martes, 23 de enero de 2018

RAFAEL RAMÍREZ, DE "ERRORES FUNDAMENTALES". "NO MALBARATEMOS A CHÁVEZ"



ELIGIO DAMAS

            Rafael Ramírez puso sus cartas sobre la mesa. Desplegó o mejor “descubrió su juego”, quiere se le reconozca oficialmente heredero de Chávez y ajeno a toda responsabilidad, por todo lo que dice en su trabajo el “Error fundamental”; y por eso mismo aspira ser candidato presidencial por las fuerzas que aquél  unificó y hasta construyó. Es más, pese lo dicho, pareciera piropear al sector opositor que bien sabe de sus responsabilidades. Pide, al actual presidente y virtual candidato del oficialismo a seguir en Miraflores, se mida con él para escoger, lo que sería a su vez una manera de zanjar diferencias  y, que todo vuelva, a lo que en el fondo estima, “lo natural”.
           Quien haya leído a Ramírez desde que optó por hacer públicas sus diferencias con el gobierno, en virtud que quienes este forman le tomaron, como decimos los cumaneses, “de trompo servidor”, con razón o sin ella, para tapar los errores que se han venido cometiendo desde allá lejos sin parar y con la “ayuda” de los enemigos naturales e históricos del pueblo, lo que incluye al bando de más influencia en la oposición,  que nos han conducido a esta espantosa miseria, puede percatarse fácilmente que él hace lo mismo, culpar de todo lo que ahora sucede sólo al gobierno y particularmente a Maduro. Es una conducta tan simple como la de quien por simple instinto de conservación agarra la primera tabla que pasa en el agitado mar y a ella se aferra. La culpa es de todo pendejo para eso pertinente.
           Con demasiada insistencia he venido comportándome como crítico severo del gobierno de Maduro, por lo que no creo necesario advertir al lector que estas opiniones sobre Rafael Ramírez y sus escaramuzas, estén motivadas por defender al ahora presidente.
            Sucede que nuestra condición de hombre formado en el pensamiento universal que llaman de izquierda, formado en la rigurosa escuela que intenta reponer los hechos históricos en función de la verdad, maestro de profesión y no por seguir intereses grupales o individuales y menos defender sinecura o beneficio personal alguno, nos obligan a este proceder.
          Es absolutamente falsa la tesis que intenta imponer Ramírez, con la idea de aprovecharse de ella, la figura de Chávez y ganarse un liderazgo que no tiene, pues “tres no son multitud”, lo que ahora pone en evidencia, según la cual, para cuando fue factor importante en el gobierno todo marchaba de maravillas hasta “lo sobrevenido” con la muerte de aquél y el ascenso de Maduro a la presidencia. Eso es falso. Ramírez se vale del espejismo de la abundancia prefabricada o de los coroticos caídos de la piñata del boom petrolero que no supieron manejar. La política gubernamental de aquellos tiempos se apartó considerablemente de la obligación estratégica de luchar contra el rentismo, que el gobierno mismo había diseñado, y le dio preeminencia a lo electoral; es decir, mantener al electorado satisfecho al costo que fuese, se colocó en primer término. Eran los tiempos del golpe de Estado, sabotaje petrolero e importante fortaleza de la oposición, presiones y agresiones del imperialismo gringo. Por eso, al “Ta´ barato dame dos”, que hizo de Carlos Andrés Pérez “un fenómeno electoral”, tanto que llegó por segunda vez a la presidencia con el 65 por ciento de los votos depositados, pero que no le salvó del Caracazo, los alzamientos militares del 4f y el 27f y que hasta sus propios compañeros de partido optasen por deshacerse de él y votar para sacarlo del gobierno, le sustituyó la política del gasto casi festivo de la cual Ramírez es responsable, tanto o más que Maduro, porque la financiaba desde PDVSA y era el zar de la economía; o lo que es lo mismo, daba el visto bueno y ejecutaba todo gasto hasta excesivo y nunca se atrevió, como dice Giordani, que si dice haberlo hecho, lo que llama sus “desencuentros”, a hacer serias, valientes y leales advertencias al presidente. Lo que el actual presidente hace ahora, como eso de los bonos a diestra y siniestra, no se diferencia mucho de lo de antes. Tanto que lo exhibe y agita como una muestra de fidelidad al legado que dice defender, tanto como también hace Ramírez. Aquél da como un hecho que Chávez hoy estuviese haciendo eso y el expresidente de PDVSA asegura nunca haber hecho nada parecido.
            Miente Rafael Ramírez cuando exime al presidente Chávez de responsabilidad en lo que ahora acontece y en eso coincide con Maduro y los suyos. La verdad es que el abandono de la lucha contra el rentismo, la práctica del gasto dispendioso, como una forma de “favorecer al pueblo”, “bien para hoy, hambre para mañana”, que ya no se pudo seguir financiando por la caída de los precios del petróleo y la disminución en la inversión y producción petrolera,  se impusieron en vida del comandante y en eso, Ramírez, como Maduro, tienen responsabilidad. E insisto en decir que el primero tuvo más. Maduro, pese lo sucedido posteriormente, entonces no pasaba de uno de los íntimos del presidente,  pero Ramírez era algo más, como el “zar de la economía” y esta, él bien lo sabe, pregúntenle la Giordani, ya estaba herida gravemente.
