martes, 18 de noviembre de 2008

VENEZUELA: LA GUERRA FEDERAL EN ORIENTE




LA GUERRA FEDERAL EN ORIENTE

ELIGIO DAMAS

LOS AUTORES ORIENTALES DISCREPAN:
LUIS LEVEL DE GODA CALIFICA A ANIBAL DOMINICI DE PARCIAL E INEXACTO
JOSE EUSEBIO ACOSTA, DESTACADO JEFE FEDERAL DE ORIENTE, NO SE ACOGIÒ
AL TRATADO DE COCHE
EL PACTO DE SANTA ANA, FIRMADO POR SOTILLO, NO LE GUSTÒ AL GENERAL ACOSTA
EN EL MOVIMIENTO LIBERAL SURGIERON PROFUNDAS DISCREPANCIAS.


Cuando uno aborda cualquier problema o acontecimiento relacionado con la historia de los pueblos y específicamente de esta región, valiéndose de la bibliografía escrita por hombres que fueron actores de los hechos o tuvieron vínculos con éstos., generalmente encontramos dificultades, versiones contrarias que nos obligan a buscar razones que antes no estaban en el centro de nuestro interés.
Y es que la historia escrita a lo largo del siglo XIX en nuestro país, está plagada de inexactitudes, de afirmaciones interesadas y, rara vez, el escritor tuvo interés en aportar pruebas de sus afirmaciones. Era una escuela que ponía más énfasis en el objetivo o interés político del escritor que en la obligación de reponer la verdad que hoy guía al historiador o escritor de asuntos de historia. Aquellos en verdad, en muchos casos, no eran historiadores de oficio. En este empeño que nos anima de recopilar información sobre la vida pasada de estos pueblos; en este modesto esfuerzo de acopiar material para un trabajo futuro sobre historia regional de mayor importancia, nos hemos topado con versiones diferentes sobre un mismo hecho e interpretaciones encontradas entre autores orientales del siglo XIX. No sólo es válido hacer alusión a las diferencias entre oligarcas y liberales, sino también entre estos últimos.
Aquí mismo, en Barcelona, en el diario “El Republicano”, su director Blas Bruzual, dejó constancia de esas discrepancias habidas para el momento de seleccionar la candidatura a la presidencia de la Republica por el movimiento liberal en 1846 y que tendrán consecuencias trascendentes a mediano plazo. La precandidatura liberal de Barcelona, escogida dentro de unas circunstancias muy sospechosas, de José Gregorio Monagas, derrotado internamente por el candidato del centro del país, Antonio Leocadio Guzmán, fue como vengada en las elecciones presidenciales, por un candidato que virtualmente arrancó de Aragua de Barcelona, José Tadeo Monagas, propuesto por el partido oligarca, pese a sus muy recientes enemistades con Páez y su partido. Poco tiempo después, el propio Blas Bruzual, jefe del liberalismo de Barcelona y apasionado defensor del viejo José Gregorio, aparecerá como uno de los más conspicuos colaboradores del segundo de los Monagas. Incluso es bueno decir, para mayor abundamiento, que a Blas Bruzual se le acusó en el movimiento liberal de promover en 1846 secretamente la candidatura de José Tadeo Monagas para detener el avance de Antonio Leocadio Guzmán, a quien el periodista barcelonés consideraba un candidato sin atractivo hacia fuera.
Pocos años después, siendo de nuevo presidente de la república José Tadeo Monagas y Bruzual uno de sus colaboradores, los oligarcas y algunos liberales se confabularon para derrocar al presidente, mediante la llamada Revolución de Marzo de 1858 e inaugurar el periodo de Julián Castro. En esos momentos estamos en los umbrales de la Guerra Federal.
Ezequiel Zamora, “El Valiente Ciudadano”, según versión bibliografiílla de uno de sus oficiales, recomendaba a sus hombres de confianza, entre quienes estaba el testigo citado, irse del país, marginarse de la guerra y la política en caso que el muriese porque los demás jefes liberales no le merecían confianza. Esta declaración y la muerte misteriosa de Zamora, que complica aún más las cosas, sirven para abundar sobre las discrepancias entre el movimiento liberal.
“Cuando al general Juan Sotillo, preguntan que entendía por federación, respondía que los zulianos manden en el Zulia, los guariqueños en Guárico y los guayaneses en Guayana”[1] Y esta apreciación regionalista también opera como factor que contribuye a imprimirle un ritmo, un orden y una orientación determinada al proceso histórico. Por supuesto, los escritores de historia del siglo XIX, ayunos de buenos métodos y adherentes de determinados intereses o simpatías, incurrían con frecuencia en subjetivismos y versiones interesadas.
Al plantear esta cuestión pensamos en primer término en Aníbal Dominici, nativo de Barcelona, con varios años de residencia y ejercicio profesional como abogado en Carúpano; padre de César y Santos Dominici; quien publicó en 1883 una biografía del caudillo federalista carupanero general José Eusebio Acosta. En 1982, el Colegio Universitario de Carúpano, auspició la segunda edición de esa curiosa obra, que en abril de mismo año, el colega profesor Reinaldo Maza, docente de ese instituto, me obsequió en casa de nuestro común amigo Luis Mariano Rivera, allá en el refrescante rancho de Canchunchù Florido.


