viernes, 5 de febrero de 2016

BOLÌVAR Y EL FEDERALISMO




ELIGIO DAMAS 

               Bolívar  tuvo  una actitud  militante  contra  las definiciones de federalismo que se hiciesen o se quisiesen  hacer en  nuestras Constituciones; frente a ello siempre  planteó como alternativa  el  centralismo. Desde 1812 en  el  "Manifiesto  de Cartagena" comienza a expresarse en este sentido.
               En  este artículo comentaremos los argumentos  que maneja en el documento mencionado para oponerse a esa definición política organizativa de la Constitución de 1811. En ella, en  la parte preliminar se dice, "conservará cada una de las  Provincias que la componen (La República), su soberanía, libertad e independencia”. En consecuencia, cada provincia tendrá el derecho  de organizarse  políticamente  de  manera  independiente del  poder nacional.
              Dijo el Libertador, con respecto a esa declaración que, "El sistema federal, bien sea el más perfecto y más capaz de proporcionar la felicidad humana en sociedad, es no obstante,  el más opuesto a los intereses de nuestros nacientes Estados".
               La verdad que contiene ese juicio del  "Manifiesto de Cartagena" es irrebatible, pues el federalismo de la Constitución de 1811 fue copiado de la norteamericana que para nosotros, nacientes  Estados,  era una formulación política susceptible  de favorecer el caudillismo provincial en detrimento de la seguridad nacional y la independencia.
               Y es fácil entender esta afirmación, porque Venezuela se caracterizaba por la mezcla confusa de rasgos feudales y esclavistas  en  su estructura económica. Para 1800 había  en  el paìs cerca de 200 mil esclavos e indios tributarios y la  mayoría restante  del  sector laboral giraba en torno  al propietario  o propietarios del medio de producción más importante, la tierra.
               Bolívar comprendió sin dificultad y así lo expresa en el documento que estamos comentando, que el federalismo fue un inconveniente para la movilización del pueblo en la defensa de la primera República y sirvió para estimular las pretensiones personalistas.
               Sabía también que la propiedad territorial  estaba en manos mayoritariamente no afectas a la causa republicana. Aún más,  creyó  que por esto el sistema electoral era un obstáculo peligroso. Según opinaba, "los rústicos del campo votan maquinalmente, sin conciencia"; de esa manera, estaba sugiriendo que  los propietarios  fácilmente podrán  manipular a  los electores  y entonces  se  corría el riesgo que el gobierno quedase,  por  vía electoral, en manos de desafectos a la causa.

                        Diario de Oriente
                        Columna: Ayer y Hoy.






jueves, 4 de febrero de 2016

EL PAPA FRANCISCO DEBE REABRIR "EL LIMBO" PARA EL GENERAL OSORIO


ELIGIO DAMAS


            El Papa anterior, cuyo nombre como pastor de la iglesia católica universal no recuerdo, ni quiero averiguar, porque pasó fugaz y sin hundir en la tierra sus pasos ni la punta del cayado, o báculo inherente a su dignidad de pastor de almas, eliminó el limbo, justamente el asunto único por el cual le recuerdo ahora. Era el limbo aquel espacio entre la vida y la muerte donde iban los niños no bautizados; distinto aquel destinado como asiento provisional de aquellas almas sobre las cuales aún no había una decisión, absolución para dirigirse al cielo o condena para hundirse en las pailas del infierno que llaman purgatorio; o lo que es lo mismo, en donde se está como entre tercera y el plato.
           Uno no sabe ahora donde se hallará aquella multitud de almas infantiles e inocentes. Aunque no se los imagina como refugiados que ahora atraviesan el mar Mediterráneo en busca de la paz, la vida y hasta lo más elemental, como comida. Si por Francisco fuera, como lo ha dejado ver, ese asunto o situación dramática y por demás injusta no existiera, lo que revela que su poder no está en la tierra y entre los vivos. De donde uno supone que Francisco está seguro que los niños muertos no bautizados, asunto que de ser un pecado no les compete, de una vez van al cielo por inocentes y de por sí santificados.
           Pero en el lenguaje coloquial, por lo menos venezolano, estar en el limbo es también estar en “la luna”, encantado, distraído, amarrando la perra o haciéndose el “musiù” o simplemente el loco. Uno se hace el loco generalmente porque le conviene, por no meterse en vainas o meterse una vaina. Generalmente las agallas del tipo, suelen aconsejarle hacerse el loco, mirar para allá, en la dirección opuesto a la de donde pasa el contrabando, si no es él mismo el ejecutor de la trampa o la picardía, para que la caja suene.
            El general Osorio, cuando en Barcelona el presidente Maduro “montó en cólera”, por lo menos eso pareció, al observar el lamentable estado en que se hallaban los Supermercales Bicentenario de esta ciudad y Puerto La Cruz, hace ya más de dos años, se hizo el musiù, como que nada sabía de eso, estando en el cargo desde largo tiempo atrás. Por aquel desastre que, según se dijo fue el producto de la desviación de recursos destinados a poner orden y hasta higiene en aquellos espacios, se llevaron presos por unos pocos días a unos tres funcionarios de bajo nivel puestos en libertad con prontitud porque sólo eran unos simples pagapeos. ¿Y Osorio que hizo? Pues que uno sepa, el loco. Tanto que todavía el local de Barcelona sigue en el mismo lamentable estado de descuido, desidia y desaseo y sólo llegan pocas cosas. Si usted entra allí, observará un cuadro de caos. ¿Y Osorio? En el mismo estado, haciéndose el loco.
            Los medios acaban de informar que unos cuantos, mucho más que aquellos tres pendejos que pusieron presos por lo de Barcelona, y de un nivel muy alto, fueron detenidos acusados de varios delitos como el desviar productos de Mercal y CVAL a las redes de distribución privadas, irregularidades muchas, lo que incluye promover el bachaqueo. Pero además de lo dicho, hay en común que todos ellos, según la prensa, estuvieron bajo la supervisión, mandato o subordinación por años, en distintos cargos, del general Osorio. Al parecer, para donde a éste enviaban, iban aquellos como en cadena; circunstancia demasiada   azarosa como para ser cierto o, demasiado real para considerarle azarosa.
           Sería una manifestación descarada de mala fe de nuestra parte pedir que por lo que los subalternos y escogidos reiteradamente por Osorio mal hicieron, éste pague. No es extraño que  en quienes confió abusasen de él y los bienes del pueblo. Por lo menos así será hasta que se pruebe lo contario. Pero no parece excesivo o cruel que digamos que el general Osorio, pese su alto nivel jerárquico militar, vive en la luna, porque en el limbo no, pues este espacio lo eliminó el Papa anterior. Por ese estar extasiado en el satélite terrestre sus más cercanos colaboradores le robaron primera, segunda, tercera, home y hasta las almohadillas y de paso, muchas veces, dejaron el plato del pueblo vacío.
        Pero es por demás pecaminoso que un general sea tan descuidado, en exceso confiado con la gente a su mando, sin cuidar como debía lo puesto a su resguardo. Entonces ¿con quién cuenta la república y la revolución?
       De donde uno concluye que el general Osorio alguna culpa tiene, pues en el menor de los casos, haber bajado la guardia cuando no debía, estar pensando en pajaritas preñadas mientras descaradamente le robaban el home, es un enorme descuido y sin duda un pecado que se debe pagar. Claro, mientras esto se dilucida, el Papa debe reabrir el limbo, pues el purgatorio, no corresponde por ahora a Osorio por causa de lo sucedido o hecho por los suyos de manera reiterada y continuada, estando ellos bajo su supervisión. Si eso hace Francisco, Osorio allí estará por largo tiempo y eso nos daría cierta tranquilidad; no correríamos el riesgo que lo enroquen.

