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miércoles, 22 de mayo de 2013

DE CUANDO A CUMANÁ DE NUEVO LE INVADIÓ LA IRA



En recuerdo del día cuándo, en nuestro pueblo,
supimos de la muerte de Andrés Eloy.
                  

ELIGIO DAMAS


 
              Por alguna vía llegó la noticia. Y es que las malas siempre llegan, rápido y en el momento preciso. La feroz  censura impuesta por el régimen y ejercida con saña por el lápiz de Vitelio Reyes, no quiso tener motivos para ocultar aquella muerte. En  un accidente de tránsito, allá lejos, en ciudad de México, el día 21 de mayo de 1955, había muerto Andrés Eloy.

              Por eso, al día siguiente, los muchachos del  liceo Antonio   José  de  Sucre  de  Cumaná,  estábamos  cabizbajos   y cuchicheábamos   de  grupo  en  grupo.  El  rumor   se  expandía rápidamente y también comenzó a gestarse una protesta sorda.  Por la piel de uno, las ganas de protestar se trasladaron a otro y se fueron con éste a contagiar al grupo más cercano.

              Nadie  levantaba  la voz. Cerca de  los  grupos  de estudiantes,  con  el paltó azul marino guindando  del  antebrazo derecho y la corbata negra ligeramente ladeada, como  protestando el calor, la policía acechaba.

              Ya era las ocho de la mañana. El timbre de  entrada del  liceo  sonó  con puntualidad  e  insistencia.  El,  que  de ordinario  entraba  con estridencia hasta la sala  de  billar  de Domingo Ramírez, marcando la interrupción de una partida iniciada quizás  diez  minutos  antes, no fue atendido por  nadie  en  esa oportunidad.

              Mientras   el  timbre  continuaba  su  rutina,   yo recordaba  aquella tarde que le conocí, cuando mi padre me llevó de su mano al Parque Ayacucho a "escuchar al primo". A papá no le interesaba para nada aquel acto electoral en el cual Andrés Eloy hablaría en favor del candidato de su partido. Iba allí sólo  con el interés de escuchar al poeta, al gracioso y denso orador.


              Mientras  hablaba, las frases y juicios políticos, los  versos y los chistes inteligentes se mezclaban  con  gracia, ritmo  y  armonía. Parecía una fuente de agua fresca.  Yo  apenas tenía  nueve años y aquel orador político tuvo la rara virtud  de cautivar  a un niño. Hasta ese momento, era capaz de  apostar  mi guante,  mi  bate  y hasta mi bolsa de pichas,  que  nadie podía hablar con la fluidez, elegancia y amenidad de mi padre. ¡ Era mi viejo un bello encantador de serpientes !

              En  la plaza 19 de Abril, que hoy lleva  el  nombre del  poeta, un grupo formaba un círculo y la mirada iba hacia  el centro. Tristeza y rabia se mezclaban en el radio de cada mirada.
              En el billar, las bolas se detuvieron un instante a manera de protesta y como un homenaje al "hijo bueno que se muere afuera".

              Detrás de la catedral, un grupo más activo y  audaz continuaba el cuchicheo e  impartía órdenes que como por arte  de magia, se iban trasmitiendo a todos los estudiantes dispersos por el área próxima al liceo.

              El  director del plantel, el profesor Tirso  Boada, cansado  de  hacer  sonar el timbre, asustado  y  preocupado  por nuestra  respuesta, salió a conversar con nosotros.  Recuerdo  la forma  y  el color de su corbata, la gravedad de  su  rostro,  el corte  de  su traje y hasta el modelo de sus zapatos.  Comenzó  a hablar,  nada  me quedó de lo que dijo, si  es  que  algo  dijo. No he olvidado su mirada angustiada que saltaba de nosotros a los hombres de corbata negra.

              Nadie   levantó  la  voz,  no  hubo   carreras   ni empujones.  La policía no tuvo oportunidad de agredir.  Todo  era tensión y silencio. La noticia de la protesta se esparramó por la ciudad.  La  población  se enteró y casi toda  se  acercó  a  los alrededores del liceo Sucre y constató que estábamos tristes  por su  tristeza, arrechos por la muerte del poeta y  hastiados  del gobierno.  La ciudad, la nuestra y del poeta, mostró  también  su odio  a quienes le apartaron el hijo y solidaridad  incondicional con  la protesta. Hubo una epidemia de protesta sorda y  a  todos les llegó por la piel.

              Y  todos estábamos allí. La consigna, la idea y  la bandera  eran de todos. Aquel grupo de muchachos supo  enlazar  a las estrellas.

              ¡ Cómo los poetas ! 




