por ausencia de estaciones y presencia de abundante agua, a disposición para producir a gran escala, se convirtió en importador de alimentos que entraron por los puertos cercanos a los enclaves, como la Guaira y Puerto Cabello. Y Caracas, en el medio de todo, como asiento de los poderes. Otras ciudades, con enormes potenciales, por no estar dentro del espacio que definieron los inversionistas, quedaron casi desoladas y en cierta medida en el abandono. Es bueno leer la excelente obra de Miguel Otero Silva "Casa Muertas" y luego "Oficina N° 1", donde se narra el proceso de la movilización de población venezolana, sólo que en ese caso se referie a la explotación petrolera alrededor de finales de la década del 30 del siglo veinte. Posteriormente, el proceso se profundizará con la llamada sustitución de importaciones a partir del gobierno de Betancourt iniciado en 1969.
            Muchos venezolanos previsivos otearon que esa distribución poblacional, se correspondía con aquella economía capitalista de puerto, de enclave y era contraria a una competente para desarrollar armónicamente al país. Por eso, desde la escuela, los partidos y grupos progresistas, se habló de sembrar el petróleo, volver al campo, diversificar intensamente la producción y de un reacomodo poblacional. El proyecto inicial de Chávez, en sus primeros discursos se dijo aquello. Eso significaba hacer un gran esfuerzo por “desalojar” en buena medida las ciudades que, en el caso de Caracas, se habían – digo así por qué no sé qué piensan ahora no los políticos sino los técnicos – convertido en bombas de tiempo próximas a estallar por la aglomeración, falta de servicios, construcciones abundantes en áreas por demás inestables, acumulación de violencia. Es decir, el nuevo proyecto económico estaba asociado casi inseparablemente al reacomodo poblacional.
            Estructuralmente hablando, dicho así exprofeso, parecía que no había otra salida diferente a la de cambiar la sociedad, pero también la organización poblacional y la dirección de la inversión, al margen que ésta fuese pública o privada. Pero un asunto cultural, de esos que en veces “parecen no ser determinantes” en primera “ni última instancia”, como lo electoral, cambió todo el panorama y la manera de hacer las cosas.
           En Caracas y tres o cuatro ciudades se concentra un porcentaje enorme de la población venezolana. Caracas tiene incluso las llamadas ciudades dormitorios; espacios urbanizados para que pasen la noche quienes en la gran ciudad desarrollan sus diarias actividades, en determinante mayoría asociada con el área de servicio y en buena medida ajenas a la producción y creatividad.  Tanto que ese porcentaje puede decidir, sin importar cual tendencia gane en ellas, lo importante pudiera ser el margen con el cual lo logre,  sobre los resultados electorales presidenciales. Por ejemplo, en 1958, Betancourt perdió en Caracas, pero la ventaja que alcanzó en el resto del país, le permitió superar ampliamente aquella desventaja. Pero el hecho que Caracas, Valencia, Maracay, aglutinen una alta población, sin importar lo que se diga en las leyes de presupuesto, les garantiza una mayor inversión aunque en ellas no se produzca la renta.
          Lo electoral priva en nuestro destino. Chávez mismo, pese que eso del reacomodo poblacional, o una más equilibrada distribución de la población, le tuvo como asunto prioritario en sus planes iniciales, se dejó convencer por ciertos personajes, posiblemente piensan mejor que uno, que “en Caracas, caben dos o tres Caracas más”. Atendiendo a ese razonamiento “más fructífero”, sin importar ahora el “en base a qué”, se ha planificado reacomodar la población caraqueña, de muy alta densidad, dentro de la misma ciudad y achicando los espacios. ¡Qué carajo importa la soledad que impera en los espacios extraordinarios para el sembradío! “Caracas es Caracas y lo demás monte y culebra” ha dicho el caraqueño sarcástico por décadas.  ¡Qué carajo importa que la renta se produzca en un sitio si al fin de cuenta la gente, quienes votan, quieren vivir en otro lado! Además, el cielo está bien alto y es asunto de subir a tocarlo.          
            Pero en el interior del país, donde el poder pudiera tener asegurado sus votos, pero no como para influir determinantemente en los resultados globales, allí donde se produce la renta y hasta los pocos alimentos que nuestra economía rentista permite, la gente suele carecer hasta de espacios para encontrarse. En estas aunque pequeñas ciudades, parece algo contradictorio, es un drama trasladarse de un sitio a otro por lo incipiente de la red de transporte.
            Si usted se pone a pensar sobre lo escrito anteriormente y en la parte final, se percatará que en eso, sin duda, derechas e izquierdas se ponen de acuerdo para hacer lo que "el soberano aspira", atendiendo a sus veleidades primarias, instintos primitivos y deseos hasta acomodaticios. Digo esto, porque la derecha, está todavía conforme y feliz como se distribuye nuestra población, que determina como se invierte nuestra renta y le facilita las cosas a sus capitanes del capital.¡Esa es su simple lógica!