             Observen que por los niños muertos sin ser bautizados, como ya dijimos, no vale el limbo, pues de hecho son santos. Pero para el caso del General Osorio es pertinente.

martes, 2 de febrero de 2016

EL MARISCAL SUCRE O CUANDO LOS GRANDES SE CRECEN EN LAS DIFICULTADES


ELIGIO DAMAS


            Hoy 3 de febrero, se cumplen 221 años del nacimiento del Mariscal Sucre. Me formé en una escuela, que nada tenía de revolucionaria por definición y disposición estatal pero con unos maestros, aunque de pocas credenciales o, para mejor decirlo, de papeles y pergaminos, pero altísimo nivel pedagógico, cultural, profundo amor por la gente, sus alumnos, la patria, valores o comprometidos con el destino de ella. De las manos de aquellos quijotes de su tiempo, como antes                                                                                                                                                                                                                                   lo fue Simón Rodríguez, para quienes la escuela no era un negocio o sólo manera de ganarse la vida, pese las limitaciones de aquellos gobiernos,  sin esos papeles que les acreditasen como egresados de posgrados de la Sorbona u otra prestigiosa universidad extranjera, obtenidos justamente con la ayuda de los gobiernos a los cuales generalmente decían combatir, pudimos formarnos la idea del país que queríamos, valorar e internalizar las grandiosas ideas de los padres de la patria, los libertadores. Por eso, en Cumaná, para hablar de mi espacio o mi “patria chica”, asunto que esos posgraduados suelen minimizar por intelectualismo, aprendimos a amar y valorar como les corresponde a los héroes nacionales y particularmente al Libertador y a nuestro “Toñito” Sucre. Además del Manzanares, el generoso y bello espacio marino y la historia heroica de aquella tierra, los maestros fueron claves en formarnos ese profundo amor por la tierra que siempre nos anima.
            El mismo Mariscal nacido en la que Andrés Eloy Blanco, otro de los ilustres hijos, llamase ciudad “Marinera y Mariscala”, dijo en una carta dirigida a la municipalidad de Cumaná, escrita en el Potosí el 1ª de octubre de 1825:
            “En medio de los favores que la fortuna ha querido dispensarme en la guerra al sur de Colombia y en la del Perú, jamás he tenido sentimientos más agradables que los recuerdos de la tierra de mi nacimiento. Yo no decidiré cual objeto me ha estimulado más en mis trabajos militares, si el patriotismo, la gloria o el anhelo de buscar la paz con la esperanza que ella me restituya donde mis amigos de la infancia. Puedo asegurar que Cumaná nunca se separó de mi corazón”.
            Aquel gran guerrero, fue amplio como para concebir el tratado de regularización de la guerra, firmado entre Bolívar y Morillo en Santa Ana en 1821, que entre otras cosas dispuso algo inconcebible en el mundo hasta ese momento, “todo militar o dependiente de un ejército tomado en el campo de batalla aun antes de decidirse ésta, se conservará y guardará como prisionero de guerra, y será tratado y respetado conforme a su grado hasta lograr un canje”.  Tratado que a Bolívar hizo decir: “Este tratado es digno del alma del general Sucre; la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron”.
            El tratado al cual hemos hecho referencia antes tiene tanta importancia y trascendencia que el historiador ecuatoriano Jorge Salvador Lara dijo sobre el mismo:
           “En el camino recorrido por el hombre para llegar al moderno “Derecho Internacional Humanitario”, corresponde el singular honor de pioneros a los miembros de la Comisión hispano-colombiana que en Trujillo suscribieron aquel primer tratado bilateral para la regularización de la guerra, presidida por los generales Ramón Correa, español y Antonio José de Sucre, gran colombiano. Particularmente éste, que redactó las bases para la discusión de aquel célebre convenio que puso fin a la guerra a muerte…”.
            Fue el mismo hombre que siendo general del ejército fue enviado dos veces a la retaguardia a organizar  el ejército y supo entender aquellas decisiones que pudieron ser tomadas por otro que no hubiese sido él, con humildad, como afrenta o descalificaciòn y, por el contrario, supo actuar de verdad y con coherencia con aquella frase casi de adorno para muchos, “todo soldado de la revolución debe cumplir su deber sin importar dònde y en qué condiciones debe combatir”. En los dos casos cumplió a cabalidad y con la eficiencia que le era habitual para volver con honor a los puestos de comando que le estaban destinados. Gestos que Bolìvar supo valorar, tanto como para ayudarle a llegar al sitial que que le asignò la historia.
        Cuando el 9 de diciembre derrota en Ayacucho al virrey La Serna, apenas contaba con 6 mil hombres mientras su contrincante dispuso de 10 mil combatientes. Ante aquella desventaja, el gran cumanés desplegò todo su talento y capacidad guerrera, llevó al enemigo a grandes marchas hasta agotarle. De aquella proeza dijo Bolívar: “Ayacucho es la desesperación de nuestros enemigos. Ayacucho, semejante a Waterloo, que decidió el destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas”.
        Aquel talentoso y arriesgado Mariscal, ante las serias dificultades que confrontaba la Gran Colombia para 1827, dijo en carta al Libertador: “Todos los americanos hemos construido nuestros edificios políticos sobre arena, y cualquier audaz de un empujón puede botarlos”. ¡Cuánta vigencia tiene esta frase en la Venezuela y América de ahora, aquella que Bolívar solía llamar “antes española!”.
      Honor a ese Mariscal quien además, siendo casi un niño estuvo bajo las órdenes de Miranda, con quien aprendió la idea de la gran patria americana, que pese a haber combatido al lado de Mariño, Bermúdez, estar con ellos en la gran y admirable campaña de oriente, supo entender la posterior prédica bolivariana de la “gran Colombia” y convertirse en el más leal y cercano al pensamiento del futuro Libertador.

          El 4 de junio de 1830, en la montaña de Berruecos le dan muerte de manera cobarde. Todos aquellos que han hablado del asunto no han dudado de calificarle como un asesinato por encargo, un crimen político,  una brutal decisión para golpear a Bolívar y su proyecto, deshaciéndose de su más leal colaborador y su indiscutible sucesor. Pero aquel golpe también lo fue contra el destino que debió conducir a la unidad de la América nuestra y concebida para evitar que las fuerzas externas nos sometiesen y nos hiciesen su patio trasero.

domingo, 31 de enero de 2016

MADURO, CONGRESO DEL PSUV O "NO ME DEFIENDAS COMPADRE".