martes, 21 de mayo de 2013

LA INELUDIBLE AUTENTICIDAD EN LA CRÍTICA O EL ESTILO DE ÉSTA



ELIGIO DAMAS

            Es cierto, a la ciencia y a un revolucionario, la crítica les es ineludible. En esos espacios es una obligación o para decirlo  con un muy viejo lugar común o locución latina, es un comportamiento “sine qua non”. Latinismo que solíamos usar cuando estábamos en los últimos años del bachillerato como para enjuagarnos la boca.
            Pero pareciera que en veces creemos que a determinados personajes o circunstancias, “ni con el pétalo de una rosa”. Aunque se trate de quienes toman fundamentales decisiones, tienen una enorme responsabilidad o de procedimientos que parecieran a ojos vistos inadecuados. Por supuesto, eso tiene un fin, porque los hombres, no siempre hacemos las cosas a lo loco.
            Se da el caso, que quien hace críticas, como “me parece que deberíamos constituir una dirección colectiva que tenga competencia sobre el gobierno”, origina o atrae sobre él toda la furia de Júpiter, expresada en diversas figuras. Entonces, en lugar de responder a lo criticado con sensatez y pedagogía, se opta por agredir al osado que se le ocurrió decir aquello u otra cosa. Peor y más afincada será la respuesta si a la crítica usted le anexa un nombre, aunque crea tener toda la razón del mundo y hasta ésta no le falte.
          Está muy bien, me parece un pertinente llamado de atención, cuando Roberto Hernández Montoya, en su artículo “Contradicciones”, nos llama a poner interés en destacar la buena acción gubernamental; que no es un llamado a evadir la crítica sobre el proceso, sino trabajar en ambos sentidos.
          Pero está muy mal, cuando alguien denuncia lo que cree contrario al interés del proceso, se blasfeme contra él y califique de infiltrado, potencial salta talanquera y paremos de contar. En este caso no me refiero a lo dicho por Maduro sobre intelectuales porque no señaló nombres y no sé de qué y quiénes se trata.
            Aunque es peor el comportamiento de aquellos que juzgan con dureza, inflexibilidad alguna acción gubernamental, pero se escudan, desbordándose en elogios a quien o quienes, sin quererlo o no, sin estar conscientes o no, son los responsables de ella.
           La reunión de Maduro con los  empresarios de Polar y otros, los acuerdos allí alcanzados, resultaron de una realidad no evadible, dentro de un marco histórico concreto y unas relaciones predominantes. No me atrevería sembrar dudas acerca del comportamiento del gobierno en esa circunstancia; menos sin analizar lo que ha venido sucediendo tiempo atrás. Lo que llevó a Maduro a esa mesa de conversaciones, no es resultado de los pocos días de su gobierno. Tampoco, es saludable buscar culpables. Eso sucedió y frente a esa realidad hay que moverse. No se puede hablar de eso en lenguaje confuso y hasta sugerente como algo por lo menos diabólico.
          No obstante, hay críticos que no tienen la mala suerte de quien asume con entereza sus críticas sin usar burladero. Como esos críticos que califican aquella reunión con Lorenzo Mendoza y otros empresarios, como una suerte de concesión o conciliación innecesaria con los capitalistas allí representados. Pero mientras eso dicen, presentan el asunto como que el Presidente Maduro nada tuviese que haber visto con la reunión y hasta lo acordado, sino otro siniestro personaje a quien no se identifica. Esto suelen hacer, cuando al final de sus artículos, por lo general, después de haber hecho su confusa crítica, declaran su inquebrantable e irrenunciable fe en el presidente Maduro.
          Ese jueguito, lo practicaron incesantemente en vida de Chávez y, todavía no acabo de entender cómo, les fue tan bien.
          Es cosa de estilo, que no parece ser muy hábil porque uno que no es nada inteligente lo percibe, no obstante ha pasado desapercibido y hasta ha logrado muy buenos aplausos.
          Pero prefiero el estilo de Nicmer Evans, aunque alguien crea ver en él un advenedizo, porque plantea su crítica para no confundir y llamar la atención  a quién corresponda. Ese proceder, no significa en ningún caso que quien crítica hace mal, porque si bien todos estamos obligados a criticar, también todos debemos ser objeto de la crítica.
           Si yo pensase que Maduro hizo mal en reunirse con Mendoza y haber llegado allí a los acuerdos que llegó, no sólo lo diría, sino que dijese sin dudas que “el presidente Nicolás hizo mal”. Me avergonzaría de juzgar el hecho como contrario al interés revolucionario, aunque sea una pequeña cosa, pero al mismo tiempo de hablar de manera confusa como si aquello es culpa de un tercero que ni siquiera allí estuvo, para terminar manifestando que “estoy resteado o hasta la pared de enfrente”, con quien critico. Sobre todo si eso se hace de manera reiterada.
             En nuestro habitual lenguaje, ante eso se suele usar una palabra que en este momento se me olvida.

