lunes, 26 de enero de 2015

EN ODIAR A DIOSDADO SE LES VA LA VIDA



ELIGIO DAMAS

            -¿Tienes por allí algo de sardina?
            La pregunta la hice a un joven vendedor de pescado en una muy improvisada, por decir lo menos, pescadería. Suponía la respuesta, pues habiendo nacido en la costa oriental y siendo el pescado la fuente principal de mi alimentación,  sé bien que en esta época del año la sardina escasea. Es una cosa tan normal como que en el día el sol resplandece. Pero como mi compañera, quien también sabe eso, como sabe que aun así algo puede conseguirse si buscamos con empeño, amaneció con ganar de comer sardinas frescas, pregunté por si acaso. ¿Quién sabe?
            -“No, no hay”, respondió el joven pescadero como con vehemencia y de inmediato, sin respirar, agregó con rabia y como si hablase para una multitud:
            -“Toda la sardina la acaparó Diosdado Cabello para su empresa”.
            ¿Para su empresa? Pregunté al joven fingiendo asombro y mostrando interés para que dijese el resto. Razón por la que repregunté:
            -¿Cuál es esa empresa?
           Como quien tiene los documentos en las manos nombró la empresa, la misma que años atrás, en el “Quinto Día”, justamente de Carlos Croes, otro dado a fantasear y montar historia inverosímiles como aquella del “Milagro o Revolución Agraria de Lusinchi”, mencionó Domingo Alberto Rangel para decir, cosas de la vida, que la había comprado el actual presidente de la Asamblea Nacional.
            Sonreído, porque mi edad me ha enseñado a afrontar esos problemas de acuerdo a quién tenga por delante, y en este caso se trataba de un hombre joven y humilde, que no hace sino repetir lo que le han dicho, precisamente para que lo repita, porque una mentira repetida mil veces toma algún rango de verdad, le pregunté y argumenté:
           -¿Tienes los documentos en las manos que prueban eso? Porque dicho así, tu argumento es tan débil como la causa de la escasez de la sardina, que uno simplemente por costeño y bastante viejo, sabe que en esta época del año es normal ese fenómeno. ¿Puedes probar eso que dices? ¿No te parece que es tan fantasioso como si dijese a quienes aquí están que tienes la sardina acaparada?
          Por supuesto, el muchacho sólo estaba repitiendo un cuento viejo y salido de los mentideros de la derecha. Por lo que se limitó a responder esta vez como con humildad y algo de parsimonia:
         -“Bueno, eso es lo que dice mucha gente.”
          Por ese difamar a Diosdado sin que nadie presente prueba alguna, publiqué el 06 de febrero del 2013, en Aporrea un artículo que titulé “¡Por fin!” Supe de los secretos de Diosdado”,  http://www.aporrea.org/actualidad/a158876.html, en el cual señalaba que la acrisolada lealtad del monaguense al presidente Chávez y su legado lo hacía blanco del odio de la derecha y oligarquía.
            Domingo Alberto Rangel, con todo el respeto y admiración que siempre me mereció, tenía una cierta debilidad a dejarse llevar por pequeñas historias fabuladas que le contara alguien con tal que le sirviesen para argumentar en determinadas circunstancias. Quien le haya leído suficientemente sabe de su tendencia a fabular al analizar políticamente o escribir algún ensayo histórico. En él se fundían, no sin belleza y muy buena fe, el analista político, histórico y el narrador literario que solía soltarse y hacer de las suyas. Para quienes estén interesados, quiero recordar aquel “político” febril, fantasioso y exquisito escritor que fue “el bachiller Raimundo González”, en su columna semanal en aquel periódico “legal” de la izquierda ilegal y clandestina de la década del sesenta, llamado “El Venezolano”.
            Quizás alguien, de esos abundan, le contó a Domingo, esa febril historia, de las tantas que la derecha ahora pone a correr para dañar a Diosdado, y aquél que ya aparecía como opuesto a Chávez, aunque no partidario de la derecha, tomó aquello como verdad. Eso no nos asombra, pues vivimos “en carne propia”  algunas experiencias que nos inducen a eso. De lo que si es cierto es que nadie que esa y otras cosas dicen de Diosdado, ha mostrado prueba alguna.
             Si eso hacían antes por la lealtad que Diosdado mostraba ante “el comandante Chávez” como a él gusta llamarle, ahora siendo presidente de la Asamblea Nacional, segundo en la dirección del Psuv y moderador del programa “Con el Mazo Dando”, donde suele hacer denuncias y mostrar en qué andan figuras de la oposición, denunciar los intentos de golpe y toda trama conspirativa, el odio aumenta en cuantiosos decibeles.
             Pero no han avanzado mucho. Esto de las sardinas y el pescadero que sirve de antena repetidora, es el mismo cuento de unos cuantos años atrás, quizás no menos de dieciséis. Parecieran anclados en el pasado y por eso lo que mandan a través de sus redes y contactos es el mismo viejo cuento del cual no exhiben ni una prueba.
             De los tantos errores que comete la derecha, como ese de no encontrar un clavo del cual agarrarse, un pequeño y modesto programa para unirse, desechar aquellas prácticas como la guarimba y la desestabilización permanente que la aísla del resto de la población, está este de usar como argumento política viejos embustes que si de algo sirven, sólo es para fomentar el odio. Y el odio, no sólo es muy mal consejero, sino también una brújula que no atiende al norte magnético, sino hacia donde la rabia de quien la porte la incline.

            Las sardinas no abundan cuando Diosdado lo diga y menos toman el rumbo que éste le trace; eso obedece a otros motivos; pero la derecha es así, caprichosa y “odiante”.

domingo, 25 de enero de 2015

LA HUMILDAD DE EVO, COMO SÓCRATES: "SÓLO SÉ QUE NO SÉ NADA"