II

PARA ANIBAL DOMINICI, JOSÈ EUSEBIO ACOSTA NO SUPO DEL TRATADO DE COCHE

Para el 13 de mayo de 1863, el general José Eusebio Acosta, avanza con sus tropas sobre Cumanà; ese mismo día, según el parte de guerra emitido por su hermano general Saturio Acosta, el 20 del mismo mes, el Jefe Supremo del Estado de Cumanà, habiendo recibido en Cumanacoa “una escasa cantidad de pertrechos, determinó dar batalla al enemigo”[2]
Según Aníbal Dominici, estando el general Acosta por los alrededores de Cumanà, se le acercó “una comisión diputada por los jefes oligarcas, que se valían de ese medio para participarle que el gobierno del Dictador[3] estaba en conferencias de paz con el Presidente Provisional de la Federación[4], y le invitaban a pactar un armisticio mientras se conocía el resultado de aquellas”.
El mismo autor agrega que, “El jefe federal no tenia de esto más conocimiento que el que se le trasmitía por conducto del enemigo”. También que, por varias razones “adivinó (Acosta) que aquellos señores aspiraban a quedar dominando la provincia, en cualquier emergencia y a pesar de la supremacía de las armas federales…; rechazó enérgicamente la propuesta y contestó que le entregasen la plaza”.
Lo curioso del texto citado; de un libro publicado en 1883; es decir, 20 años después del acontecimiento que en este instante nos ocupa, es que Aníbal Dominici habla allí mismo como si en efecto, el general Acosta y él mismo, hubiesen desconocido que el 24 de abril de 1863, se firmó el “Tratado de Coche”, entre Pedro José Rojas, político cumanés, consejero y mentor de Páez, entonces presidente-dictador y Antonio Guzmán Blanco, en representación del máximo jefe federal Juan Crisóstomo Falcón. Para 1883, Dominici era Ministro del Gabinete Ejecutivo y murió en 1897, catorce años después de publicado su libro.
¿Es valedero creer que en verdad, veinte días después de firmado el “Tratado de Coche”, el general José Eusebio Acosta “no tenia de esto más conocimiento que el que se le trasmitía por conducto del enemigo?
Si bien es verdad que no he encontrado ninguna fuente documental que sirva para desmentir categóricamente a Aníbal Dominici, por no decir al general José Eusebio Acosta, quien al parecer fue cauteloso al máximo y no incurrió en las aparentes debilidades de Dominici; no obstante sobran razones para presumir que, de ser cierto lo que afirma Dominici que, Acosta alegó desconocer de que le hablaban, éste fingió ante la comisión diputada por los oligarcas de Cumanà.
Para los días finales de abril de 1863, el general Acosta andaba por los lados de esta provincia de Barcelona, desde donde se movió tramontando los Altos de Santa Fe, hacia Cumanacoa; sitio donde estaba el 13 de mayo. Allí recibió algunos pertrechos, mencionados en el parte de guerra ya citado del general Saturio Acosta, enviados por la esposa de aquel. También es conocido – y más adelante lo vamos a reafirmar – la fluidez de información y los contactos frecuentes entre los federales de Cumanà y los de esta provincia de Barcelona.
El Convenio, para los efectos de la entrega de la plaza de Carúpano al general Acosta, firmado en junio de 1863 por Luis Marcano, Coronel José Miguel Rubio y el segundo comandante Ángel Félix Barberii, los primeros a nombre del coronel Pedro Vallenilla, jefe de las fuerzas oligarcas de aquella ciudad y el último a nombre del general José Eusebio Acosta, dice “Y considerando que después del tratado preliminar de paz celebrado por los generales Sres. Dr. Pedro José Rojas y Antonio Guzmán Blanco, la Republica enteramente está casi toda pacificada, hemos pactado, para evitar los desastres consiguientes a la continuación de la guerra…”[5] Este convenio cuyo primer punto acuerda que, “El Coronel Pedro Vallenilla, por sí o por comisionados, entregará al General José Eusebio Acosta, o a quien lo represente, la plaza de Carúpano con todos los elementos que contiene”[6]; y en la parte quinta, como una manifestación triunfal de Acosta, éste se reserva “por un acto espontáneo de su voluntad a poner en libertad a los prisioneros habidos en Cumanà el 19 de mayo último…”[7]. Este Convenio se firmó en Cariaco el 02 de junio de 1863.
De acuerdo con lo manifestado, siete u ocho días después de firmado el convenio de Caracas del 22 de mayo de 1863, Acosta tuvo conocimiento de ello. Lo que nos induce a pensar y decir que parece ilógico que no supiese para el 20 de mayo que, el 24 de abril próximo pasado se había firmado el primer acuerdo.