lunes, 20 de mayo de 2013

PRESIDENTE MADURO, INTELECTUALES E INFILTRADOS. HAY CRÍTICAS, COMO ALGUNA DE NICMER EVANS, QUE MERECEN ATENCIÓN



ELIGIO DAMAS

            Es de muy vieja data, revisemos la literatura para comprobarlo, el conflicto entre los “intelectuales”, palabra cuyo significado todavía no sé a ciencia cierta qué significa ni siquiera a quiénes alcanza, y los sectores de la vanguardia en el campo de la izquierda o los “políticos”, suerte de definición en veces utilizada por no encontrar la más adecuada. Algo así como a falta de pan, buenas son tortas.
            Pero esa especie de fuente de contradicciones o enfrentamientos, es bueno decirlo, no es prerrogativa del sector revolucionario sino también, con mayor y menor frecuencia, azota a la derecha.
            Es resultado de las diferencias naturales entre quienes toman decisiones que a muchos afectan y aquéllos, quizás con un nivel crítico similar a los primeros, lo que hace difícil saber quién es intelectual o no, que observan como desde afuera o debajo del puente de mando.
            La acusación tradicional, tan vieja como la disputa misma, se fundamenta en la idea que “los intelectuales”, son como potros salvajes, que les gusta correr en tropel y en la sabana abierta. Puede ser, como me dijo una vez uno de ellos, “que apoye algo ahorita mismo, en este instante y pocos minutos después al reflexionar más asertivo, descubro que no debí hacerlo y cambio de posición”.
           Los “políticos” serían entonces, para decirlo en una expresión de habitual uso, más disciplinados y apegados a la línea. Los intelectuales, por lo general, no es que no acaten la línea, sino que desde el principio no parecen atarse a ella con la fidelidad del “político”, porque por ese “intelectualismo”, digámoslo así para no salirnos de las formalidades, no se sienten obligados a aceptar que otros tomen decisiones por ellos y de paso verse obligados a acatarlas, sobre todo si perciben que no estuvieron entre las mejores.
           Eso es así, desde que el mundo es mundo y seguirá siéndolo “per saecola saeculorum”. Por algo Galileo Galilei, ante la Santa Inquisición, pese los cargos contra él, dijo “E pur si mouve”.
           El deseo de criticar nace del cambio y las distintas percepciones que el hombre tiene del mismo. Es decir, está en la naturaleza humana y la relación que aquél tiene con el mundo.
          Por eso, toda crítica es digna de estudiarse. Es natural que el criticado pueda sentirse afectado aunque el interés del crítico no lo haya movido esa intención. Puede ser que el crítico esté errado, pero es posible y natural pensar que no. Hasta es posible que la crítica siendo válida, no se hiciera en el momento o espacio más adecuado y sin los instrumentos permisibles.
          ¿Pero, cuáles son esos espacios? ¿Cómo acceder a ellos? Este es un asunto digno de estudiarse  y encaminarlo. Aunque pese a buscar la satisfacción de este último deseo, siempre habrá quien de buena fe, prefiera correr libre por la sabana. Pero esta ancestral conducta, de quien puede ser o no intelectual, siempre seguirá manifestándose. Lo que quiere decir, que hacer críticas habitualmente al sector con el cual la gente se siente más identificado, es tan natural y válido como hacerlo contra a quienes se percibe demasiado distante. Hasta diría que es propia de la conciencia humana, criticar más a los nuestros, por quererlos perfectos y siempre en disposición de acertar. Por supuesto, esa candidez, no dudo en el uso de palabra, puede resultar dañina sin quererlo.
           De donde uno concluye que, sabiendo que los salta talanqueras son reales, por allí andan, no precisamente entre los críticos, críticos de verdad, permanentes, porque aquellos sólo lo hacen cuando están a punto de dar el brinco, mientras tanto se aprovechan al máximo, esa relación, entre el político que dirige y el que lo crítica de buena fe y con ánimo constructivo, aunque en veces el lenguaje parezca un poco rígido y nada afectuoso, debe manejarse con discreción y digamos suficiente altura. Es pertinente evitar expresiones innecesarias de las cuales uno, más adelante, tenga que arrepentirse. Como también hay que saber escoger el momento, sitio y formas de expresar la crítica.
           Por supuesto, todo lo anterior no niega, que quien parece hablar del lado de los políticos, pudiera ser el presidente, se refiera a una situación o personajes muy concretos sobre los cuales tiene fidedigna información que les inculpa y justifican sus palabras. Es decir, llama al burro negro porque tiene los pelos en las manos.
          Los salta talanqueras vulgares y corrientes como Luis Miquilena, Ismael García y otros que no es necesario mencionar, no salieron precisamente del mundo de esos compañeros que piensan como ser mejores ellos y hacer las cosas que les rodean, sino de mejorar sus condiciones materiales de vida.
         Si bien es verdad como sostuvo Roberto Hernández Montoya, en un muy buen artículo titulado “Contradicciones”, en veces nos excedemos en criticar lo que nos parece mal y dejamos en el olvido o “el tintero”, las buenas obras del gobierno, no obstante es saludable reconocer que hay criticas, incluso en el más reciente artículo de Nicmer Evans, que merecen tomarse en cuenta.