Un congreso gatopardiano

Eligio Damas

            El presidente Maduro, luego de los resultados electorales del 6D, convocó de urgencia al Congreso del Psuv, integrado si no por las mismas personas del anterior y, responsable también de lo acontecido, sin duda bajo el mismo criterio. Anoche, hablo  del viernes 29 de enero, se volvió a reunir dicho organismo y una joven, a quien nunca antes había visto y de quien nada conozco, ni siquiera su nombre,  sólo sé que la victimizaron, como al presidente mismo, leyó las conclusiones de aquel evento.
            Uno pudo ver allí presente, por las pantallas de televisión, una enorme cantidad de altos funcionarios del gobierno; tantos que pudiera pensarse en una nutrida asamblea de ellos, que incluyó gobernadores y alcaldes, y como ya dije o sugerí, pudo todo el mundo enterarse de las decisiones tomadas en ese congreso. Ante estas dos circunstancias, rostros y resultados, se me salió la expresión de aquella vieja película de 1949, del comediante mexicano Germán Valdés, mejor conocido como Tin Tan, “¡No me defiendas compadre!”.
            Con anterioridad plantee la pertinencia de convocar un congreso, pero uno nuevo, elegido bajo bases distintas; como las de elegir delegados con toda libertad sin la intromisión de funcionarios nacionales, regionales y sin la intermediación de los recursos por ellos manejados. Una elección sin la contaminación de la burocracia.
            Luego en artículo reciente, de dos días atrás, dijimos: “No basta tomar caminos con la misma arrogancia del pasado. Hay que buscar acuerdos en el seno de ese universo (me referí al chavismo) y eso pasa por discutir con realismo, sin pensar en pajaritas preñadas, sino con los pies puestos sobre la tierra y hablando claro, sin irse por las ramas, como para quedar bien “con Dios y con el diablo”.
          Dijimos además, “Hay que revisar todo, pero no a lo Gato Pardo, para seguir como veníamos y con quienes venían al frente”.
          Los “compadres” del Congreso reunido recientemente actuaron como aquel de Tin Tan, quien lejos de defenderle, actuaba más bien como para condenarle o dejarle se hundiese en el precipicio. Por eso señalè que, a la joven a quien pusieron a leer las conclusiones y al presidente, el congreso les victimizó.
           Ese congreso, de supuestos chavistas, irreverentes, como Chàvez solìa adjetivar, revolucionarios, llegó a unas conclusiones como dictadas desde las alturas del poder. Su diagnóstico sobre la coyuntura económica, no es idéntica, sino la misma que el gobierno ha esgrimido; todo lo acontecido desde 1998, hasta acá, es culpa de la guerra económica. El gobierno no ha errado en nada; ni siquiera ha sido indeciso, incompetente y agobiado por la corrupción. Sólo ha sido una mansa paloma víctima de los “Rambos” que le combaten, le hacen la guerra y no le dan cuartel y, eso de dejarse acorralar habiendo manejado una fortuna incalculable, no es censurable sino motivo de compasión. No hay nada que corregir, sino apoyar una emergencia que retorna al pasado, 1998, y nos habla que se agotó el modelo rentista, una cosa que sabíamos desde que comenzamos caminar e internalizamos cuando nos salieron los dientes.
          Como nadie se equivocó, pecó por ineficiente, no hay quien haya robado ni metido la pata hasta más allá de las rodillas, no hay responsables, sino héroes. Dirigentes a quienes hay que eternizar o atornillar en los cuadros de mando.
          Aquello de empoderar al pueblo, abrirse a la opinión de todos, a la libre elección popular para el congreso son banderas tiradas a la basura. Al contrario, hay que centralizar y empoderar a los ungidos, tanto como al presidente Maduro, quizás hasta sin que él no lo haya querido así, el congreso de “revolucionarios”  le da la facultad de nombrar las autoridades del partido, que según los estatutos deberían ser electas “en libres comicios” para que las escoja a su saber y entender.
          El presidente, sin medir las consecuencias de lo que podría ser una trampa, opta por designar 24 altos dirigentes, contraviniendo los estatutos y además, tan malo como lo anterior, vuelve a poner a “jefaturear” a los mismos de siempre. Sólo que esta vez, a lo Gato Pardo, se hace una jugada como infantil para simular un cambio, al gobernador de un Estado le pone de jefe del partido en otro. ¿Es una manera infantil de hacernos creer que ahora los gobernadores no seguirán siendo, lo que ha sido indebido, los jefes del Psuv en su Estado? ¿Cómo puede un gobernador, agobiado con las responsabilidades que tiene, ser responsable del partido en otro? ¿Cómo puede Yelitza Santaella, actual gobernadora de Monagas,  sólo por nombrar un caso simbólico, donde la oposición ganó de abuso, responsabilizarse por el partido en Sucre donde el chavismo, quizás no como antes, ganó las elecciones? ¿Ahora será de hecho jefe en Monagas y de derecho en Sucre?
         ¿Por qué esa persistencia en colocar al partido en segundo plano, como al servicio de la burocracia? ¿Será por hacer indebido honor a la palabra SUBORDINACIÒN que tanto se menciona en los estatutos? ¿Evaluó, siquiera un momento, el congreso, la pertinencia de tal proceder?
           La figura del Secretario Ejecutivo del partido,  según la revisión que hice, no existe en los estatutos, aunque estos prevén en el artículo 13 que la Dirección Nacional puede determinar o crear otros cargos, pero aún así quedaríamos sujetos a lo previsto en el artículo 4ª, donde se establece el “carácter electivo de todos los órganos de dirección”, lo que priva también para los 24 vicepresidente que mencionamos arriba. De modo que mal se procedió al nombrarlos ejecutivamente ignorando lo previsto en los estatutos y a la militancia toda.
        Es más, lo previsto en los artículos 12 y 13 de los estatutos que demandan una lucha a fondo contra el burocratismo y la corrupción, no generaron en esos congresistas, que parecen otra cosa, como burócratas, por decir lo menos, ninguna mortificación o ánimo de corregir o enmendar.

         Lo que demandan las circunstancias, porque lo que es bueno para el pavo lo es para la pava, es la convocatoria de una constituyente psuvista chavista que convalide esa consigna o llamado del presidente a REBELIÒN. 

viernes, 29 de enero de 2016

ANTE LA COYUNTURA, OPINIONES DE JULIO ESCALONA, FERNANDO SOTO ROJAS Y TOBY VALDERRAMA. ¿QUÈ HACEMOS?


