Navidad venezolana

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sábado, 22 de noviembre de 2008

¿POR QUÉ EL GOBIERNO DE JUAN VICENTE GÓMEZ DURÓ TANTO?



¿POR QUÉ EL GOBIERNO DE JUAN VICENTE GÓMEZ DURÓ TANTO?

ELIGIO DAMAS


I.- La Bola va y viene.

La bola corría con suma discreción. De boca a oreja, iba de un lado a otro de Caracas. Llegó a los Andes como un susurro, estalló en gritería en Margarita y de esos sitios rebotó mansamente, silenciosamente. Nadie quería creerlo; era como imaginar que hubiesen desaparecido el Ávila, los páramos andinos o las Tetas de María Guevara. Desde 1908 a 1935 son veintisiete años y, cuando un gobierno llega a esa edad, uno termina por creer que no se acabará nunca. Los venezolanos, como más tarde los españoles con respecto a Franco, llegaron a pensar que Gómez era inmortal o que aún muerto seguiría gobernando. Por eso, cuando se anunció oficialmente la muerte del caudillo de La Mulera, aquel 17 de diciembre de 1935, el venezolano urbano no sabía como pensar esa muerte.
Con escepticismo se recibió la noticia. Fue necesario que la urna saliese a la calle para que, como dijese Domingo Alberto Rangel, la parálisis colectiva se desentumeciera. Y cuando hubo voluntad y las piernas dejaron de temblar, se continuó hablando con frases cortas, pronunciadas en susurro, mientras la mirada iba de un lado a otro con suma desconfianza.
Gómez supo como nadie manejar con habilidad y destreza todos los elementos que en su época garantizaban la estabilidad política.
Llegó el caudillo al poder cuando predominaban en el país relaciones semi serviles en el campo y artesanales en los centros urbanos. El 87 % de las tierras era controlado por un reducido grupo de propietarios. Estos estaban divididos entre quienes vendían sus productos al mercado externo directamente y grupos menores atados al capital mercantil intermediario. Para el período 1903-1904, se exportaron 54 millones de bolívares en café y cacao solamente. Si bien el dato cuantitativamente parece insignificante, no obstante revela que nuestra economía mantenía relaciones con el mercado internacional.
El sistema capitalista ha iniciado la etapa de las exportaciones de capital y temprano Venezuela establece ese vínculo. Aparecen las inversiones extranjeras; los ingleses invierten y también los americanos del norte. Temprano, un consorcio de esa parte del continente, se encarga de extraer asfalto en el Estado Sucre y el país padecía los efectos de una pesada deuda externa.
Todavía para 1908, Cipriano Castro gobernaba sobre Venezuela. Se había dejado venir de las cumbres andinas con una partida de hombres; lo acompañó su compadre Juan Vicente a poner " orden " en un país desordenado y cadavérico.
Castro encontró una deuda externa grande, muy grande y él se encargó, como era y es costumbre entre nuestros gobernantes (salvo Gómez), de hacerla más grande todavía. Cuando pudo determinar el monto de la misma, en 189 millones de bolívares, se declaró en quiebra y manifestó la incapacidad de las rentas nacionales para cumplir holgadamente con aquel serio compromiso. Por esos días, un hombre vinculado al capital usurario, al de adentro y al de afuera, llamado Manuel Antonio Matos, anduvo sublevando gente y armando partidas guerrilleras contra Castro.
El capital externo se sentía incómodo e inseguro con los desplantes del " Cabito " y la mayoría de los venezolanos tampoco tenía motivos para sentirse a gusto con su gobierno.



II.-A Castro lo tumbó un riñón.