            Lo electoral tiene tanto peso, que hace que lo secundario y hasta postergable, se define como estratégico.
            “Si no lo hacemos ahora, lo posponemos como deberíamos cuando dispongamos de los medios o hayamos alcanzado el ansiado nivel de productividad, perderíamos las elecciones”, suelen discernir. Entonces por eso, se hace una cosa primero y lo esencial, estratégico se pone en segundo plano. 
            -“¡Reúnanme la gente en espacio pequeño! Así tendré ejércitos de desocupados compitiendo por el salario que quiera yo pagar. Tendré promontorios de necesitados de las cosas que traiga por ese puerto que está allí mismo. Les tendré apretujados comprándome hasta lo que no necesitan y a los precios que me vengan en gana. ¿Por qué preocuparse por producir algo, irse a aquellos montes a criar vacas, chivos y cochinos; sembrar maticas, si toda esa vaina la podemos traer por estos puertos, ya listos y hasta envasados?”
          ¿No es este el sueño del capital internacional y la clase que le sirve de puente y hasta de sonda para penetrar al interior del alma nacional?
          Lo estructural, asociado a la acumulación local o regional de capital, que determinaba en buena medida la inversión estatal, pudiera ahora estar compitiendo o ayudando en el mismo sentido geográfico de la inversión, con la población electoral de alta densidad. Quienes más peso político tienen en Venezuela son también aquellos que de una manera u otra, están muy identificados con los jefes políticos de los grandes conglomerados como Caracas. Que de paso, tienen la enorme ayuda de los medios nacionales que actúan como si fuesen primordialmente voceros de esas enormes urbes. Además, no es nada difícil de percibir que los líderes de las grandes ciudades, no por haber nacido en ellas, sino porque en ellas ejercen su “liderazgo”, para decirlo en lenguaje coloquial “son más dados a buscarse entre ellos para rascarse, como los burros”, que preferir aliados de pequeñas poblaciones. ¡Lo cuantitativo priva sobre lo cualitativo!
          Los políticos provinciales, aún aquellos que representan entidades que aportan en gran medida a la renta nacional, aparecen como convidados de piedra, diputados o dirigentes políticos de segunda o al estar en Caracas, creen prudente, quizás por asunto de subsistencia, plegarse a aquella especie de oligarcas de nuevo cuño. Dije plegarse, lo que implica subordinación y asentimiento. Hasta que el “provinciano” se arraiga en la ciudad, se desvincula de su espacio original y da el salto “cualitativo” que le lleva a los grupos de mayor jerarquía, lo que pudiera significar hasta la máxima figura que jefaturea desde Caracas e identificándose, por encima de todo, con ella. Esto es un estado muy particular, demasiado ascendente y por encima de todo, que se le asocia a valores muy elevados, asunto en el cual, los medios de comunicación, privados y oficiales, que dominan lo que llaman el espectro nacional, o gozan de mayor penetración, juegan un rol determinante. Su opinión vale no por los pergaminos que posea, los trabajos que haya hecho, de fácil evaluación, su presencia respetable y respetada en cualquier foro, no. La primera valoración estará sujeta a la ubicación geográfica y política territorial de sus espacios; donde usted mea habitualmente. Si tiene angurria mayor será su prestigio y la expectativa que despertará su presencia. ¡Ese carajo que habló es de Caracas!, se suele comentar. Y eso ya es un respaldo de alta calificación.
            Nunca olvidaré cuando un diputado a la Asamblea Legislativa del Estado Anzoátegui por uno de los partidos de la izquierda, pidió un derecho de palabra para referirse a una tragedia familiar ocurrida en un barrio de Barcelona. Se produjo un conflicto lamentable y doloroso entre una madre y su hijo, envuelto este en asuntos de drogas. De aquella confrontación resultó un hecho lamentable cuyos detalles ahora no recuerdo. El diputado se regodió en aquel asunto que creyó necesario hacerlo del interés de los diputados de manera muy particular.
           Yo, por casualidad, motivo que tampoco recuerdo, pues no acostumbro visitar esos espacios, estuve presenciando la sesión, mientras llevaba en mis manos un periódico regional de la edición del día anterior. Cuando aquel diputado terminó de hablar y después de cerrada la cesión con un acuerdo formal como por no dejar, como acostumbramos decir en estos casos, encontrándome cerca de él, me sorprendió cuando me interrogó hasta ingenuamente:
           -“¿Qué tal te pareció mi intervención?”
           -“Bien”, le dije por simple formalismo, “pero”, agregué, “me hubiera gustado más que hubieses intervenido  sobre este asunto”.
           Al terminar de hablar le mostré el periódico que todo el mundo, medianamente informado en este espacio, ha leído habitualmente por años, poniendo énfasis que leyese la nota que interesaba.
           En ese diario se informaba que, según el sector bancario, el 95 % del ahorro de la región donde vivíamos, se iba a la inversión en la zona central del país. Al diputado, que había leído la noticia, según pude comprobar, eso no le dijo nada y menos le importó, como aquella tragedia familiar.