ELIGIO DAMAS


            Abordar el asunto sobre el qué hacer parece complicado. Hay los habituales intereses de por medio y también el temor a definir o proponer cosas concretas por temor a viejos compromisos envueltos en discursos viejos muy duros y apuestas a expectativas que están muy internalizadas en el común de la gente que acompaña este proceso y ha acompañado por años a actores muy importantes como quienes en este artículo se mencionan; temores más acendrados entre quienes antes propusieron y ahora pudieran volver a proponer que entre quienes fueron simples receptores y observan con una hasta profunda angustia. Hay temor de llegar a las raíces del mal y revisar todo el proceso.
            Acabo de leer un artículo de mi viejo amigo y compañero de los tiempos del MIR, Julio Escalona, donde al hablar del cambio de modelo, lo hace de manera excesivamente cuidadosa, tanto como para no abordar o pisar terreno espinoso, ese de las definiciones o proposiciones sustanciales en este momento.
           El modelo al cual se refiere Escalona es el mismo que señaló Aristóbulo Isturiz, el de moda; el de un país que optó por décadas, desde comienzos del siglo pasado a vivir de vender petróleo e importar hasta donde aguantara el ingreso de divisas. Pero eso, de dejar el modelo rentista,  es otra propuesta distinta a la que el Presidente Chávez hizo al país de hacer de la sociedad nuestra una socialista. Por supuesto, todo el esfuerzo que esta meta implicase aun en su arranque, debió empezar por crear las bases materiales necesarias y esto, perdonen el simplismo, debió empezar por la tarea que debía conducirnos a desligarnos de la yunta petrolera. Justamente esa yunta, como la he llamado, en gran medida impulsó, en primer tèrmino, a Chávez a aquella aventura que terminó con “Por ahora”. Por eso insistiré que decir, después de 18 años de iniciado el proceso bolivariano, no tengamos más opción que buscar eso, es como un reconocimiento de fracaso o una confesión de incumplimiento. ¡Claro que debemos insistir en cambiar el modelo rentista petrolero! Eso sigue vigente; tanto como ahora más que nunca, pero no puede reconocérsele al gobierno como un triunfo que, después de lo acontecido, tanto tiempo después, en un recodo del camino, nos salga con esa conclusión y nos vuelva a proponer la misma meta. Como pedirnos “time”, en un momento alto del juego, y luego que volvamos a empezarlo. Creo a gran parte de la dirigencia, a la que se puede, por razones comprensibles, hay que pedirle cuentas, solicitarle que abra espacio, asuma una actitud humilde y reconozca, de la manera más coherente, que no estuvo a la altura del compromiso. ¡Se le acabó su cuarto de hora!
            Por eso, en artículo anterior, elogiamos la sinceridad de Aristóbulo al reconocer que, en materia económica, estructural, el gobierno no hizo lo que se debía para lograr romper con el rentismo en torno al combustible.  Y no hacerlo, poner énfasis en otras cosas, como la preocupación electoralista y clientelar, condujo al actual estado de cosas.
            El Ing. Francisco Natera, quien fuese figura importante durante un tiempo considerable del gobierno del presidente Chávez, en el programa de Vladimir Villegas, hoy jueves 28 de febrero, recordó que en una reunión con empresarios, el primer gobernante, además de calificarla o llamarla “constituyente empresarial”, solicitó, en una situación relacionada con el precio del petróleo similar a la de ahora, le presentasen propuestas para afrontar la coyuntura. Informó además, como ellos, los empresarios, hicieron sus propuestas que a nada condujeron y eso sucedió en medio del arranque de los precios petroleros, aquel que llevó el barril hasta casi 140 dólares. Es decir, la actitud o estrategia del gobierno, si lo relacionamos con lo dicho por Natera, parece, por decir lo menos, asociada al negocio petrolero o al sobre valorar el significado de aquella renta cuantiosa. Quienes como Aristóbulo hablan del fracaso del “modelo rentista petrolero”, están admitiendo que quienes en él confiaron el destino nacional se equivocaron. Es decir, parece darle más valor a lo comentado por Natera. Pero lo malo no estuvo en intentar afincarse en los altos precios del petróleo sino en lo que se dejò  de hacer.
          Pareciera que entonces el precio del petróleo produjo un cambio en la estrategia, como también parece que lo está imponiendo ahora en sentido contrario. ¿Es valedero pensar que el gobierno ha dudado o vacilado en tomar decisiones, medidas que una buena cantidad de especialistas han recomendado en los dos últimos años, por soñar que de un momento a otro regresen los altos precios del combustible? Es obvio que, pese los errores y la pérdida de tiempo, siempre es el momento de corregir los entuertos. Pero vale preguntarse ¿con quién entonces vamos?
         Pareciera también, que aquella bonanza petrolera generó la falsa idea que se podía cambiar la mente, el pensar, como sembrar eso que Gramsci llama la hegemonía en la mente de la gente, mediante el estímulo consumista, el fácil proceder y ponerle al alcance los bienes de la misma manera. Como si la cultura del revolucionario y el sentido de clase, soberanía e independencia su pudiesen adquirir como si fuesen una nevera, televisor, tableta o celular. Porque si a algo condujo el rentismo petrolero de este tiempo fue a un consumismo desorbitado, que hasta exportamos; si no lo creen pregúntenle a los cubanos que cada cierto tiempo, lo que no significa breve, mandaban o llevaban a su país montones de mercancías obtenidas fácilmente, a ínfimo costo,  aunque a alguien pudiera ocurrírsele que eso no tuvo un impacto cuantitativamente significativo en nuestras finanzas. ¿Qué cambio, aunque pequeño, pudo inducirse en la isla?
             En esta etapa, como en época del Dólar 4.30 o “tà, barato dame dos”, de la IV República, los venezolanos, en gran magnitud se volvieron viajeros y ansiosos de dólares; la expresión singular “voy a solicitar mis dólares”, se volvió cotidiana. Mientras tanto, desde el gobierno y muchos de nosotros, aunque de manera muy comedida, decíamos que estábamos en proceso de transición, como para no desentonar.
           Dejamos para tocar aparte, como la corrupción y los corruptos, de adentro y fuera del gobierno, trabajando en llave o por separado, se engulleron en buena medida la renta nacional y con ella gran parte del ingreso de divisas. Ellos aprovecharon el festín consumista e importador sin medida ni recato, de comprar lo que fuese,  para esquilmar en definitiva a los venezolanos y volvernos, al final del camino, al regreso, a buscar la vía que pelamos desde atrás y hace tiempo.
            Ahora nadie quiere asumir el asunto como es. Escalona, quien forma parte de la gente en quien creemos, no lo hace, por lo menos como uno espera. Quizás mi querido viejo amigo, siente el peso de la responsabilidad y procura ser discreto. No quiere aparecer en el desagradable y como oportunista rol de acusador. Parece evadirse y deja de llamar las cosas por su nombre.

          El Toby Valderrama, primero llama a Diosdado a no pelearse con Ramos Allup, porque “este modelo es insostenible”; pues las expectativas de consumo material, según dijo, son insaciables y “al intentar ganar las elecciones de forma clientelar creamos un piso de egoísmo que ahora nos dificulta cualquier avance”. Lo malo en lo que dice el Toby, está en sostener que eso comenzó desde que Maduro llegó al gobierno. ¿Pero qué ofrece el Toby? A mi parecer lo mismo de siempre, envuelto en la frase del 15-01-16, según la cual no hay más que hacer, por  lo cual invitó fraternalmente, cosa extraña, a Diosdado, a:
              “Reagruparse alrededor del presidente Maduro y juntos construir una respuesta a la situación, definir una ruta, corregir el rumbo que es de derrota inevitable, retomar el Plan de la Patria, el rumbo al socialismo”.
            La frase es como muy bonita, sin dejar de ser un lugar común, pero lamentablemente le invita a uno a preguntarse, muy pedestremente, como una vez lo hiciese Luis Miquilena, ¿con qué se come eso? ¿Cuál es el camino? En concreto ¿Qué hacer? ¿Cuál es la traducción de eso? ¿Acaso en las viejas formas de lucha del pasado? ¿Qué medidas tomar? ¿Cómo activar la producción? ¿Cuál moral hay en la calle para sustentar el llamado de Toby? ¿Acaso, como el mismo dijo, no creamos un sólido piso de egoísmo?
             Al respecto ha dicho Escalona, en una reciente intervención en un foro en Puerto La Cruz, que debemos pensar en contrario a la célebre frase de Car Von Clausewitz, según la cual “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Dijo además Escalona “vivimos en una guerra permanente y nuestro objetivo es la paz”. Y agregó, “ellos siempre tendrán más armas que nosotros”.
          Pero el mismo Valderrama, exactamente 11 ò 12 días después de lo que antes dijo, parece corto tiempo para tan grande cambio, optó por un discurso diferente y sustentò:
         “Es asombrosa la facilidad y la rapidez con la que los           encorbatados del alto gobierno se deslizaron al capitalismo”.
           Para agregar luego:
           “Hay una feroz batalla entre dos fracciones capitalistas: la de              la MUD enfrentada a la alianza gobierno –Fedecàmaras”.
           Según esta sentencia de Toby, su llamado a Diosdado a rodear a Maduro ya perdió vigencia. ¿Entonces? ¿No hay espacio para el acuerdo entre revolucionarios tal como en el pasado? ¿La tendencia errada del proceso es cosa de ahora o viene desde que, como dijo Natera, el barril de petróleo, subió bruscamente?
            Fernando Soto Rojas, a quien todo el mundo conoce, en entrevista concedida a un medio nacional días atràs, comenzó por algo importante, sobre todo viniendo de él:
            “Yo creo que las formas de lucha de carácter electoral, pacíficas
y democráticas están dominando en este mundo”.
              Agregó que la oposición es ahora “7 millones y medio de votos. Con ese pueblo hay que dialogar”. Luego sentenció “En la historia son tremendos los ejemplos de cómo pequeñas cosas pueden conducir a una guerra…..y tenemos que evitar la guerra. Eso sería fatal”.
             Es más, el viejo guerrillero agregó “con la oposición hay que discutir un programa mínimo”. “¿Qué vamos hacer con la política petrolera? ¿Qué con el control de divisas? ¿Cómo vamos a desarrollar este país hacia una agricultura moderna y la industrialización?”.
             Dentro del seno de la izquierda, estas diferencias hay que abordarlas. No basta tomar un camino ahora con la misma arrogancia del pasado. Hay que buscar acuerdos en el seno de ese universo y eso pasa por discutir esas cosas con realismo, sin pensar en pajaritos preñados, sino con los pies puestos sobre la tierra y hablando claro, sin irse por las ramas, como para quedar bien “con Dios y con el diablo”.
            Pero también hay que revisar todo, pero no a lo “Gato Pardo”, para seguir como veníamos y con quienes venían al frente.
          