Por eso, cuando Castro hizo público que sus riñones le estaban molestando demasiado, socarronamente Gómez, entonces vicepresidente, le dijo, "váyase tranquilo compadre que yo le cuido el coroto". El presidente, ni corto ni perezoso, arregló sus macundales y tomó el primer barco que encontró surto en La Guaira con destino al viejo continente.
Todavía se podía ver desde el cerro El Gavilán la estela de humo que iba dejando el barco que llevaba al presidente, cuando el vice, encargado del gobierno, pidió al embajador de Brasil, entonces a cargo de los asuntos de Estados Unidos - país con el cual Castro había roto relaciones -, que solicitase la intervención de la marina americana. Casi inmediatamente, tres barcos gringos: El Maine, Des Moines y Nort Caroline arribaron al primer puerto venezolano a proteger al nuevo amo.
Aquella solicitud de ayuda, dirigida a gente exigente y desconfiada, fue acompañada de los siguientes ofrecimientos:
a.- Pagar todas las deudas extranjeras,
b.- respetar los bienes de los ciudadanos norteamericanos y,
c.- dar al capital externo las mejores oportunidades.
Como una manifestación concreta e inmediata de confianza, el de febrero de 1909, se firmó el protocolo Buchanan-Gómez según el cual la nación venezolana eximía al trust norteamericano del asfalto, New York Bermúdez Company, de cancelar la pesada multa que le aplicó un tribunal por haber intervenido en la política interna en apoyo a Manuel Antonio Matos.
Desde el primer momento, Gómez quiere dejar constancia que su gobierno será de "orden y trabajo" y por eso dice que se propone "amparar las industrias contra odiosas confabulaciones" y ofrece "pacífica solución" para todas las contiendas internacionales.
El capital externo se siente atraído hacia aquellos predios donde impera "la tranquilidad y el orden" y precisamente, esto es lo que Gómez ofrece en demasía; ya que para 1912 ha entrado al país un monto de 151 millones y medio de bolívares, procedente de Estados Unidos y Holanda; y los ingresos al fisco nacional se han colocado por encima de los egresos.





III.- Los Gochos Vinieron a Poner Orden

Cuando los andinos bajaron de la sierra hacia el piedemonte y se dirigieron a Caracas, traían entre ceja y ceja la idea de darle unidad al país; de modo que fuese posible el desarrollo de la economía. Aspiraban unificar el mercado interno, desintegrado por las guerras intestinas y crear las condiciones para que Venezuela se abriese al mercado externo y a la penetración del capital foráneo. Para ello había que imponer orden, estabilidad y darle coherencia y unidad a las fuerzas militares que habrían de apuntalar al Estado.
Lo que se había llamado ejército entre los años 1863-1900, no era más que múltiples y dispersas partidas regionales afectas a pequeños jefes, quienes a su vez rodeaban a diversos caudillos. La disciplina militar o castrense tenía el carácter de dependencia económica o de compadrazgo. Más que un ejército de Estado, se podía hablar de huestes anárquicas y personalistas, propias de un estado feudal y no de una nación vinculada al sistema capitalista mundial.
Con Gómez, comienza a forjarse el ejército como un cuerpo identificado con el Estado Venezolano. Al mismo tiempo se crearon el Estado Mayor y la Escuela Militar. Desde Chile, Gómez hace venir a un oficial de apellido Mac Gill, quien se encargará de organizar ese ejército.
El régimen de Gómez se estabiliza en sus primeros momentos en base a las siguientes circunstancias:
a.- La ayuda de los países en etapa imperialista por la política complaciente para con ellos adelantada por el gobierno.
b.- la acción represiva del gobierno, encomendada a un cuerpo profesional y coherente, identificado con los intereses del Estado.
c.- por las constantes derrotas sufridas por el pueblo mal orientado y peor dirigido por unos caudillos decadentes.
Hoy se admite que, el mayor mérito de los andinos y particularmente de Gómez, es haber unificado al país; Maracay o Caracas, según los designios de Gómez, llegaron a convertirse en los centros de poder que paralizaban o ponían en movimiento a Venezuela toda. Esta meta era indispensable para el desarrollo capitalista del país y una aspiración del capital internacional. El flujo de capitales y de mercancías requiere tumbar las barreras que levanta la dispersión.
Gómez logró ese objetivo y contribuyó con la expansión de la economía venezolana, lo que se prueba con la contundencia de las cifras. Como ya hemos señalado, en un plazo corto entraron al país más de 151 millones de bolívares de inversión y para 1913, la exportación de café alcanzó la cifra de 87 millones de bolívares, casi tres veces superior al año 1904. Luis Cordero Velásquez señala que, en el lapso 1913-1914, los grupos burgueses expresaron su solidaridad con el gobierno. Un grupo denominado "Obreros al Trabajo" envió un mensaje en el que, entre otras cosas, afirma "no hemos de faltar obreros del trabajo y beneficiados grandemente en todo tiempo por su mano generosa".