III

EL TRATADO DE COCHE Y SUS NTECEDENTES
EL GENERAL SOTILLO FIRMA ARMISTICIO CON LOS OLIGARCAS

Para explicarnos la conducta de Acosta, justificada por Dominici con razonamientos que no parecen valederos, es necesario revisar algunos puntos del Tratado de Coche y hacer referencia a las reacciones que produjo en algunos círculos liberales.
Con anticipación debo mencionar que Luis Level de Goda, en un libro calificado por Don Lisandro Alvarado como “una de las fuentes documentales de primera línea”, calificó al de Acosta, como plagado “de inexactitudes y muy parcial y exagerado”[8] Como hemos dicho antes, el “Tratado de Coche”, fue firmado entre Pedro José Rojas y Antonio Guzmán Blanco, a quienes con abundancia se les ha acusado de haberse acordado secretamente para poner fin a la guerra y repartirse parte de lo ingresado al tesoro nacional por los empréstitos recientemente contratados. Incluso a Guzmán se le acusó de haber amasado una cuantiosa fortuna como resultado de aquel convenio.
Según Antonio Arellano Moreno, en “Breve Historia de Venezuela”, a fines de “1861 hablaron Páez y Falcón en las sabanas de Carabobo”[9]. Según el autor citado, el jefe liberal propuso al “León de Payara”, suspensión de hostilidades, continuación provisional de Páez como Jefe Supremo, formación de un Ministerio con dos liberales y dos conservadores, reunión de una Constituyente que “fijara el sistema de gobierno que quisieran las mayorías y continuación de Falcón como Jefe de los Ejércitos Federales, con asiento en Coro”.[10]
De ser cierto esto, y lo tomamos así por la seriedad de la fuente, y por los datos que señalaremos más adelante, hay antecedentes al “Tratado de Coche”, de proposiciones del bando liberal que apoyan las dudas que para 1863, el general José Eusebio Acosta, no tuviese “más conocimiento que el que se le trasmitía por conducto del enemigo”[11]
Como razones para esas dudas vale recordar lo del Pacto de Santa Ana, entre el gobierno y la federación, específicamente a través de los generales José Maria Zamora y Miguel Sotillo respectivamente – este último asistió a nombre de su padre el general Juan Antonio Sotillo-. El 14 de octubre de 1861, llegaron a un acuerdo provisional de paz, con el fin ulterior de poner fin a la guerra o por lo menos “llegar a una regularización de ella”.[12]
El “Tratado de Coche”, firmado por el aparente contubernio de Rojas y Guzmán, según la creencia mayoritaria, fue el acuerdo de la representación de un movimiento triunfante y una dictadura en abierta derrota. El ejército del gobierno, apenas disponía de tres mil hombres contra ocho mil del federalismo. No obstante el tratado parece no reflejar esa realidad. Aquel acuerdo contiene los siguientes aspectos:
1.- El ejército federal reconoce al gobierno del Jefe Supremo (Páez) de la republica y de su sustituto.
2.- Una Asamblea se reunirá en Caracas dentro de 30 días.
4.- En el momento de instalarse la Asamblea Nacional cesará el gobierno del señor Páez.
Este acuerdo produjo reacciones adversas, tanto del lado liberal como del conservador.
Según una fuente, el general Falcón, en Coro, donde supo (?) de los términos del acuerdo, se manifestó indignado y dijo: “triunfante la revolución federal, Guzmán no será conmigo ni comisario de policía”.
El general Jacinto Regino Pachano, hombre de gran confianza de Falcón y a quien Guzmán acudió para que lo apoyase en su comparecencia ante el jefe máxima del liberalismo, expresó que “desde que llegamos (él y Guzmán) a Coro estallaron las malas voluntades, las hostilidades al tratado. Los generales José González Z. y José G, Ochoa y como éstos, otros muchos, nos las manifestaron sin disimular con harto desagrado”.
En Cojedes, para los primeros días de mayo, el general federalista José L. Arismendi, sabia del tratado, pero continuó las hostilidades sin respeto alguno por el mismo.
“A principios de mayo, sin hacer caso alguno del “Tratado de Coche”, concentró Acosta cuantos hombres pudo en el interior de la provincia y marchó sobre la ciudad de Cumanà”[13]- [14]