miércoles, 27 de enero de 2016

ARISTÒBULO Y EL "FRACASADO" MODELO RENTISTA PETROLERO. ¡CÒMO VOLVIÈSEMOS A LA SEMILLA!



Eligio Damas

  
          En esta pertinaz argumentación para justificar lo que ahora acontece en Venezuela, donde la palabra socialismo y todo lo que ella envuelve  ha resultado afectada, sólo Aristóbulo Isturiz ha tenido la entereza y si se quiere sinceridad de reconocer lo que casi todas las figuras, por no decir todas, del ejecutivo nacional y el oficialismo chavista, han ocultado o intentado hacerlo.
           En el programa “José Vicente hoy”, del domingo próximo pasado, el ahora vicepresidente, después hablar de la guerra económica, que para nosotros si existe, aunque no lo es tanto como se dice, y maneja fórmulas, armamento de distinta índole, y de los efectos de la abrupta baja de los ingresos petroleros, fue suficientemente sincero y hasta osado, al reconocer, palabras más o menos, que el gobierno no fue capaz en todo este largo período de crear una estructura económica productiva que aminorase en buena medida o hasta evitase los efectos que aquella, la guerra económica, ahora produce. Agregamos nosotros, de conformidad con todas las posibilidades no excluyentes que le ofrece la constitución vigente y sin generarse dificultades mediante las distintas distorsiones.
            Los demás dirigentes del gobierno y Psuv, quienes por regla general son los mismos, después de justificarse en la guerra económica y lo relativo al negocio petrolero, ahora han empezado a manejar un “argumento nuevo”, del cual el mismo ex gobernador de Anzoátegui se ha servido, como algo acontecido de manera inesperada; “señores, compatriotas”, ahora dicen, “el rentismo petrolero llegó a una situación de agotamiento y de ahora en adelante, estamos obligados”, no sé si lo dicen con pesadumbre, “a buscar nuevas formas para balancear la carga”. Hablan como si estuvieran descubriendo que sólo ahora, ante esta como inesperada e indeseada tragedia, “turbulencia económica”, también le llaman,  estamos obligados a buscar nuevos caminos, procederes, para sustituir todo lo que importamos que es como decir todo. Es decir, acaban de  descubrir la enfermedad por largo tiempo oculta y no diagnosticable.
            De todo esto, uno bien sabe que la guerra, llámese económica, social o simple lucha de clases, entre el imperialismo y las fuerzas que luchan por emanciparse de él, lo que mucho tiene que ver con aquello de “romper con el rentismo petrolero”, alcanzar independencia y soberanía, es como una guerra avisada. El rentismo mismo nos lo impusieron como parte de esa vieja guerra. ¿Por qué tardaron tanto en prender unos motores que debían estar encendidos desde el primer momento que tuvieron acceso a las llaves a la manigueta?
            Por eso, no dejo de asombrarme, porque si algo agitaron la izquierda ancestral y hasta los tímidos grupos nacionalistas,  entonces todavía no anulados por la avalancha inversionista extranjera y la industria capitalista mundial, fue aquella consigna, expresada en la vieja frase “sembremos el petróleo”. El proyecto chavista desde 1997 llamó mi atención porque esa fue una de sus banderas fundamentales, que se le asoció a la idea de industrializar el país, sembrar la tierra, desarrollar todo lo a ello asociado  y reordenar la distribución poblacional de Venezuela; población concentrada en las ciudades del norte costero, primero en función de los puertos y luego la inversión que en ellas se hacía para acomodarla a las exigencias del mercado externo y las industrias sustitutivas establecidas por el capital extranjero, mientras un inmenso territorio, con abundante, hasta sobradas tierras y agua para la agroindustria, lucía y luce desolado. Eso forma parte de la lucha contra el imperialismo, tanto como que es nuestro ABC. Porque ser antiimperialista no es sólo un asunto de discurso y ante lo relativo al negocio petrolero. Se es también en la formulación y desarrollo de una política que te desate o impida que te engulla cualquier forma de las tantas que asume el capital externo para victimizarte. Aquí no sólo ha sido improductiva la clase dominante, importadora, enriquecida sin crear nada sino que también la población fue sometida y dedicada a producir riqueza para vivir en la pobreza y arruinar al país. Al pueblo lo aglomeraron para sobre explotarlo y, de paso, generaron un cuadro alarmante de delincuencia y violencia a ella asociada. El Estado con aquella clase, la primera, fueron los creadores de esta tragedia nacional.
            Pero lo dirigencia toda, en lugar de proceder como Aristòbulo, quien en aquel arranque inusitado de sinceridad o criticismo, reconoció que no se hicieron las cosas como demandaban las circunstancias, opta por hacerse la loca o desentendida. Bien se sabe, porque es cosa elemental y cantada de antemano que, como dijese un sabio británico, no recuerdo bien si fue Gordon Childe o Arnold Toynbee, “todo ser especializado es débil”. Todo país monoproductor y monoexportador es débil. Está sujeto a los vaivenes del mercado. Por eso mismo, la lucha por la liberación en nuestro caso, desde principios del siglo XX empieza por romper esa enojosa sujeción al mercado internacional, de exportador de petróleo y comprador hasta del modo de caminar.
            Por eso, decir ahora como infantilmente que aparte de la “guerra económica” que es una guerra avisada, ya en el 2002 hubo paro petrolero y huelga empresarial, nuestros males proceden del agotamiento del modelo petrolero, no salva a la dirigencia de la responsabilidad. Cuando mucho sirve para mostrar lo que ahora el nuevo vicepresidente admite.
            Pese todo, uno reconoce la generosa intención de la “Revolución Bolivariana” de distribuir lo más justo posible el ingreso o renta nacional, establecer los debidos equilibrios para acabar con la explotación, el pillaje, apropiación indebida, acumulación grosera, pero primero había que crear las bases materiales para hacer posible ese sueño. Esto prueba una vez más que la intención no es suficiente.
            He visto en estos últimos días, cuando desde Miraflores se llama a prender los motores, lo que debió hacerse hace 17 ò 18 años, como la gente defensora del proceso a pesar de todo, reacciona y ofrece su aporte, con el mismo entusiasmo de hace más década y media. ¡Eso luce maravilloso! ¡Cómo si los hechos se estuviesen repitiendo o volvièsemos al principio o la semilla!
           



viernes, 22 de enero de 2016

SI EL 23 DE ENERO PERDIMOS. ¿AHORA QUÈ?