sábado, 18 de mayo de 2013

TOMANDO CERVEZA EN EL ESTADIO Y COMIENDO AREPA CON CAMBUR MADURO



De la entrevista entre Nicolás y Lorenzo.

ELIGIO DAMAS

            Cuando el habitual viejito vendedor de la quiniela, pasó frente a nosotros, que sentados estábamos en la parte superior de la tribuna del centro, pese las protestas de mi compañera, casi fanática de nuestro equipo, a aquél grite desde mi asiento:
            -“Dame tres al empate”.
           -“Tú estás loco. Vas a votar los reales. Este juego está ganado de antemano. Nuestro pitcher, en los primeros lanzamientos ha mostrado un control maravilloso de la zona de strike”.
            Esa perorata me largó mi compañera al verme extenderle al recogedor de apuestas, el valor de lo pedido. Luego agregó con evidente disgusto:
           -“Te comportas como un traidor o salta talanquera”.
            -“Aun así”, le dije, “mantendré la apuesta. Pues en todo caso. Por una u otra cosa que suceda, siempre saldremos ganando”.
           -“Te advierto”, hablé de nuevo con mi compañera, “la apuesta es hasta el noveno inning; llegado allí, si no hay ganador, queda anulada”.
           Luego, después de pagar y recibir los tres talones de la apuesta a empate, comenté a mi compañera, en voz muy baja:
            -“Comparto contigo la idea que el nuevo lanzador está que corta. Su recta echa humo y rabo e´cochino le funciona bien. No dudo que tuvo un excelente maestro y ha dado muestras de haber aprovechado aquellas enseñanzas”.
            -“¿Entonces por qué dudas?”, preguntó mi interlocutora.
            -“Siempre he sospechado que en nuestra la alineación, sobre todo en la ofensiva, hay mucho bate quebrado.”
             Eso dije con convicción, la acostumbrada como para que ella removiese los recuerdos.
            Ella cayó, pensó largamente y al rato, comenzó a hablarme de lo que mucho tiempo atrás le había comentado.
              -“Si. Es verdad. Has dicho varias veces que parece como muy simple explicar la escasez culpando a un sector o grupo, por muy ladino que ese sea. Que crees deben haber otras razones, además del acaparamiento y la disminución del ritmo productivo”
            -“En efecto”, continué yo, “he escuchado a gente que tengo como seria y amiga del gobierno, que los dólares no salen con la fluidez que uno quisiera y la verdadera economía demanda”. “Claro, ellos se defienden diciendo que hay mucho tramposo, pero concreto y objetivo es que no llegan a tiempo dónde deben.”
            “He escuchado y leído de un atoro en los puertos que hace que productos importados se arrumen allí más del tiempo saludable para la economía”.
            “Aunque estoy claro, que por lo estratégico que mueve a nuestro equipo, el gran capital ha decidido combatirlo con todas las armas a su disposición, se aprovecha de las debilidades nuestras y sobre todo, de aquello que tanto se quejaba nuestro lanzador estrella, ahora en el Olimpo, la ineficiencia y poca capacidad para empujar carreras”. “Se bien del ansia especuladora de nuestros empresarios de todas las áreas y del contubernio en que andan con los gringos para derrotar nuestro equipo, quedarse con la franquicia, el estadio y hasta el pisa y corre, rasgos del juego que dominamos los caribeños”.
            -“En fin”, dije como para resumir el asunto, porque ya el juego estaba por comenzar, “en eso de la escasez, pareciera que hay responsabilidades, carencias e ineficiencias de lado y lado. Lo que pasa es que el nuevo lanzador, pudiera no estar todavía bien enterado de las debilidades del equipo; quizás porque ha estado oyendo una sola campana”.
             Construir el socialismo, ya anunciado, genera de hecho una fuerte reacción. Está definida la estrategia y sugeridas las tácticas del juego. El adversario se prepara,  define su estrategia y día a día elabora sus tácticas. Es decir tiene todo preparado para pararnos y hasta sacarnos del juego.
            El juego así planteado, favorecerá a quien tenga mayor capacidad, habilidad y velocidad. Fuerza en el bateo, defensiva impenetrable y rapidez en el correr las bases. Pero también hay que saber mover el banco y quien no dé la talla no es solución pasarlo de primera a segunda, sino no debe quedar ni siquiera en la segunda línea de reserva.
            Ellos, el contrario, por ejemplo, como le hicieron a Allende, provocarán escasez y sabotearán el torrente circulatorio de las mercancías. Su éxito será mayor, si nosotros no somos capaces de producir lo suficiente, importar lo que haya que importar de manera oportuna y de paso, dejamos de hacer cosas o las hacemos con lentitud, como para que nos saboteen justificándose en nuestras debilidades. Eso sin hablar de los jugadores nuestros que aceptan “dádivas” para dejar escapar un roling blando o dejarse agarrar fuera de base por estar mirando hacia la luna.
            Por pensar esas cosas, cuando comenzó el duelo entre Lorenzo y Nicolás, pese la lealtad a mi equipo y conociendo lo que el otro representa, el pasado, la miseria e injusticia, al ver pasar al viejo de la quiniela, me levanté y contra las protestas de mi compañera, le volví a gritar:
           -“Dame tres al empate”.   Al instante me compré dos cervezas y las acompañé con arepa y cambur maduro.
        