IV

ANIBAL DOMINICI CRITICA AGRIAMENTE AL GENERAL SOTILLO


Pocos días después de la firma del convenio de Santa Ana, recibió Acosta de enviados suyos ante el general Juan Antonio Sotillo, la información sobre aquel acuerdo. Aparte de las razones que posteriormente da Aníbal Dominici para justificar el desacuerdo del carupanero, en una parte de su obra, un poco subrepticiamente, introduce su opinión contra el tratado y de paso deja caer sus reproches contra el caudillo de Santa Ana, sin analizar las circunstancias nacionales, locales y hasta personales que pudieron influir en la conducta de éste. Con la misma facilidad con que defiende malamente al general Acosta, trata de mal poner a Sotillo. Dice Dominici, “Por muchos meses estuvieron frente a frente el general José Maria Zamora y el general Juan A. Sotillo…, ambos viejos veteranos en nuestras guerras,,,,., viéndose y considerándose como compañeros de otra época, que estimaban tal vez, como juegos infantiles las cosas del dic, aun cuando en ellos había perdido ya algunos de sus hijos el jefe de los llanos barceloneses”.[15]-[16]
Pero reconoció Dominici que aquel pacto de Santa Ana, se firmó en “conformidad con las estipulaciones celebradas entre el Jefe Supremo Juan Crisóstomo Falcón y el dictador José Antonio Páez”.[17] Y que ese pacto entorpeció los planes de Acosta que se vio privado de la ayuda de las fuerzas de Barcelona, según eran las aspiraciones del carupanero.
La experiencia que Acosta recogió de ese pacto “local” fue para él negativa; pues le paralizó y lo confinó a Cumanà y permitió “que los godos en Carúpano aprovecharan ese tiempo para reponerse de las terribles derrotas”[18] Y como el propio Dominici dijese, “Bien comprendía el caudillo oriental (Acosta) que el armisticio lo perjudicaba en gran manera”[19]
Aquí está expuesta la verdad. Es esta última la razón que movió a Acosta a fingir desconocimiento ante la comisión oligarca que le hizo referencia al “Tratado de Coche”.Y es también por esto, que el autor de la obra que estamos comentando, además de las razones de amistad, compadrazgo e identificación partidaria, se siente obligado a llamar “Convenio de Coche” al firmado en Caracas el 22 de mayo de 1863.