            Ramírez como Maduro, comete el garrafal error, de ocultar aquellas fallas que no por serlas, pudieran servir, según el proceder de ellos, para condenar al comandante y descalificarlos a ellos mismos. Los errores, y el comandante los cometió, son propios de los humanos y hay que ver y valorar la clase de gente que aquél rodeaba, como el mismo Ramírez lo dice, pero se excluye, que no le ayudó a corregir a tiempo porque callar y elogiar eran vender u ofrecer la falsa idea de leal. Hay que identificar los errores y hasta pesarlos, pero no para ocultarlos y menos seguir cometiéndolos sino para corregirlos. Pero al hablar de los errores de Chávez, habría que valorar que, habiendo habido tiempo para enmendarlos, su enfermedad no le permitió hacerlo, aunado a la dependencia de aquellos dirigentes que le rodeaban, entre ellos Ramírez y Maduro; a lo que más contribuyó el estar metidos al mismo tiempo en confrontaciones electorales demasiados frecuentes. No olvidemos, como en ese tiempo, se habló de hiperliderazgo y la necesidad de superarlo, lo que no debemos olvidar,  y aquella dirigencia se encargó casi de condenar al ostracismo a quienes eso hicieron. Culpar a Maduro de todo, con la finalidad de salvar mi responsabilidad, como hace Ramírez, es una jugada deleznable, tanto como hacer lo contrario, que Maduro pretende encontrar sólo en Rafael Ramírez y su entorno la responsabilidad de lo que estamos padeciendo.
           También sería una injusticia y valoración inadecuada pensar que los errores en la apreciación de la coyuntura petrolera, aquella de los altos precios, que llevaron a un cambio, como un “mientras tanto”, del trabajo en función de lo estratégico, sirva para negarle al de Sabaneta todos los méritos que lo adornan. No creo necesario abundar aquí en cosas para sostener lo anterior. Sería como demasiado pueril; basta con decir que, el solo hecho que el comandante Chávez, unificase las fuerzas revolucionarias de Venezuela, a estas con el pueblo y hasta despertar en todo América Latina los dormidos deseos de cambio y conciencia antiimperialista, que es como decir hacer que la multitud volviese a agitar las banderas bolivarianas, son motivos suficientes para reconocerle sus méritos y pertinencia como dirigente y líder vigente. Pero se le hace mal si le presenta como infalible y ocultan sus errores. Lo que es peor, si esta conducta la asumen bandos opuestos, como el de Maduro y ahora el de Ramírez, para disputárselo como un trofeo cualquiera. Es como incitar y justificar se sigan cometiendo los mismos errores.
          De cómo Ramírez miente o desdibuja la realidad para favorecerse, apartándonos de la economía,  veamos como habla acerca del partido en su tiempo de zar y unos de los tantos vicepresidentes del partido. Justamente el rol de Ramírez en ese cargo partidista coincide con uno de los momentos más oscuros y lamentables del desconocimiento del partido y la conversión del mismo en una franquicia electoral yaparato vertical, extraño al proceso y sólo para servir a la cúpula dirigente. Estuvo de vicepresidente del mismo siendo presidente de PDVSA y zar de la economía, contraviniendo una de las ideas que Chávez manejada, pero que en la práctica no se cumplía, por razones que uno desconoce o presume, la que la organización dirigiese al gobierno y no al revés. Que quienes formaban parte del gobierno no fuesen dirigentes del partido, para que el Estado, con todos sus rasgos, estando en una economía y sociedad capitalista y su tendencia a comportarse burocráticamente, no terminase controlando al partido, burocratizándole también y eliminando cualquier foco crítico con suficiente autoridad. No obstante, Ramírez al abordar de manera ligera eso del partido, asunto del cual no creo sepa mucho, habla como si el funcionamiento del mismo hubiese sido distinto en aquel tiempo.
            Ramírez frente a muchos venezolanos que no nos chupamos el dedo, al margen de su presunta responsabilidad directa en hechos de corrupción, asunto del cual no opino, carezco de información para hacerlo, podría elevarse, si comienza por hacer una crítica de todos los errores cometidos en los cuales tuvo responsabilidad para poder afinar lo necesario y sumar para enmendar lo que sea menester, lo que es bastante. Pero mintiendo, eludiendo, ocultando los hechos para dificultar un diagnóstico acertado y planificar el hacer del futuro, en nada ayuda.  Por el contrario, fortalece a Maduro en su idea que lo que ahora hace, porque según él es lo que haría Chávez, para que continúe alimentando su idea que es el digno continuador de aquel soñador, no exento de cometer errores, de la “Casa de los sueños azules”. Errar es de humanos, como lo es enmendar. Lo lamentable es meter la pata en el mismo hueca a cada instante.

             Y hablando de errores fundamentales, el triste el cometido por Ramírez, intentando ganarse el apoyo opositor para su candidatura en torno a un asunto lamentable y complicado en donde hay, hubo y habido muertes y dolientes de lado y lado, ante el cual hay que ser comedido por todo los asuntos en juego, no tiene parangón en lo inmediato.

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