ELIGIO DAMAS




                Es una vieja historia;  que como lo que casi todo el mundo escribe, cuando se aborda la vida con la intención, por lo menos con eso, la intención de construir una historia, siempre la realidad prevalece ante la ficción. Cuando uno ha vivido tanto e intensamente, sobre todo metido en medio de los acontecimientos, tiene la fortuna de poder manejar lo real y ficticio tanto como para que uno parezca confundirse con el otro. Por eso suelen advertir “cualquier parecido a un personaje o circunstancia real es pura coincidencia” como para salvar el pellejo o eludir responsabilidades. Lo que aquí se cuenta, sòlo aborda las formas de lucha y las relaciones entre combatientes y còmo estos se relacionaban con los demás, lo que nada es ajeno a lo que ahora acontece. Tambièn aborda la conducta de la vanguardia pre y post 23 de enero de 1958, que para decirlo en una frase muy usada en aquellos tiempos, para evaluar la conducta de los “revolucionarios”, incluìdo entre estos hasta Fabricio Ojeda, como en primer tèrmino, tal como se le ha mirado ahora, “mientras quienes jugaron rol fundamental en las luchas populares para tumbar a Pèrez Jimènez, se fueron a las calles y plazas a celebrar como si se tratase de un carnaval, volviésemos a ganar la serie mundial de beisbol, acontecimiento de 1941 u otra vez, como lo hizo Susana Duijm, ganàsemos el Mis Universo, las clases dominantes, incluso quienes apoyaron y hasta usufructuaron la dictadura, se fueron directamente a Miraflores a formar nuevo gobierno y diseñar el programa político y social”. Conducta aquella de los “revolucionarios, que muchos, de manera selectiva y oportunista, han llamado la traición del 23 de enero de 1958. De allì surgieron las circunstancias para que luego nos impusieran el “Pacto de Punto Fijo”.
            Cuando se pierde el contacto con la realidad, los hechos cotidianos, las necesidades de la gente, el vivir dìa a dìa, subestimar al enemigo, sobrestimarse asì mismo, embelesarse en el pasado, en las glorias de ayer y hasta ajenas, el discurso se fosiliza, la figura se diluye en las pupilas multitudinarias y, no es extraño, que los hechos, al gobernante agobien y hasta se le vuelvan incomprensibles. Esta historia cumanesa de Luis Vallejo, de la época de Pèrez Jimènez, la pongo  en este espacio con motivo del 23 de enero; por la fecha y por mis reflexiones de ahorita.

--------------------------------------------------------------------------------------------------


              Luis  Vallejo llegó refunfuñando y echando madres; al  aproximarse a nuestro grupo, con ropa, pelo y cara cubiertos de polvo, que pensé se había caído en una de las zanjas abiertas por los italianos en los ratos que no comían  pan con gaseosa, y a quienes los “criollos”, a falta de otra diversión, observaban mientras aquellos hundían incansablemente pico y  pala en  las  entrañas de la tierra, gritó como queriendo  decir  una última  palabra,  que  ahora  si era verdad  que  se  metería  en política  y  pondría a conspirar  contra  aquel  gobierno  de mierda.
              Acababa  de llegar de Caracas, enlatado en una  de esas  camionetas  pánel que salían de la plaza Miranda, por los lados de “El Silencio” y  que  al llegar  a Aguas  Calientes había que parar para  soplarles  el polvero  que acumulaban a lo largo de la carretera y así abrirle espacio a los pasajeros. Fue a la universidad a inscribirse y  no pudo, pues la matrícula que debía pagar, no estaba al alcance de las posibilidades  de su viejo, pintor de brocha gorda,  en  una ciudad  donde todo el mundo se hacía pintor el único mes  que  se pintaba  y pescador ocasional, donde todos, a ciertas  horas  del día, tomaban la forma de anzuelo.
              Aquella  agresión  que  destruía  sus proyectos  y frustraba   sus  aspiraciones  de  muchacho como   todos,   buen estudiante,  jugador de billar y del domingo en el  beisbol  para ver jugar a Cachare  Mejìas, primera base y Marutón Ramirez, gran quecher cumanès, soñaba ya con estar de  vuelta en  la ciudad graduado  y con  un  escritorio  amplio  como  un portaaviones. Que se veía entrando en su automóvil propio al club Mariscal  y de antemano  escuchaba cuando le dijeran "pase Ud. doctor".  Y  era sólo   en  eso  que  pensaba cuando Lelis  y  Rafael (x) le  pedían sacrificios, precisamente a quien más no podía; le hablaban de  la lucha  de clases, de  las bondades de  nuestra  política  y  le invitaban a leer folletos de portadas pésimamente diseñadas y  de un contenido que nada hablaba de él y de los seres humanos que conocía.  Por  eso, él los espantaba  con frases hirientes  que aquellos calificaban  de  arribistas  y oportunistas  y   hasta pequeñoburguesas; estereotipos cabalísticos que  estrenábamos  en nuestro  lenguaje. Forma ya  gastada  de  abordar  el debate  para discusiones estériles que nos separaba cada vez más, pero que algunos creìamos reluciente y novedosa.
              Pero  cuando  vino  de Caracas  ya  se empezaba a   abandonar ese lenguaje cifrado, como de computadoras, que evadía lo cotidiano,  lo  individual, colectivo, los problemas  de  cada  uno  de nosotros.  Se ponía empeño en unir lo que debía estar unido.  Los nuevos grupos dirigentes entendían que las prácticas anteriores, al parecer dirigidas a tumbar al gobierno sólo aliándose con  un militar   presuntamente influyente   que   le grantizase   al tradicionalismo  el  goce  del poder, iban en contra de  lo  que demandaba la realidad.
              Por   eso,  en  lugar  de  caer,  el gobierno   se atornillaba y era cada vez mayor el número de muertos, torturados y exiliados. Es decir, el adversario se fortalecía en sordera y ceguera nuestras y en ese hablar que ignoraba la realidad circundante.
              Cuando Luis Vallejo regresó al pueblo "entalcado” y decepcionado,  ya estaba variando la conducta de  la  militancia clandestina. La vanguardia ponía empeño en serlo y empezaba a percatarse  que en  el barrio no había agua y el hombre “criollo” acudía  a  un banquete sólo  a tragar saliva. Luis internalizó que  tenía  que luchar  para  abrirse  espacio  en una  mesa  inmensa  y, encontró que ahora  sus compañeros lo incitaban al combate  por  sus propios problemas, por cosas que entendía y le dolían. Y ahora la lucha no era reunirse furtivamente en una plaza oscura para hablar mal  del gobierno,  de regiones  ignotas y de cuestiones  que  no tenían ningún significado para él.
              Y tuvo razón Vallejo aquella noche cuando dijo, con aplomo, mientras celebrábamos la caída del dictador, que Pérez Jiménez era  culpable del atraso del país en esos últimos diez años,  de los  atropellos,  de la  marginación  del venezolano,  de   los asesinatos; todo aquello le parecìa  obvio,  subrayó,  pero  fue  culpa  de  los políticos tradicionales que durase más de lo debido. Y  es  que ser científico social o partidario  del cambio,  no es cosa de definiciones, ni de  buenos deseos,  es cuestión de serlo. ¡Cuànta razón tuvo mi amigo de la infancia al pronunciar aquellas palabras como crìtica a la conducta de quienes por largo tiempo dirigieron la lucha clandestina contra el dictador! Hay historias y hechos históricos que enseñan mucho y son ùtiles para entender lo que acontece, no importa si estamos de un lado u otro. Ahora mismo, en este crucial momento de la vida venezolana, con una inmensa reserva petrolera en el vientre de la madre tierra, que por ahora es poco lo que puede hacer por nosotros, vale evocar aquellas palabras.