ELIGIO DAMAS


            Cuando Sócrates dijo aquello “Sólo sé que no sé nada”, totalizó el conocimiento, para utilizar arbitrariamente una frase de Sartre, en un interesante estudio sobre la dialéctica. Era mucho lo  que había y hay que saber, la inmensidad del espacio, todavía insondable; naturaleza y hombre tan inconmensurables, que lo que el griego sabía demasiado, en su tiempo para un hombre era poco. Eso lo sabía él. Parece además una expresión llena de humildad pronunciada por uno de los más grandes sabios de su tiempo y eso descubría y exponía, ante todos que le podían escuchar asombrados, su sabiduría. No sé nada de lo tanto que hay que saber del mundo, pensó el sabio griego. Es frecuente, quizás demasiado, que sabiduría, humildad y sencillez aparezcan asociados.
             ¡Cuánta sabiduría hay en la cultura indígena! Sobre toda aquella que se desarrolló en los lomos de la cordillera andina, la sierra centroamericana y en la meseta mexicana. Mayas, aztecas e incas, por solo nombrar tres, representan estadios de alto nivel en aquel tiempo de cuando Hernán Cortéz llegó a México. El Popul Vuh está lleno de sabiduría y en “Los comentarios reales” del Inca Garcilaso, uno puede saber de la magnitud de la cultura incaica que los españoles hallaron en Perú, que a los pocos hombres cultos que de Europa llegaron, llenó de asombro.
            Detrás de la figura como mansa, discreta, llena de humildad del indio Juan Evo Morales Ayma, en su discurso sencillo, esparramada lucidez, sin aspavientos, cursilería, está toda aquella sabiduría milenaria indígena. La misma que le llama a callar, observar y escuchar las voces de los antepasados sabios. Ellos le hablan a través de la naturaleza y los reclamos ancestrales del pueblo indígena.
            Evo tiene la virtud de hablar lo que la sabiduría de su pueblo le ha enseñado. Sus posiciones políticas en buena medida se derivan de los reclamos de su pueblo; que no aspira otra cosa que vivir en equilibrio con la Pachamama. ¡Vaya que eso es sabio! Para comprenderlo compárese con la soberbia que destruye el planeta, el único que tenemos y bastante difícil ahora de reparar.
            Morales no hace alardes teóricos y de lecturas de clásicos o de quienes se les tiene como portadores de la buena nueva venida de Europa, sino con sencillez habla de las enseñanzas de sus padres y la comunidad en la que siempre ha vivido. Su discurso viene de allí y tiene toda la razón del mundo, porque es allí donde se hallan las respuestas a las aspiraciones del pueblo boliviano. Se equivocaron y todavía se equivocan quienes creyeron y creen que se podía y puede remover el suelo boliviano fundados solamente en las teorías del proletariado, esas hilvanadas en Europa, ignorando a la indiada que es la mayoría y su ancestral cultura. Desconociendo que ésta está fundamentada en una forma de vida donde la solidaridad, concordancia con el ambiente y la sabiduría de los dioses son las letras y el abecedario todo y porque así han querido vivir siempre.
            Lo de Evo parece ser “háblame, les escucho”. Su palabra es la misma que el pueblo dice. La hace suya. Es la palabra que dice lo que el pueblo ansía y dispuesto está a hacer. Por eso escucha y dice “háblame y hablaré, a mi manera, tu manera”; sin bulla ni gestos petulantes.
             García Lineras, su vicepresidente, al parecer de  ascendencia europea, por su enorme talento y cultura exquisita, se ha contagiado, digámoslo así abusivamente, de la humildad de Evo. Por esa misma humildad y hasta valentía, admite el socialismo como un reclamo de la vida toda, de los indígenas, de los pueblos del mundo, de la supervivencia, de la Pachamama, pero sabe y dice que no está allí a la vuelta de la esquina, esperando al primero que llegue y grite para prodigarse. No. Hay que construirlo con paciencia, en veces hasta en silencio y admitiendo que es una tarea de la gente.
            Esa humildad de los gobernantes bolivianos de ahora, ese no saber nada a la manera socrática, en un país donde un indígena, de los antes despreciados, ejerce la presidencia, ha hecho posible, que iniciando su tercer período de gobierno, la dupla Morales Ayma- García Lineras, exhiban cifras de crecimiento económico, de aumento de la productividad, eficiencia, de bienestar de la población, de inclusión y hasta de reservas internacionales, que por cierto le llegan cerca a las de Venezuela y sobre todo de control político de la sociedad de esa parte de suramérica.
            Todo ese avance que contradice también las aspiraciones y tenebrosos deseos del FMI, que incluye una firme actitud de solidaridad con los pueblos del mundo, empezando en nuestro continente, inocultable actitud antimperialista, tanto que hasta en el 2008 denunció la injerencia gringa en los asuntos bolivianos y rompió relaciones con EEUU, sin amenazas innecesarias o amagos repetidos.
            Ahora Evo, el discreto y callado; de hablar pausado y sin estridencia alguna, menos gritos para desatar emociones y crear estudiadas expectativas, encomendado a los dioses indígenas, a la sabiduría de su pueblo, que de paso ha mostrado una gran disposición al combate cuando le retan, asume por tercera vez la presidencia con un apoyo tan contundente que la derecha no ha podido hacer otra cosa que hacerse a un lado. Nunca antes Bolivia había experimentado tanta paz y bienestar como ahora.
           En el país donde un presidente comenzaba a serlo a las siete de la mañana y al mediodía ya estaba en el exilio aventado por un grupo de safios y ambiciosos como él, pero eso sí, se iba lleno de dinero, ahora mismo inicia su noveno año con el mismo presidente. Que no es hijo de la oligarquía boliviana, menos un egresado de universidad prestigiosa, sino de la indiada antes despreciada y tenida como inferior. Eso sí, consciente de lo que debe hacer y las obligaciones que tiene con su pueblo.

          ¿Dónde está la grandeza, la consecuencia, asertividad y entereza ante los compromisos? Empezando por admitir que “sé que no sé nada” y que la sabiduría hay que buscarla en el todo y en los “dioses”. Metemos entrecomilla la palabra porque queremos insinuar que no es nada de improvisación, sino que nos referimos a la cultura popular y las formas de ser y hacer del colectivo.

viernes, 23 de enero de 2015

CON LA TIERRA EN EL CUERO. ELLOS "NO SE FUERON DEMASIADO"