   

viernes, 17 de mayo de 2013

SOBRE LA CAMPAÑA ADMIRABLE Y DE ORIENTE


ELIGIO DAMAS

            El pasado martes 14, se conmemoró el bicentenario de “La campaña Admirable”. Aquella brillante jornada ejecutada en 1813, cuando el Libertador, habiendo salido de la Nueva Granada, hoy Colombia, enfrentó innumerables calamidades, aparte de los combates mismos que entabló, para al final entrar triunfante en Caracas y como dice esa historia convencional o caraqueña, como siempre hemos dicho, dejar restablecida la II República.
           Durante el desarrollo de aquella heroica gesta, habiendo llegado triunfante a la ciudad de Mérida, recibió el título de Libertador, con el cual pasó a la historia y al reconocimiento de los americanos.
           Pero esa historia “oficial y caraqueña”, de distintas maneras, como ser poco equilibrada, pasa por alto, sin motivo alguno, salvo el concepto romántico, predominante al momento de escribirla y el centralismo que siempre ha prevalecido en Venezuela, los acontecimientos que antes, desde enero de aquel mismo año, se habían producido en el oriente de Venezuela.
           Caracciolo Parra Pérez, merideño de nacimiento, político, historiador muy reputado y encargado en dos oportunidades de la presidencia de Venezuela, en su obra “Mariño y la Independencia de Venezuela”, dejó dicho que “gracias a los esfuerzos de Mariño en el este y a los de Bolívar en las otras partes, la república será otra vez liberada”.
            Obviamente, quien esto escribe, percibe en el juicio anterior la misma falla de cualquier historiador de la época del romanticismo; es decir, la de asignarle a los individuos un rol exagerado e ignorar a los demás próceres y hasta la multitud.
            Lo que en verdad debe destacarse, en aras de la justicia y una historia contada con equilibrio, es que antes que las fuerzas comandadas por Bolívar, saliesen de Nueva Granada hacia Caracas, ya los orientales, habiendo salido de Chacachacare, habían dominado la zona oriental e instaurado también la II república.

           Metropolitano, domingo 19-05-13

miércoles, 15 de mayo de 2013

"COMENCÉ EN CERO Y DEL PROMONTORIO DE MILLONES QUE TENGO NADA DEBO A NADIE"



El trabajo lo hizo Dios como castigo.

