domingo, 28 de enero de 2018

JULIO ESCALONA, DOMINGO ALBERTO RANGEL Y LA HISTORIA NO CESA



ELIGIO DAMAS

            Nunca olvidaré, cuando aquel entonces compañero, alto dirigente nacional del MIR, ahora en la oposición y hasta en la derecha, tanto que ha hecho de Miami como tantos, el predio hacia donde frecuentemente dirige sus pasos con diferentes fines supongo, al bajar del piso donde funcionaba la biblioteca de la UCV, de una reunión clandestina del Comando Nacional, al cual, siendo yo muy joven, no tenía acceso, en la parte inferior de las escaleras que llevaban a la FCU, al ser interrogado por mí, conocedor de lo que allí habría de discutirse, me dijo como leí una vez de Mao:
            -“La guerra es larga”.
            Con aquello quiso decirme que la alta dirección de nuestro partido, del cual él formaba parte, acababa de optar por la guerra y esta, al estilo de la Revolución cubana, la más cercana a nosotros, en razones de espacio y mayor efecto ecuménico, sería “tomar el monte” e irse a formar nuevas guerrillas y apoyar las ya existentes. Es decir, la lucha tomaba otro carácter, como en efecto la tomó, aquella de la calle que se venía haciendo, pese la dura represión de Betancourt y hasta los muertos, pasaba a un segundo plano. No había “según la dirección nacional” otra salida. Como lo de ajustar la forma de lucha de las masas, en función de los intereses inmediatos colectivos, la de rebajar ciertas acciones que le daban argumentos al gobierno para reprimir y no ayudaban a ahondar las contradicciones entre quienes soportaban política y militarmente al mismo, como si la hacían entre nosotros y nuestros muy posibles aliados, hasta dentro de aquél. Como tampoco importó que a raíz de esa misma decisión, en el seno de nuestro partido se produjese un importante rompimiento, que ya se había expresado en el PCV, como que Domingo Alberto Rangel, con todo el peso de su liderazgo e importancia de su opinión, al margen de lo que siguiese sosteniendo después, optase por irse del partido. Era aquella la continuación de una línea de errores que ya habíamos cometido dentro de AD, como permitir, por sutilezas, discrepancias subalternas, que Betancourt nos enfrentase con quienes eran potenciales aliados, sin sectarismos de por medio, y luego lo fueron, como Ramos Jiménez, su llamado grupo ARS y quienes, como el Dr. Prieto y Paz Galarraga luego formaron el MEP.
            Estas meditaciones vienen a cuento por el más reciente artículo de nuestro buen amigo Julio Escalona, titulado “Disparen primero, averigüen después”, aparecido hoy domingo, 28 de enero en Aporrea, en el cual dice “Yo he señalado en otros trabajos (Fabricio Ojeda y la insurrección como proceso, Aporrea, 31-01-17), que la decisión de ir a la lucha armada fue precipitada (negritas nuestras), que en las elecciones de 1963, hemos debido apoyar a Larrazábal con el propósito de derrotar a Betancourt y los planes imperiales que estaban cimentados, principalmente, en la victoria de Betancourt como base para derrotar al movimiento popular”.
            Estas notas de Escalona, que le sirven para explicarnos lo que ahora guía su conducta, es decir el interés primordial de derrotar las aspiraciones imperiales, como decirlo al viejo estilo, atender a la contradicción fundamental, estimula en mí estas reflexiones que atienden al pasado y al presente y por la importancia que le atribuyo a la opinión y presencia del viejo compañero.
            Es decir, al margen de ciertos detalles y conductas posteriores, lo relativo a su vieja manía abstencionista que le llevó a separarse también de Chávez después de haberle apoyado y hasta asesorado, pareciera que en buena parte Domingo Alberto Rangel (DAR), tuvo razón cuando se opuso tenazmente a la opción de lucha armada y el abandonar lo que él llamó “lucha de masas”. Como la tuvieron tantos compañeros que se marginaron inmediatamente, y más tarde, al evaluar adecuadamente aquella decisión frente a los hechos. Por lo menos, desde el punto de vista del historiador y las consecuencias que eso pudiera tener en la política, opiniones como estas encierran un enorme valor e importancia.
             Incluso, no voy a olvidar aquello acontecido, para mí más que un poema, un aprendizaje político invalorable, cuando en el Congreso Fundacional del MIR, Celso Fortoul, propusiese lo que resultó aprobado por cierta mayoría, que el naciente partido, pese su composición, se declarase hasta leninista. Pude observar directamente,  sin darle valor aquello por mi incapacidad de entonces, como un grupo de compañeros hasta ese momento y delegados al congreso, se retiraron por no sentirse allí representados o reflejados con aquella decisión también como “precipitada”, para decirlo como Escalona.