(x)  Mis amigos y hermanos. Rafael Pèrez Luna y Lelis Montes.                       

jueves, 21 de enero de 2016

"SALGAMOS DEL RENTISMO PETROLERO". ¿HASTA CUÀNDO CON ESA CANTALETA? ¿ARRANCAN Y RONCAN LOS MOTORES?


ELIGIO DAMAS

            No hay una expresión más pronunciada en Venezuela que esa de “salgamos del rentismo petrolero”. Hasta como para decir que lo ha sido más que “Alma Llanera”, el título de la canción de Pedro Elías Gutiérrez, “Caballo Viejo” de Simón Díaz u otra cualquiera que uno no se le viene a la memoria. Para muchos de nosotros ha sido también un canto de cuna, como aquella canción “Venezuela habla cantando” de la caraqueña Conny Méndez o de los cantos de ballena de Manuel Rosales. Se ha cantado tanto como el himno nacional y ofrecido más que la llamada autopista de Oriente, la cual nunca ha salido ni piensa hacerlo de los alrededores de Caracas.
            Desde el 14 de julio de 1936, cuando Arturo Uslar Pietri, en el diario “Ahora”, escribió aquel célebre artículo, tanto o más que “Lanzas Coloradas”, titulado “Sembremos el Petróleo”, que no fue otra cosa que un llamado a utilizar el hidrocarburo para diversificar nuestra economía productiva y liberarnos del rentismo petrolero, no ha habido partido político o político que no ofrezca a los venezolanos en sus programas y discursos esa meta, aunque sea sólo por cantar como sirena. Claro, aquellos no pensaron nunca en hacerlo de verdad porque estaban atados a compromisos con los gringos que de hecho lo negaban.
           Por cierto que, según escuché y hasta leí, más de una vez, en algún artículo de Domingo Alberto Rangel, que la frase “Sembrar el petróleo” no parece ser original de Uslar, sino de Alberto Adriani, aquel economista merideño, de Zea, quien estuvo en el gobierno de López Contreras.
          El economista Luis Xavier Grisanti, en un trabajo que hemos leído en una página web, dice lo siguiente que parece confirmar lo de Domingo A. Rangel, en el sentido que si la frase no fue de Adriani, fue él quien la inspiró:
         “Existe cierto grado de complementariedad en los tres
          colaboradores  del  presidente López – se refiere quien
          escribe  a  Alberto  Adriani,  Humberto  Egaña y  Arturo
          Uslar Pietri-. Esta complementariedad  responde a   que
          que  el  novelista  caraqueño  – Uslar-  con  su inmenso
          talento narrativo, recoge las advertencias  que  Adriani,
         como economista profesional formula”.
         De lo que no cabe duda es que el merideño fue maestro del caraqueño y sobre quien ejerció una influencia determinante, por lo menos en materia económica.
         Entre los programas de Medina, gobierno del cual formó parte Uslar ya se habla del asunto y se propone como meta, para lo cual se modifica la Ley del Impuesto Sobre la Renta y se formula la nueva Ley de Hidrocarburos. Pero los adecos, o mejor los militares, con Betancourt al frente dieron el golpe cuartelario que llamaron “Revolución de Octubre” y se propusieron, en el discurso lo mismo, sacar a Venezuela del rentismo petrolero.
        Pero Medina y Betancourt, como quienes les siguieron, estuvieron atados a un Convenio Comercial con EEUU, contrario a la idea de sembrar el petróleo.
        Siguió la historia venezolana y  los gobiernos y los políticos con la misma cantaleta de romper con aquella cadena, que veníamos arrastrando, tan pesada, que una vez Pérez Alfonzo, llamó al petróleo como “excremento del diablo” y los venezolanos le hemos bendecido y maldito al mismo tiempo.
        Desde que Uslar publicó aquel artículo en el diario “Ahora”, hasta hoy, han transcurrido 78 años. Todos los partidos progresistas y especialmente los de izquierda, se fijaron como propósito de su existencia romper con el rentismo petrolero, lo que parece estar ligado estrechamente a la dependencia y sujeción a la economía norteamericana y los dictados crueles del mercado capitalista internacional. En la mayor parte de ese período, como ya dijimos, gobernaron partidos y grupos atados al interés de EEUU y sus grandes capitalistas y la consigna sólo fue eso, para engañar al pueblo y agitarla en discursos en momentos de elecciones o actos solemnes, mientras se planificaba en contrario.
            Llegó Chávez al poder, recogió la consigna de las catacumbas o de archivos ya apolillados y la lanzó como tarea a comenzar, a realizar en lo inmediato y recoger la cosecha dentro de la lógica del esfuerzo requerido, la capacidad de inversión y el tiempo. Han pasado dieciséis años desde que la revolución entró a Miraflores en plan de gobernante; si analizamos las cifras relativas a importación y exportación; las correspondientes al ingreso en dólares, no es nada sorprendente decir que seguimos más atados al petróleo que antes. Pereciera que la revolución estuviese en camino, si no la apuramos, de ser tan consecuente con la idea de romper con el rentismo petrolero como lo fue la derecha que gobernó desde 1936 a 1998.
           Nuestros gobernantes de ahora, suelen recordarnos, como para que nos sintamos seguros, que tenemos las más grandes reservas de petróleo del mundo y entre las primeras en gas natural. “Tenemos energía acumulada y verificada por más de 200 años”, suelen decir con satisfacción y como quienes no les preocupara si el petróleo sembrado retoña en comida para nosotros y exportar; en otros bienes de consumo, intermedios o capital que ofrecerle al mercado internacional que necesitado está y nosotros obligados a contribuir.
           En sus discursos de ahora, el presidente Maduro, quien no es por supuesto de la generación del 36, tampoco de la del 48 ó 58 como nosotros, sino mucho más acá, cuando ya eso era una vieja y seria preocupación, dijo que se había formado bajo la idea de ver al país habiendo acabado con el rentismo petrolero; exactamente lo mismo que dijimos nosotros, quienes no tuvimos la fortuna de estar nunca en el poder.
          Pero este gobierno que inició el presidente Chávez, vinculó la consigna de “Sembrar el Petróleo”, aquella de 1936, lanzada por un hombre de la derecha, a la de construir el socialismo; o lo que es lo mismo, se echó encima una carga más pesada todavía, pero más generosa, aunque no tan fácil y a tan corto plazo como algunos imaginan, tanto que se descocan y parecen volver a sus viejas andadas.
         No quiero afirmar ni negar para no contribuir con los pesimistas o más bien aprendices de alquimia, que estemos en período de transición al socialismo, menos romperle el corazón al optimismo exacerbado, pero sí que en esta etapa, desde 1998 para acá, nuestra deuda con lo de acabar con el rentismo petrolero, está tan atrasada que las preocupaciones por sí solas ya pesan demasiado.
        Me asombro y no dejo de preocuparme, que el presidente Maduro, ayer mismo, habló de romper esa cadena, como si acabase de leer, con olor a tinta, el diario “Ahora”, del 14-07-1936.
        Mientras Nicolás Maduro hablaba en aquellos términos, porque es la cruel realidad que vive como gobernante y revolucionario, yo recordé a Gardel y escuchè el ruido de los motores que acaba de prender, como los mismos antes encendidos y apagados al sólo arranque:
        “Tengo miedo del encuentro
          con el pasado que vuelve