ELIGIO DAMAS

            -“Papá, saca de la caja fuerte los dólares que allí nos tienes, porque ya nos volvemos a Miami”.
           - “Acuérdate también de la paca que le debes mandar a mamá”.
           El señor Juan, ya entrado en los 65 años, dejó de hablar por el celular mediante el cual recibía información de uno de sus colaboradores y al mismo tiempo impartía órdenes y preguntó a la hija que le había hablado:
          -“¿Y qué hizo tu madre con la “pellá” de dólares que le mandé contigo misma hace apenas dos semanas?”
          -“¡Caramba papá! Tú sabes bien que eso no es nada para ella; y los dólares de Cadivi, de su tarjeta de crédito, no le alcanzan ni para jugar una semana.”
         -“Además, ¿cuándo te vas acostumbrar? ¿Dentro de dos semanas estaremos aquí hablando lo mismo?”
            En verdad, Juan comenzó a trabajar desde pequeño. Descubrió que había un filón en el negocio del contrabando, le buscó y sin dificultad alguna encontró la punta de la hebra.
           Aprendió que podía ganar mucho dinero montando un negocio aquí y otro allá. Sólo tenía que invertir lo que le sobraba y encontrar quien trabajase por él. No le fue difícil hallar unos cuantos; aunque en verdad, alguna que otra vez, se le atravesó en el camino otro con iguales agallas y tuvo sus “pérdidas”.
          Cada vez que montaba un negocio nuevo le vigilaba por el tiempo que creía prudencial hasta comprobar haber encontrado un tipo fiel y pulcro o por lo menos de aspiraciones discretas, prudenciales, como para permitir que las cosas diesen para ambos. Sobre todo bastante, lo deseable para él. Porque aprendió a asimilar ciertas “pérdidas”. Aprendió que aquello funcionaba “solo”, no requería su presencia y menos su esfuerzo.
          Mientras aquellos negocios marchaban, descubrió que podía irse por tiempo al extranjero, con la certeza que aquellos funcionarían tan bien como cuando estaba cerca de ellos, aunque no fuese nunca, porque entre el dominó, el club, del cual se hizo socio principal, recibir informes, detalles apropiados para invertir, hacer cuanta trampa existe y envinagradas iniciadas en la tarde hasta la noche, se le escapaba el tiempo.
         Con aquella rutina crecieron sus negocios, como su abdomen, cuentas bancarias, propiedades de todo tipo, tantas que ni siquiera de ellas sabe sino por los informes que le ofrecen sus empleados, quienes viendo tanto de dónde, también cogen, sin que la avalancha merme.
        ¿Preocupaciones? ¡No! De eso nada sabe, desde los tiempos iniciales. Apenas se entera que sus trabajadores, en todas partes, una vez aquí, otra allá se paran porque, eso sí, ha tenido el cuidado de impartir órdenes a sus gerentes que “a esos vagos, flojos de mierda, nada de pagarles lo que ellos creen se les debe”.
           Pero esos avatares apenas llegan a sus oídos como el lejano rumor del mar o la brisa que sopla allá arriba, sobre aquella montaña. Pues sus gerentes, siguiendo sus ancestrales instrucciones resuelven aquello de la manera consabida. ¡Quién se alebreste se va mucho al carajo! ¡Quién agite a los trabajadores le acusamos de algún delito y allí sus panas del gobierno para ponerle en cintura!
         -“Eso sí”, recuerda a sus gerentes, las pocas veces que les ve, “de lo que ustedes apartan, que bien lo sé, me le dan algo a aquellas empleados de gobierno que nos ayuden o puedan echarnos vainas”.
        Ese es Don Juan, a sus 65 años. No va a Miami, porque eso no le da nota. Le gusta que su mujer ande por allá, donde tiene una lujosa residencia, gastando un poco de la plata que él se gana con el sudor de su frente; justo para poder tener tiempo y tranquilidad de hacer lo que hace, menos trabajar porque falta no le hace y atender como se debe a su joven segundo frente.
       Él no lo hace en público, pero a sus íntimos y cómplices, le gusta cantar mientras agita un vaso y abraza estrechamente a su chama:
       “El trabajo lo hizo Dios como castigo”.
      Pero también, “tengo lo que tengo y no se lo debo a nadie.”
      Por eso, al escuchar las razones de su hija, sonríe, va la caja fuerte y le entrega, generosamente, lo que ella y su madre se le antojan.
     -“Váyanse rápido”, le dice a la hija sin dejar de sonreír, “antes que cierren el aeropuerto”.
     

martes, 14 de mayo de 2013

LLEGA EL AÑO DE 1813



BOLÍVAR Y LA CAMPAÑA ADMIRABLE. LOS LIBERTADORES DE ORIENTE



ELIGIO DAMAS


Nota: El presente trabajo forma parte de nuestro libro sin editar, "Facetas de Historia". Lo colocamos ahora en este espacio por cuanto hoy 14 de mayo de 2013, se conmemoran 200 años de la Campaña Admirable; meses antes, los orientales al mando del general Santiago Mariño, iniciaron la "Campaña de Oriente", también con éxito para dar inicio a la II República.


            Cuando el Libertador, aquel brillante año 13 se descolgó de la montaña andina y se llegó hasta Caracas, los orientales también emprendieron una acción heroica que culminó con la liberación de este territorio.
             Por eso Palacios Fajardo, citado por Carracciolo Pérez, en “Mariño y la Independencia de Venezuela”, señaló que “gracias a los esfuerzos de Mariño en el este y a los de Bolívar en las otras partes, la república será otra vez liberada”.
            Es obvio que se trata de una exageración del papel de Bolívar y Mariño de Parte de Palacios Fajardo, pero expresa en lo fundamental que al mismo tiempo que Bolívar y sus fuerzas emprenden la acción libertadora del año 1813, por la parte oriental, otros jóvenes, y al frente de ellos Santiago Mariño, se lanzan con igual patriotismo y amor a la conquista del mismo objetivo.
            Después de la Capitulación de Miranda, los jefes realistas desataron una cruel e intensa represión entre los jóvenes patriotas orientales. Muchos de ellos huyendo de aquel vandalismo fueron reuniéndose en la isla de trinidad. Llegado el momento, cuarenta y cinco de aquellos muchachos, se reunieron en la pequeña isla de Chacachacare, propiedad de doña Concepción Mariño, hermana del prócer. Según Bartolomé Tavera Acosta, no se conoce con exactitud los nombres de todos los hombres que allí estuvieron y agrega, “es necesario observar que, con excepción de Mariño, Manuel Piar, los Bermúdez, José Francisco Azcùe, Manuel Valdez, Agustín Armario, Juan Bautista Videau, Pbro. Domingo Bruzual de Beaumont, José Rafael de Guevara, Rafael de Mayz, José María Otero, Mateo Guerra Olivier, Juan Bautista Cova, José Leonardo Brito Sánchez, Juan Bautista Darìus, Bernardo Martínez, Fernando Gómez de Sàa y uno que otro más, del resto no hay constancia histórica para poder afirmar que fueron de los de Chacachacare”. Pero el mismo autor supone que estuvieron allí, José María Sucre y el futuro Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, “quienes habían salido de Cumaná para Trinidad trece días antes y aparecen luego en los sucesos de Maturín”.
           Y aquellos muchachos, reunidos en Chacachacare, “bajo los auspicios de doña Concepción Mariño, expidieron el siguiente Acta:
           “Violada por el jefe español D. Domingo Monteverde la capitulación que celebró con el ilustre general Miranda, el 25 de julio de 1812; y considerando que las garantías que se ofrecen en aquel solemne tratado se han convertido en cadalso, cárceles, persecuciones y secuestros, que el mismo general Miranda ha sido víctima de la perfidia de su adversario; y en fin, que la sociedad se halla herida de muerte, cuarenta y cinco emigrado nos hemos reunido en esta hacienda, bajo los auspicios de su dueña, la magnánima señora doña Concepción Mariño, y congregados en consejo de familia, impulsados por un sentimiento de profundo patriotismo, resolvemos expedicionar sobre Venezuela, con el objeto de salvar esa patria querida de la dependencia”.
                 

