martes, 27 de noviembre de 2012

"DÈJAME ECHARTE EL CUENTO" DE LUIS ALEJANDRO MORALES

Se nos acabò el agua


            Revisando en “Librerías del Sur”, aquella ubicada cercana a la plaza Bolívar de Caracas, encontré este título. Me llamó la atención o mejor se conectó mágicamente conmigo.
            “Déjame echarte el cuento”, lo sentí como un llamado de alguien con muchas cosas cotidianas, no por ello intrascendentes, que decir a los lectores. Sin más lo tomé y junto a otros libros me lo traje a casa.
            Lo primero que leí, como suelo hacer, fue lo relativo al escritor. Como señalo arriba, se llama Luis Alejandro Morales y es nativo de Chile, país que hubo de abandonar “luego del golpe propinado por la derecha militar de Pinochet.” Después de haber vivido algún tiempo en Costa Rica, en donde nacieron algunas de los cuentos de este sencillo pero exquisito libro y, no digo simplemente ameno porque le restaría méritos a la fuerza narrativa que hay en él, luego en República Dominicana, se vino a Venezuela, donde ahora reside. Según la nota que trae el texto en la contraportada, es ingeniero y trabaja como docente en la Universidad de Oriente (UDO). Pero se dedica además al trabajo literario.   
           Lo mejor que puedo decir es que lo leí de un sólo tirón. O lo que es lo mismo, para mi gusto está escrito con sencillez y finura. Revela cómo con la magia del arte, el saber contar con gracia y sencillez, se pueden construir excelentes y atractivas historias a partir de lo común y cotidiano. Pienso que hay que escribir bien, contar historias interesantes, pero procurar llegar a la gente. Hacer, del mayor número en ella, lectores. Escribir para recibir el aplauso de una pequeña élite y hasta un círculo de amigos influyentes no es la mejor de las tareas.
        De ese libro “Déjame echarte el cuento”, he tomado un título, con la venia del autor, de las páginas 41 y 42, de la edición del 2008 de “El Perro y la Rana”, para colocarle en este blog. No es el mejor de los trabajos de Morales, en “Déjame echarte el cuento”, pero si un maravilloso anuncio de todo lo que allí hay. No es habitual que el “Blog de Eligio Damas”, publique trabajos no escritos por su autor, pero la lectura de éste hará comprender las razones. Es también un acto de solidaridad con quienes “no tienen quien les escriba”.
       Además, confieso que me gustaría que mucha gente leyese ese libro. Aunque de su autor sólo sé lo que he dicho y las historias que cuenta, en gran medida, en primera persona.
                                       ELIGIO DAMAS

SE NOS SECÒ EL PLANETA

Luis Alejandro Morales

            Parece que estoy dormido. Tengo mucha sed. No tenemos agua, inmensos desiertos nos rodean, todos los ríos, represas, lagunas y mantos acuíferos están irreversiblemente contaminados y agotados. Asaltan por un bidón de agua. Mis ocho vasos de agua se han reducido a O.5. Cuerpos arrugados tempranamente por la deshidratación. Cuerpos llagados por los UV sin el filtro de la capa de ozono. Los espermatozoides están mutando. El gobierno sólo entrega 137 m3 por día de aire por habitante a precio fijo, si no puedes pagar te echan. Edad media: 35. Manchas de vegetación custodiadas por militares. ¿Por qué se acabó el agua? Tengo mucha sed.
           Despierto al lado del Orinoco. El Majestuoso está en su mejor época. En sus orillas se celebra la Feria de la sapoara, todo es movimiento, bullicio y alegría, los niños meten la mano sobre el pescado recién sacado de la red. Son niños sanos en cuya piel morena aún no han hecho mella los UV poco filtrados. Las hermosas mujeres, madres algunas, lucen su piel tersa y tostada. La música criolla tocada por los diversos conjuntos contribuye con su ritmo a despertar el deseo de seguir en esta hermosa vida por mucho tiempo más. La pródiga vegetación  a orillas del Orinoco es la antítesis del desierto. Es un himno a la vida.
           Clavo la vista en el río  y veo pasar una fantástica porción de agua y creo que nada he hecho para tener el privilegio de observar el paso de 18.000 (o más) metros cúbicos de agua por segundo cuando en el 2070, según  mi fantasmagórico sueño, es posible que esto sea sólo arcilla reseca. Nada he hecho hasta ahora, pero debo adquirir el compromiso de actuar para que las generaciones venideras puedan venir a contemplar, con el mismo fervor que lo hago yo ahora, después de tomar conciencia de mi pesadilla, la herencia que dejarán a sus descendientes.

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