ELIGIO DAMAS


            Pedro Zaraza, cuéntales a estos muchachos, que ante las dificultades sólo piensan en dejar el patio, como a ustedes les amarró este llano. Diles José Tadeo, que pese el asedio de dificultades inimaginables y vuestras vidas pendiendo de un hilo, nunca pensaron en irse a otras provincias, dejar estas llanuras, donde amenazados vivieron por sanguinarios enemigos, fieras salvajes, enfermedades contumaces, ríos indomables y otros tantos peligros.
            Habla tú también Francisco Carvajal, conocido en el llano y entre los bravos guerreros como “El tigre encaramado”, el de una lanza en cada mano y las riendas entre los dientes, mientras te lanzabas al galope y al ataque, como entregaste tu vida en la batalla de Aragua de Barcelona, luchando por lo que creíste a bien defender, tu patria, tu llano y tus derechos y jamás pensaste dejar nada por detrás. Y tú Pedro Camejo, a quien todos conocen como “Negro Primero”, enséñales como estuviste antes con los ejércitos de generales españoles porque creíste ver en ellos los defensores de tus derechos y los de los tuyos, atropellados por la oligarquía colonial, pero tan pronto te percataste que podrías defenderlos y ayudar a construir la patria, te incorporaste a las huestes del general Páez y moriste en Carabobo hecho todo un héroe popular que nunca pensó en dar la espalda a los suyos. Siempre fuiste coherente y estuviste donde correspondía sin sacar el cuerpo o escurrir el bulto.
            Zuazola, Morales, Morales, Boves más sanguinario que los dos primeros juntos y cuantos ahora se escapan a la memoria, repasaron y desolaron el llano y nuestras ciudades. En Santa Ana, Maturín y otras poblaciones cometieron fechorías inenarrables; degollaron, castraron y hasta desorejaron miles de habitantes de esta tierra bajo la simple sospecha que fuesen adeptos a la independencia.
            Nárrales Juan Sotillo, como fusilaron y les arrancaron las orejas a unos cuantos en tu pueblo a cambio de dos pesos, mientras tú, tus hermanos y amigos, dormían “enmontados”, para no ser sorprendidos por quienes con frecuencia asaltaban Santa Ana, buscando jóvenes patriotas. Diles como a tu propia madre, Bárbara Pérez, la atropellaron tantas veces las huestes comandadas por generales españoles.
            José Tadeo, no olvides mencionarles cuando reuniste la Asamblea de San Diego de Cabrutica, con un puñado de hombres, que días atrás andaban dispersos por los montes, con la idea de crear un pequeño ejército con lo único que quedaba por estos lares, mientras el enemigo recorría el llano, de aquí para allá, con fuerzas gigantescas. Porque ninguno de ustedes pensó abandonar la lucha y “contimás” salir corriendo a resguardar el pellejo.
            Eran ustedes jóvenes ambiciosos en el mejor sentido de la palabra, preparados según los retos que el proceso histórico les planteaba y entendieron, y siempre será, que como se tiene obligaciones con la familia, también se tiene con la patria, tierra y gente que de uno necesita. Conocían cada palmo de terreno, cuanto escondite existiese y las trampas que tendía la sabana, las frutas comestibles y venenosas, plantas curativas y querencias de la cacería. Y desde pequeños habían aprendido las artes para la supervivencia. Se sabían fuertes y, en la lucha por sobrevivir, los hombres como ustedes estaban destinados a ser vencedores. Aprendieron a esconderse en los vericuetos de la sabana, que se corre para eludir al enemigo, cuando en un momento dado puede derrotarlos, para reponerse y volver llenos de brío y cuando lo demandaran las circunstancias.
            Santiago Mariño, no olvides comentarles como los pocos  como tú, José Francisco Bermúdez, Manuel Piar Gómez, obligados a salir, se reunieron en Trinidad, al poco retornaron a la patria y emprendieron la heroica “Campaña Admirable de Oriente”, que les puso en posesión de un enorme territorio hasta más allá de Maturín, donde Piar detuvo los intentos realistas de retomar la plaza. Sólo salieron por un instante a organizar sus fuerzas, pensar sus planes y volver atendiendo al llamado de la patria, tal como tantas veces lo hizo Bolívar. Háblales de como de la asolada y martirizada Cumaná, muchos de ustedes salieron para volver pronto con energía y disposición a liberar la ciudad del Manzanares.
            ¡Sí Sedeño!, si ustedes hubiesen corrido sin regreso a las primeras de cambio, sus familiares, amigos, ancianas y ancianos, niñas y niños, toda la gente nuestra, hubiese quedado totalmente indefensa. Y no habría patria, ni aquí ni allá lejos, donde se levanta la montaña andina y más allá hasta donde el sueño y la audacia llevaron a Bolívar y Sucre. Porque aquella terquedad de ustedes no dejarle este llano y todo el territorio nacional al enemigo, en gran medida contribuyó con aquel glorioso parto.
          Era fácil para ustedes, Sucre, Sedeño, José Tadeo, Mariño, Piar, Sotillo haberse refugiado en cualquier parte, lejos del brazo español, pero por la grandeza no lo hicieron.
           Ezequiel Zamora, General de “Hombres Libres”, ven aquí y recuérdale a estos muchachos asustadizos y desesperanzados, como habiendo salido del país, expulsado por el gobierno de la oligarquía, al estallar en Coro la Guerra Federal, acudiste presuroso al llamado de la patria, solamente al escuchar, desde  lejos, el clarín a tomar el mando de los revolucionarios.
           Porque para todos ustedes, cuéntenles, la patria fue y es un amor profundo, hermoso, como el que se siente por la madre, todos los ancestros, lo grande y lo pequeño que invitan a quienes le siente, hacer grandes proezas, como las hicieron ustedes.

            

jueves, 22 de enero de 2015

¡QUE DECEPCIONANTE EL 23 DE ENERO DE 1958!