Y desde el punto de vista político y militar, no fue malo que el general Acosta desconfiase de la pertinencia del “tratado de Coche”, tomando en cuenta los resultados negativos para su campaña del Pacto de Santa Ana, la incómoda situación en que quedaban él y sus fuerzas y la propia naturaleza del acuerdo de Coche que, en lugar de rendición del enemigo, suspende las hostilidades en condiciones que el propio Falcón rechazó en principio.[20] Aun cuando se alega que para aquel momento ambos bandos estaban desgastados; sin embargo era más grave la situación en el grupo oligarca y aquí también más honda la desmoralización. Pocos días después, el general Falcón aceptará el convenio “convencido” por los generales Guzmán y Jacinto Regino Pachano.
Siendo los autores y sus obras contemporáneos, mientras Dominici dice que Acosta nada sabia de las conversaciones entre los jefes liberales y oligarcas, Level de Goda afirma lo contrario; y de paso censura al general Jefe Supremo liberal de la provincia de Cumanà.
Hay algo más; después de informar de lo acontecido durante los combates de los días 15 al 19 de mayo en la sitiada ciudad de Cumanà, entre los liberales y conservadores, dice Dominici que, a los tres días de esta última fecha “esto es, el 22 de mayo, se firmaba el Convenio de Coche”.[21]-[22]
El autor Aníbal Dominici, cuando habla de la “comisión diputada por los oligarcas de Cumanà” que trató con Acosta antes que éste invadiese la ciudad, no hace mención a un hecho que, como biógrafo y escritor de historias, estaba obligado a referir, pues era eso precisamente a lo que hacían alusión al caudillo oriental los embajadores, que el “gobierno del dictador estaba en conferencia de paz con el Presidente Provisional de la federación”.

En 1883, cuando Dominici publica su obra o años antes, cuando la escribió, sabia que el 24 de abril de 1863, en Coche, se firmó un convenio que ordenaba poner fin a las hostilidades. Pese a todo, en su obra, como para justificar a su biografiado – sin que eso fuese necesario- y más bien dejando una brecha para las críticas de sus adversarios, como Level de Goda, insiste en ignorar ese hecho y dice que fue el 22 de mayo cuando se firmó el “Tratado de Coche”.
Así como no opina en el primer caso y se limita a decir que Acosta no sabia de lo que le hablaban los comisionados de Cumanà, como para no comprometer su opinión con Acosta ni con los lectores, en el segundo caso incurre en el error de dar un dato cuya inexactitud es de fácil comprobación.
La verdad es que el 22 de mayo, Rojas y Guzmán, después de muchas idas y venidas y la aceptación definitiva de los jefes, firmaron un segundo convenio; esta vez en Caracas, con apenas unas ligeras modificaciones de forma del primero. Para demostración de esto, repasemos los aspectos fundamentales del mismo.[23]


EL CONVENIO DE CARACAS
DEL 22 DE MAYO DE 1863


Se comienza por afirmar que dicho convenio tiene el propósito de pacificar al país y con este fin se dispone:

1.- “Se convocará una Asamblea para el trigésimo día después de canjeada la verificación de este convenio, o para antes, si fuese posible reunir el quórum correspondiente”.
2.- “Esta Asamblea constará de 80 miembros elegidos la mitad por el Jefe Supremo de la República y la otra mitad por el Presidente Provisional de la Federación”,
3.- “En el instante de reunirse la Asamblea, el Jefe Supremo entregará a ésta el mando de la República”.
4.- “El primer acto de la Asamblea será el nombramiento del gobierno que ha de presidir la Republica mientras ésta se organiza”.
5.- “Cesar completamente las hostilidades y no se puede ordenar ningún movimiento de tropas, ni reclutamiento, ni nada que indique preparativos de guerra”.
Es este segundo convenio, que modificó apenas formalmente al primero del 24 de abril de 1863, al que Dominici equívocamente llama “Convenio de Coche”.
Con ese gesto, Dominici quiere ocultar una situación de hecho, un poco ingenuamente.[24] Es posible que Acosta la ignorase; es decir, que no supiese de la existencia de tal acuerdo, premisa que no creemos válida, pero de lo que sí no hay duda alguna es que en 1883, 20 años después, eso era del dominio público y el Ministro del Gabinete Ejecutivo Aníbal Dominici, lo sabía.
Ahora bien, obsérvese que el convenio que Acosta firmó, mediante su representante, el segundo comandante Ángel Félix Barberii, con los oligarcas para la entrega de Carúpano, cuando hace mención al tratado de Caracas del 22 de mayo, lo llama “tratado preliminar de paz”. Como aquel tenía ese carácter, el que le asignó Acosta, éste de ahora tiene como propósito “ajustar las condiciones que hayan de poner término a la guerra civil que tiene lugar en la provincia de Cumanà”.
No hay la menor duda que, en los términos que se expresa este convenio, se demuestra que para el general Acosta, el acuerdo de Caracas no era suficiente para poner cese a las hostilidades, si sus rivales de la provincia de Cumanà no firmaban otro con él, para entregarle las plazas que dominasen. Por eso habló, refiriéndose al tratado de Caracas, diciendo que era un “tratado preliminar” y como tal demandaba un ajuste o complemento. Con esa actitud, el general Acosta dejó sentado ante el movimiento federalista su condición de jefe de la provincia donde por largos años había combatido. ¡Aquí quién manda soy yo! Parece haber dicho José Eusebio Acosta. Y sus razones tenía. No era necesario que Dominici mintiese posteriormente.