             Comparto con Julio muchas cosas. Por eso, suelo citarlo y hasta comentar sus opiniones como ahora hago. Y comparto, naturalmente, atendiendo a la dialéctica, como digo en broma a un amigo quien de eso ríe mucho, hasta la hegeliana, que es primario defendernos de las ambiciones y malsanas aspiraciones, lo que es como una innecesaria repetición, del sector imperial más agresivo. Para Julio hay que ir a la batalla electoral para derrotar las “fuerzas imperiales”; eso creo, pero no se deba ir como  Maduro y todo su equipo dispongan. Pero agrega algo muy importante, “debemos derrotarlas cuantitativamente, pero si no las derrotamos cualitativamente, es decir, elevando la organización y conciencia popular, podremos estar perdiendo a mediano y largo plazo”. Al final dice que la política petrolera, “gasta dólares”, podría ser, si no ponemos la política al mando, “pan para hoy y hambre para mañana”. Salvo discrepar lo de hambre para mañana, porque como dije en trabajo anterior a este, ya el hambre se está acomodando en nuestras casas y cuando esto digo, me refiero a profesionales como Julio, porque en la casa de la mayoría del pueblo ya tiene hasta telaraña, estoy de acuerdo en lo que exige. Pero el dilema es ¿a quién, cómo, de qué manera y hasta dónde se debe hacer esas exigencias?
           ¿Se contribuye a sumar todas las fuerzas posibles a la lucha contra el imperialismo cuando se impone la soberbia y la sobreestimación de sí mismo o el pequeño grupo de burócratas sobre los demás, hasta el pueblo mismo, militante revolucionario en PSUV, GPP y otros partidos, a quien se le niega su derecho a emitir con libertad, por los mecanismos adecuados para ello, sus opiniones y manifestar su preferencia? ¿La aprobación de lo que Britto García llama “Ley Terminator”, como se decía antes, de madrugada y sintiendo el cantar de gallos, lo que es una entrega de soberanía, sin darle a nadie oportunidad siquiera de discrepar, tanto que ANC lo hizo de manera unánime, sirve “para elevar la organización y conciencia popular? ¿Acaso, la casi imposición, técnica y legalmente lo es, de la candidatura de Maduro, de la que necesariamente uno no tiene porque estar en contra, apunta hacia ese objetivo?
            Julio bien sabe que no. Por eso mismo, como un mensaje subliminal, escribió lo que escribió, incluso su velada crítica a la “política gasta dólares”, la del “pan para hoy y hambre para mañana”. Pero para quienes eso está dirigido, por el estilo y la generosidad que elude el enfrentamiento por motivos que desconozco, sabiendo de muchas de las cualidades de Julio, eso carece de valor, pues no se sienten obligados ante una crítica velada que nos les alude directamente. Pero lamentablemente, el diseño, asumir una política para atender a la contradicción fundamental que termine siendo exitosa, debe pasar por unir a todas aquellos que están obligados a eso por los principios y para esto es necesario desterrar el sectarismo, la soberbia y el desconocimiento de los derechos de la gente a opinar y sobre todo que esa opinión sea tomada en cuenta.
          Por eso, quisiera que Julio se mostrara más específico y dirija su crítica a todo el abanico que sea menester, no de manera subliminal y menos si se atiene a los más débiles y con menos responsabilidad. Señálele la necesidad de unir a quien más puede, querido amigo, de manera pública, para que pueda atenderlo, a quien pone todavía por encima, pese la debacle que nos arrastra, “la política gasta dólares” y la del “pan para hoy y hambre para mañana”. No volvamos a aquello de criticar los errores de la lucha armada cuarenta años después; aquella vez, gente como Julio, no tuvo la claridad que ahora tiene sobre aquello, pero es elemental, por lo que dice con frecuencia, si percibe en estos instantes, la falta de una política acertada. Aunque debo admitir, que viene haciendo, como ahora mismo la hace en este artículo que arriba aludimos,  críticas al gobierno, pero con demasiada moderación y eso, es evidente, al gobierno le resbala.
            Si quienes en primer término deben trabajar por la unidad no lo hacen, nada estarían haciendo por elevar “el nivel de organización y conciencia en la base del pueblo.”


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