XI

SOBRE LOS JEFES ORIENTALES


            Aquellos osados y voluntariosos hombres que decidieron  invadir por Chacachacare, exaltaron los ánimos de Venezuela y, sobre todo, de la heroica resistencia en la zona oriental.
             Imagino  que  vuestra expedición (de Chacachacare) toma buen giro - escribía Azcùe a Valdés - porque Bermúdez me asegura que de todas partes vienen a él los habitantes con los brazos  abiertos, pidiéndole armas, etc., para  defenderse ellos mismos, y le incitan a marchar adelante con confianza, pues todos desean libertarse de los tiranos españoles......".[1]
             Había abundantes razones para que los  orientales, en su mayoría, adoptasen aquella compostura. Sólo por sobre vivencia, el ciudadano común prefería exponerse a los rigores y  sacri­ficios  de la guerra; expuesto a diario a burlas, humillaciones, irrespeto al hogar y la familia o alzarse en armas; morir comba­tiendo  o vivir en angustiosa espera la  muerte, personificada  en los feroces  agentes  represivos de Monteverde; eran  esas las alternativas  en  que se debatía la precaria existencia  de  los hombres que habitaban las provincias orientales.
             Después de la capitulación de Miranda, Monteverde quedó de "dueño" del país. Hace caso omiso de todos los compromisos derivados del acuerdo con el Generalísimo y desparrama por el territorio  nacional  una banda de agentes suyos que  se van  a regodear en el terror.
             Así,  el  coronel  Lorenzo Fernández  de  la  Hoz, natural del Valle de Soba, en Santander, casado en Cumaná con una pariente del futuro general José Francisco Bermúdez, fue designado jefe político y militar de Barcelona; éste, engreído y  rapaz testaferro, inmediatamente se dedicó a la innoble tarea de "aprisionar y despachar desde......para las prisiones de La Guaira,  a cuanto patriota logra echar mano”.[2]
            A Margarita, tantas veces atormentada, arriba  con órdenes  de  Monteverde, Pascual Martínez; éste,  con  prontitud, puso empeño en dejar constancia de fidelidad al jefe e inmediatamente  procede  a  enviar a las cárceles de La  Guaira  y Puerto Cabello a los mejores hombres que aún permanecen en la isla.
             Cumaná corrió mejor suerte en los primeros momentos posteriores a la pérdida de la primera república; el  14  de septiembre  de 1812, el coronel Emeterio Ureña, nativo de  Medina de  Río Seco, Valladolid, "único de cuantos españoles  con  mucho mando  militar vivieron en ese doloroso período, que  señala  por sus  sentimientos de humanidad y su mejor visión  política",  fue designado jefe militar. .
           De este caballero, en el más cabal significado del adjetivo,  amplio, discreto,  dice Bernardo  Tavera  Acosta  que "Llevó  este honrado militar los manejos de su política al  punto de no perseguir a nadie por sus opiniones, y hasta el extremo  de utilizar    en    su   gobierno    a    algunos caracterizados patriotas........".[3].
           Pero  esta  "feliz" situación duró  poco;  pues  a solicitud de algunos afectos al régimen colonial, disgustados por la conducta respetuosa de Ureña, Monteverde optó por enviar a  la ciudad  oriental, como comisionado militar suyo,  al  tristemente célebre Francisco Javier Cerbèriz. La ciudad de Cumaná, quizás en un  día gris y lleno de presagios, le vio llegar en diciembre  de 1812. Desde el instante mismo de su entrada a la ciudad  en  las riberas  del Manzanares, persiguió con brutalidad y saña  a  todo humano que sospechase poseer en secreto una aspiración de libertad.
           Pero,  si  Cerbèriz  limitó el poder  de  Ureña  y contrarrestó  la política pacifista de éste mediante  el  terror, con  el coronel Eusebio Antoñanzas, no más cruel entre los crueles,  Monteverde quiso mostrar a los cumaneses toda su capacidad para el castigo y la represión. En efecto, el primero de marzo de 1813,  Antoñanzas  entró a tambor batiente como  jefe militar  y político en  sustitución del civilizado Ureña. De esta manera, Monteverde también buscó satisfacer las aspiraciones de retaliación y venganza de los círculos más agresivos y montaraces que en Cumaná defendían  el orden colonial; como si ya  esto  no fuese suficiente, para aumentar las calamidades de las familias cumanesas,  Antoñanzas  se hace acompañar del oficial  español Antonio Zuazola.  Y no hacia mucho del arribo de este  carnicero, cuando Antoñanzas le envío junto a Cerbèriz a operar sobre Maturín y  la provincia de Barcelona.
            (Zuazola  marchó  hacia el objetivo  que  le  marcó Antoñanzas y            La inconformidad de los orientales es  manifiesta. Lo expresan de mil maneras. Las islas próximas, sobre todo Trinidad es el punto de convergencia de todos los  jóvenes con disposición  y  talento nacidos en las tierras orientales. Y allí se conspira  y urden fiebrosos y abnegados planes por la libertad. Ese  ojo del huracán del cual ya hablamos, cubre  las provincias orientales  y, por eso quizás, Monteverde trata de contener  las manifestaciones contra el orden colonial, enviando  a esta  parte del país a lo "más granado" de sus agentes represivos. Como aquel Cerbèriz que desde Río Caribe le comunicaba a su jefe "No hay más señor, que un gobierno militar pase a todos estos pícaros por  las armas". Y no podía pensar de otra manera quien tenía por capellán a aquel capuchino coronel que incitaba a los pardos a "degollar a todos los republicanos de siete años para arriba".
            Pero la represión es incompetente para doblegar la voluntad de un pueblo decidido a alcanzar su libertad y organizarse de acuerdo a sus aspiraciones.
            Mientras Mariño y sus comandos orientales ingresan al país desde Trinidad, en Maturín después de la derrota y ejecución del coronel Manuel Villapol, bajo cuyas órdenes sirvió José Tadeo  Monagas  hasta  la capitulación de Miranda,  un  grupo de patriotas  intentaba reorganizarse para defenderse de la amenaza que significaba el avance desde Cumaná del comisionado militar de Monteverde,  Francisco  Javier Cerbèriz. Al  respecto dice  José Tadeo  Monagas, "habiendo sabido que el español Cervèriz venía  a Maturín  para aprehender todos los patriotas, principalmente  los que  habían sido oficiales, nos reunimos una partida para  quitar los  prisioneros  que aprehendiera; pero como lo  supo  no  quiso hacer  novedad y se fue para Cumaná".[4]
            Pocos días después de esta situación referida  por Monagas, específicamente el 13 de enero de 1813, Santiago Mariño se  apodera de Guiria. Cervèriz, a la postre en Cumaná, se  olvida de Maturín y con todas las fuerzas a su disposición, se  adelanta hacia Yaguaraparo a tratar de contener a los invasores. Pero  una descomunal  fuerza telúrica llamada José Francisco Bermúdez,  con poca experiencia militar, le derrotó e hizo retroceder.
            Mientras  tanto,  Maturín  está  bajo  el  control realista.  El  oficial español Francisco Hurtado,  enviado  desde Barcelona  por Fernández de la Hoz, había ocupado la  ciudad  del Guarapiche.
           Breve tiempo después Mariño despachó a Maturín una fuerza  al mando de Bernardo Bermúdez, miembro de  la expedición sobre  Chacachacare  y  hermano de José  Francisco  Bermúdez, compuesta por "una columna de 200 hombres."[5].
             Al respecto, dice J.T. Monagas que al saber  ellos de la presencia y victorias de los expedicionarios comandados por Mariño  en la costa oriental, "tratamos entonces  de  solicitarlo para reunirnos, como lo hicimos luego que el señor Mariño recibió nuestra invitación y mandó al comandante Bernardo Bermúdez con 60 hombres,  quien vino por caño Colorado y ocupó la  plaza". [6] 