ELIGIO DAMAS
 

General- dictador Marcos Pérez Jiménez
              Yo  desperté sobresaltado; estudié rápidamente  las posibilidades  de  huida,  mientras allá en la  calle,  en  plena madrugada, el compadre Jesús Gómez golpeaba con fuerza la  puerta de mi casa y lanzaba grandes voces.
              Él  había  regresado  pocos  meses  atrás  de   los horrores de Guasina. Cayó, como tantos, en una de esas  aventuras locas que, por orden de la dirección instalada en el exterior, el partido – nuestro partido AD -  ejecutaba con obstinada frecuencia. Vino de allá  flaco, amarillo y lleno de llagas que su mujer, toda paciencia,  trataba con  agua  oxigenada  y unguento Sánalo;  sinembargo  pocos días después ya andaba en la misma vaina.
              No  sé  como supo que, durante su larga  y  forzada ausencia  que aproveché para crecer y desperdicié en  angustiarme con  sus propias preocupaciones, ya había entrado en  los  grupos clandestinos y andaba de arriba abajo de la ciudad, por la orilla del río, en horas nostálgicas, de cuando las plazas están vacías, haciendo  contactos y leyendo con avidez folletos de pornografía política que recomendaban como si fuesen la bola del mundo y  que hoy me sugieren cursos apretadísimos de magia negra. Ya sabía  yo de la arrogancia de la política norteamericana, de sus  amapuches con  el dictador, condecorado días atrás por John Foster  Dulles, jefe de la diplomacia de la Casa Blanca; creía yo en las  barbas, bigotes "infalibles” y las medidas inexorables de José Stalin. El libro de Jhon Reed (El Rojo), los “Diez días que estremecieron al mundo”, lo leía junto a otros compañeros una y otra vez y aquello nos incitaba al combate.
               Y  por  esa información que de mí obtuvo,  por  la inexistencia  del  partido, destruído por ese  accionar  heroico, pero  aventurero  e inútil, se llegó hasta  la  plaza  donde  yo esperaba  que  viniese alguien; le acompañaba Juan  de  Mata,  un viejo bravo que había sido su compañero de Guasina y veterano  en eso  de  transportar armas, esconder explosivos y aguardar  a  la puerta  de  un  cuartel que los soldados se alzasen,  lo  que  se llamaba  "un momento dado", en el pedestre lenguaje  conspirativo del partido. Por esa fe increíble y disciplina partidista, varios años  había  vivido en la cárcel y más de una vez le  molieron  a palos.
              Ahora era distinto, en Caracas, desde que  Leonardo se encargó de la dirección de la organización, se venía adoptando una  conducta  diferente. Así lo percibíamos  y  lo compartíamos nosotros en la ciudad nuestra. La táctica era otra y los  viejos, como  el compadre y Juan de Mata, empezaban a entender la  manera más  humana de hacer de los muchachos, que no tenían  reparos  en unirse  a los comunistas e ir tejiendo eso que sería la unidad  y envolvería a todos. Fue esa táctica, la de los muchachos, que Simón hizo del Partido, la que dio el impulso a la bola de nieve. Unir al pueblo, movilizarlo en protesta contra el orden, estremecer la sociedad toda, esa era la línea.
              El  23  de  enero de 1.958, la  unidad  popular  de civiles y militares; de adecos, comunistas, urredistas, copeyanos y  la  inmensa mayoría del pueblo, que nunca ha  tenido  partido, concebida por una dirección joven y abnegada, produjo la caída de Marcos Pérez Jiménez.
            Esa madrugada, el programa de radio del Partido que se trasmitía desde Puerto Rico en enlace con la Cadena Caracol de Colombia  y que el compadre y yo con verdadera  obsesión oíamos todas  las noches,  anunció la huida del dictador  en  la "Vaca Sagrada".
Cambiando para que nos fuese peor
              Cuando ya me disponía a saltar la pared del  patio, reconocí  la  voz  del compadre cuando dijo: ¡párese  carajo compadre que por fin cayó el hombre!
              Todos  salimos  a celebrar; los de la línea  de  la unidad  tomamos  las calles. Poco después decíamos  a  la  gente
"Tranquilícense   que   ya   triunfamos.   Dispérsense, váyanse tranquilos", repetíamos sin cesar el compadre, Juan de Mata y yo.
             Decíamos eso porque fue esa la línea pusilánime que bajó la dirección, tanto la de AD, pese que al frente de esta estaban muchos jóvenes como Simón Sáez Mérida y también la del PCV. La propia Junta Patriótica, encabezada por Fabricio Ojeda e integrada por miembros de los dos partidos antes nombrados, que eran gente nueva y tenida como más audaz y antimperialista, se hizo eco de aquel infantil llamado. ¡Qué las masas vuelvan a su cauce normal! Para ellos todo estaba resuelto, había caído ¡al fin! la dictadura. Nuestra joven dirección y la del PCV heroico, supieron matar al tigre pero tuvieron miedo al cuero. Por eso a la hora de asumir el poder con aquel enorme respaldo popular, creyeron terminada su tarea y mandaron sus huestes a invernar.
              Pero  allá  arriba no hubo  dispersión. Los  otros, los de Fedecámaras, los firmantes del Pacto de Punto Fijo, una vez arribado al país, tuvieron  cuidado de irse en bloque y directamente a  Miraflores. Tomaron el gobierno para sí, se distribuyeron los cargos y curiosamente, las empresas y empresarios que tuvieron participación en el gobierno dictatorial, volvieron a gobernar por intermedio de otros personajes. Fedecámaras sólo tuvo que cambiar de discurso y máscaras. Mientras tanto,  todos los compadres, los Juan de Mata y los tipos  como quien esto escribe de Venezuela, nos embriagábamos de un triunfo como el agua que se recoge con las manos abiertas.
            El gobierno gringo no tuvo excusa para apoyar al nuevo gobierno. No las tuvo porque puso cuidado que las cosas cambiasen para que todo siguiese como venía. Nuestra gente, la dirección, le entregó el “triunfo”, que tuvo un alto costo, de manera infantil y demasiada ingenua. Y los errores en política suelen ser demasiados costosos.
           Por aquel infantilismo no tardó Betancourt, poco tiempo después, en imponernos la resabida fórmula del FMI; baja de salarios, liberación de precios, disminución de lo que llaman gastos, referido a la inversión en salud, educación y todo lo que tenga que ver con la gente del pueblo. Por lo anterior, no tardamos en volver a lo de antes; persecución, tortura, exiliados, presos políticos en abundancia, asesinatos y entrega de los intereses nacionales al mago que suele “acomodarnos” la vida. Es decir, volvimos a empezar de nuevo, como desde la semilla.


miércoles, 21 de enero de 2015

X.-LA ERA BETANCOURT: "DISPAREN PRIMERO, AVERIGÜEN DESPUÉS"

            
                  







Nota: El presente trabajo es el capítulo X de nuestro último libro, aún sin título. Lo ofrecemos a los lectores de este blog con placer y deseo de  contribuir a comprender nuestra historia y, sobre todo, la de los años que corren.