          a enfrentarse con mi vida”.

domingo, 17 de enero de 2016

CUANDO UN PINTOR CHILENO FUE ACUSADO DE AGRAVIAR A BOLÍVAR. ¿CÓMO HACERLO?



 

ELIGIO DAMAS


El Bolívar de Juan Dávila
           Nota: En artículo anterior donde llamamos a Ramos Allup arrogante, tratamos de un asunto donde según algunos se agravió a “El Libertador”, porque por no gustarle por razones muy conocidas, el presidente actual de la Asamblea Nacional, se hizo grabar un video que luego guindó en las redes, o lo guindaron los suyos, donde manda u ordena a un carretillero que echase en la basura un cuadro del “padre de la Patria”. Y dijo que, sólo aceptaría aquel que el propio Bolívar admitió “que más se le parecía”; una imagen recogida por un artista en un instante de la vida del héroe, el mismo cuya herencia se quiere borrar de la memoria colectiva. Es decir, de acuerdo a Ramos, toda la iconografía de nuestro máximo héroe, menos el cuadro por aquél escogido, en un momento de su vida debería llevársela el aseo urbano. Lo grave y hasta curioso es que eso lo dice alguien que asegura representar a quienes aspiran “rescatar la democracia y las libertades en Venezuela”.
            Por este desagradable asunto reponemos un trabajo escrito en 1994, cuando en Venezuela se armó un revuelo y se llamó a desagraviar a Bolívar, porque un pintor chileno había pintado un cuadro que se juzgó no le hacía honores o le hacía aparecer grotesco y hecho sólo para llamar la atención. La discusión de entonces, aparte de la solicitud de desagravio, se centró más bien en gustos estéticos. La diferencia de ahora es que, nada más y nada menos que el presidente de la Asamblea Nacional, por no gustarle un cuadro, que según su razonable juicio, si ese fuese el caso, debería limitarse a decir que no le gusta, pero no mandarle a la basura porque forma ya parte inevitablemente de la iconografía bolivariana. El pinto chileno, un desconocido, logró con su cuadro no solo molestar a muchos sino llamar la atención en América Latina por varios días. Pudiera ser que Ramos Allup, como bien le gusta, entre otras cosas quiso alcanzar lo mismo que Dávila, el pintor chileno, un momento de “gloria”. Por cierto, de acuerdo con todo lo dicho y expuesto en esta nota y la que sigue, a los caricaturistas deberían prohibirle, desde la Asamblea Nacional, seguir haciendo su trabajo, declararles ilegales y hasta recogerles en carretilla y lanzarlos en pipotes de basura.
        
        Les invito a leer ese artículo y hacer las comparaciones.

---------------------------------------------------------------------
         
          Un  tal  Dávila,  de  nacionalidad  chilena  y pintor de profesión, pintó un cuadro y le llamó Bolívar. Todo  el mundo, en este país y en aquellos que se llaman bolivarianos,  ha hablado  hasta  el cansancio del "irrespeto o la  osadía"  en  el
gesto del "artista".
              Toda pintura está sujeta a una evaluación como obra  plástica,  pero en este caso, nadie, por lo menos  en  esta parte del mundo, se ha ocupado de ello.
             Pareciera  que  el señor Dávila,  nos  hubiese hecho una jugada pesada.  Nunca tanta gente en este país se  había interesado por una obra pictórica y.....  ¡Sin haberla visto!

                   Como  si  hubiese pensado de esta forma,  "si nadie  hasta  ahora se ha ocupado de mi trabajo por  la  forma  e intención  de  mis brochazos, con este Bolívar  los  haré  hablar sobre mi y que me obedezcan".
                   Aquiles  Nazoa,  hablando  de  "Cien  años  de Soledad" y de su autor, dijo una vez que la mayor felicidad de un buen  escritor  estaba en que, de una manera u  otra,  sus  obras entrasen   en una “rocola”. Un personaje, aquel de  las  mariposas amarillas,  de  la novela de García Márquez, fue cantado en  una rítmica canción caribeña que sonó con insistencia en las “rocolas” pueblerinas.
                   Este chileno, con un cuadro que nadie elogia, logró que por días el país sólo se ocupase de él. Todas  nuestras tragedias pasaron a segundo plano.
                  Unos intelectuales condenaron a Dávila y  hasta casi  pidieron su cabeza. Y si se la entregan, con la  rabia  que tenían,  la  hubiesen frito y colocado en la Puerta  de  Caracas. Otros, porque en este país estamos empeñados en ir de un  extremo al otro, protegieron al sureño. Pero en verdad, no por la obra  en sí;  ese  el  caso de Cabrujas o de Ibsen  Martínez, si no  por llevarle la contrario a aquellos que hablaron primero del  asunto y, en exagerado gesto, solicitaron la hoguera.
                   Un  señor Jurado Toro, por  culpa de Dávila  y en  nombre de la democracia, señaló a Cabrujas como merecedor  de unos tiros porque éste consideró impropio condenar al pintor  por su  obra  e  inoficioso y pueblerino  que  el  gobierno  exigiese explicaciones. Y  José Ignacio Cabrujas, quien "piensa que no  vale  la  pena hablar del asunto", ni ocuparse tanto por una obra que como  tal poco interés ha despertado, escribió hasta un segundo artículo y, en nombre de la libertad, apostrofó al señor Jurado Toro.
                   ¿Y  a todo esto, qué pasó con Bolívar?  ¿Lo ofendió el pintor de marras? ¿Acaso su gloria  se puede  vulnerar tan fácilmente?
                  La  obra  existe; esa es la opinión  que  a  un individuo le merece Bolívar. El tiene todo el derecho a pensar  y expresarse  libremente.  Nuestra concepción de  la  libertad  lo reconoce.  
                 Pero  si  Bolívar es el hombre  grande a quien cantó otro grande de Chile llamado Pablo Neruda, las pequeñeces y los gestos exhibicionistas le resbalan.
                   Dejen  al artista descansar en  paz. Bolívar, como  dijese el otro chileno, despierta con el pueblo  cada  cien años.                       

Barcelona, 04 - 09-94