IV.- La guerra se pone de parte de Gómez
El estallido de la primera guerra mundial en 1914, fue como una bendición para el régimen gomecista; abrió oportunidad para que los productos de exportación de Venezuela se colocasen a mejores precios en el mercado internacional. Ese año se exportó un total de 77 millones de kilos de mercancías por un valor de 97 millones; es decir, se recibió aproximadamente Bs. 1,30 por kilo. Pero para 1919, el volumen de mercancías exportadas y el valor por kilos se duplicaron.
Para 1910, cuando se está iniciando el gobierno gomecista, la inversión extranjera en el país es de 24 millones de bolívares, pero la tendencia al crecimiento rápido se manifiesta de inmediato; así en 1912 se llega a una cifra de 100 millones; cuatro veces superior al año anterior. Esto revela el grado de confianza que en las nuevas autoridades tiene el capital internacional, como hemos venido sosteniendo desde el inicio. Y esa tendencia será constante bajo el gobierno de Gómez; en 1920, la cifra de inversiones procedentes del exterior llegará a la considerable meta de 191 millones de bolívares.
Las cifras del presupuesto nacional correspondiente al período 1915-1920, se caracterizan por arrojar un saldo favorable a los ingresos. Para 1915 hubo un superávit de 5.7 millones; en 1916 de 7.7 millones; en 1917 de 14 millones; en 1918 de 3 millones y en 1920 de 33 millones.
El régimen, como lo indican los números, obtuvo de la guerra mundial un balance positivo que le dio mayor solidez; y todo eso lo logró pese el empirismo de la administración.
Desde 1916, se mantuvo una balanza comercial favorable hasta 1920 aproximadamente. Fue el resultado de la relación del país con el mercado internacional como productor y exportador de café y cacao, en un momento estelar de la comercialización de ambos productos.


IV. - ¡Se cae El Café! ¡Arriba El Petróleo!


Para el período 1920-1921, se caen los precios de nuestros principales productos de exportación, café y cacao. Incluso se manifiesta también una seria disminución en el nivel de exportación. Mientras que para 1919 se exportó un total de 115 millones de bolívares en café, para 1921 se produjo un brusco descenso hasta llegar a 45 millones. Esta crisis se tradujo en algunos movimientos conspirativos contra el gobierno que no tuvieron trascendencia.
El gobierno se repone rápidamente amparado por el considerable volumen de inversiones extranjeras, por la sistemática disminución de la deuda externa y también por la incorporación de Venezuela al mercado internacional del petróleo que, ya para 1924 le significaba un ingreso de 101 millones de bolívares.
La política de penetración del capital internacional y el propio desarrollo de las fuerzas productivas internas, requieren la formación de una infraestructura esencial. Ya los tachirenses habían experimentado la amarga experiencia del aislamiento del país, que los obligó a integrar una unidad económica con Maracaibo y el Norte de Santander (Colombia).
La construcción de vías que conectaron al país diéronle mayor unidad al mismo y facilidad al poder central para ejercer el control político-militar sobre todo el territorio nacional. Gómez pudo controlar y sentir la respiración de todos los venezolanos. Si analizamos los presupuestos de la Nación desde 1920 hasta 1930, observaremos que las inversiones en Obras Públicas muestran una decidida tendencia al crecimiento rápido; a manera de ejemplo podríamos señalar que en 1926 la inversión en ese ramo duplica la del año anterior.
Si hacemos una comparación entre lo invertido en ese sector y en Educación, veremos que aquel siempre superará a éste de manera ostensible y desproporcionada. Por ejemplo, en el año de 1927, se invirtió en Obras Públicas un monto de 57 millones, mientras que al sector educativo se asignó apenas 6 millones y medio.
VI.- Goliat aplastó a David