            A partir de este momento, uno siente la  presencia de aquel jovencito de veintidós años que con todos sus hermanos, principalmente de Miguel y Pedro Sotillo, se incorporó  temprano a las fuerzas de José Tadeo Monagas. y es natural pensarlo  así, pues  Fernández de la Hoz, jefe militar y político  de  Barcelona desde  el  año  anterior, ha desatado sobre  todo sospechoso  de inconforme  una tenaz persecución. Los hermanos mayores  de Juan Antonio Sotillo, desde los primeros momentos de guerra, se incorporaron a las fuerzas proindependentistas y la represión tuvo que llegar  con saña a aquella encrucijada del llano, de la dinámica económica  y  de la libertad que formaban Aragua de Barcelona  y Santa  Ana. Por ello, Juan Antonio debió irse temprano, como  era habitual  en  aquella  época y circunstancias, a  los campos  de batalla.  Además, para 1813 cuando los hombres de Mariño tomaron Guiria y José Tadeo volvía a la guerra en Maturín, bajo el  mando de Bernardo Bermúdez, ya Juan Antonio Sotillo, el menor  de  los Macabeos, tenía  veintidós años. Por eso, todo autor que  en  su obra  menciona,  aunque sea ligeramente  al  caudillo santanero, asienta que para ese año, éste ya andaba con José Tadeo Monagas y sus hermanos, formando parte de las libertadoras.
              Bernardo Bermúdez, envió a Monagas con una modesta fuerza  a la toma de las márgenes del río Morichal Largo  y días después,  "recibí  órdenes de mi jefe para  marchar  sin  perder momento  sobre  la  plaza de Maturín, lo que ejecuté  yo  con  35 hombres, y al siguiente día entré en la plaza donde no hallé más que ocho (8) artilleros y doce (12) soldados enfermos, porque los 200  hombres,  que  eran toda la fuerza de la  plaza  los habían dirigido a las órdenes del comandante Piar sobre Aragua de Cumaná para  batir  al tirano Zuazola que por allí nos  invadía".[7]  
              (Esta  situación  descrita a su  manera  por  J.T. Monagas,  muchos  años después del fin de la guerra,  se  explica porque esos días, el general Santiago Mariño, envió al legendario Manuel Piar a reforzar la plaza de Maturín).
            El  mismo día que Monagas arribó a Maturín  (19-3-1813), Lorenzo Fernández de la Hoz, llegó a los alrededores de la ciudad,  procedente  de Barcelona, intentando romper  el  segundo frente  que  los  patriotas orientales trataban  de  estabilizar después  del  arribo a Chacachacare; y la situación  se presentó desesperada,  pues  apenas 56 hombres conformaban la  fuerza  que Bernardo Bermúdez contaba para defenderse.
           José Tadeo afirma que el comandante Bermúdez,  por súplica suya mandó a "retroceder nuestras tropas que se  hallaban a 8 leguas distantes", Piar con prontitud retrocede y el día 20, 256 patriotas comandados por Bernardo Bermúdez y Manuel Piar, derrotan  a  de La Hoz en las afueras de Maturín.  Mientras  eso sucedía, Zuazola  se divertía desorejando ancianos, mujeres  y niños  en Aragua de Barcelona.
             El  19  de  abril, Lorenzo Fernández  de  la  Hoz, vuelve  sobre la heroica ciudad del Guarapiche al mando  de 2000 hombres; le acompañaban Remigio Barbadillo y Antonio Zuazola.
             La  carga de caballería patriota, como  las  veces anteriores, estuvo por encima de la resistencia enemiga en  aquel nuevo día victorioso en Maturín.
            Pero  no  hay descanso, Monteverde  se  empeña  en detener  al ejército oriental en Maturín; el envión que viene  de Chacachacare amenaza con desbordar el control de Monteverde en el lado oriental y establecer vínculos con las provincias vecinas.
             Mientas estos acontecimientos se producen rápidamente,  en el este de Venezuela, Bolívar se mueve inquieto en  la Nueva  Granada. En abril invade por el oeste y desde Cúcuta,  se lanza con encendida pasión hacia el corazón del territorio nacio­nal,  dando  inicio  a la heroica acción que se ha llamado  "La Campaña Admirable".
            Y Monteverde está al tanto de los movimientos  del futuro Libertador. Por eso, quiere someter a Maturín para  evitar el encuentro de las fuerzas venezolanas que de uno y otro  lado, avanzan de victoria en victoria hacia el objetivo común,  liberar el territorio venezolano.
            Por esto, el 25 de mayo, Monteverde aparece frente a Maturín comandando una fuerza de 2 mil hombres. Pero afortunadamente,  el  ejército patriota que resistía con valentía en  esa ciudad,  alcanzaba la cifra de 800 combatientes. El combate  fue fiero.  Ambas partes sabían bien lo que estaba en juego. Por  eso procuran  hacerse el mayor daño posible. Tronaron los cañones  de lado  y  lado  intentado desbaratar al enemigo.  Y mientras  los artilleros  hacían los preparativos para lanzar sus destructoras cargas,  la caballería arremetía con fuerza y trataba  de  abrir brechas en el frente contrario. Ocho horas duró el combate que se inició  a las ocho de la mañana y finalizó a las 4 de  la  tarde, cuando  las fuerzas de Monteverde se retiraron en desorden; y  la premura  en  la huida fue tanta que el  comandante hispano dejó hasta sus prendas personales.
            Y en estas jornadas memorables de Maturín estuvieron  los "Macabeos". Los Sotillo; Pedro, Miguel, José y hasta  el menor  de  ellos, Juan Antonio, formaron parte de  los gloriosos lanceros de a caballo que muchas veces decidieron las contiendas.
            En  aquellos inolvidables momentos de Maturín  que contribuyeron al fortalecimiento de las fuerzas  que avanzaban desde  Guiria e Irapa y permitirían más tarde  que Mariño  tomase Cumaná  y  obligase a Antoñanzas a abandonarla, e  incluso  dejar libre  la  entrada  de Piar a Barcelona,  Juan Antonio  Sotillo, habiendo  cumplido  22 años, desempeñó su papel  de soldado  de caballería  en el ejército patriota. Así, también dio comienzo  a una  larga  jornada de servicio al mando del  general  José Tadeo Monagas.
            Después  de la toma de Cumaná y Barcelona, Mariño reorganiza sus fuerzas y se dispone a marchar en  campaña  hacia occidente.  José Tadeo Monagas es incorporado, con los hombres  a su  mando, a esta expedición. Estando el oriente bajo el control de  las tropas nacionales, al mando del general Mariño, nada más natural  que prestar ayuda a las fuerzas del centro  y occidente desde distintas direcciones.
           Y  hacia el centro marchan las fuerzas de  Mariño; José  Tadeo  Monagas, en la Villa de Aragua,  es  designado  para integrar  la dirección del centro del ejército; estando en  Valle La  Pascua, Mariño le designa comandante del  "séptimo escuadrón del  ejército" [8] y con él, a su lado  y como  al principio van los "Macabeos". Entre ellos marcha Juan Antonio en su caballo y su inseparable lanza.
            Mariño  continúa  su avance  sin tropiezos;  toma hacia  Villa  de Cura, buscando entrar en los valles  de  Aragua; cerca  de aquel pueblo aragüeño, en el sitio conocido como Bocachica,  las  fuerzas  orientales se topan con las  de  Boves. El asturiano venía de San Mateo y se vio obligado a entablar combate con  las  fuerzas de Mariño. Allí, los  orientales derrotaron  a Boves  en  un  combate que duró "hasta las cinco  de la  tarde".[9]










[1] Parra Pérez, Carracciolo, “Mariño y la Independencia de Venezuela”.Tomo I Edición Cultura Hispánica. Madrid 1954
[2] Tavera Acosta, Bernardo. “Anales de la Historia de Guayana”. Página 115.
[3] Ídem. Página 115
[4] Monagas, José Tadeo. “Relación del General José Tadeo Monagas de sus servicios en la Guerra de Independencia”. Tomo 109. Academia Nacional de la Historia. 1945. Página 62
[5] Gómez, José Mercedes Dr. “Historia del estado Sucre” Página 110.
[6] Monagas, José Tadeo Ibíd. Página 62
[7] Monagas, José Tadeo. Ibídem Página 63
[8] Ibídem
[9]Ibídem Página 65