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                  Apenas Betancourt fue electo presidente de la República, recibió la visita de Fidel Castro, quien no hacía mucho había bajado vencedor de la Sierra Maestra; no es mucho lo que sabe acerca de aquella conversación privada entre aquellos personajes. La “Fundación Rómulo Betancourt”, se limita a decir lo siguiente:
                             “Su encuentro  con el candidato electo no es tan afortunado:
                                    la falta de empatía es  manifiesta  desde el primer momento
                                    y,  posteriormente,  las  relaciones  entre  ambos  gobiernos
                                    se dificultarán hasta llegar a la ruptura”.
                      Al día siguiente de aquella entrevista en cada rincón de Venezuela se sabía que había resultado un fracaso; todos, de un lado u otro, incluso dentro del partido de gobierno, donde existía una fuerte tendencia izquierdista que recibió con entusiasmo a Fidel Castro, tanto que el líder de ella Domingo Alberto Rangel, esa tarde en el Congreso de la República en un discurso de orden le llamó “hijo de Venezuela, porque Venezuela es madre de libertadores”, estaban conscientes que allí no había posibilidad de acuerdo alguno.
                      No había mucho que pensar sobre el asunto; pues los propósitos de Betancourt eran claros, estaban definidos desde muchos años atrás y durante su primer gobierno dio muestras de ello. Su mayor interés era mantenerse en el poder y estaba dispuesto a lograrlo manteniendo           muy buenas relaciones con los Estados Unidos. Sus vínculos con Rockefeller seguían sólidos y este continuaba siendo un personaje importante en el mundo de las finanzas y de los negocios petroleros. Los de Castro eran otros; ya había concebido la necesidad de abrir un frente de combate contra el imperialismo y venía a Venezuela en busca de respaldo. No es extraño, por los antecedentes de Betancourt, sus viejas amistades con “Manuel Urrutia, Oswaldo Dorticós y sobre todo Raúl Roa”, como afirma Edgardo González Medina en “Venezuela, Capitalismo de Estado, Reforma y Revolución”. Para este mismo autor:
                                        “Inicialmente  para  los cubanos Betancourt era el líder capaz
                                                 de   incidir  en   una  estrategia  de enfrentamiento contra  los
                                                 Estados  Unidos,  porque  había  sido  uno  de los principales
                                                 dirigentes del Partido Comunista de Costa Rica y miembro del
                                                 supuesto Buró del Caribe de la III Internacional”.
                       No obstante quien esto dice, pasa por alto, que posterior a los hechos que menciona, desde 1941 aproximadamente, Betancourt ha dado fe de anticomunista, hombre de la derecha y con fuertes vínculos con la cúpula del capital gringo. Su conducta frente al gobierno de Medina, durante su período de gobierno y posterior mayor acercamiento a los círculos políticos y financieros de los EEUU, no ofrecían duda alguna acerca de sus propósitos. Lo que no niega en ningún caso, que Fidel, en cierto modo obligado por razones diplomáticas y por el respaldo que el gobierno de Wolfgang Larrazábal y particularmente los venezolanos habían ofrecido a los combatientes de la “Sierra Maestra”, vino de visito a Venezuela y aprovechó para sondear como estarían las cosas con el gobernante que acababa de ser electo.
                      Pero a falta de más información sigamos al autor antes mencionado quien sobre aquel encuentro dice lo siguiente:
                              “Betancourt   le describe al líder cubano las enormes dificultades
                                     económicas que espera para Venezuela durante su gobierno, en
                                     particular el  pago de la deuda externa, la confrontación contra
                                     reacción medinista-pérezjimenista,  la amenaza del sector militar
                                     en su mayoría ansioso de retornar al poder, también le expone la
                                     imposibilidad  de  que  Venezuela   le  entregue  petróleo  a Cuba
                                     directamente, y sobre todo,  lo  difícil de que sea a crédito, debido
                                     al  control  que  tenían  las  compañías  transnacionales  sobre la
                                     producción y comercialización del petróleo venezolano”.
                      Según la fuente que manejamos:
                               “Castro  le  habría dicho a Betancourt  que estatizaría las empresas
                                       batisteras   y  norteamericanas, y  éste le recomendó, según afirmó
                                       en  sus memorias – que lo hiciera indemnizándolas o con la prome-
                                       sa de indemnización para disminuir las consecuencias dentro de los
                                       EEUU”.
               Como dice  Orlando Araujo, en “Venezuela Violenta”, editorial El Perro y la Rana, edición del 2012, pág. 167, en 1945, Acción Democrática, por la vía violenta asciende al poder:
                      “llevada   por un golpe militar, pero  lejos  de luchar por un cambio
                            cambio   revolucionario, Rómulo  Betancourt  suscribe con Nelson
                            Rockefeller un acuerdo para  establecer empresas industriales mix-
                            tas  que amplíen los negocios de este último hacia los sectores agrí-
                            cola e industrial”.
            Lo que nos  permite reiterar que Castro, no creemos se haya hecho muchas esperanzas con Betancourt, quien ya jugaba un juego demasiado abierto para engañar a alguien tan suspicaz como el líder cubano.
                        El “Pacto de Punto Fijo”, fue si se quiere un acto macabro pero ingenioso, para hacer parir de lo que fue un círculo de gobernantes de “demócratas” una dictadura feroz. Algunos, como Caldera y Villalba, volvieron a caer en la trampa de años anteriores, de los golpes de cuartel de la década del cuarenta y otros nuevos se prestaron para que aquella trampa se instalase en Venezuela por años.
                     Pero el Pacto de Punto Fijo recibió un rudo golpe. AD se había dividido y nacido de su seno una agrupación  multitudinaria, que arrastró tras de sí más del 90 % de los jóvenes militantes del partido, la gran mayoría de la dirigencia y base del movimiento obrero, parte del campesinado e integrantes de la Federación Campesina, el movimiento estudiantil, que en principio se llamó Acción Democrática de Izquierda, que al constituirse formalmente optó por el nombre de Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), encabezado por Domingo Alberto Rangel, Simón Sáez Mérida, Carmelo Laborit, Moisés Moleiro, Américo Martín, Rómulo Henríquez hijo, Julio Escalona, etc.
                       El MIR restó una elevada cantidad de diputados a AD y algunos pocos senadores, llegando a configurar una fuerte representación parlamentaria.
                      En el seno de URD, partido firmante del Pacto de Punto Fijo e integrante del gobierno que presidía Betancourt, creció un fuerte sector izquierdista, solidario con la Revolución cubana, entre quienes destacaban Fabricio Ojeda, José  (Cheíto) Oropeza, Víctor José Ochoa y otros. Grupo que gozaba de la simpatía de José Vicente Rangel, Ignacio Luis Arcaya y hasta el propio Jóvito Villalba.
                       El 22 de julio, por iniciativa de José Herrera Oropeza, Fabricio Ojeda, ambos de URD, Pedro Ortega Díaz (PCV) y Jesús María Casal (MIR) se aprobó un rotundo respaldo a la Revolución cubana.
                      A todas estas, Estados Unidos se había propuesto sancionar a la Cuba revolucionaria, aislándole diplomáticamente del resto de América Latina; una de esas metas sería expulsarle de la OEA de la cual había formado parte desde su fundación, y quizás aplicarle La Carta Interamericana; es decir invadirla con la ayuda y respaldo de todos los integrantes de la OEA.
                      El 17 de marzo de 1960, el presidente de Estados Unidos entonces, Jhon Eisenhower aprobó el “Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”.
                      En esa oportunidad, según Eugenio Suárez Pérez, en “Hace 50 años: VII Reunión de Cancilleres OEA” (01-10-2010) o Conferencia de San José, Eisenhower expresó: “Se trata que la OEA nos ayude”.
                      Por solicitud concertada del gobierno de Perú, siendo presidente Manuel Prado Ugarteche, país donde la inconformidad popular e inestabilidad habían llegado a un muy alto nivel, tanto que dos años después sería víctima de un golpe de Estado orquestado por el Departamento de Estado, la OEA convocó la VII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores para celebrarse en San José, Costa Rica, para el 29 de agosto de 1960. Pagaba así Manuel Prado a Estados Unidos le mantuviesen un tiempo más en el poder.
         