V

LAS RAZONES DE ACOSTA O LAS SIN RAZONES DE DOMINICI


Las noticias del “Tratado de Coche”, a nuestro parecer, debieron haber llegado con suficiente anticipación a oídos del general Acosta. No es aventurado pensar que cuando la comisión oligarca de Cumanà se entrevistó con él, sabía bien de que le estaban hablando. Varias razones podrían explicar su conducta.
1.- La experiencia de 1861, el “Pacto de santa Ana”, firmado entre Sotillo y Zamora, que según lo afirmado por Dominici, incitó a Acosta a no paralizarse esta vez; más en un momento que sus fuerzas estaban creciendo y el enemigo de Cumanà se hallaba debilitado y replegado. Disponía Acosta de un ejército superior al atrincherado en Cumanà y de un respaldo popular respetable en esa capital provincial.
2.- En Carúpano, el coronel Pedro Vallenilla, del bando de los oligarcas, dominaba la situación, pero también muy debilitado; porque en Maturín, si bien dominaban las fuerzas oligarcas, ya no podían operar con la misma facilidad de 1861.
De modo que si Acosta, Jefe Superior de las fuerzas liberales de esa parte de oriente, en mayo de 1863, se acoge a los términos del “Tratado de Coche”, que por lo demás había sido rechazado con “harto desagrado”, como dijese Pachano, por factores importantes del movimiento liberal, hubiese incurrido en un acto de ingenuidad político-militar y en una conducta moralista que no hubiese sido digna de encomio. De la misma manera que no es encomiable que, alguien escribiendo historia, desvirtúe los hechos por razones puramente personales.
El propio Falcón, en principio, por las razones que fuesen, rechazó el acuerdo y se defirió en términos peyorativos e insultantes a Guzmán Blanco.
Aquella negativa de Acosta a aceptar un pacto que tampoco era definitivo, pero que imponía un cese provisional de las hostilidades, firmado por el comandante de las fuerzas liberales del centro del país, también estaba en línea con una clara conducta federalista y el interés personal, político y militar de ese jefe oriental. Eso le preemitió la toma de Cumanà; es decir, mejoró sensiblemente sus posiciones antes de la firma del convenio definitivo de Caracas. Y aún así, no quedó conforme; y por eso llamó a ese convenio de Caracas, en el de Cariaco, para la entrega de Carúpano de junio de 1863, “tratado preliminar” y especificó que el firmado entre su representación y el coronel Vallenilla era “para ajustar las condiciones que hayan de poner término a la guerra civil”.
Y el hecho mismo que Acosta amenazase con invadir Carúpano y posteriormente avanzase a la toma de Maturín, es un desconocimiento del convenio de Caracas del 22 de mayo. Ya no es sólo al “Tratado de Coche”, sino también al siguiente, al acuerdo definitivo, aceptado por los máximos jefes de las fuerzas beligerantes, en donde se estableció el cese completo de “las hostilidades” y precisó además que, “no se puede ordenar ningún movimiento de tropas, ni reclutamiento, ni nada que indique preparativos de guerra”.[25]
Dominici, pese a todo, se traicionó, cuando dijo que por algún motivo Acosta adivinó “que aquellos señores aspiraban a quedar dominando en la provincia, en cualquier emergencia y a pesar de la supremacía de las armas federales”.[26]
La validez de las razones de Acosta, jefe liberal jefe de una porción del territorio nacional, donde llevaba varios años combatiendo, está por encima de las condenatorias moralistas de Luis Level de Goda, pese a que sus referencias históricas parecen ciertas. Pero si se merecen nuestra manifestación de inconformidad, también son merecedoras de ella, quienes por razones personales, políticas, fraternales o regionales, emitieron juicios sin razonamiento que los respalde u ocultaron verdades que en nada favorece ante la historia al líder carupanero.
La función de quien escribe sobre historia es procurar reponer la verdad, en la medida de lo posible, al margen de sus simpatías o adherencias políticas.
[1] Armas Chitti, J.A. “Venezuela después de Carabobo”
[2] Dominici, Aníbal “Biografía del general José Eusebio Acosta. Parte de Guerra del general Saturio Acosta
[3] Se refiere al General Páez
[4] “ “ al General Juan C. Falcón
[5] Dominici, Aníbal “Biografía del General José Eusebio Acosta”
[6] Dominici, Aníbal: Ídem
[7] Ídem
[8] Level de Goda, Luis “Historia Contemporánea de Venezuela:1858-1886
[9] Arellano Moreno, Antonio: Breve Historia de Venezuela”
[10] Arellano Moreno, Antonio: “Breve Historia de Venezuela”
[11] Dominici, Aníbal:”Biografía del General José Eusebio Acosta”
[12] Maradei Donato: “Historia del estado Anzoátegui”
[13] Level de Goda, Luis. Ídem
[14] Es obvio, que, en esta expresión del guerrero y escritor cumanés, solidario de de la causa liberal y de Zamora, hay una referencia peyorativa contra el general carupanero.

[15] Dominici, Aníbal: Ídem
[16] El general Juan Antonio Sotillo, vio morir en sus brazos a José Sotillo, como resultado de la emboscada de que fueron víctimas viniendo de los llanos de occidente después de la batalla de Coplè. Otros tantos de sus hijos naturales murieron en la guerra
[17] Dominici, Aníbal. Obra citada.
[18] Dominici, Aníbal. Obra citada
[19] Ídem
[20] No es clara la posición de Falcón. Es dudosa su actitud que después de rechazar el acuerdo inicial, mantiene a Guzmán Blanco como negociador del bando liberal. Pese a que, como lo señaló el general Luis L. Arismendi, los hombres acantonados en Coro, repudiaron aquel acuerdo y a su mentor.
[21] Dominici, Aníbal: Ídem.
[22] En esta expresión hay a todas luces una inexactitud o una expresión voluntariamente equívoca
[23] Llama la atención que el máximo jefe liberal Juan Crisóstomo Falcón, pese haber dicho que de resultar triunfante la revolución federal no nombraría a Antonio Guzmán Blanco ni de comisario de policía, lo mantuvo como representante suyo en esas conversaciones.
[24] Para no pecar por exceso, admitámoslo así, quiso como hacer olvidar que antes de la invasión de Cumanà, se había firmado un acuerdo para poner cese a las hostilidades y que para el momento que la comisión de los oligarcas se entrevistó con Acosta, ese acuerdo estaba vigente.
[25] Fragmento del Convenio de Caracas de 22 de mayo de 1863
[26] Dominici, Aníbal. Obra citada