Ya en la segunda década del régimen gomecista, la economía venezolana ha sufrido una deformación tal que, podríamos caracterizarla diciendo que el 63 por ciento de la inversión de capital interno estaba colocada en empresas de productos livianos, básicamente producción no destinada a germinar la independencia.
La burguesía que participa de los beneficios petroleros se dedicó especialmente a operaciones comerciales y usurarias. Entre 1916 y 1920, el capital comercial ascendía al 33 por ciento del total de inversiones.
Por el escaso desarrollo, conjuntamente con el hecho que la economía nacional dependía de la explotación y exportación del petróleo – para 1926 ya el país recibe ingresos por este concepto en el orden de los 257 millones de bolívares -, de manera definitiva, la estabilidad del régimen quedará sujeta al carácter de sus relaciones con los países de donde proceden los capitales invertidos en esa industria. En este sentido, sería bueno saber que para 1929, de un total de 253 millones de bolívares invertidos en el país, 162 correspondían a capitalistas norteamericanos y 92 a ingleses y holandeses. Obviamente, la capacidad de decisión de la economía norteamericana sobre la nuestra y su influencia sobre nuestro Estado son inferibles.
No obstante, para demostrar lo que hasta ahora hemos planteado como una sospecha, fundamentada en razones valederas, vale hacer referencia a la presencia de Gumersindo Torres en el gabinete ejecutivo de Gómez. La ilustrativa anécdota a que haremos referencia es también una respuesta a la cuestión formulada.
¿Por qué Gómez duró tanto en el poder?
Torres fue designado para 1918 Ministro de Fomento. En la memoria presentada ese año, llega a hacer las siguientes afirmaciones:
“Hasta hace poco, verdaderamente a ciegas se procedió en los contratos, que para las exploraciones y explotación de petróleo se celebraron, por lo que de ellos pocas o ninguna ventajas ha obtenido la Nación".
Ese criterio le llevó a presentar la Ley de Hidrocarburos de 1918, en la cual mejoraba la posición del Estado en cuanto a la industria petrolera; esto se tradujo en aumentos de impuestos y eliminación de contratos hasta por 50 años.
Más tarde opina que en Venezuela, "no sólo se exoneran hoy las maquinarias, sino multitud de efectos de todo género; el monto de las exoneraciones asciende en 10 años a la cantidad de Bs. 233 millones y los impuestos recaudados en igual período montaron a la cantidad de 171 millones de bolívares".
Denunció pues, cosa insólita en Venezuela y más si tomamos en cuenta que eso ocurría cuando Gómez, que el régimen del cual es Ministro de Fomento, concede a las petroleras exoneraciones en el pago de impuestos por concepto de importaciones, por una cantidad superior a la que cancelan.
Para 1920 prepara un proyecto de Ley con el propósito de aumentar los impuestos a las petroleras y limitar el número de hectáreas en concesión.
Gumersindo Torres parecía ser el reflejo de una nueva tendencia que ascendía en la sociedad venezolana por efecto inexorable del crecimiento económico y que tenía una nueva concepción del Estado y de los intereses en juego, pero aún sin una sólida base social.
Las empresas del petróleo se movilizaron y en demostración de su poder impusieron a Gómez de sus puntos de vista y Torres fue destituido. En 1921 el Congreso, cuerpo domesticado por Gómez, aprueba una ley que satisface las aspiraciones de las compañías.
Al inicio de su gobierno, las bondades del mercado externo con respecto a la producción agrícola y más tarde la bonanza petrolera, permitieron a Gómez control y dominio sobre el país. También su política de complacencia, puesta de manifiesto desde el inicio, cuando se alzó contra su compadre, con respecto a los inversionistas foráneos, que tiene su momento culminante con el episodio de Gumersindo Torres, le hizo posible disponer del apoyo político y financiero externo, indispensable para gobernar largamente y al margen del pueblo. En el orden interno, la inserción del país en un esquema de distribución internacional del trabajo de espaldas a nuestras necesidades y que nos encomendó la servil función de exportador de materias primas agrícolas y mineras, apenas sirvió para desarrollar una burguesía parasitaria y satisfecha con la situación, que no tuvo dificulta­des en alistarse con los grupos dominantes de la tierra.
Sin proletariado, hablando en términos significativos, pues el modelo fue ajeno a la promoción industrial, con poco uso de mano de obra en el sector petrolero, la inconformidad apenas se manifestaba a través de pequeños grupos, sobre todo entre intelectuales y artesanos arruinados. Esa balbuciente inconformidad era ahogada con una cruel represión.
De allí que a la muerte del dictador en 1935, el país político parecía paralizado, pese a los conflictos que caracterizaron el período 1928-35, estimulados por la espantosa depresión del sistema capitalista mundial.
Tuvo que salir el cadáver a la calle para que la gente se convenciese que como todo humano, Gómez también era mortal.