                     Betancourt se encontraba entre los más entusiastas por acompañar a Estados Unidos, sobre todo porque su situación no era muy envidiable, confrontaba una aguda crisis económica, tenía frente así una muy fuerte oposición y necesitaba de manera vital el visto bueno de Estados Unidos. Por esas  circunstancias, como presidente y jefe absoluto en materia de política internacional por disposición constitucional, decide que el voto de Venezuela fuese favorable a las intenciones de aquél gobierno – el de Eisenhower – y en contra del hermano país de Cuba. Eran además, otros tiempos, cuando el dominio de EEUU sobre América Latina era casi total y la OEA su “ministerio de colonias”, como la llamase Raúl Roa, el entonces canciller cubano.
                      Según versión de Alberto Rodríguez Barrera, en “La disolución del Pacto de Punto Fijo a la modernidad”, URD aprobó ordenar al Canciller Ignacio Luis Arcaya, no votar en favor de la “Declaración de San José”, destinada a condenar a Cuba y expulsarla de la OEA. El mismo autor antes mencionado, hace mención a unas declaraciones de Villalba, no sabemos si con anterioridad o no, a la decisión de Arcaya, según las cuales:
                                   “La Revolución cubana es de trascendencia histórica y la suerte del
                                     movimiento  democrático  latinoamericano  está  unida a la suerte
                                     de la revolución cubana”.      
                      El padre José Virtuoso en la revista SIC del Centro Gumilla, edición de septiembre-Octubre de 1990, al hablar de aquellos acontecimientos, lo hace de la manera siguiente:
                         “Esta  Conferencia fue convocada por la OEA pata tratar acerca
                           de la intromisión de potencias extracontinentales, concretamente
                           de la URSS y China Continental en la vida económica, política y
                           social  de  los  países  miembros de la organización. El Canciller
                          Arcaya dirige una vana lucha para lograr una doble enmienda a
                           la resolución que había propuesto  Estados  Unidos  en el sentido
                          de que se condenara todo tipo de intromisión extracontinental  en
                          América  y  pedía  a  los países latinoamericanos que actuaran en
                          forma conjunta e instantánea para repeler cualquier  intervención
                          extranjera.  Por   una  parte,  propuso Arcaya, debe quedar clara-
                          mente  establecido   que el rechazo a cualquier intervención  extra-
                          continental  no   menoscababa   el  derecho  de  los  países  latino-
                          americanos  a   establecer  relaciones  diplomáticas  y comerciales
                          con todos los   países  del mundo. Por otra parte, se hacía necesa-
                          ria  la  inclusión   de  un  párrafo  en la  resolución que rechazara
                          también cualquier intento de intromisión intracontinental”.
                      Como Betancourt optó por la proposición de Estados Unidos, según Virtuoso, Arcaya “pidió consejo al Comando Nacional de URD y decidió renunciar” al cargo de Canciller.
                      Según Enrique Tejera París, mencionado por Roberto Lovera De- Sola, en “Cuando Venezuela Tenía Razón”, del 26-10.2013, hablando de Jóvito Villalba dice:
                         “Pero se fue, mal aconsejado, por un atajo, que no tenía salida.
                                el voto,  no autorizado,  de  Ignacio  Luis Arcaya, en San José
                                de Costa Rica, fue un grave error; los urredistas no vieron con
                                inteligencia el sucederse latinoamericano de aquella hora.
                                Desde luego el voto de Arcaya no había sido autorizado por el
                                Presidente,  jefe  de  nuestras  relaciones  exteriores,  y  Arcaya
                                quedó fuera de juego”.
               
                       Las citas anteriores coinciden en que Arcaya actuó por orden de su partido, incluso hay una versión, según la cual, recibió una llamada de Luis Miquilena, un hombre para aquel momento no ubicado en la izquierda de URD. Así lo hacían saber los jóvenes izquierdistas de ese partido con quienes tanto compartimos. No obstante era visible su reticencia contra AD.
                      Pero hay una circunstancia que llama la atención. ¿Cómo entender que pese la natural iracundia de Rómulo Betancourt, y habiendo URD, como partido y  particularmente Jóvito Villalba “ordenado” al Dr. Arcaya tomar aquella decisión tan trascendente que constituyó un desafío al gobierno de Estados unidos y al venezolano mismo, no se hubiese roto el Pacto de Punto Fijo, retirándose URD voluntariamente o a solicitud del presidente? Es difícil comprender que Betancourt, ante aquella toma de posición del partido aliado que retaba su decisión, para él de gran significado en aquel momento, por lo que eso significaba en sus relaciones con Estados Unidos, intentase aún que no se rompiese el Pacto de Punto Fijo aún a sabiendas de las dificultades internas por las cuales atravesaba? ¿Cómo comprender que Villalba, yéndose al extranjero por un tiempo y URD, se tomasen un tiempo bastante largo, tomando en consideración la magnitud de la crisis y los rasgos personales el presidente, poco propenso a la condescendencia en determinados niveles y estando de por medio sus vínculos con Estados Unidos  y al final se diez el lujo de poner condiciones para quedarse, pese que las mismas no tuviesen gran significación sino el condicionamiento mismo?
                       Por las consideraciones anteriores, no obstante, por la trascendencia de lo acontecido, el desconocimiento a una decisión del presidente, responsable único, por disposición constitucional de las relaciones internacionales, y la conocida conducta de Betancourt, poco dado a la tolerancia y permisibilidad, ¿cómo entender que habiendo sido aquella una decisión de URD y su Comando Nacional y al frente del mismo Jóvito Villalba, no se hubiesen roto inmediatamente las relaciones dentro del gobierno y sólo casi tres meses después, es URD quien decide retirarse, habiendo puesto condiciones nada difíciles e inaceptables  para quedarse?
                      Por lo anterior, pareciera más sensato pensar, como lo escuchamos entre los jóvenes urredistas izquierdistas de nuestra generación, aquella toma de posición de Ignacio Luis Arcaya, obedeció a un acto personal de conciencia y a sabiendas que en aquel momento, contrariamente a lo afirmado por Tejera Paris, la mayoría del pueblo venezolano y la gente de URD, compartía su actitud.
                      Los hechos posteriores, los de hoy, cuando en la materia diplomática EEUU, está aislado por motivos suficientemente conocidos, confirman que aquel gesto de Arcaya estuvo plenamente justificado.
                       El 28 de agosto, Arcaya se negó a acatar lo ordenado por Betancourt, renunció desde San José al cargo de Canciller y se retiró de la conferencia.
                      El gobierno de Betancourt se hallaba acorralado, la llamada “Ley del hambre”, la inflación, un fenómeno antes no conocido en Venezuela, agravada con la drástica disminución de salarios, y acicateada por la improductividad y la devaluación, produjo un descontento descomunal que en las calles recogían y lideraban el MIR y el PCV.
                      A estas circunstancias, se sumó la desequilibrada distribución de la población venezolana. El área rural fue quedando abandonada y una inmensa parte de su población se apretujó en algunas ciudades, sobre todo del centro del país, empezando por Caracas, donde por años se había invirtiendo con intensidad el ingreso nacional; pero esa población que se concentraba en los enclaves del proyecto de sustitución de importaciones, no encontró como insertarse de manera productiva y de subsistencia, generando una fuerza adversa al gobierno y sus metas. Como dijo alguien, el ingreso se producía en un sitio y se invertía en otro, para contribuir con la economía de puerto y los enclaves ya determinados por los intereses norteamericanos.
                      Pudieron esas condiciones adversas contener la habitual iracundia de Betancourt. Pero el mismo fenómeno de descontento popular  se expresaba dentro de URD, donde la tendencia izquierdista se fortalecía y con la cual el Dr. Arcaya tenía excelentes relaciones. Todo eso se combinaba con la conocida forma de hacer política del Dr. Villalba, nunca dispuesto a “nadar contra la corriente”.
                       El 17 de noviembre de 1960, URD se retiró del gobierno y fracturó el Pacto de Punto Fijo.  
                       Habiéndose dividido el partido AD e ido URD del gobierno, ante las descomunales manifestaciones de descontento por las políticas gubernamentales, el 28 de noviembre, apenas once días después de la toma de la decisión del partido de Jóvito Villalba, mediante Decreto N° 403, Rómulo Betancourt decide suspender las garantías constitucionales. Lo que significaba, crear las bases “legales”, para reprimir a los trabajadores, estudiantes amas de casas, empleados, comunistas, a excompañeros ahora en el MIR y hasta sus no hacía muchos días, aliados del gobierno militantes de URD, incorporados a aquellas actos de inconformidad.
                      En esa oportunidad, en el discurso para justificar aquella medida desesperada, el presidente de Venezuela, pronunció aquella más que controversial, fatídica frase, “disparen primero y averigüen después”. En su desesperación el alto funcionario pasó por alto que aquel decreto no le otorgaba la facultad de aplicar la pena de muerte, la cual no podía ser objeto del mismo por disposición expresa del texto constitucional. Numerosos fueron los crímenes cometidos por la policía en cumplimiento de aquella ilegal y criminal orden, la que por sí misma define el estado debilidad y desesperación del gobierno.
                      Con Betancourt, se vuelve a repetir la historia. Los gobernantes interesados en imponer un proyecto antipopular, una vez llegados al gobierno, comienzan a perseguir a quienes antes fueron sus aliados y le ayudaron a lograr sus primeros objetivos. URD, partido que al firmar el “Pacto de Punto Fijo”, se hizo solidario con Betancourt, antes y luego cuando este llegó a la presidencia y hasta le ayudó a enfrentar con éxito la invasión por el Táchira e intento de golpe de Estado como el del general Jesús María Castro León, el 20 de abril de 1960    
                      Comenzando el nuevo año, el descontento popular y sus manifestaciones públicas habían llegado a un nivel inaceptable para la poca paciencia y habitual soberbia del presidente, preocupado además, por la influencia y prestigio de la Revolución cubana, el desafío de esta al poder imperial que subyugaba a jóvenes, trabajadores y al sentirse desasistido de todo apoyo popular. El presidente sólo contaba con parte del ejército y un partido, el suyo AD, que después de dividido había quedado diezmado. Si bien es cierto que COPEI se mantenía en el gobierno, las viejas desavenencias de cuando este partido apoyó el golpe militar de Marcos Pérez Jiménez, aún no le hacían, por lo menos para Betancourt, un aliado confiable. Sin olvidar el hecho, que en el seno del partido socialcristiano, comenzaban a perfilarse tendencias más democráticas y progresistas, sobre todo en el seno de la juventud.    
                        José Melich Orsini, quien fue profesor de la Escuela de Derecho de la UCV por más de 50 años y con vínculos con los sectores de Poder, en un trabajo titulado “Comentarios sobre la Inconstitucionalidad”, dice lo siguiente:
                               “El mismo   23  de enero de 1961, fecha de  entrada vigencia
                                      de la nueva  constitución,  el presidente   de la República  en
                                      Consejo de Ministros, invocando la atribución 6ª del artículo
                                      241 de la misma  Constitución,  declaró  para todo el territo-
                                      rio  nacional  el estado  de  emergencia a objeto de suspender
                                      o restringir algunas garantías constitucionales”.
                      En ambos casos, la suspensión del año 1960 por Decreto 403 y este de Enero del 1961, según Melich Orsini, se hace alusión a la existencia de una serie actos cumplidos por grupos de exaltados políticos que se les califica como “subversivos”. En el Decreto 403, del 28-11-1960, también de “desórdenes, actos de violencia y atentados contra las personas y las propiedades”, así como “reiteradas perturbaciones de la tranquilidad pública”.
                      Es de notar, que las calificaciones hechas por el gobierno mismo, no definen un cuadro de gravedad, intolerancia como para justificar la medida. Pero lo que si es cierto, que las manifestaciones pacíficas eran de una magnitud  y constancia considerable como para preocupar al gobierno, tanto que fue éste quien empezó a regar las calles de muertos por la orden dada desde Miraflores, de “dispara primero y averiguar después”.
                      Melich Orsini, remata con el siguiente comentario:
                                  “En ninguna parte, en cambio, se alude a alguna circunstancia
                                   susceptible de tener influencia en la vida económica de la Na-
                                   ción,  lo  que hace incomprensible que en la parte dispositiva
                                   de ambos  Decretos  se haya incluido, al lado de la restricción
                                   de  la garantía  de  la libertad  y  seguridad  personales,  de  la
                                   inviolabilidad del hogar y de la correspondencia, de la libertad
                                   de expresión,  etc.,  una  no motivada restricción de la garantía
                                   de libertad de industria y comercio”. 
          
                        Según Federico Brito Figueroa, citado por Luciano Wexell Severo, en “Economía Venezolana (1899-2008), pág. 131:
                              “Betancourt   viola  la legalidad  democrática   recién  instituida,
                                      resultado de la presencia combatiente de los depauperados  en
                                      la rebelión  del 23 de enero de 1958,  e  instaura una dictadura
                                      de hecho, que supera en rasgos negativos al régimen  en el país
                                      en la década de 1948-1958”.
                      No hemos encontrado nada mejor para pintar un cuadro sobre el comportamiento del gobierno de Rómulo Betancourt, de ese período que inició en 1959 que las siguientes notas de Federico Brito Figueroa:
                               “El pequeño  Napoleón  de Guatire  somete  a  su acomplejado
                                      despotismo al Poder Judicial y a la iglesia. Sustituye  las nor-
                                      mas  de  derecho por  el  bárbaro  principio: disparar primero
                                      y  averiguar después,  instaurando de  hecho la pena de muer-
                                     te; ordena  ametrallar, las veces que estime necesario, las ma-                                                      nifestaciones de depauperados que solamente  reclaman  pan
                                      y  trabajo;  viola  la  inmunidad  parlamentaria,  disuelve  los
                                       sindicatos y los partidos que lo adversan,  censura  la prensa,
                                       impone la llamada Ley del Hambre y hostiliza policialmente a
                                       los militares patriotas”.
                      Lo anterior ha servido para demostrar, como el gobierno de Betancourt, pese haber resultado de unas elecciones “populares, libres, directas y secretas”, hasta donde se podía garantizar en aquella época con un sistema electoral muy vulnerable y una población en gran parte analfabeta, derivó hacia un comportamiento dictatorial, hasta más represivo, que en mucho superó a los gobiernos de Gómez y el propio Pérez Jiménez. Como hemos visto, por todos los elementos mencionados, varios factores influyeron en aquella conducta.
                     La historia venezolana anterior a Betancourt, salvo algunos instantes o experiencias diferentes y muy puntuales, se había caracterizado por regímenes represivos, sin conciencia verdadera de los derechos de los ciudadanos, no acostumbrados a experimentar el reclamo popular, ni siquiera de los grupos representativos, sino a una situación despótica donde prevalecía la opinión o voluntad del gobernante. La personalidad misma de Betancourt, demasiado conocida por los venezolanos y reconocida por quienes, como el suscrito, pudieron verle por buen tiempo diariamente, antes que asumiese el gobierno en 1959, era dada a reacciones violentas y muy poca delicadeza. La sutileza, para intervenir en cualquier asunto, no era una de sus virtudes.
                      Entre los jóvenes adecos de mi tiempo, se comentaba como, en las reuniones de gabinete, la iracundia del presidente, le llevaba a lanzar pipa contra cualquiera de sus ministros o allegados, salvo el Dr. Luis Beltrán Prieto Figueroa, porque discrepasen de aquellas opiniones en la cuales estaba interesado en imponer  o los percibiese distraídos o evadidos de la conversación. Pocos se atrevían a rebatirle alguna idea por temor a su reacción o decisiones posteriores.
                     En las reuniones de partido, aquellas a las cuales por derecho podían asistir, además de Betancourt y sus allegados, los izquierdistas que posteriormente dieron origen al MIR, como Simón Sáez Mérida y Domingo Alberto Rangel, quienes eran miembros del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), sólo estos solían rebatirle cada argumento en materia política, sino que el último se solazaba en enrostrarle su falta de conocimiento en muchos asuntos que el fundador del MIR manejaba en profundidad. Circunstancia que al “Napoleón de Guatire”, molestaba en exceso, pero según contaban, quizás haciendo un supremo esfuerzo, optaba por ignorar. Los jóvenes adecos, futuros dirigentes del MIR, cuadros dirigentes de menor jerarquía, quienes no teníamos accesos a  aquellas reuniones, al poco tiempo de aquellos sucesos nos enterábamos en detalles. Nosotros formábamos dentro de AD una organización paralela con sus jerarquías y niveles organizativos que recibíamos abundante y diaria información del acontecer nacional y del partido, incluyendo aquellos incidentes. La gente del ARS, como Raúl Ramos Jiménez o Jesús Angel (el indio) Paz Galarraga y hasta el mismo Dr. Prieto, cuando no coincidían con Betancourt, dejaban saber sus desacuerdos pero cuidando las formalidades.
                     La situación económica del régimen era apremiante como ya lo hemos dicho en diversas oportunidades y el gobierno experimentaba, como Pérez Jiménez en los últimos días de su gobierno, o quizás de más envergadura por la enorme participación obrera en la calle, de grandes presiones del movimiento popular reclamando derechos y reivindicaciones.
                      Luciano Wexell Severo, en este sentido, en la obra que antes hemos citado dice al respecto, en la pág. 130:
                                  “En  los  meses  de octubre  de 1959 y  enero  de 1960  nueva-
                                   mente  ocurrieron   grandes   protestas   de  trabajadores,   estu-
                                   diantes y desempleados.  Las  manifestaciones  terminaron  otra
                                   vez en choques contra la policía y con dura represión”.
                        Pero para ahondar y dejar claramente establecido el carácter represivo y antipopular del gobierno de Betancourt, volvamos a Orlando Araujo, en la misma obra antes citada, págs. 168-169:
                                 “……allí están aquellos tres primeros muertos abaleados por la
                                  policía  durante  una manifestación pacífica en agosto de 1959.
                                  Pero a poco de ahondar en nuestras averiguaciones tropezamos
                                  con aquellas raíces afirmadas en la historia y en la deformación
                                  estructural: los tres  caídos  eran obreros y la manifestación era
                                  de  desempleados.  Un  gobierno  cuyos  compromisos  con  las
                                  minorías privilegiadas y con el capitalismo extranjero le impiden
                                  ir  al  cambio  de  estructuras verá crecer ante sí el problema  del
                                  desempleo y sólo tendrá a la mano a la policía para silenciar sus
                                  explosiones sociales….”
                       Esas circunstancias, llevan a Betancourt al eslogan de su práctica política como respuesta al pueblo, sus demandas y los humildes en general, según Araujo y todos quienes vivieron aquellos años, “Las calles son para las fuerzas del orden público” y “hay que disparar primero y averiguar después”. 
                     Los defensores de Betancourt, intentan justificarlo apelando al expediente de la lucha armada, fenómeno surgido con posterioridad y asumido en principio como una forma de defensa de la brutal agresión policial y en virtud de haberse cerrado toda posibilidad de reclamo o participación legal, habiendo de por medio aquellas dos órdenes peculiares y ajenas a la constitución misma y los derechos humanos, impartidas desde Miraflores.
                   Quienes ayudaron a Betancourt, en cierta medida, pese las diferencias, a llegar a Miraflores, como la gente que luego formaría el MIR y hasta la de URD, que más tarde formarían el VPN (Vanguardia Popular nacionalista) pasarían a integrar la lista de los perseguidos por su gobierno y acosados por el de Raúl Leoni.